Por Francisco Tobajas.
Nació en Calatayud el 2 de septiembre de 1902. Se trasladaría a corta edad a Valencia, donde su padre, Raimundo Gaspar Lausín, tenía un negocio de abonos y semillas. Pronto abandonaría los estudios, para dedicarse a la Música y al piano. A los diecisiete años pasaría a Madrid, donde estudiaría Composición con Conrado del Campo. Llegaría a ser un excelente pianista, aunque rechazaría la oportunidad que le concedería el director de la Filarmónica de Madrid, Bartolomé Pérez Casas. Entre sus composiciones se encontraba una Sonatina y una Suite, de cinco canciones con poemas de Marinero en tierra, de Rafael Alberti.
La Voz de Aragón del 12 de noviembre de 1926 informaba que la Unión Radio de Madrid iba a emitir un concierto del pianista y compositor Raimundo Gaspar, con obras de Rameau, Bach, Chopin, Rachmaninoff, Grieg, Debussy y Granados, entre otros, con un Nocturno del mismo Gaspar.
Contraería matrimonio en Valencia en 1927, pasando a residir a Madrid. En 1933 se trasladaría a Zaragoza, donde conocería a Tomás Seral y Casas, participando en la revista Noreste (1932-1936).
Publicaría dos libros de poesía, Injerto, 1933, Tip. Gráficas Reunidas, Valencia, y Pimpin, 1934, editorial Cierzo, Zaragoza, que dirigía el mismo Seral y Casas. Merecería reseñas de García Cabrera, en la Gaceta del Arte, y de Ildefonso Manuel Gil en Literatura. En Noreste se anunciaría un nuevo libro Rapor de viaje, que no vería la luz. Colaboraría también en la Revista de Occidente, Isla, A la nueva ventura y Ecclessia. Antes de la guerra civil trabajaría en Zaragoza y en Calatayud, en el negocio familiar de cereales y abonos, y como profesor particular de piano. Al acabar la guerra civil se trasladaría a Valencia, donde publicaría con Ricardo Orozco la revista El sobre literario. Quedaría sin publicar otro libro de poemas titulado Sinfonía del camino, de hacia 1942. Una parálisis progresiva lo iría apartando de sus actividades literarias y musicales. Fallecería en Valencia el 16 de febrero de 1955.
En el número de verano-otoño de la revistas Noreste, aparecieron tres textos poéticos de Gaspar, bajo el título de Laboreo. En uno de ellos escribía que el jardinero se había vuelto poeta. Poeta de sí mismo. Y añadía: Ordenaremos el jardín de nuestro vivir, y en nuestro vivero, sabremos hacer flores bellas de otras torpes y rústicas. Alquimia viva y natural, injerto.
En el número de la primavera de 1934 de Noreste, se publicarían algunos poemas del libro de Pimpin, que estaba próximo a publicarse. En el número del verano de 1934 se informaría que en ediciones Cierzo había aparecido el libro de poesía Pimpin, de Raimundo Gaspar. En el número de otoño de 1934 se publicaría unas notas críticas a Pimpin. En ellas se decía que el libro estaba al margen de toda métrica, y en ello se encontraba su mayor elogio, pues la voz se sentía atolondrada, ligera, amiga de ideas, desligada de toda coacción preceptista. Y añadía que la sinceridad, cuando lo es realmente, no puede quedar encajada entre prejuicios prefijados. Y el libro de Gaspar, donde se vertían ideas, era un alto exponente de sinceridad. La voz honda del libro recordaba a los rapsodas orientales, encontrando en él un fuerte panteísmo. Sobre todo, en el libro flotaba un cariño claro y cordial, un temblor efusivo, acento propio y sereno, que va vertiéndose en imágenes, en emociones, libres de leyes y reglas, libre de prejuicios literarios, limpio, claro, lleno de emoción.
Tomás Seral organizaría una cena-homenaje en la Posada de las Almas a Raimundo Gaspar, por la publicación de su libro Pimpin, y a Ildefonso Manuel Gil, por La voz cálida. Al final, cada uno de los poetas, obsequiaría a los presentes con la lectura de un poema propio.
A partir del número de invierno de 1934, Raimundo Gaspar aparecía como editor de la revista Noreste, junto a Seral y Casas, quien le dedicaría un poema de su libro Cadera del insomnio, 1935.
De Injerto, Tip. Gráficas Reunidas, Valencia, 1933.
Bien quisiéramos decirte: mira
la vida, abrázate a las cosas.
Pero es muy dura su luz para ti.
Tendrás que vivir sola en tu mundo.
¿Eternamente?
Solo el ruido
De un carro
En el silencio de lo azul.
Qué mayor alegría, si la tristeza
va a servir para que vengas
tú a vernos; y la soledad para
estar más acompañados,
y la noche para que llegue la aurora.
Sabía tanto, que quiso verte
con sus ojos. Y para decir
que no te veía, construyó, él solo,
como un titán, en el aire
un castillo de hadas,
sin creer en ellas.
De Pimpin, (1932-1933), Ediciones Cierzo, 1934, con dibujo en la portada de R. Roca.
Acaso no somos
sino un pensamiento
que nos estamos
realizando,
que estamos dando
a los otros
con toda nuestra vida
y que, acaso,
ni nosotros mismos
logramos
entender.
Cuánto amo este cinismo,
que,
prácticamente,
me enseña
a ser bondadoso.
Amo tanto a las cosas
que solamente sé vivir
en ti,
nido cálido
de todas ellas.
Qué lucha entre
tú y yo,
qué lucha.
Qué lucha
Para hacerme
tú;
qué lucha
para hacerte
yo.
No sigas, no,
adelante;
estate quieto
en tu sitio,
y a martillazos:
haciéndote,
haciéndote,
haciéndote.




