Marcial Pons Abejer. El librero bilbilitano.

Por: Francisco Tobajas Gallego

Marcial Pons Abejer nació en Calatayud en 1915. Estudió Bachillerato en Zaragoza y a los quince años entró a trabajar en la Librería de Cecilio Gasca, donde coincidió con su hermano mayor y maestro Francisco Pons. En 1935 se desplazará a Jaca para trabajar en el establecimiento El Siglo, hasta la sublevación de 1936. Tras la Guerra Civil española logrará un empleo en la librería de Afrodisio Aguado y en 1948 se establecerá como librero independiente, en un pequeño local de la plaza madrileña de Callao, con la firme idea de desarrollar un modelo de librería especializada. Este modelo implicaba un alto grado de compromiso profesional, con el fin de satisfacer las necesidades bibliográficas de sus clientes, allá donde se encontraran, y mantenerles puntualmente informados sobre la producción editorial en cualquier idioma relativo a las disciplinas de su interés. En 1962 se trasladará a la calle Bárbara de Braganza, cuyo local estaba siempre  «rebosante, pero nunca rebasado» de libros que esperaban a sus clientes, que más pronto o más tarde pasarían a formar parte de una larga nómina de amigos. En una entrevista de 2014 a Enrique Pascual, Director de Librerías Marcial Pons, señalaba que se trataba de una librería «de fondo», de una «librería especializada con mayúsculas». Las librerías Marial Pons continúan siendo lugares de encuentro de los profesionales y amantes de la cultura, además de ser una de las primeras en comercializar libros a través de internet.

Marcial Pons colaboraría en la creación de la primera Escuela de Libreros, siendo miembro destacado de la Junta del Gremio de Libreros durante varios años.

Marcial Pons fue pionero en la elaboración de boletines de información bibliográfica, así como en la introducción y difusión en España de prestigiosas editoriales extranjeras. Para Marcial Pons, todo libro o revista era importante, con independencia de su precio o dificultad para llegar hasta ellos. Investigar, seleccionar, abrir nuevos mercados, acercar en definitiva culturas e ideas, eran exigencias claramente marcadas por los clientes de Marcial Pons, que intentaba cumplir a diario. Estas premisas habían exigido una lógica expansión, con la apertura de nuevas librerías, nuevas especialidades y también nuevos productos.

Actualmente y apoyado en un excelente equipo de profesionales, Marcial Pons cuenta con cuatro establecimientos abiertos al público, tres en Madrid y uno en Barcelona, haciendo llegar a través del servicio de novedades a más de quince mil personas, las últimas publicaciones editadas por más de diez mil editoriales. Marcial Pons se ha consolidado como la primera cadena de librerías especializadas de España, así como líder en exportación. Actualmente cuenta con más de ciento cincuenta mil clientes repartidos por todo el mundo.

En 1989, Marcial Pons, con participación de dos ilustres profesores universitarios, José Juan Ferreiro y José Ramón Parada, fundaría Marcial Pons Ediciones Jurídicas y Sociales S.A., con la idea de desarrollar un proyecto editorial capaz de ofrecer un producto final de alto valor científico y una esmerada elaboración técnica. En la actualidad cuenta con sedes en Madrid y Buenos Aires. Su producción alcanza ya los mil títulos y se ha consolidado como una editorial indispensable dentro del mundo académico y profesional.

En 1998, animado por la marcha de la editorial jurídica y con la implicación accionarial y académica de prestigiosos historiadores, se fundaría Marcial Pons Ediciones de Historia S.A., pensada exclusivamente para la primera edición y promoción de libros de Historia. En los últimos tiempos la editorial colocaba alrededor de ochenta títulos por año. En el año 2000 se fundaría Marcial Pons Argentina y en el 2012 la editorial comenzaría a publicar libros en Brasil.

Marcial Pons Distribuidora es responsable de la distribución de las publicaciones de la Real Academia de la Historia, de la Casa de Velázquez, del Congreso de los Diputados o del Senado, entre otros. Desde la Agencia de suscripciones de Marcial Pons, se puede suscribir a cualquier revista censada, editada en cualquier idioma y publicada en cualquier parte del mundo. Gestiona en la actualidad más de veintitrés mil suscripciones, de las que casi seis mil corresponden a revistas extranjeras. Están en contacto con los distribuidores y anticuarios para facilitar la adquisición de números sueltos, años atrasados y colecciones completas. También trabajan en mapas, CD-ROMS, bases de datos, DVDS… Actualmente la empresa está implicada en dos proyectos:

-Creación de un departamento de grandes cuentas (clientes institucionales) con personas dedicadas exclusivamente a atender sus necesidades de información, a localizar sus libros y a controlar el estado de sus pedidos.

-Creación de un Centro de Catalogación, atendido por especialistas, que permitirá capturar registros en formato MARC dentro del entorno 2.39.50 y compatible con Absys, Innopac y Unicom, para facilitar el acceso a todas las novedades ya catalogadas por sus técnicos y que incluso permitirá recibir ya catalogados todos los libros que se le pidan.

Marcial Pons falleció en Madrid el 1 de marzo del año 2011. El día 3 de marzo apareció en el diario El País una pequeña reseña necrológica debida a su sobrino Paco Pons. En ella señalaba que los obituarios debían ser escritos en un equilibrio entre el sentimiento y la objetividad. En aquella ocasión Paco Pons lo hacía en homenaje a uno de los libreros y editor de mayor prestigio europeo en la segunda mitad del siglo XX.

Paco Pons reconocía que su tío había sido un librero innovador, pues su oficio se había basado siempre en un extraordinario amor al libro, quizá heredado de Francisco Pons, librero zaragozano fallecido en 1969, hermano mayor de Marcial. A esto se añadía un extraordinario afán por aprender, leyendo todo lo que caía en sus manos, con lo que había sido dueño de una cultura enciclopédica. Ya en la década de los años sesenta había tenido claro que la especialización era el futuro de la librería.

Marcial Pons había sido el alma de la primera Escuela de Libreros que había existido en España, al darse cuenta que los libreros estaban abocados a ser autodidactas por necesidad. Argumentó tanto y tantas veces con el entonces ministro de Información y Turismo, que consiguió que se habilitase un espacio en la Escuela de Documentalistas (en el edificio de la Biblioteca Nacional) para acoger la Escuela de Libreros. El maestro librero León Sánchez Cuesta lo apoyó con entusiasmo e incluso aceptó ser su director. Otros libreros como Jerónimo Díaz de Santos y Pedro Hernández le apoyaron en sus gestiones.

Paco Pons recordaba la fundación de la empresa de su tío en un piso cerca de la plaza Callao de Madrid. Marcial Pons había dejado Zaragoza pues no quería competir con su hermano mayor Paco, que tenía intención de abrir una librería propia. Después se trasladaría a un local próximo a la calle del Postigo de San Martín. En todo momento Marcial Pons recibió el apoyo de su mujer Chiri, quien nunca dudó del futuro profesional de su librería. Ella también era librera.

En el año 2005 Marcial Pons fue reconocido con la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, «como reconocimiento a su labor profesional» (BOE, 19-XI-2005). En 2009 se le otorgó el Premio Nacional a la Labor Editora. El Jurado del galardón destacó entonces «su excelencia editorial, que ha trascendido el ámbito académico para instalarse en un más amplio espacio de la vida cultural española».

En el discurso de Marcial Pons, al recibir la Medalla de Honor de la Universidad Carlos III de Madrid, declaraba que él había sido «lo que verdaderamente he querido ser. Un librero. He dedicado toda mi vida a los libros, a sus autores y a los lectores. A lo largo de mis muchos años de actividad como librero he tenido la oportunidad de conocer mucha gente. De todos he aprendido. Muchos de ellos me han honrado con su confianza, incluso con su amistad. Y es que esta profesión, cuando se ejerce con seriedad y desde el compromiso de servicio y de atención al cliente, siempre es generosa y compensa con creces de cualquier esfuerzo y sacrificio». Por todo ello se sentía «un verdadero privilegiado», pues su trabajo había consistido «en dedicación, constancia y esfuerzo», puestos «a disposición de una hermosa causa».

Marcial Pons consideraba, quitándose méritos, que solamente había sido el «inspirador de una idea que ha ido encontrando los intérpretes adecuados a lo largo del tiempo». El amor a este mundo del libro lo había trasmitido a su familia, a sus hijos y nietos. «Actualmente, puedo ver con satisfacción cómo en todos ellos ha prendido el compromiso de continuidad».

La medalla que entonces recibía, era para Marcial Pons «un verdadero honor. Un regalo preciadísimo y, por supuesto, la culminación de una buena parte de mis aspiraciones personales y profesionales».

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