EL ÚLTIMO LIBRO DE AGUSTÍN SANMIGUEL

Texto y fotos: F. Tobajas Gallego
El pasado sábado 16 de abril tuvo lugar en el Museo de Calatayud la presentación del último libro del que fuera Presidente del Centro de Estudios Bilbilitanos, Agustín Sanmiguel, con el título El Conjunto Fortificado Islámico de Calatayud y su entorno.
La mesa presidencial estaba ocupada por el Presidente del Centro de Estudios Bilbilitanos (CEB), Manuel Micheto, el alcalde de Calatayud, Víctor Ruiz de Diego, el profesor José Luis Corral, y el Viceconsejero de Turismo del Gobierno de Aragón, Javier Callizo.

 

Tras las presentaciones, el secretario del CEB, Juan José Mateo, leyó una nota de Ana Isabel Pétriz, viuda y albacea intelectual de Agustín Sanmiguel, donde explicaba la génesis de este libro, que Agustín había dejado prácticamente terminado sobre su mesa de trabajo, y la labor desarrollada hasta su publicación.

 

A continuación José Luis Corral se consideró un privilegiado al contar con la estrecha amistad de Agustín Sanmiguel, pues con él había compartido viajes, comidas, proyectos y realidades. Consideró a Agustín como una persona apasionada en todo lo que hacía, fuera y dentro de la docencia. También como dibujante, fotógrafo, escritor o investigador del arte y de la historia, especialmente del mudéjar de Calatayud y de su comarca. Recordó su labor como Presidente del CEB y como defensor del patrimonio cultural y monumental de Aragón. «Trabajador incansable, viajero de vocación, investigador y difusor de la cultura aragonesa, Agustín aunó la templanza de la buena gente con la paciencia de los sabios y la mesura y sensatez de las personas llenas de humanidad y sentido del respeto por la herencia cultural propia y ajena».
Corral recordaba los numerosos dibujos de Agustín, que recreaban ambientes históricos de la época islámica o mudéjar.
En relación con este último libro de Agustín Sanmiguel, Corral apuntaba que no se trataba de una guía al uso, sino de un libro breve, conciso, muy cuidado y repleto de latidos emocionales y emocionantes. Es «un canto a la historia y al respeto por las huellas humanas del pasado, un viaje a un tiempo lejano y atávico, un paseo por los sentidos y las pasiones más bellas de una ciudad de maravillas, encarnadas en unas murallas, en unos torreones y unos castillos que en su día defendieron esperanzas, colmaron miedos y temores y alumbraron nuevos horizontes». En este libro, los viejos muros de Calatayud, en un tiempo olvidados y despreciados, renacían y cobraban vida, esperando una pronta restauración.
Javier Callizo recordaba el paso de Agustín Sanmiguel por el mítico y mitificado Colegio Menor de San Pablo de Teruel, su relación con Andalán, y por el Instituto Domingo Miral de Jaca, donde ambos coincidieron. Agustín como profesor de Biología y Callizo como alumno. Callizo nos presenta en aquella época a Agustín como un agitador cultural, fuera y dentro del Instituto, y nos desvela algunas de sus antiguas aficiones: el dibujo y la música medieval. En aquellos años Agustín viajó por las tierras altas de Jaca y realizó una serie de dibujos dedicados al Arte medieval en el viejo Aragón (1979) y otra serie a Jaca (1981).
Vuelto a Calatayud, Agustín Sanmiguel dedicó su tiempo libre al patrimonio monumental mudéjar de su ciudad y de su comarca, con numerosos trabajos. El múdejar de esta comarca sería declarado en 2001 Patrimonio Mundial por la UNESCO.
El alcalde de Calatayud, Víctor Ruiz de Diego, recordaba que en septiembre del año 2008, Agustín Sanmiguel revisaba las pruebas de imprenta para la coedición entre el Ayuntamiento y el CEB de la carpeta de Calatayud mudéjar. Por aquellas fechas y en una reunión en el Ayuntamiento, el alcalde y Agustín hablaron de la necesaria restauración del Conjunto Fortificado Islámico de la ciudad y de la edición cuidada de un libro dedicado al mismo. Atrás quedaban numerosos folletos, conferencias, congresos, propuestas para rotular las calles de la ciudad, publicaciones, informes, reuniones y estudios, con los que Agustín consiguió «la puesta en valor de Calatayud, y que servirían de base para pedir ayudas institucionales para la recuperación de castillos y murallas. El alcalde agradeció siempre la disposición de Agustín Sanmiguel como Presidente del CEB y estaba casi seguro que la publicación de este libro sería del agrado de su autor.
El Presidente del CEB, Manuel Micheto, recordaba que la publicación de este libro había sido posible gracias al acuerdo alcanzado entre este Centro de Estudios y el Viceconsejero de Turismo del Gobierno de Aragón y bilbilitano de adopción, Javier Callizo, que había ayudado a la edición.

 

El libro de Agustín Sanmiguel consta de dos partes. La primera incluye textos, planos y dibujos descriptivos del Conjunto Fortificado y de los barrios altos de la ciudad. La segunda parte es una interesante y valiosa colección de fotografías de diferentes épocas. Agustín Sanmiguel recordaba que comenzó su afición a la fotografía al caer en sus manos la vieja cámara de fotos de su abuelo Casiano Mateo, cuyo manejo aprendió con su tío Mariano Rubio Vergara.
La primera noticia escrita conocida de las murallas de Calatayud se debe al historiador árabe al-Udri, quien escribe que en el año 862-863 el emir de Alandalús, Muhammad I, ordenó ampliar y reforzar estas fortificaciones. Este dato queda confirmado en la puerta de arco de herradura, situada en el lado norte de la muralla, construida en el emirato de Muhammad I. El Conjunto Fortificado Islámico de Calatayud es en su género el más antiguo conservado en Alandalús.  Se trata de una obra de albañilería. En palabras de Agustín Sanmiguel, poco fina y algo chapucera. En ella se emplearon piedras de yeso y tierra, procedentes de las excavaciones de fosos y montículos. El agua debían subirla desde el río o desde alguna acequia. La ciudad islámica, que crecía hacia el sur, era más grande de lo que se creía. Al ir creciendo, la muralla fue desapareciendo.
Agustín Sanmiguel sostiene que la primera fortificación sería levantada en un altozano entre los barrancos de la Rúa y de las Pozas, hoy ocupado por el castillo de Doña Martina. Si esto se confirmara con estudios arqueológicos, podía datarse en el siglo VIII o en la primera mitad del siglo IX. Se ampliaría en el año 862, con cuatro castillos o puntos fortificados.
Estas murallas de la ciudad apenas sufrieron en el asedio y reconquista cristiana de 1120. La ciudad sufrió grandes destrozos en 1362, en la toma por el ejército castellano de Pedro I el Cruel, durante la Guerra de los Pedros. Tras estos años, se llevarían a cabo importantes restauraciones.
Para las guerras carlistas se hicieron almenas para la fusilería y troneras para los pequeños cañones. El siglo XIX fue muy poco considerado con el patrimonio monumental de Calatayud. El casco antiguo se fue deteriorando, pero no se destruyó, sin embargo el Conjunto Fortificado Islámico de la antigua ciudad ha llegado hasta nuestros días en mal estado, pero sin sufrir actuaciones. El castillo Mayor se encuentra relativamente bien conservado. Conocemos el nombre cristiano del resto del Conjunto: castillo Real o del Reloj, Torre Mocha, castillo de la Peña, Doña Martina…, pero no se conocen sus anteriores nombres árabes.
A partir de 1990 se comienza un nuevo ciclo en Calatayud, con la recuperación de varios monumentos. Agustín Sanmiguel reconocía su interés por encontrar una buena colección de fotografías de los castillos y barrios altos desde comienzos del siglo XX hasta los años sesenta. Y recordaba que estaba aún pendiente de catalogación el archivo Rubio Vergara, con numerosas fotografías del castillo Mayor, y el del médico Manuel Farrer Ramos. Con ellos, «Seguro que veríamos un Calatayud sorprendente, como el que vieron nuestros abuelos que vivieran o pasearan por estos pintorescos lugares apartados del centro de la ciudad».
            
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