XI ENCUENTRO DE ESTUDIOS BILBILITANOS

El Centro de Estudios Bilbilitanos está preparando la organización del XI Encuentro de Estudios Bilbilitanos en el que tendrán cabida todos los estudios inéditos que aporten nuevas visiones de interés sobre la ciudad de Calatayud, la comarca Comunidad de Calatayud o su área de influencia.

Será en noviembre de 2023 y se estructurará en torno a dos jornadas: sábado 18 de noviembre, en sesión de mañana y tarde, y el domingo solo en sesión de mañana.

Constará de cinco secciones presididas por los siguientes ponentes:

Arqueología: Carlos Sáenz Preciado

Historia: Mario Lafuente Gómez

Arte: Jesús Criado Mainar y Rebeca Carretero Calvo

Etnografía y folklore: Elisa Sánchez Sanz

Ciencias de la Tierra y de la Sociedad: Juan Royo Abenia

Os animamos a participar con vuestras comunicaciones que deberán enviarse en soporte informático al correo electrónico dirección@cebilbilitanos.com ajustándose a las siguientes características:

– Solo podrá presentarse una comunicación por persona.

– La extensión máxima será de 50.000 caracteres con espacios, incluyendo notas y documentación.

– El número máximo de ilustraciones será de seis.

– Cada comunicación incluirá un resumen de la misma (máximo 10 líneas) y unas palabras clave, en español y en inglés.

Las actas se publicarán en versión digital. No se podrán editar en formato papel, como en todas las ediciones anteriores, por no encajar en ninguna de las nuevas colecciones aprobadas en el Acuerdo marco con la Institución Fernando el Católico. 

El plazo de inscripciones, el lugar de celebración y otras informaciones, se comunicarán más adelante.

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Darío Pérez y el desvío del barranco de la Rúa

CENTENARIO DEL NOMBRAMIENTO DE DARÍO PÉREZ GARCÍA COMO HIJO PREDILECTO DE CALATAYUD, 1922-2022

Darío Pérez y el desvío del barranco de la Rúa

Francisco Tobajas Gallego

            La ciudad de Calatayud se levanta entre varios barrancos. Eugène Poitou, en su viaje por España realizado sobre 1876, escribía su impresión desde el tren: «Se pasa ante Calatayud, cuya silueta medio oriental aparece delicadamente sobre el fondo azulado de su doble montaña».

            En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada en 26 de enero de 1861, el presidente señaló que cierta persona «de estudio y buen juicio», que quería mantenerse en el anonimato, había hecho algunos estudios sobre el desvío de las aguas del barranco de Soria, que estaba dispuesto a presentarlos a la consideración del ayuntamiento. Aseguraba que el presupuesto sería lo más económico posible, siendo mucho menor que el que se había calculado en otras ocasiones. La corporación autorizó al presidente para que esta persona presentara su proyecto y determinar lo más conveniente.

Barranco y Puerta de Soria. António Passaporte. Archivo Loty. Ministerio de Cultura y Deporte.

            En la sesión celebrada el 25 de enero de 1862, se acordó que la Comisión de Obras investigara los antecedentes de las compuertas, colocadas antiguamente en el barranco de Soria, con el fin de contener las aguas a la entrada de la ciudad. Este mismo día se acordó también publicar un bando, prohibiendo dejar tierra de barrilla y escombros en las márgenes del barranco de Soria, bajo una multa de 100 reales, pues las avenidas del barranco arrastraban estas tierras hacia la Rúa.

            En la Rúa, eje vertebrador de la ciudad, a la altura de la plaza de San Juan el Viejo, por donde desaguaba el barranco de Soria hacia el Jalón, un mural recuerda la figura de Rafael Benjumea (1876-1952), que «libró de un peligro constante a Calatayud, desviando el barranco de Soria». Este ingeniero de caminos, especializado en obras hidráulicas, obtuvo el título de conde de Guadalhorce, por los trabajos de regulación y aprovechamiento de este río. Fue ministro de Fomento en la Dictadura de Primo de Rivera, entre 1925 y 1930. Por Real Decreto de 5 de marzo de 1926, se crearían las Confederaciones Sindicales Hidrográficas. La Confederación Hidrográfica del Ebro lo haría también el 5 de marzo, poniéndose en marcha el 1 de julio de 1926, bajo la dirección del ingeniero Lorenzo Pardo.

            La Rúa de Calatayud, calle principal muy transitada y travesía hacia tierras sorianas, sufría periódicamente graves inundaciones, que ponían en constante peligro a personas, casas y comercios. En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud del 11 de febrero de 1884, se leyó una comunicación del alcalde de Villafeliche, señalando el perjuicio que se ocasionaba a los carros cargados de pólvora, porque los vecinos de la Rúa no les dejaban pasar. Preguntaba si el ayuntamiento se ratificaba en la prohibición, para recurrir al gobernador. La corporación acordó que el presidente se entrevistara con el alcalde de Villafeliche, para convenir el mejor medio para armonizar ambos intereses. Ya en la sesión del 12 de noviembre de 1883, los conductores de pólvora de Villafeliche se habían quejado a un concejal, por el mal estado del camino de los Arcos, debido a los últimos temporales, por donde debían pasar por orden del ayuntamiento. Por esa razón pedían su arreglo o que se les marcara otro camino.

            En la sesión del 7 de agosto de 1889, se vio una queja de varios vecinos de la Rúa, debido al mal estado del firme, desde el arco de San Andrés hasta la plaza de San Juan el Viejo. Solicitaban soluciones para evitar accidentes, debido al frecuente paso de carros, con las consiguientes frases malsonantes de los carreteros y con peligro constante para los niños. El 30 de octubre, el concejal Félix Sanz de Larrea informaba de una reunión que había tenido con los vecinos de la Rúa, cuyo pavimento se hallaba convertido en un perpetuo lodazal, con grave peligro para la salud pública. En aquella reunión se habían discutido los medios para evitar el paso de las aguas por esta calle, con la desviación del barranco. Para ello se había acordado abrir pozos en la parte alta del barranco de Soria, para conseguir que desapareciera la pequeña corriente de agua que discurría entonces por la Rúa. También se había acordado dirigirse a Cristóbal Lahuerta que, según noticias, había llevado a cabo estudios para la desviación del barranco, para conocer el presupuesto de las obras necesarias. El alcalde Juan Velasco señaló que ya se había entrevistado con Lahuerta, quien le había manifestado que no había practicado estudios serios sobre la desviación de este barranco, opinando que resultaría ineficaz la apertura de estos pozos para la absorción de las aguas. El concejal Ortega propuso que se convocara a los vecinos a una reunión, para afrontar este viejo problema.

En la sesión del 6 de noviembre, Juan Velasco señaló que, en la mañana de aquel mismo día, se había reunido la comisión encargada de llevar a cabo los estudios de desviación del barranco de la Rúa, habiendo tomado el acuerdo de limpiar el pozo que existía en el barranco de Soria, para echar allí las aguas y observar el resultado de la absorción. También se había acordado que una comisión, compuesta por los concejales Ortega y Marco, pasara a invitar al señor Lyon, ingeniero encargado de los trabajos del ferrocarril Calatayud-Teruel, para que estudiara sobre el terreno la cuestión y formara un presupuesto de las obras. El 20 de noviembre Ortega señalaba la necesidad de facilitar trabajo a los jornaleros en invierno, que lo prefería al reparto de ranchos, como se había puesto en práctica en años anteriores, por lo que consideraba de máximo interés conocer pronto el trabajo de Lyon, sobre la desviación del barranco de la Rúa.

Barranco y Puerta de Soria. António Passaporte. Archivo Loty. Ministerio de Cultura y Deporte.

            La memoria del ingeniero Lyon se vio en la sesión del 18 de diciembre. Estaba fechada el 29 de noviembre y en ella consideraba posible el proyecto y de fácil realización. Señalaba que las aguas se mantendrían por un dique, enfrente del primer barranco, saliendo de la puerta de Soria. Pasarían bajo la carretera, para entrar en un túnel en dirección al barranco de la Longía, donde llegarían después de recorrer una longitud de 800 metros, con una pendiente que no se detallaba. Allí encontrarían una bajada natural hasta el río, a donde serían conducidas con trabajos de mínima importancia.

            El gasto de esta obra en su totalidad, dando al túnel dimensiones muy amplias y suficientes, para recibir siempre todas las aguas de las avenidas tan excepcionales como la última, que había causado tantas molestias y desgracias, ascendía aproximadamente a 200.000 pesetas, siendo conveniente añadir 25.000 o 30.000 pesetas más, para los revestimientos que podrían ser necesarios en el túnel, aunque consideraba que la mayor parte del túnel se mantendría con la piedra sin revestir. Lyon consideraba más práctico dividir la obra en dos partes. La primera se limitaría a construir la galería, que formaría un túnel suficiente para recibir todas las aguas de las avenidas ordinarias y gran parte de las avenidas extraordinarias, pasando en este último caso las aguas sobrantes por la Rúa, aunque sin ocasionar daños. En años sucesivos se podría seguir con los trabajos de ensanche del túnel y de las trincheras, según la conveniencia de la ciudad. Si estas ideas le parecían convenientes a la corporación, Lyon estaba dispuesto a realizar un proyecto de las obras, pudiendo dividirlas en dos partes, estimando el precio del proyecto en 5.000 reales. El ayuntamiento, vista la memoria, acordó pasarla a la Comisión de Obras para su informe.

            En la sesión del 21 de abril de 1890, se informó que una comisión de vecinos de la calle de la Rúa, pedían el apoyo del ayuntamiento para construir tres balsas próximas a los manantiales, para que retuvieran las aguas el mayor tiempo posible. Para ello pedían que el ayuntamiento acordara el arriendo o la compra de un prado, donde tenían proyectado abrir estas balsas, siendo los demás gastos de cuenta de los vecinos de la Rúa. Varios concejales se mostraron a favor de este proyecto, acordando que las Comisiones de Hacienda y de Obras se entendieran con el dueño del prado y procuraran resolver este asunto de la forma más ventajosa, dando cuenta de las gestiones.

Puente de la mina para el desvío de las aguas del barranco de Soria hacia el de la Longía. Francisco Tobajas Gallego

            El 28 de abril Escribano, en nombre de las Comisiones de Hacienda y de Obras, expuso que se había entrevistado con Manuel Grimal, dueño del pradillo existente a las afueras de la puerta de Soria, con el fin de utilizarlo para la construcción de estas balsas. Para ello habían convenido tomarlo en arriendo por espacio de dos años, pagando 20 pesetas anuales y entregando 7,50 pesetas al actual arrendador, Ignacio Saldaña, por la parte correspondiente al arriendo de ese año, para poder utilizar el terreno inmediatamente. Escribano opinó que el ayuntamiento debía limitar su compromiso al pago del arriendo convenido y de ninguna manera a los perjuicios que pudieran ocasionarse por estas obras, que iban a acometer los vecinos de la Rúa. El ayuntamiento acordó hacer contrato de este arriendo.

            En la sesión celebrada el 18 de junio de 1902, el presidente informó que José Domínguez Martín, hijo de la ciudad, se había ofrecido para llevar a cabo por su cuenta, las obras necesarias para el desvío del barranco de la Rúa. Su deseo era comenzarlas cuanto antes. Para ello estaba formando un expediente con arreglo a la ley. En la sesión del 13 de septiembre y a causa de las recientes inundaciones, el ayuntamiento acordó activar las gestiones, para que el Estado se hiciera cargo de la travesía de la Rúa. En la sesión del 8 de octubre, el presidente informó que se le había enviado el expediente formado a instancia de José Domínguez Martín, para que lo entregara en la oficina correspondiente. En la sesión del 15 de octubre, Domínguez aclaró que sería de su incumbencia la construcción del muro de contención, para la conducción de las aguas a la boca del túnel, con su entrada y salida, y las obras correspondientes hasta el camino del cementerio. El ayuntamiento, por su parte, debía ponerse de acuerdo con los propietarios de las eras y fincas por donde iba a atravesar el canal y con los colindantes a la salida de las aguas, para fortificaciones y muros, y para seguridad de las fincas. El ayuntamiento acordó estudiar estas obras, de las que no se hacía cargo Domínguez, formando un presupuesto y, en su vista, comunicar a Domínguez la decisión. El proyecto de Domínguez aún se discutía en algunas sesiones municipales de 1903.

            En la sesión del 20 de junio de 1920, el concejal Lorente achacaba la magnitud de las constantes y copiosas avenidas del barranco de la Rúa, a que se había reducido el cauce del barranco, como consecuencia de las roturaciones llevadas a cabo en los montes públicos y de la pérdida de altura de la muralla del llamado Azud Sagrado. Por ello proponía que se estudiara este importante asunto para evitar más perjuicios, como así se acordó.

            Otra persona importante en este proyecto sería Darío Pérez, como así lo demuestra la carta que dirigió en agosto de 1923 al entonces alcalde de Calatayud. Los desbordamientos a los que hacía referencia en la carta, se habían tratado en la sesión del 13 de julio de 1923. Unos días más tarde, en el acta de la sesión del 27 de julio, se copió un telegrama de Darío Pérez que decía: «Cumpliendo promesa he propuesto hágase proyecto desviación Rúa. Dícemelo Ministro mostrándome deseos servirnos». Pero con la llegada al poder del general Primo de Rivera, Darío Pérez causó baja de diputado por el distrito de Calatayud el 15 de septiembre de 1923. En la sesión del ayuntamiento del 26 de septiembre, se leyó una carta del diputado, informando del cese en su representación, ofreciéndose al concejo y vecindario para trabajar en pro de los intereses de Calatayud.

Por Real Decreto de la Presidencia del Directorio Militar del 30 de septiembre, quedaron suspensos los ayuntamientos, debiendo constituirse una nueva corporación, de la que resultó elegido alcalde Antonio Bardají Zabalo, en la sesión extraordinaria celebrada el 1 de octubre. Bajo su mandato se llevaría a cabo el anhelado desvío del barranco de Soria.

            En el número de junio de 1927 de la revista Ingeniería y construcción, se informaba de la aprobación del proyecto de encauzamiento y desviación del barranco de Soria de Calatayud, debido al ingeniero Nicolás Liria, con un presupuesto de contrata de 402.455,02 pesetas. Antes de acordar la subasta debían completarse los planos, que se habían omitido indebidamente y cuidar, al hacer el replanteo definitivo, de abocinar el origen de la desviación, procurando evitar los terraplenes no defendidos, dándoles el talud que exigiera la naturaleza del paramento y adaptando en lo posible la planta de dique a la curvatura del cauce, para evitar los cambios bruscos de dirección. En el número de La Nación del 16 de mayo de 1927, se reprodujo un telegrama dirigido al presidente del Consejo de Ministros y firmado por centenares de personas de Calatayud, mostrando su alegría y gratitud con este proyecto.

El 1 de agosto, El Eco Patronal publicaba que, hasta las trece horas del día 22 de agosto, se admitirían proposiciones para esta subasta en el Negociado de Trabajos Hidráulicos del Ministerio de Fomento y en todas las Jefaturas de Obras Públicas de la península. La subasta se verificaría en la Dirección General de Obras Públicas el 27 de agosto, a las doce horas. El presupuesto ascendía a 402.455,02 pesetas y la fianza provisional a 12.074 pesetas. En el número 1.194 de Madrid científico se informaba de la adjudicación definitiva a José Daudén Iñigo, de la subasta de las obras de encauzamiento y desviación del barranco de Soria.

La Época publicaba el 13 de abril de 1929, que el ministro de Fomento había recibido al alcalde de Calatayud, quien le había solicitado el revestimiento del túnel de desviación del barranco de Soria y la sustitución de un paso a nivel de la carretera de Calatayud a Daroca. La Libertad informaba el 14 de abril, que el alcalde de Calatayud había firmado el día anterior con el Banco de Crédito Local, una escritura de préstamo de millón y medio de pesetas, destinado a obras urbanas. Este mismo diario señalaba el 7 de septiembre de aquel mismo año que, por decreto del Ministerio de Fomento, se había aprobado el proyecto reformado de encauzamiento y desviación del barranco de Soria en Calatayud.

En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud, celebrada el 6 de agosto de 1923, se leyó una carta del diputado a Cortes por Calatayud, Darío Pérez García, fechada en Madrid el pasado día 2 de agosto y dirigida al alcalde de la ciudad, Francisco Lafuente Zabalo.

Boca de la mina para el desvío de las aguas del barranco de Soria hacia el de la Longía. Francisco Tobajas Gallego

            «Sr. D. Francisco Lafuente

Mi querido amigo:

Hace muchos años, desde que colaboré en el ilustre Ayuntamiento y desde las columnas del diario La Justicia, que dirigí, como Vd. recordará, acaricio la idea de que fuese una realidad la desviación del barranco de la antigua calle de la Rúa, por considerarle la obra magna de Calatayud, que libraría a nuestra ciudad para siempre de las pérdidas enormes que periódicamente sufre, y de lo que es peor todavía, de una amenaza constante de que llegue un día en que lo que hasta ahora tuvo relativa gravedad, se convierta en una catástrofe inmensa de resultados irremediables. Siendo tan vieja mi preocupación por el problema bilbilitano, calcule Vd. cuánto se habrá intensificado esa preocupación desde que resido en Madrid, sobre todo desde que ostento la representación en Cortes de ese distrito.

Sin embargo, nunca hablé a Vds. del asunto. Lo tuve -a no ocurrir alguna cosa extraordinaria- por irrealizable o poco menos, y todos mis intentos en Obras Públicas se estrellaron, ante la imposibilidad de que legalmente pudiera hacerse por el Tesoro, una obra que corresponde al municipio, y singularmente teniendo en cuenta su gran importancia.

Opté pues por acariciar en silencio esas ilusiones y procuré no despertar en nadie, ante el temor de que más tarde quedasen defraudadas. Hoy empero abrigo una leve esperanza, y digo leve porque no quiero precipitar los acontecimientos y porque continúan vivas enormes dificultades para la realización de la obra.

Un suceso desgraciado frecuente en nuestro país, ha servido de coyuntura para que naciese en mí idea de la realización. Me refiero a las últimas inundaciones, que motivaron mi petición de que un delegado del ministro de Fomento girase una visita de carácter facultativo a este término municipal.

Como Vd. sabe, buscando la raíz del mal, preferentemente a su alivio, hicimos fijar la atención a dicho delegado en la necesidad de la desviación del barranco de la Rúa. Aquel técnico reconoció la razón de nuestras peticiones y ofreció no olvidarla en el dictamen que diese, después de recorrer las zonas inundadas de la provincia.

En cuanto dicho funcionario, Sr. Díez, regresó a Madrid, empecé una cotidiana labor en el Ministerio de Fomento, con el propósito de que la suspirada obra bilbilitana figurase en la propuesta del Ministerio de Fomento, y éste y el director general de Obras Públicas la acogieren favorablemente.

Mi proyectado veraneo -que por cierto me es harto necesario para restablecer mi salud- lo demoré y lo demoraré cuanto sea preciso para continuar mis gestiones.

Previos estos antecedentes, y he aquí el principal objeto de ésta, ruego a Vd. que si lo estima conveniente, reúna al Ayuntamiento y fuerzas vivas de esa población y enterándoles de cuanto manifiesto, les haga saber que se vislumbra como realidad lo que al través de los años se consideró una utopía; y que ello me hace preciso conocer el criterio de la población para el curso de mis gestiones, en lo que respecta a la ayuda que pudiera necesitar.

De acometerse la empresa y si llego a conseguir que se incluya en obras a realizar por el Ayuntamiento, con la ayuda del Estado (medio viable si tropezamos con la imposibilidad de otro que pudiera tener probabilidades de éxito), sería necesario que el municipio contribuyera con el 25 % del coste. Bien es verdad que ese 25 %, como Vd. sabe, se puede aportar en terrenos cedidos de la propiedad del común y en efectivo, a pagar en 25 años, incluyendo la cantidad en el reparto de la contribución y que en tan largo número de años correspondería a muy pequeñas anualidades.

Si esta carta fuera una consulta, con ella parecíame ofender los patrióticos sentimientos de mis paisanos. ¿Cómo sospechar siquiera, que si fuese indispensable sacrificio tan baladí en comparación del enorme beneficio a conseguir, pueda haber un solo bilbilitano que pusiera el reparo más pequeño?

No es pues una consulta; es más bien el cumplimiento del deber de informar a todos del estado de mi gestión, y de tener yo elementos de juicio con relación a la colaboración de Calatayud con el Estado, para el caso que fuese preciso.

Con lo dicho creo haber expuesto lo suficiente para justificar la propuesta que contiene esta carta y, como es un momento muy interesante para la vida local, le autorizo para que dé a estas líneas toda la publicidad que estime necesario, rogándole que, si la reunión que propongo se celebra, sea muy pronto porque el tiempo apremia y, como queda dicho, necesito conocer la opinión de Vds.

Pero, sabiendo la impresionabilidad de nuestro carácter, importa afirmar que mi propuesta no quiere decir que el anhelo de Calatayud, como ya creo suponen algunos, sea cosa resuelta y definitiva.

Problema muy difícil, que en tantos años ni siquiera se intentó acometer con caracteres de viabilidad, ya es mucho que me permita abrigar esperanzas de realización; pero no hablemos más que de esperanzas. Ojalá llegara a ser realidad porque ellas, sobre hacer el bien de esa ciudad, me reportaría la mayor satisfacción de mi vida.

Lo que puedo asegurar es que no faltará toda mi buena voluntad y el inalterable estímulo de mi amor a Calatayud.

Le saluda afectuosamente, Darío Pérez».

Una vez leída la carta, el presidente señaló que había citado a una reunión al ayuntamiento y a las fuerzas vivas de la ciudad, tomándose estos acuerdos por unanimidad:

-La ciudad aceptaba en todas sus partes el contenido de la carta.

-Se dieran las gracias a Darío Pérez por sus trabajos, celo e interés desinteresado a favor de Calatayud, otorgándole un amplio voto de confianza y otro al alcalde para que, en representación del ayuntamiento, continuaran su labor encaminada a la consecución de tan anhelada mejora, para que el Estado llevara a cabo esta obra y, si no fuera posible, se hiciera con la ayuda del ayuntamiento.

-Se telegrafiará a Darío Pérez, dándole cuenta de estos acuerdos.

Documentos consultados:

Archivo Municipal de Calatayud, Libro de acuerdos del Ayuntamiento Constitucional de Calatayud, 1861, Sig. 114.

AMC, Libro de acuerdos del Ayuntamiento Constitucional de Calatayud, 1862, Sig. 115.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1883, Sig. 136.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1884, Sig. 137.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1889, Sig. 141.

AMC, Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1890, Sig. 142-2.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1902, Sig. 145-5.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1920, Sig. 160.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1923, Sig. 162-0.

Fotografías 1 y 2: Barranco y Puerta de Soria. António Passaporte. Archivo Loty. Ministerio de Cultura y Deporte.

Fotografías 3 y 4: Puente y boca de la mina para el desvío de las aguas del barranco de Soria hacia el de la Longía. Francisco Tobajas Gallego

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Patrimonio y restauración en Calatayud: Santa María, doce años después

Durante los días 24 y 25 de noviembre se desarrollará el curso interdisciplinar «Patrimonio y restauración en Calatayud: Santa María, doce años después» organizado por la UNED y el Ayuntamiento de Calatayud y en el que colabora el Centro de Estudios Bilbilitanos.

El curso está dirigido por Fernando Alegre Arbués, Arquitecto, responsable del Plan director para la restauración de la colegiata de Santa María de Calatayud y Director técnico de las obras; Javier Ibáñez Fernández, Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza y Alicia Cámara Muñoz, Catedrática de Historia del Arte de la UNED.

El ciclo se programa para dos jornadas, divididas a su vez en dos sesiones (mañana y tarde). Pretende dar a conocer el trabajo realizado, metodología, criterios y técnicas, a un nivel accesible, con fuerte soporte visual, que permita su fácil comprensión sin prescindir del rigor necesario. 

El hilo conductor será la evolución del conocimiento del monumento, desde el que poseíamos en el inicio hasta el enriquecido a través de la propia obra de restauración y la valoración y encuadre actuales. 

Los ponentes y comunicantes serán los técnicos y profesionales que han contribuido a su realización material y a la investigación sobre su compleja y rica historia constructiva. 

Programa e inscripciones: https://extension.uned.es/actividad/28133&codigo=2022%2042

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Darío Pérez  y su nombramiento como hijo predilecto y benemérito de Calatayud

CENTENARIO DEL NOMBRAMIENTO DE DARÍO PÉREZ GARCÍA

COMO HIJO PREDILECTO DE CALATAYUD, 1922-2022

Francisco Tobajas Gallego

            En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 11 de octubre de 1922, el secretario dio lectura a dos telegramas del diputado a Cortes por el distrito de Calatayud, Darío Pérez, a los que acompañaban otras tantas cartas, en las que daba cuenta que el ministro de Hacienda había firmado una Real Orden, por la que se suprimía el cupo de consumos de la ciudad desde el próximo 1 de abril de 1923, como ya se tenía solicitado. Darío Pérez informaba también que de las 400 000 pesetas, consignadas en el presupuesto del Ministerio de Fomento para pavimentaciones especiales, se destinaban 100 000 pesetas para el adoquinado de la calle que iba desde el puente de Alcántara hasta el paso del ferrocarril, sin perjuicio de hacerla extensiva desde la Casa amparo hasta la Puerta de Terrer.

Entrada a Calatayud por la puerta de Alcántara, M. Ramos y Cobos. Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

            Se leyó también una carta del regidor síndico Francisco Lafuente, en la que, por tener que ausentarse de la ciudad y suponiendo que en esta sesión se iba a tratar de exteriorizar de alguna manera la gratitud a que se había hecho acreedor el diputado Darío Pérez, se asociaba al homenaje que se le tributara.

            El alcalde Enrique Bordons elogió la labor del diputado Darío Pérez e invitó a los concejales a que expusieran planes e iniciativas, para demostrar de un modo excepcional el agradecimiento de la ciudad a tan ilustre bilbilitano.

            El concejal López Ruiz señaló que, por la amistad que le unía a Darío Pérez y por razones políticas, no se consideraba el más indicado para ensalzar como se merecía la labor del diputado del distrito, ni tampoco para proponer lo procedente para demostrarle la gratitud de la corporación.

            El concejal Ortega encomió la labor del diputado, resaltando la importancia para el Ayuntamiento de Calatayud de la supresión del impuesto de consumos, que venía a solucionar el problema de la hacienda municipal. La economía de esa cantidad iba a permitir a la corporación acometer empresas de gran interés local, como el alcantarillado. También consideraba la importancia de la obra de pavimentación, a la que se habían asignado 100 000 pesetas, que iba a mejorar el firme del camino de la estación. Se refería también a otros beneficios recibidos, gracias al trabajo e interés de Darío Pérez, como el cuartel de Artillería o el traslado de los restos de Vicente de la Fuente. Por todo ello, Ortega señalaba que todos debían agradecer estos favores recibidos, dejando aparte sentimientos políticos o religiosos.

            Por su parte el concejal Clemente señaló que la minoría que representaba se había movido siempre por principios de justicia y equidad, y por tanto se complacía en reconocer la interesante actuación del diputado a Cortes por el distrito, señalando el beneficio que suponía para el ayuntamiento la supresión del cupo de consumos. Clemente elogiaba a Darío Pérez, cuya persona nunca había sido discutida, congratulándose de la presencia en el consistorio de la minoría republicana, aunque lamentaba el momento elegido para ello, ya que no era necesaria la presencia de los amigos políticos de Darío Pérez, para que se reconocieran sus méritos de un modo espontáneo. Clemente no quería tomar ninguna iniciativa en el homenaje de gratitud hacia el diputado, por entender que correspondía hacerlo al alcalde, pero se mostraba favorable a aceptar cuanto se propusiera.

López Ruiz se complacía de las palabras de Clemente y estimaba que el homenaje que se tributara a Darío Pérez, debía estar en relación con la importancia del favor recibido, pues la supresión del cupo de consumos suponía la solución del problema de la hacienda local. Asimismo, justificaba la ausencia de la minoría, a la que representaba, al haber sido coaccionada en el ejercicio de sus funciones, haciendo constar que su presencia en aquel acto no obedecía a los móviles que había indicado Clemente.

Ortega afirmó que la presencia de la minoría republicana en este acto era inexcusable, por los asuntos que habían de ser debatidos y, para no cometer una injusticia, hacía constar que la iniciativa para obtener del Ministerio de Hacienda la supresión del cupo de consumos, se debía al alcalde, que había formulado la propuesta por indicación del secretario de la municipalidad, Enrique Ibáñez, por lo que proponía que constara en acta la satisfacción del concejo. Ortega añadía que para testimoniar a Darío Pérez la gratitud de la ciudad, debía declararse Hijo Predilecto y Benemérito de Calatayud, colocando su retrato en la Galería de bilbilitanos ilustres.

Clemente manifestó que se sentía satisfecho y honradísimo con la labor del diputado, para quien no regateó elogios, pidiendo a la minoría republicana que se reintegrara a la vida municipal de un modo definitivo, adhiriéndose a la iniciativa de Ortega en cuanto al homenaje a Darío Pérez. Clemente entendía que, para dar al acuerdo mayor solemnidad, debía aplazarse hasta la próxima sesión, para contar con el mayor número posible de concejales.

El presidente aclaró que la iniciativa respecto al cupo de consumos había partido del secretario. Bordons se asociaba también a la propuesta de Ortega, en cuanto al homenaje a Darío Pérez, no teniendo inconveniente de aplazar el acuerdo definitivo hasta la próxima sesión. Por ello quedó acordado declarar a Darío Pérez Hijo Predilecto y Benemérito de Calatayud, que su retrato figurara en la Galería del bilbilitanos ilustres y que una comisión municipal, formada por los señores Fuentes, Martínez, Álvaro, Ortega, Gómez y el presidente, se trasladaran a Alhama de Aragón para testimoniarle la gratitud del ayuntamiento. Este acuerdo quedaba pendiente de ratificación para la próxima sesión.

Puerta de Terrer. Viuda de Antonio Medarde, 2ª serie (1906). Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

También se acordó, a propuesta de Catalina, que se invitara a las entidades locales y representantes de las fuerzas vivas de la ciudad, para que se asociaran al homenaje y acompañaran a la comisión municipal.

López Ruiz propuso que, antes de comenzar la pavimentación del camino de la estación, debía gestionarse con el ingeniero jefe de Obras Públicas la construcción de dos andenes laterales, poniéndose de acuerdo previamente por medio del diputado Darío Pérez, como así quedó acordado.

En la sesión ordinaria celebrada el 18 de octubre, bajo la presidencia del alcalde Enrique Bordons, estuvieron presentes los concejales Fuentes, Martínez, Álvaro, Lafuente, López Ruiz, Giménez, Sancho, Gasca, Moros, Ortega, Catalina, Clemente, Gómez y Trigo, que aprobaron el acta anterior. A continuación Fuentes señaló que el homenaje a Darío Pérez debía ser también extensivo al senador Sixto Celorrio, que tanto interés había demostrado siempre por los asuntos de Calatayud. Pero tras una breve intervención de Ortega, Clemente, López Ruiz y Lafuente, haciendo ver que, aunque Celorrio era merecedor de una distinción,  no era aquel el momento oportuno, Fuentes retiró su propuesta.

Ortega volvió a repetir su propuesta hecha en la última sesión, para que se declarase Hijo Predilecto y Benemérito de la ciudad al diputado Darío Pérez, colocando su retrato en la Galería de bilbilitanos ilustres, cuando llegara el momento oportuno. Lafuente añadió que mientras viviera Darío Pérez, su retrato debía colocarse en el despacho de la alcaldía, como merecida distinción y para que sirviera de estímulo a los demás. Clemente aceptó las proposiciones de Ortega y Lafuente, pero entendía que su colocación en la alcaldía podía sentar un precedente peligroso, no pareciéndole lugar apropiado para colocarse el retrato.

Terminada la discusión, se aprobó por unanimidad nombrar Hijo Predilecto y Benemérito de Calatayud a Darío Pérez, consignando este acuerdo en un artístico pergamino, que se le haría entrega solemnemente, y colocar su retrato en vida en el despacho de la alcaldía, y una vez fallecido en el Salón de sesiones.

En la sesión celebrada el 23 de mayo de 1923, Ortega se ocupó de las aptitudes artísticas de dos jóvenes de Calatayud, que se habían distinguido recientemente, uno de ellos en la exposición de artistas aragoneses celebrada en Zaragoza y otro en la «Casa Azul», establecimiento de tejidos de la ciudad. Estos jóvenes artistas bilbilitanos se llamaban Pablo Remacha y José María Rubio Vergara. Ortega proponía que el ayuntamiento otorgara su protección en la forma más oportuna.

En la sesión del 13 de agosto, Gasca recordaba a la corporación que el concejo había acordado estudiar el medio de premiar la labor del joven Pablo Remacha, encargándole trabajos. Aunque no hayamos encontrado ninguna noticia en las actas del ayuntamiento, el pintor José María Rubio Vergara recibió el encargo de realizar el retrato de Darío Pérez. Se trata de una vista de la ciudad, tomada desde el santuario de la Virgen de la Peña, con el escudo de la ciudad colocado en la parte superior izquierda y a la derecha del espectador el retrato de Darío Pérez enmarcado en una orla. En la parte inferior del retrato se lee una leyenda que dice: «El Excelentísimo Ayuntamiento de Calatayud, dedicó este pequeño recuerdo en honor de su hijo predilecto D. Darío Pérez, el más humilde de sus vecinos, pero gran entusiasta de las glorias de Bílbilis y de los hombres que la enardecen, I-VIII-MCMXXIII».

El concejal Gasca tenía razón en recordar el ofrecimiento hecho a los dos artistas bilbilitanos, que se había cumplido en parte con el encargo de este cuadro a José María Rubio. Según Mariano Amada, a Pablo Remacha se le debía el rótulo de la plaza que el Ayuntamiento de Calatayud dedicó al general Primo de Ribera, actualmente denominada Maestro Marquina.

El 29 de agosto se vio una petición de Mariano Rubio Vergara, solicitando permiso para colocar una muestra de fotografías en la fachada de la casa número 1 de la calle de Dato, a modo de exposición. La corporación acordó facultar a la Comisión de Obras, para que otorgara la autorización que se pedía.

En la sesión celebrada el 13 de septiembre, el presidente informó que en la mañana de aquel mismo día, se había llevado a cabo la colocación del retrato del diputado a Cortes, Darío Pérez, en su despacho oficial, con la asistencia de varios concejales y del propio Darío Pérez, que se había mostrado altamente reconocido por esta distinción.

En la sesión del 13 de octubre se desestimó una petición de José María Rubio Vergara, que había solicitado el apoyo material del ayuntamiento, para poder ampliar sus estudios en los museos. La Comisión de Hacienda informó de la falta de presupuesto y remanente, debido a la situación económica del municipio.

Documentos consultados:

Archivo Municipal de Calatayud, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, Sig. 161.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, Sig. 162.

Fotografías:

Entrada a Calatayud por la puerta de Alcántara, M. Ramos y Cobos. Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón. Puerta de Terrer. Viuda de Antonio Medarde, 2ª serie (1906). Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

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Darío Pérez, diputado a Cortes por el distrito de Calatayud, 1920-1923

CENTENARIO DEL NOMBRAMIENTO DE DARÍO PÉREZ GARCÍA

COMO HIJO PREDILECTO DE CALATAYUD, 1922-2022

DARÍO PÉREZ, DIPUTADO A CORTES POR EL DISTRITO DE CALATAYUD, 1920-1923

Francisco Tobajas Gallego

            Darío Pérez obtuvo acta de diputado a Cortes por el distrito de Calatayud, en las elecciones celebradas el 9 de diciembre de 1920 y el 29 de abril de 1923. En las primeras tomó el alta el 27 de diciembre de 1920, causando baja el 6 de abril de 1923. En las celebradas en este último año, figura de alta el 23 de mayo y de baja el 15 de septiembre, como consecuencia del golpe de Estado de  Miguel Primo de Rivera.

            En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 10 de noviembre de 1920, el concejal Zarazaga informaba que, aprovechando su viaje a Madrid, había pedido a Darío Pérez que gestionase, ante el Ministerio de Instrucción Pública, la subvención para la cantina escolar. Y añadía que, el día anterior a esta sesión, había recibido un telegrama del político y periodista, confirmando la consignación de 1000 pesetas para este fin. El 24 de noviembre, el concejal Zabalo proponía que se insistiese en la solicitud ya hecha, para que la ciudad contara con teléfono interurbano, aprovechando la estancia en Calatayud de Darío Pérez, encomendándole también el asunto de la subvención a la Estación Enológica.

En la sesión del 9 de diciembre, el secretario leyó una carta del director de la Compañía Peninsular de Teléfonos, que dirigía a Darío Pérez, participándole que tan pronto como quedara ventilado el pleito que la compañía sostenía en el Tribunal Supremo, Calatayud conseguiría línea interurbana, como ya había solicitado hacía tiempo. El concejal López Ruiz informó que Darío Pérez había conseguido 5000 pesetas del Ministerio de Fomento, para mejorar la carretera colindante al paseo de Linares.

El 22 de diciembre el alcalde informó que había recibido en visita oficial a Darío Pérez, quien se había ofrecido como diputado a Cortes para la defensa de los intereses de la ciudad. El ayuntamiento acordó organizar un banquete en su honor, abonando su importe los particulares que quisieran asistir.

En la sesión del 12 de enero de 1921, se daba cuenta de las gestiones de Darío Pérez ante el Jefe del Estado Mayor Central del Ejército, general Weyler, posibilitando la instalación en la ciudad de un batallón de ciclistas, si el ayuntamiento facilitaba un local para cuartel. El 26 de enero se informaba que el general Weyler había señalado a Darío Pérez, que el batallón de Navarra no podía ser destinado a Calatayud, pues había quedado sin efecto su incorporación a la 5ª Región Militar. En otra carta que se leyó en la sesión del 5 de febrero, Darío Pérez pedía conocer el sentimiento de la mayoría del distrito, antes de comenzar sus gestiones, debido al problema del azúcar en España.

Por acuerdo de la corporación, Darío Pérez representaría al Ayuntamiento de Calatayud en los funerales de Eduardo Dato, participando el pésame a su familia. El ayuntamiento también acordó celebrar unos solemnes funerales a su cargo, en reconocimiento a los favores recibidos. Darío Pérez, en unión del senador Sixto Celorrio, llevaría a cabo algunas gestiones, para conseguir que no se cerrara la Azucarera de Calatayud. El 6 de abril se vio una carta del Director General de la Sociedad Azucarera, dirigida a Darío Pérez, en la que informaba que en la próxima campaña funcionaría la fábrica de Calatayud.

Rúa de Dato (editor desconocido), 1919. Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

En la sesión del 30 de marzo, el presidente comunicó que, por mediación de Darío Pérez, se habían conseguido 20 000 pesetas para la reforma del pavimento de la calle de Dato, hasta las puertas de Alcántara y de Soria. El 13 de abril se vio una comunicación de Darío Pérez, en la que se mostraba convencido que el Ministerio de Fomento pagaría el aumento del arriendo de los locales y del campo experimental de la Estación Enológica.

El 27 de abril se leyó un telegrama de Darío Pérez, que comunicaba una Real Orden del Ministerio de Gobernación, en la que autorizaba al ayuntamiento de la ciudad a ceder al Ministerio de la Guerra los terrenos del Empedrado. El 4 de mayo se vio un oficio del gobernador civil, trasladando esta Real Orden. En la sesión del 11 de mayo, el ayuntamiento acordaría firmar la escritura de cesión de estos terrenos, para la construcción del cuartel de artillería.

Cuartel de artillería. Mariano Rubio, 1927. Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

En los meses de junio y julio, Darío Pérez gestionaría las ayudas para paliar los perjuicios ocasionados por las inundaciones, la salida a subasta de la construcción de los trozos 2º y 3º de la carretera de Calatayud a Campillo y el restablecimiento del servicio postal suprimido, de la línea férrea del Central de Aragón. De octubre a diciembre, el diputado llevaría también a cabo gestiones con el ingeniero Carlos Mendizabal, para la instalación en Calatayud de una industria siderúrgica, para la fabricación de aceros especiales. Además, se preocuparía de la falta de vagones del ferrocarril, en perjuicio de la industria y del comercio, y de la conversión en secciones graduadas, de las dos escuelas unitarias de niñas.

A comienzos de 1922, el ayuntamiento recomendaba a Darío Pérez varios proyectos, como la carretera de desviación a Soria por el cementerio y la construcción de un camino por el barranco de las Pozas hasta Moros, para facilitar el transporte a los labradores de Armantes. El 18 de enero de 1922 se leyó una carta de Darío Pérez, confirmando la concesión por el Ministerio de Fomento de 15 000 pesetas, para la pavimentación de la Rúa de Dato. La corporación le pidió interesarse sobre la sentencia del Tribunal Supremo, en el pleito incoado por el ayuntamiento, en el que había reclamado unos créditos contra el Estado.

En la sesión del 8 de febrero, se leyó una carta del Director de Correos, comunicando a Darío Pérez que, en breve plazo, se instalaría en la ciudad el teléfono interurbano por cuenta del Estado. El 12 de abril se acordó que una comisión visitara a Darío Pérez, para impulsar la línea Calatayud-Puebla de Híjar, que anularía el proyecto de la línea Tarragona-Ariza. Otra comisión municipal se trasladaría a Zaragoza, en compañía de Darío Pérez y Sixto Celorrio, para gestionar la construcción del cuartel de artillería. El 26 de abril se leyó una comunicación de Darío Pérez, anunciando el establecimiento del servicio de viajeros y equipajes en el apartadero de Embid de la Ribera, de la línea de Ariza a Zaragoza. Aunque a principios de mayo, Darío Pérez confirmaba la firma de la escritura por el ministro de la Guerra de la cesión de los terrenos para el cuartel de artillería, a mediados de este mes señalaba que no había entonces presupuesto para su construcción.

En la sesión del 24 de mayo, la corporación hacía suya la iniciativa del vicario general, para trasladar los restos de Vicente de la Fuente a Calatayud. Darío Pérez  pensó que este homenaje debía ser nacional, consiguiendo la implicación del gobierno. El ayuntamiento acordó agradecer la iniciativa del vicario general y las gestiones de Darío Pérez, nombrando una comisión para preparar estos actos, de acuerdo con el vicario general y la familia. El ayuntamiento acordó también erigir un mausoleo a Vicente de la Fuente, por suscripción popular. El concejal Ortega propuso que el traslado de los restos del historiador coincidiera con la inauguración de las puertas de la colegiata de Santa María. Para ello se nombró a una comisión, para que recabara apoyo material de la Dirección General de Bellas Artes.

El 12 de julio el presidente elogiaba la labor de Darío Pérez y de Sixto Celorrio, pues la Comisión de Presupuestos del Senado había aceptado un millón de pesetas, que había sido consignado en el Congreso, para el cuartel de artillería. Veintidós cartas recibidas de diputados y senadores corroboraron estas gestiones. En octubre, Darío Pérez recibió también el encargo de gestionar para la ciudad una Escuela de Artes y Oficios.

El 11 de octubre se vieron dos cartas de Darío Pérez, informando de la supresión del cupo de consumos de la ciudad, desde el próximo 1 de abril de 1923, y de la asignación de 100 000 pesetas para el adoquinado del camino de la estación, desde el puente de Alcántara, haciéndola extensiva también desde la Casa-amparo hasta la puerta de Terrer. El 8 de noviembre se leyó una carta de Darío Pérez, informando que el Ministerio de la Guerra había dado orden para la subasta de las obras del cuartel de artillería.

El 17 de enero de 1923, el ayuntamiento pedía a Darío Pérez que gestionara, ante la Sociedad Azucarera, la ampliación de la campaña en la fábrica de Calatayud. Al mes siguiente, Darío Pérez informaba que el Director de la Sociedad General Azucarera le había prometido intensificar la producción la próxima campaña, siempre que los labradores entregaran toda la remolacha. Días más tarde, Darío Pérez señalaba que, según el Director General de Agricultura, un ingeniero se iba a trasladar a Calatayud, para estudiar la repoblación de sus montes. Con Sixto Celorrio, Darío Pérez viajaría a Zaragoza para tratar del adoquinado del camino de la estación. En el mes de junio llevaría a cabo gestiones para la ampliación del centro telefónico urbano y para los terrenos de la Estación Enológica.

El 28 de marzo el ayuntamiento se quejaba, porque en las obras del cuartel de artillería trabajaba algún forastero, cuando los trabajadores debían ser de la ciudad. El 27 de junio, una carta de Darío Pérez daba cuenta de una Real Orden del Ministerio de Guerra, por la que se declaraba inadecuado el cuartel de la Merced para las necesidades militares. En esta misma sesión, la corporación pidió a Darío Pérez su gestión, para que la compañía del ferrocarril del Mediodía no suprimiera coches de viajeros en los trenes de mercancías. Días más tarde se informó al ayuntamiento, que se había aumentado un coche de tercera a los trenes correos, números 840 y 841, entre Sigüenza y Zaragoza.

En la sesión del 26 de septiembre se leyó una carta de Darío Pérez, en la que señalaba que había cesado su representación en el Congreso de los Diputados, ofreciéndose al concejo y al vecindario, para trabajar por los intereses de la ciudad.

Documentos consultados:

Archivo Municipal de Calatayud (AMC), Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, Sig. 160.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, Sig. 161.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, Sig. 162.

Fotografías:

Rúa de Dato (editor desconocido), 1919. Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

Cuartel de artillería. Mariano Rubio, 1927. Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

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