Darío Pérez, las elecciones de 1910 y la plaza del teatro

CENTENARIO DEL NOMBRAMIENTO DE DARÍO PÉREZ GARCÍA

COMO HIJO PREDILECTO DE CALATAYUD, 1922-2022

DARÍO PÉREZ, LAS ELECCIONES DE 1910 Y LA PLAZA DEL TEATRO

Francisco Tobajas Gallego

            En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 23 de marzo de 1910, el concejal Santos Gómez solicitaba la toma de medidas, para evitar desgracias, como la que había ocurrido recientemente en el cerro del Reloj Tonto, haciéndolas extensivas al Barrio Nuevo. El domingo anterior se había producido un  desprendimiento de tierras en el barrio de Hiladores, sepultando dos edificios y causando la muerte a cinco personas. A propuesta del presidente, se acordó que constara en acta el sentimiento de la corporación, por estos trágicos sucesos, y que se abriera una suscripción que encabezara el ayuntamiento con 250 pesetas, del peculio particular de los concejales, 100 pesetas de la Caja Municipal y 500 pesetas que había donado Gabriel Maura.

El alcalde, Juan Ballesteros, había hablado con el Gobernador civil, quien estaba dispuesto a recabar ayudas del Estado para los damnificados, así como facilitar la intervención de personal técnico y de auxilios materiales, para evitar en lo sucesivo todo peligro a los vecinos. El presidente añadió que había dado orden de desalojar todas las viviendas, próximas a la zona de peligro y había autorizado a los cordeleros, para que emplazaran los artefactos de su oficio en la plaza de las dominicas.

El concejal Antonio Lorente afirmó que algunas casas habilitadas en el Reloj Tonto, eran propiedad del ayuntamiento, por haber sido expropiadas a raíz de la hecatombe de 1903, debiendo ser desalojadas inmediatamente, para evitar la responsabilidad que contraía la corporación, si ocurría algún accidente a esos vecinos.

Castillo del Reloj. Imagen facilitada por la Asociación Torre Albarrana.

A propuesta del concejal Pedro Chueca, se acordó agradecer la labor de la prensa zaragozana y en especial del Diario de Avisos, que se habían preocupado de aquel triste suceso.

En esta misma sesión, Vicente Mochales propuso dar el nombre de Joaquín Dicenta a la calle del Encuentro, premiando así los indiscutibles méritos de este eminente literato. Gómez no negaba los merecimientos de Dicenta, pero entendía que no debía concederse esta distinción, porque no había ostentado la representación de la ciudad. Mochales insistió e hizo constar que se trataba de una persona de relieve en las letras y en la política, añadiendo que se había dado el nombre a algunas calles de la ciudad, a personas que nunca habían tenido la representación de Calatayud. Puesta a votación la propuesta de Mochales, fue aprobada por diez votos contra seis.

El 30 de marzo, el secretario leyó dos cartas y un telegrama de Darío Pérez, en los que participaba las gestiones que había llevado a cabo ante el Ministerio de Fomento, como consecuencia de los trágicos sucesos acaecidos en el barrio de Hiladores, con el fin de conseguir que el Estado remediara esta desgracia. Acompañaba una carta del ministro, en la que mostraba su interés por este asunto. El secretario dio lectura después a dos cartas de Gabriel Maura, en las que, el diputado por este distrito, exponía sus deseos de que se solucionara definitivamente este grave problema, proponiendo llevar a cabo personalmente las gestiones necesarias en el Ministerio de Fomento. La corporación agradeció estas gestiones de Darío Pérez y Gabriel Maura.

A propuesta de Lorente, se acordó felicitar a los periódicos madrileños El Imparcial y El Liberal, por su humanitaria campaña llevada a cabo, a consecuencia de los desprendimientos acaecidos en el cerro del Reloj.

El 6 de abril se leyó una carta del diputado Gabriel Maura, dando cuenta de sus gestiones ante el ministro de Fomento, acompañando una carta del ministro, Fermín Calbetón, trasmitiendo un informe del ingeniero jefe de Obras Públicas de la provincia, en el que consideraba que no había modo alguno de evitar el desmoronamiento del cerro y habría que evacuar silos y casas.

A propuesta de Mochales, se acordó dirigir un telegrama al Consejo de Ministros, para que se resolviera el expediente incoado en 1903, por correr grave peligro la vida de sesenta familias, que podría evitarse con un auxilio por parte del Estado de 100.000 pesetas.

El 13 de abril se leyó un telegrama del alcalde, que había visitado en Madrid al ministro de Fomento, con el diputado Gabriel Maura, quien les había prometido el auxilio del Gobierno, para remediar esta necesidad urgente de la ciudad. El presidente interino, Ignacio López, se quejó en aquella sesión, porque Maura no había remitido al alcalde los telegramas que publicaba un periódico local.

En la sesión del 20 de abril, el secretario leyó dos cartas de Darío Pérez, en las que daba cuenta de las gestiones hechas ante el Gobierno, como consecuencia del telegrama que el ayuntamiento había enviado al presidente del Consejo de Ministros, con fecha del día 6, solicitando una ayuda de 100.000 pesetas. También se leyó una carta de Gabriel Maura, confirmando que, tras un breve viaje a París, continuaba las gestiones, y un telegrama de Darío Pérez, en el que comunicaba el acuerdo del Consejo de Ministros de llamar al alcalde de la ciudad a Madrid, que se leyó a continuación.

Seguidamente, el presidente dio cuenta de su viaje a Madrid con el secretario, donde, en compañía del diputado Gabriel Maura, se había entrevistado con el ministro de Fomento y con el director general de Obras Públicas, consiguiendo 50.000 pesetas. El presidente elogió la iniciativa de Darío Pérez en la prensa, interesando también a los consejeros de la Corona a favor de Calatayud, proponiendo agradecer a Gabriel Maura y a Darío Pérez sus gestiones. Asimismo, el presidente aludió al telegrama que le había enviado a Madrid la minoría republicana del ayuntamiento, afirmando que no había tenido ninguna intención de molestar a Darío Pérez, pues en su última carta, el periodista cedía el puesto de honor de la representación de los intereses de Calatayud. Mochales intervino defendiendo las gestiones de Darío Pérez, que había visitado al ministro de Fomento, que fue quien había ordenado al ingeniero jefe de Obras Públicas de la provincia una visita de inspección, trámite indispensable, según Mochales, sin el cual nada se hubiera conseguido. Por iniciativa de Mochales, el ayuntamiento había enviado un telegrama al presidente del Consejo de Ministros, por no haberle satisfecho la carta que el ministro de Fomento había dirigido a Gabriel Maura, añadiendo que la gestión de Darío Pérez en este asunto había sido decisiva, pues por ella el Gobierno había prestado su auxilio pecuniario y había llamado a Madrid al alcalde de la ciudad. Mochales añadió que Maura no había podido influir en el Consejo de Ministros, pues se encontraba en París, proponiendo que constara en acta el agradecimiento a Darío Pérez y a Gabriel Maura, con las aclaraciones hechas.

El concejal Floría preguntó al alcalde si se ratificaba con el contenido del telegrama del día 15, en el que daba cuenta de su entrevista con el director de Obras Públicas, en compañía de Maura, consiguiendo 50.000 pesetas de ayuda. Floría no tenía claro si esta subvención se había conseguido por las gestiones de Darío Pérez, de la comisión del ayuntamiento o de Gabriel Maura, pidiendo que el secretario expusiera su versión de los hechos, pero el presidente no accedió. En vista que otros concejales querían intervenir, el presidente zanjó la cuestión, acordándose por unanimidad agradecer a Darío Pérez y a Gabriel Maura sus gestiones en este asunto.

Las elecciones para diputados a Cortes se celebraron el 8 de mayo. Por el distrito de Calatayud se presentaron: el conservador Gabriel Maura, que obtuvo 4.379 votos, el republicano Darío Pérez, que logró 2.681 votos, y el católico José María Bascones y Pérez, que sumó 157 votos. Según el Diario de Avisos de Zaragoza, Darío Pérez había ganado en Ariza, Ateca, Paracuellos de Jiloca, Villarroya y Villalengua. El 9 de mayo, La Correspondencia de Aragón informaba que Maura había obtenido en Calatayud 1.273 votos y Darío Pérez 692 votos. El 13 de mayo este mismo diario publicaba que Darío Pérez había presentado una protesta en todo el distrito y ocho más en otros tantos pueblos, fundándolas en hechos ilegales.

En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud del 11 de mayo, el concejal López Ruiz propuso que se diera el nombre de Darío Pérez a la plaza de San Antón. López Ruiz señaló que no pretendía ofrecerla a Darío Pérez, como compensación a su derrota, sino por sus gestiones llevadas a cabo en el asunto del cerro del Reloj y por su prudencia y corrección en las recientes elecciones, evitándose un día de luto en la ciudad. El concejal Ramón Medarde señaló que no pretendía negarle los méritos a Darío Pérez, pero estimaba que no debía prodigarse tanto el cambio de nombre en las calles del municipio, pues con igual o mayor motivo podía concederse esa distinción a otros bilbilitanos ilustres, como Vicente Martínez o Luis Guedea. López Ruiz mostró su sorpresa al querer impugnar su proposición, aludiendo el acuerdo del ayuntamiento, que había concedido el nombre de Gabriel Maura a la plaza del Fuerte, sin motivo justificado, otorgándole además la merced de nombrarle Hijo Adoptivo, sin tener entonces en cuenta las disposiciones legales vigentes, ni la formación del oportuno expediente. Medarde se reafirmó en sus ideas y Floría, aunque no discutía la proposición, que sería aprobada por la mayoría, preguntaba si no había otra calle para darle el nombre de Darío Pérez, sin tener que quitársela a un santo. A propuesta de la presidencia y escuchando los deseos de Floría, se acordó por unanimidad dar el nombre de Darío Pérez a la entonces Plaza del Teatro. Por su parte, el concejal Chueca solicitó que se colocaran las placas correspondientes en la calle de la Bodeguilla y en otras más, a las que se habían cambiado el nombre.

El 13 de mayo La Correspondencia de Aragón publicaba una reseña, firmada por Don Ramiro, informando del cambio de nombre de la plaza del Teatro. Y señalaba que, si el acta había sido para Maura, la plaza iba a ser para Darío Pérez, pues aunque acta solo había una, había varias plazas en la ciudad de Gracián. Ramiro escribía que en aquella plaza había vivido Darío Pérez, cuando residía en Calatayud. Recordemos que su padre había tenido a su cargo una fábrica de harinas, en la cercana Barrera de Marcial. El periodista de La Correspondencia de Aragón, afirmaba que este acuerdo se había tomado por unanimidad entre republicanos, conservadores, liberales y carlistas, achacándolo a un efecto tardío de arrepentimiento.

En la sesión del 18 de mayo se informó que Joaquín Dicenta se encontraba en Calatayud, donde había visitado al alcalde, para gradecer la distinción de haber dado su nombre a una calle de la ciudad. A propuesta de Mochales, se acordó por unanimidad, que el descubrimiento de las lápidas y la inauguración de la calle dedicada a Joaquín Dicenta y de la plaza a Darío Pérez, se hiciera oficialmente y con toda solemnidad, estando subordinada la fecha a la presencia de ambos en Calatayud.

Por su parte, el concejal López Latorre preguntó al presidente si tenía alguna noticia de las 50.000 pesetas, que habían sido concedidas al municipio para solucionar el problema del cerro del Reloj, agravado entonces por el temporal de lluvias. Ante la negativa del presidente y a propuesta de López Latorre, se acordó telegrafiar al ministro de Fomento, para que ordenara al ingeniero jefe de Obras Públicas de la provincia la distribución de esta cantidad.

En la sesión del 25 de mayo, se leyó un telegrama del ministro de la Gobernación, con una Real Orden, por la que se nombraba nuevo alcalde de Calatayud a Pedro Chueca Barranco, por dimisión presentada por Juan Ballesteros. Este mismo día se leyó una carta de Darío Pérez, en la que agradecía la distinción de haber dado su nombre a la plaza del Teatro.

En la sesión del 26 de junio, Mochales volvió a preguntar por el asunto del cerro del Reloj. El presidente contestó que hacía unos días, habían estado funcionarios de Obras Públicas haciendo fotografías y tomando datos, para llevar a efecto la distribución de las 50. 000 pesetas, bajo la inspección del ingeniero jefe.

El 20 de julio y a propuesta de Mochales, se acordó autorizar al alcalde para que, en representación del ayuntamiento, entregara al sobrestante de Obras Públicas, Vicente Ena, el torreón llamado del Reloj Tonto, para su inmediata demolición. El 27 de julio se nombró una comisión, para la apreciación de indemnizaciones a viviendas situadas en el cerro del Reloj y en otras zonas peligrosas de Calatayud. Este mismo día, Medarde propuso que la corporación mostrara su sentimiento por el atentado al ex presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura, dirigiendo un telegrama a su hijo Gabriel Maura, diputado a Cortes por este distrito. Mochales y Gaspar opinaron que se trataba de un tema político y esta propuesta se desestimó, por seis votos contra dos.

El concejal López Latorre propuso que, como el torreón llamado del Reloj Tonto databa del siglo XIII, se designara a una persona encargada de vigilar los trabajos, por si aparecían restos de valor histórico. El presidente confirmó que al día siguiente, se iba a entregar este edificio al sobrestante de Obras Públicas.

El 3 de agosto Medarde señaló que era partidario de construir otro torreón en un lugar próximo, aprovechando los materiales del viejo torreón, para colocar la famosa e histórica campana. Esta propuesta fue tomada en consideración por el ayuntamiento.

Documentos consultados:

Archivo Municipal de Calatayud, Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1910, Sig. 149.

Fotografía: Castillo del Reloj. Imagen facilitada por la Asociación Torre Albarrana.

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Jornada de presentación del libro: «La provincia de Calatayud durante el trienio liberal»

El sábado, 11 de junio de 2022, tendrá lugar en el salón de actos de Claretianos una Jornada de presentación del libro: La provincia de Calatayud durante el Trienio Liberal, publicado por el Centro de Estudios Bilbilitanos en colaboración con el Ayuntamiento de Calatayud y la Comarca Comunidad de Calatayud.

La inscripción a la Jornada deberá realizarse antes del 8 de junio a través del formulario que aparece al final de en esta página.

La inscripción es gratuita hasta completar aforo y da derecho a recibir un ejemplar del libro.

Quienes deseen asistir al almuerzo, deberán indicarlo en el formulario de inscripción y abonar su importe en el restaurante.

Programa

Mañana

09:30h. Recepción de asistentes.

09:45h. Presentación a cargo del Centro de Estudios Bilbilitanos, Ayuntamiento de Calatayud y Comarca Comunidad de Calatayud.

10:00h. Carlos Saénz Preciado: Los antecedentes históricos de la provincia de Calatayud: desde la Celtiberia hasta el absolutismo borbónico.

10:45h. Sofía Paola Remón Gil: La Raya en la Baja Edad Media.

11:00h. Herbert González Zymla: Creación y supresión de la provincia de Calatayud en el contexto del Trienio Liberal.

11:45h. Vicente Alejandre Alcalde: La provincia de Calatayud: territorio, comunicaciones, demografía y economía (1822-1823).

12:30h. Pascual Diarte Lorente: La Comunidad de Aldeas y la provincia de Calatayud.

14:00h. Almuerzo

Tarde

16:00h. María Jesús Sánchez Gormaz y José Ángel Urzay Barrios: Crónica de la provincia de Calatayud durante el Trienio Liberal.

16:45h. Manuel Casado López y Luis Varga Aldana: Militares y políticos en la provincia de Calatayud durante el Trienio Liberal.

17:15h. Manuel Casado López y Luis Varga Aldana: La provincia de Calatayud en guerra.

17:45h. Jesús Blasco Sánchez: Ateca y la provincia de Calatayud.

18:00h. José Ramón Olalla Celma: El territorio, hoy.

18:30h. Carlos Guallart Moreno y Javier Velilla Gil: El mapa de la provincia de Calatayud.

18:45h. Audiovisual: La provincia de Calatayud en imágenes. Asociación Torre Albarrana.

19:15h. Cierre de la Jornada.

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Inscripciones

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Darío Pérez y el traslado de los restos de Vicente de la Fuente a Calatayud en 1922

CENTENARIO DEL NOMBRAMIENTO DE DARÍO PÉREZ GARCÍA COMO HIJO PREDILECTO DE CALATAYUD, 1922-2022

Darío Pérez y el traslado de los restos de Vicente de la Fuente a Calatayud en 1922

Francisco Tobajas Gallego

            Según relataba el concejal Ramón Ortega, en la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 25 de octubre de 1922, la idea del traslado de los restos de Vicente de la Fuente a Calatayud, había salido del vicario general, Valentín Marco, con motivo del homenaje al escritor Baltasar Gracián, que había tenido lugar en mayo de ese mismo año. El ayuntamiento debió recoger esta iniciativa con sumo interés, confiando los trámites a su diputado a Cortes Darío Pérez, siempre solícito con los intereses de sus paisanos. Darío Pérez debió llevar a cabo todas estas gestiones con mucha diligencia y eficacia, pues a finales de octubre de 1922 se llevaría a cabo el traslado, corriendo los gastos por cuenta del Estado. Darío Pérez, con la familia de Vicente de la Fuente, estaría presente en la Sacramental de San Justo, en el momento de la exhumación, acompañando al féretro en tren hasta Calatayud. También participaría en la velada necrológica celebrada en memoria del ilustre catedrático e historiador.

En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 28 de diciembre de 1889, el concejal Ortega informaba que Vicente de la Fuente había fallecido en Madrid el pasado día 25. Añadía que si la prensa madrileña sin excepción, le tributaba merecidos elogios, el ayuntamiento de su ciudad debía significar de alguna manera su pesar por el inolvidable bilbilitano, que tanto había amado e historiado a su pueblo, siendo acreedor de rendirle un recuerdo. Ortega proponía a la corporación que constara en acta el profundo sentimiento por la muerte de Vicente de la Fuente, que una comisión municipal participara a la familia del fallecido los sentimientos del ayuntamiento y que se acudiera en corporación a sus funerales. Para ello se nombró al presidente y al concejal Larrea para que, en nombre de la corporación, visitaran a la familia del fallecido.

En la sesión del 30 de diciembre, se informó que la comisión municipal había dado el pésame a su hermano Carlos de la Fuente y a su familia. En la sesión del 31 de diciembre se leyó una comunicación del vicario general, invitando a la corporación a los funerales de Vicente de la Fuente, que habían dispuesto el obispo y el clero de la ciudad en la colegiata de Santa María, el próximo día 3 de enero, a las diez y media de la mañana. Por unanimidad se acordó asistir en corporación.

En la sesión del 10 de diciembre de 1890 se informó que Carlos de la Fuente había entregado al alcalde un tomo de la Sociedad Geográfica, en donde se publicaba una conferencia que había pronunciado el socio Manuel Foronda en honor a Vicente de la Fuente, en la que se encontraban numerosos datos sobre la historia de Calatayud. Manuel Foronda había enviado este ejemplar para el archivo municipal. La corporación acordó dar las gracias a Foronda y a la familia de Carlos de la Fuente.

Esta conferencia de Manuel Foronda, pronunciada el 8 de abril de 1890 y  titulada «El Dr. D. Vicente de la Fuente como socio de la Geográfica de Madrid», se publicó en el Boletín de la Sociedad Geográfica, tomo XXVIII, primer semestre de 1890. Este elogio a su antiguo catedrático de Derecho, era un encargo a Foronda de la junta directiva. La Real Academia de la Historia también había encomendado un estudio crítico biográfico de Vicente de la Fuente a Bienvenido Oliver, quien dejó a Foronda el estudio del homenajeado como individuo de la Sociedad Geográfica.

Después de recorrer numerosos hechos históricos de Calatayud y su biografía, Foronda repasaba las relaciones de Vicente de la Fuente con las ciencias geográficas. Recordaba su discurso de recepción en la Real Academia de la Historia, sobre las comunidades aragonesas de Teruel, Daroca y Calatayud. También en el tomo III del Boletín de la Real Academia de la Historia, se encontraba un trabajo, esencialmente geográfico, titulado: Expedición científica y artística a la Sierra de Francia, provincia de Salamanca, en julio de 1857. La Academia de la Historia le había encomendado el tomo XLIX de la España Sagrada, en el que se encontraba un verdadero caudal de conocimientos geográficos. «Las comunidades de Castilla y Aragón, bajo el punto de vista geográfico», había sido tema de una conferencia pronunciada por Vicente de la Fuente el 8 de enero de 1880, que fue publicada en el n.º 3 del Boletín de la Sociedad Geográfica, tomo VIII, de 1880.

Foronda recordaba que en marzo de 1880, Vicente de la Fuente había hecho ver la necesidad de un diccionario geográfico universal en castellano, para lo cual la Sociedad Geográfica había nombrado una comisión al respecto. Esta misma sociedad se había preocupado de la necesidad de realizar una nueva división territorial en España, siendo consultado Vicente de la Fuente, según se recogía en el tomo XI, Boletín n.º 8, de 1881.

En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud del 15 de diciembre de 1890, el concejal Benito Vicioso manifestó que todos los vecinos de Calatayud conocían la vasta instrucción, talento y amor a Calatayud, que caracterizaban a Vicente de la Fuente y que había demostrado en los principales centros científicos de España, siendo una persona respetada y admirada por los hombres más eminentes del país. Por ello proponía al ayuntamiento que acordara perpetuar su memoria, dando su nombre a la calle Nueva y cuatro esquinas, pues aún permanecía la casa en la que había vivido, colocando en su fachada una lápida conmemorativa de mármol. Por unanimidad, la corporación acordó lo propuesto por Vicioso.

En la sesión del 18 de octubre de 1922, el concejal Lafuente, como presidente de la comisión municipal, encargada de la organización del homenaje a la memoria de Vicente de la Fuente, con motivo del traslado de sus restos mortales, daba cuenta de los trabajos realizados y del programa de actos que debían celebrarse el próximo día 27. Lafuente rogaba al alcalde que dirigiera una alocución al vecindario, para que se asociara al homenaje, invitando al cierre del comercio y a colocar colgaduras con crespones negros en los balcones de las calles, que había de recorrer la comitiva fúnebre. Por tal motivo se acordó que los gastos que se ocasionaran en este homenaje, fueran a cargo de los fondos municipales.

Al día siguiente se iban a recibir también los restos mortales del que fuera alcalde de Calatayud, Saturio Muñoz, que había fallecido en Madrid hacía cincuenta años, para recibir sepultura en la necrópolis de la ciudad. Por tal motivo se acordó, a petición de Ortega, que una comisión asistiera a los funerales que iban a celebrarse en Santa María.

En la sesión del 25 de octubre, el concejal Lafuente trató de los actos organizados con motivo del traslado de los restos mortales de Vicente de la Fuente, elogiando la labor de José María López Landa, que lo consideraba acreedor a que se le nombrara cronista de la ciudad, como así fue acordado por unanimidad. En la sesión del 2 de noviembre, el alcalde Enrique Bordons se refirió al discurso que había pronunciado Pedro de la Fuente en la velada necrológica, que se había celebrado en honor de su tío, presentando la llave del féretro, donde estaban depositados los restos de Vicente de la Fuente. A propuesta del concejal Ortega, se acordó por unanimidad que esta llave se conservara en una caja junto al retrato del historiador en la Sala Capitular.

Ortega recordó que en la velada necrológica habían estado presentes Valentín Marco, vicario general, iniciador en el homenaje a Gracián de la idea del traslado de los restos de Vicente de la Fuente, y Darío Pérez, que había gestionado todo lo necesario en las altas esferas de la capital. Además, había acudido al cementerio de San Justo, había exhumado los restos del escritor y los había acompañado en tren hasta Calatayud. Por todo ello, los dos debían ser honoríficamente mencionados, como así se acordó.

Ortega debe referirse a una serie de conferencias dedicadas al jesuita y escritor, que se recogieron en una publicación bajo el título Baltasar Gracián. Escritor aragonés del siglo XVIII. Curso monográfico celebrado en honor suyo por la Universidad Literaria y el Ateneo de Zaragoza, en el año 1922, Zaragoza, Diputación Provincial de Zaragoza, Imprenta del Hospicio Provincial, 1926. En él se recogía una «Oración fúnebre en los funerales del R P Baltasar Gracián de la Compañía de Jesús, celebrados en la iglesia parroquial de Belmonte de Calatayud el día 13 de mayo de 1922», a cargo del R P Darío Hernández, S J. A ella asistieron el provisor y vicario general, Valentín Marco, y el rector de la Universidad de Zaragoza, Ricardo Royo Villanova.

El Sol publicaba el 26 de octubre de 1922, que el ministro de la Gobernación se había asociado al homenaje póstumo al historiador fallecido, siendo los gastos del traslado por cuenta del Estado. La exhumación estaba prevista para este día 26, siendo acompañado el féretro por familiares y por el diputado Darío Pérez. En Calatayud cesaría la vida industrial y comercial, se enlutarían los balcones y se celebraría una velada literaria, con otras demostraciones de duelo.

La Época publicaba el 27 de octubre, que en el cementerio de la Sacramental de San Justo habían sido exhumados los restos del catedrático de la Universidad Central e historiador, Vicente de la Fuente. Habían asistido al acto el sobrino del escritor y arcipreste del Pilar de Zaragoza, Vicente de la Fuente, en representación de la familia, el diputado a Cortes Darío Pérez y una comisión bilbilitana. En la capilla de la sacramental se había rezado una misa y, acto seguido, los restos se habían trasladado a la estación del Mediodía, donde habían sido colocados en un furgón, convertido en capilla ardiente, que se había unido al tren correo en dirección a Calatayud. También reseñaba la inhumación de los restos en la colegiata de Santa María.

Estos actos del traslado se recogieron en el tomo 81, diciembre de 1922, del Boletín de la Real Academia de la Historia. Este homenaje a la buena memoria de Vicente de la Fuente, se había celebrado en Calatayud el viernes 27 de octubre. El Gobierno había acordado que la traslación de sus restos, desde la Sacramental de San Justo hasta Calatayud, tuviera carácter de homenaje nacional, sufragando los gastos. En Calatayud, el féretro había sido llevado por los sobrinos del historiador, siendo recibido en la Plaza del Fuerte por el ayuntamiento, Diputación provincial, representantes en Cortes, clero, milicia, Universidades de Madrid y Zaragoza, y de la Real Academia de la Historia.

Se formó un cortejo presidido por el cardenal-arzobispo de Zaragoza, obispo de Tarazona, gobernador civil, rector de la Universidad, presidente de la Audiencia de Zaragoza, comandante militar y representante de la Academia de la Historia, siendo precedidos por la Guardia civil a caballo, niños de las escuelas, clero con cruz alzada y gran número de vecinos. En la colegiata de Santa María había tenido lugar el solemne funeral, cantándose la misa de Perossi y pronunciando una elocuente oración fúnebre el canónigo de Zaragoza, Santiago Guallart.

Por la tarde en el teatro Principal, había tenido lugar una solemne velada necrológica, en la que tomaron parte el alcalde de Calatayud, Enrique Bordón; el síndico Ramón Ortega; José María López Landa, cronista de la ciudad y correspondiente de la Academia; Valentín Marco, vicario general; el ex alcalde Francisco Lafuente; Salvador Minguijón, catedrático de la Universidad de Zaragoza; Darío Pérez, diputado a Cortes, y Eduardo Ibarra, en representación de la Universidad de Madrid y de la Academia. En este homenaje, había dado las gracias en nombre de la familia Pedro de la Fuente, sobrino del homenajeado y abogado fiscal de la Audiencia de Zaragoza, cerrando el acto el Gobernador civil, en nombre del Gobierno, y el cardenal-arzobispo Soldevilla, que había presidido el acto.

En este mismo boletín se reprodujo el discurso del académico Eduardo Ibarra, que había pronunciado en nombre de la Real Academia de la Historia y de la Universidad de Madrid. En él recordaba su encuentro con Vicente de la Fuente en el invierno de 1887, acompañado de su padre, «buen amigo, compañero y paisano», que había tenido lugar en su modesto piso de la calle de Valverde. Sucesivas visitas le fueron descubriendo poco a poco las cualidades intelectuales de aquel hombre «alegre, socarrón, graciosísimo y acertado en sus juicios de personas, doctrinas, libros y tendencias en boga; su casa fue en aquellos primeros meses de adaptación madrileña mi puerto de refugio espiritual, el lugar de consulta y de información científica, y pude apreciar entonces la extraordinaria y variadísima cultura de aquel hombre que, con la mayor sencillez, bondad y llaneza, citaba libros y libros, sirviendo de guía y conductor al principiante». Ibarra reconocía que solo había conocido a dos eruditos de su mimo tipo, Menéndez y Pelayo y Eduardo Hinojosa.

Ibarra recordaba que Vicente de la Fuente había escrito sobre numerosas y variadas materias, citando sus Estudios críticos sobre la Historia y el Derecho de Aragón, como «uno de sus libros más eruditos, desenfadados y geniales». Elogiaba su labor en las Academias de la Historia y de Ciencias Morales y Políticas, aunque consideraba que su verdadero campo de acción había estado en su cátedra diaria, «convertida, por su ciencia, sencillez y gracejo baturro, en lugar apacible y deleitoso». Señalaba que Vicente de la Fuente, sin «trampa ni artificio, con sencillez y llaneza, enseñaba, no sólo a saber, sino a dudar y a confesar la ignorancia». Su variada y copiosa labor intelectual la había recogido su amigo y compañero, Alejandro Pidal, como apéndice a la necrológica leída el 10 de junio de 1890, ante la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Calatayud también le debía el relato de su propia historia, sin pedir nada a cambio. Ibarra creía que la presencia de Vicente de la Fuente estimularía el recuerdo de su vida y de sus obras, sirviendo de modelo a nuevas generaciones.

Documentos consultados:

Archivo Municipal de Calatayud (AMC), Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1889, Sig. 141.

AMC, Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1890, Sig. 142-2.

AMC, Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1922, Sig. 161.

Las fotografías han sido facilitadas por la Asociación Torre Albarrana.

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El Ayuntamiento de Calatayud prohibió en 1883 los toques de ‘tente nublo’

Francisco Tobajas Gallego

            El toque de campanas, llamado de tente nublo, tenía lugar a mediodía, tras la oración. Se repetía diariamente desde la Cruz de Mayo hasta la Cruz de Septiembre, para proteger las cosechas de manera preventiva. También se tocaba a cualquier hora del día o de la noche, siempre que hubiera peligro de fuertes tormentas y tempestades. En Calatayud, las campanas de la ermita de San Roque anunciaban la llegada de estas nubes de tormenta.

            Pedro Sánchez Ciruelo, en su libro Reprobación de las supersticiones y hechicerías, de 1539, consideraba que las tempestades eran cosa natural y no de ángeles ni demonios. En caso de malos nublados, recomendaba tañer las campanas mayores de las iglesias y tirar al cielo tiros de artillería. El cura congregaría en la iglesia a todos los vecinos, provistos de candelas encendidas. El misal se pondría abierto por el Teigitur y se abriría el tabernáculo entre velas, hachas y el cirio pascual, con todas las reliquias de los santos alrededor. Se cantarían los salmos y se dirían los cuatro evangelios y la letanía de los santos, con procesión por la iglesia. El maestro Ciruelo aconsejaba que, desde abril a junio, los curas subieran al campanario para bendecir los términos y no para hacer conjuros.


Portada del libro Reprobación de las supersticiones y hechicerías, por el maestro Pedro Ciruelo (Alcalá 1541), edición facsímil del Ateneo de Zaragoza, 1989.

Las gentes, para ahuyentar las tormentas, tiraban contra el cielo piedras que habían cogido a la salida de los oficios de Semana Santa, en el mismo itinerario de la procesión. El ramo de olivo bendecido protegía también las heredades. En el Pilar de Zaragoza se sacaba a la puerta la imagen de Santa Ana, en Tobed el cuadro de la Virgen y el Niño, regalo del rey Martín I, en Saviñán la reliquia de la Vera Cruz, en Ateca la Virgen de la Peana, en Cimballa el Santo Misterio, tras un repique apresurado y alarmante de la campana mayor, y en Muel la Virgen de la Fuente. En la iglesia de San Miguel, de Graus, se exponía el crucifijo de San Vicente Ferrer, que vaticinó que la peste nunca entraría en la villa, en Jaca se sacaban las reliquias de Santa Orosia y en Caspe la Vera Cruz. En la ermita de Nuestra Señora del Campo Alavés, de Torrijo de la Cañada, se había fundado una capellanía patrimonial. El capellán debía estar en la ermita desde el 14 de mayo hasta el 14 de septiembre, para decir misas y cuidar del conjuro contra las tempestades de verano, ya que el verano duraba de Cruz de Mayo a Cruz de Septiembre.

Santiago Ramón y Cajal cuenta en su libro dedicado a sus recuerdos infantiles, que un sábado por la tarde, cuando los escolares de Valpalmas rezaban en la escuela con la maestra, un rayo cayó en la torre, hiriendo de muerte al párroco, que falleció a los pocos días. El cura había subido al campanario, para ahuyentar la tormenta con el toque de campanas. El rayo entró luego a la escuela por una ventana, rompiendo el techo y provocando la estampida de los escolares. Ramón y Cajal relataba que el rayo había pasado por detrás de la maestra, desapareciendo en el suelo, dejando un gran boquete.

El 7 de abril de 1850, domingo de Quasimodo, el clero de La Seo realizaba con los fieles la procesión de los Comulgares, a primera hora de la mañana. Entonces una tormenta produjo una centella, que cayó en la veleta de la torre y, bajando por su interior, mató al campanero que estaba repicando, mientras la procesión recorría las calles de la parroquia. También causó graves desperfectos en el reloj. [TOBAJAS y GALLEGO, Francisco – Algunas historias sobre torres y campanas (campaners.com)]

En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 15 de enero de 1883, Emilio Sanz Colmenares aceptaba el cargo de director literario del Colegio de segunda enseñanza, debido a la dimisión del anterior director, Juan Velasco, que había sido aceptada en la sesión del 5 de enero.

En la sesión del 1 de julio, se dio cuenta de los nuevos concejales electos, entre ellos se encontraba Emilio Sanz, quienes en votación secreta eligieron alcalde a Raimundo Gaspar López, que obtuvo dieciséis votos, por uno que recibió Vicente Mochales. Emilio Sanz fue elegido segundo teniente de alcalde y presidente de la Comisión de Instrucción Pública.

En la sesión del 2 de julio, el presidente dio cuenta de una circular del Gobernador de la provincia del 28 de junio, que se había publicado en el Boletín Oficial, sobre la constitución de los nuevos ayuntamientos y la clasificación política de los concejales en adictos, independientes y de oposición, que contó con la desaprobación de todos. El presidente se definió como independiente, junto a seis concejales más, nueve concejales se inscribieron en la oposición republicana, entre ellos Sanz, y solo uno se definió como adicto, Pedro Zabalo.

En la sesión del 9 de julio, Sanz propuso al ayuntamiento que acordara la prohibición del toque de campanas que anunciaban los nublados, porque no afectaba a los sentimientos religiosos de ningún pueblo. Según Sanz, la ciencia tenía demostrado, por autoridades respetables, los perjuicios y desgracias que esta «viciosa costumbre» ocasionaba y podría ocasionar, debido a la influencia que, en su propagación, ejercía el sonido en la electricidad atmosférica, que aumentaba el peligro que de por sí tenían las torres y campanarios. Sanz creía que aquella prohibición iba a recibirse mal entre los labradores, pero la Corporación estuvo de acuerdo con Sanz, acordando hacer saber esta prohibición al vicario general y a los párrocos.

La contestación del vicario general se vio en la sesión del 16 de julio. El vicario general señalaba que aquella decisión, no estaba dentro de las atribuciones de la autoridad civil, que no podía ordenar en asuntos puramente sagrados, litúrgicos y eclesiásticos. Considerando que este acuerdo del ayuntamiento, era una invasión a los derechos de la autoridad eclesiástica, el vicario general no podía, sin faltar a su deber, mandar a los párrocos que lo cumplieran. El vicario protestaba también por llamar «costumbre viciosa» a estos toques de campana.

Emilio Sanz no estaba de acuerdo con la opinión del vicario general y citó opiniones de Ganot, Feliu y Pérez, y Giné y Partagás, quienes reconocían que las descargas eléctricas se dirigían con preferencia a los puntos más próximos a la nube tempestuosa, como los campanarios y edificios elevados, cuyo peligro aumentaba considerablemente si se tañían las campanas, puesto que todo movimiento producido en los aires, motivaba la atracción de la crispa eléctrica. Sanz tampoco aceptaba los argumentos del vicario general, porque en los primeros siglos del cristianismo no se conocían las campanas, ni los canonistas señalaban el uso que debía hacerse de ellas, que lo resumían en dos versículos latinos: Laudo Deum verum pleben voco congrego clerum/ difunctos ploro, presten fugo festa coro. Sanz añadía que en su empleo, no estaba incluido el toque para ahuyentar las tempestades. Afirmaba que en el Concilio Segundo de Colonia, celebrado en 1057, se había establecido por primera vez el uso de las campanas para el objeto que se trataba, explicando este error por el atraso de las ciencias físicas, sobre todo en lo relativo a las teorías de la electricidad.

Sanz reconocía la certeza que, según doctrinas canónicas, Dios podía servirse del sonido de las campanas para ahuyentar las tempestades, aunque también era verdad que esto no podía llevarse a cabo sin trastornar las leyes naturales, que el mismo Dios había establecido. Por tanto no podían tentarle y pedirle milagros, ni contravenir y faltar a sus mismos preceptos, uno de los cuales era: nom tentavis Dominum Deum tuum. Sanz citó, en apoyo del acuerdo, las opiniones de tratadistas como Escriche, Alcuvilla y Avella, que reconocían atribuciones en la autoridad civil, para prohibir la costumbre del toque de las campanas en casos de tormenta.

Juan Zabalo propuso nombrar una comisión de concejales letrados, para que informaran al ayuntamiento sobre esta intrusión de atribuciones. Mochales y Lausin mostraron la inutilidad de la comisión, pues ellos, como letrados, estaban de acuerdo con Sanz. Por esta razón, Zabalo retiró su propuesta y se acordó que la presidencia hiciera cumplir el acuerdo tomado, exigiendo a quien correspondiera y ante quien procediera la responsabilidad de su infracción.

El 23 de julio, Sanz demostró que el acuerdo tomado sobre el toque de campanas, estaba dentro de las prescripciones científicas y aun de las civiles y canónicas. Escuin se mostró en contra, pues aceptaba la autoridad de la doctrina, que rebelaba un escrito publicado hacía unos días en El Diario de Calatayud. Puesto el asunto a votación, los concejales Valdres y Escuin votaron en contra. A favor lo hicieron doce concejales y el presidente. En esta misma sesión se vio una carta de los párrocos y del capellán del santuario de la Virgen de la Peña, señalando que, solo al prelado o a su representante en la ciudad, prestarían obediencia sobre el toque de las campanas.


El campanero oriundo de Nombrevilla, Simeón Millán, con su hija Pilar, debajo de la campana «Pilar», del santuario del Pilar de Zaragoza. En Llop i Bayo, F. (1983): Los toques de campanas de Zaragoza (notas para su estudio), Cuadernos de Zaragoza, 55.

En la sesión del 22 de octubre, se leyó una comunicación del gobernador civil, con fecha del pasado día 18, donde se copiaba el dictamen de la Comisión Provincial. La Comisión señalaba lo siguiente: El vicario general había protestado por la prohibición del toque de campanas, por ser un acto litúrgico, sagrado y preceptuado por el ritual, siendo la iglesia la encargada de dictar las disposiciones más convenientes. El informe pedido al ayuntamiento señalaba que se prohibía el toque de campanas, por el peligro de hacerlo durante las tormentas, pues las teorías científicas sobre la electricidad, demostraban que el peligro que llevaban consigo los campanarios, aumentaba mucho con los movimientos y ondulaciones atmosféricas, producidas por las vibraciones del sonido, además de no ser un acto litúrgico, como aseguraba el vicario general.

Por acuerdo de la Comisión del 1 de septiembre pasado, se había preguntado al claustro de la Facultad de Ciencias de la Universidad, para que diera su opinión científica, sobre si era o no perjudicial el toque de campanas, en los instantes que se cernía y estallaba una tempestad. El cuerpo docente expuso que la misma influencia ejercían las torres sobre las nubes y tempestades, cuando las campanas sonaban que mientras permanecían silenciosas. Añadía que las disposiciones encaminadas a suprimir el toque, desde que el meteoro aparecía, tenía igual fundamento y valor que los consejos dirigidos a evitar la permanencia en tales momentos debajo de los árboles, puntos elevados, etc., y que el inminente riesgo de los campaneros estaba comprobado, por el hecho de que el número de éstos, víctimas del rayo, se elevaba al 30%. Creían que la opinión científica no afirmaba en absoluto, que fuera perjudicial el toque de campanas en momentos de tempestades, concretándose a aconsejar que no se permaneciera en puntos elevados, como torres o campanarios, desde que se cernía la tempestad, por la influencia que ejercían sobre el meteoro y porque la experiencia había demostrado que el 30% de los muertos por rayo, correspondía a los campaneros. Consideraba que la administración carecía de atribuciones, para prohibir el toque de campanas en los momentos de tempestad, porque no existía disposición alguna para el vecindario. Su acción, en todo caso, debía por tanto limitarse a pedir a las autoridades eclesiásticas, que eran las que regulaban el empleo de estas campanas, que permanecieran silenciosas durante la tormenta, por el peligro inminente a que se exponían los campaneros, según lo aconsejaba la ciencia. Por tanto la Comisión señalaba que el acuerdo del Ayuntamiento de Calatayud, se había tomado con extralimitación legal, pues no era asunto comprendido en los artículos 72 y 114 de la Ley Municipal. La Comisión sostenía que el Ayuntamiento de Calatayud no tenía atribuciones, para prohibir el toque de campanas en momentos de tempestad, y que solamente podía dirigirse a la autoridad diocesana, rogándole dispusiera que se dictaran órdenes para que, en aquellos instantes, permanecieran silenciosas las campanas, como generalmente se cumplía en todas las parroquias de España, evitando así posibles desgracias.

Visto el dictamen de la Comisión Provincial, el ayuntamiento acordó por mayoría alzarse, recurriendo al Ministerio de Gobernación, con el voto en contra de los concejales Valdres y Escuin, que aceptaron la resolución del Gobernador. No conocemos ninguna decisión sobre este recurso del ayuntamiento.

En la sesión del 7 de julio de 1884, se informaba que Emilio Sanz había sido nombrado magistrado suplente de la Audiencia de lo Criminal, dimitiendo del cargo del concejal y de teniente de alcalde, siendo sustituido por Juan Montuenga.

Documentos consultados:

Archivo Municipal de Calatayud, Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1883, Sig. 136.

AMC, Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1884, Sig. 137.

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Rectificación sobre la obra «Ángel Espinosa Herrer (1889-1971). Pintor y escritor»

En el año 2020 el Centro de Estudios Bilbilitanos publicó el libro Ángel Espinosa Herrer (1889-1971). Pintor y escritor de Rubén Pérez Moreno. A petición del autor se publica la siguiente rectificación:

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