Se convoca el XI Encuentro de Estudios Bilbilitanos en el que tendrán cabida todos los estudios inéditos que aporten nuevas visiones de interés sobre la ciudad de Calatayud, la comarca Comunidad de Calatayud o su área de influencia.
Secciones
El encuentro se estructura en cinco secciones, presididas por los siguientes ponentes:
LA ANTIGÜEDAD: Dr. D. J. Carlos Sáenz Preciado. HISTORIA: Dr. D. Mario Lafuente Gómez. ARTE: Dr. D. Jesús Criado Mainar y Dra. Da. Rebeca Carretero Calvo. CIENCIAS DE LA TIERRA Y DE LA SOCIEDAD: D. Juan Royo Abenia. ETNOLOGÍA, FOLKLORE Y LITERATURA: Dra. Da. María Elisa Sánchez Sanz.
Lugar y fecha de celebración
El XI encuentro se celebrará en el salón municipal de Claretianos, los días 18 (en sesión de mañana y tarde) y 19 (en sesión de mañana) de noviembre según el programa que se publicará en su momento.
Comunicaciones
Las comunicaciones se presentarán en soporte informático con un máximo de 50.000 caracteres con espacios, incluyendo notas y documentación.
Se enviarán al correo electrónico dirección@cebilbilitanos.com.
El número máximo de ilustraciones será de seis. A juicio de la comisión científica del CEB, si el tema lo requiere, podrán excederse ligeramente estos límites.
Cada comunicación incluirá un resumen de la misma (máximo 10 líneas) y unas palabras clave, el resumen y las palabras clave irán en español y en inglés.
Solo se admitirá una comunicación por participante.
Se enviará un resumen previo de quince líneas como máximo, antes del 30 de septiembre de 2023, al correo electrónico ya citado.
El texto completo de la comunicación será enviado por correo electrónico antes del 30 de noviembre de 2023.
El CEB no se compromete a la publicación de los trabajos que no se presenten antes de esta fecha.
Si existiera alguna duda sobre su interés o rigor científico, la comisión científica, asesorada si es necesario por especialistas, decidirá sobre su inclusión o no en las actas.
La duración máxima de la exposición de los trabajos en el encuentro será de diez minutos para cada comunicación, que solo se publicará si ha sido expuesta durante el encuentro.
No es necesario leer íntegramente la comunicación, sino resumirla en una exposición clara y concreta de su contenido.
Las actas solamente se publicarán en versión digital.
Inscripción
· Debe realizarse antes del 16 de octubre de 2023, tanto para aquellos que presentan comunicaciones como para los asistentes.
· Se utilizará el formulario de inscripción que aparece en esta página.
· La inscripción es gratuita.
· La asistencia a las sesiones de trabajo es pública.
· Quienes deseen asistir al almuerzo de clausura, el domingo 19 de noviembre, deberán indicarlo en la ficha de inscripción y abonarán su importe en el restaurante.
Formulario de inscripción
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El Centro de Estudios Bilbilitanos en colaboración con el Ayuntamiento de Calatayud y la Comunidad de Calatayud se complace en presentar el número 5 de su revista Cuarta Provincia que se ha consolidado en estos cinco años de existencia como un espacio divulgativo y de carácter científico donde se recogen las últimas investigaciones sobre temas comarcales.
En este número encontraremos siete artículos, dentro de los apartados de historia, arqueología, arte y etnografía, que nos ayudaran a aumentar el conocimiento de nuestro territorio y patrimonio, valorarlo y defenderlo.
Con el objetivo de recopilar la historia islámica bilbilitana que aparece en las fuentes escritas, desde sus orígenes hasta la conquista de Alfonso I el Batallador, el investigador Roberto Hernández Muñoz ha hecho un gran trabajo de síntesis que puede servir de punto de referencia a todo aquel que quiera trabajar, comenzar a investigar o aprender esta parte de la historia bilbilitana.
Miguel Ángel Solà Martín nos acerca con su artículo a la atalaya de La Torreta, sita en el término de Malanquilla, aportando datos resultantes de la prospección arqueológica realizada en 2019 y su visión de las mismas.
Coincidiendo con el centenario del nombramiento de Darío Pérez García como Hijo Predilecto de Calatayud, Francisco Tobajas Gallego centra su investigación en la figura de este político, periodista y escritor durante el periodo en el que fue concejal del Ayuntamiento de Calatayud. Descubriremos como desde su ideología republicana trabajó en favor de los intereses de la ciudad en temas tan diversos como la higiene, la enseñanza, el alumbrado público o el cementerio civil además de ofrecernos un recorrido por el Calatayud de finales del siglo XIX y principios del XX.
Inés Zumalacárregui Martínez nos adentra en la iglesia abacial del Monasterio de Piedra desde un singular punto de vista, la acústica. Mediante la realización de hipótesis, realiza una reconstrucción virtual de la iglesia y realiza un minucioso estudio de la acústica del recinto atendiendo a las diferentes variables que pueden influir en ella: la arquitectura, distribución, mobiliario y materiales del recinto, así como la disposición de los emisores y receptores del sonido.
El hallazgo de dos matrices calcográficas pertenecientes a la parroquia de Torrehermosa representando a san Pascual Bailón ha permitido que Jesús V. Solanas Donoso, gran conocedor de la técnica del grabado, haya realizado un estudio pormenorizado de las mismas, ofreciendo datos sobre su autoría, así como nuevas aportaciones a la iconografía del popular santo.
La riqueza de los retablos gótico de las iglesias y ermitas de nuestra comarca, hizo que desde finales del siglo XIX fueran muchos los anticuarios y coleccionistas que recorrieron las localidades en busca de obras de arte para comprar. A través de este artículo, Silvia Molina San Juan, Fabián Mañas Ballestín y Jesús Gil Alejandre nos dan a conocer en detalle los procesos de venta de tablas y retablos que se llevaron a cabo en Maluenda a partir de la documentación encontrada en el archivo parroquial y diocesano. Esta investigación ha permitido localizar algunas de estas tablas que hoy cuelgan en las paredes de museos y colecciones privadas y que pertenecieron a las iglesias de Maluenda.
Manuel Casado López, tras el hallazgo de un interesante documento en el Archivo histórico Nacional, hace un estudio de las cofradías y hermandades existentes en las localidades que formaron el corregimiento de Calatayud en el siglo XVIII. El autor es un gran conocedor del tema de las cofradías, después de la publicación en 2021 del libro Las Cofradías de Calatayud. El alma de la tradición y de la fiesta.
El acto de presentación tendrá lugar el miércoles, 26 de abril, a las 19 horas en el Salón Multiusos del Ayuntamiento de Calatayud (Plaza de Costa, 14)
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Palabras y emociones se mezclan en el libro La expulsión de los judíos de Calatayud. Anatomía de una encrucijada, del catedrático y profesor Miguel Ángel Motis Dolader, que ha sido publicado por el Centro de Estudios Bilbilitanos y presentado el pasado 23 de marzo, en el salón multiusos del Ayuntamiento de Calatayud.
El autor reconoció su deuda contraída con el CEB, pues en 1989 concurrió y obtuvo una ayuda patrocinada por este centro, con la que pudo consultar los fondos del Archivo de Protocolos Notariales de Calatayud, relativos a las últimas décadas de la presencia judía en esta ciudad. También ha investigado en el Archivo de Protocolos Notariales de Zaragoza, en los procesos inquisitoriales del Tribunal en el distrito de Calatayud, en los documentos de la Real Chancillería y en los destinos que eligieron los judíos bilbilitanos, Navarra y Nápoles, apoyándose además en varios estudios anteriores. Al faltar las actas del Concejo bilbilitano, se desconoce la transformación de la judería, para pasar a ser un nuevo barrio de la ciudad. Asimismo, se echan en falta los fondos del archivo de la Comunidad de Aldeas de Calatayud y unas mil páginas que documentaban la expulsión, perdidas en la guerra con los franceses. Según el autor, solamente se conserva un 8% de la documentación relativa a esta época.
Miguel Ángel Motis con el presidente del CEB, Jesús Gil Alejanbdre, en un momento de la presentación.
La aljama judía bilbilitana estuvo compuesta por unas doscientas veinte familias, que representaban entre un 15% y 18% de la población de Calatayud, que supieron buscar oportunidades y hacerse necesarios. Era la segunda judería más importante del reino, tras la de Zaragoza. Casi la mitad de ellos eran artesanos, dedicados a la piel y al calzado, aunque también eran sastres de confección y remendones. Igualmente había mercaderes y prestamistas, que facilitaban créditos a los labradores del Jalón y del Jiloca. No se interferían ni hacían competencia a los mudéjares, dedicados a la construcción y al metal. Hasta los curas cristianos consagraban con vinos judíos.
Con la euforia de la toma de Granada, se comenzó a planificar el destierro de los judíos castellanos y aragoneses. El estado moderno debía ser confesional, cuando el medieval no lo había sido. Representaba el fin de la tolerancia judía por un rey, Fernando el Católico, en cuya corte abundaban los judíos y conversos. Por eso nadie lo esperaba, aunque si el rey hubiera querido expulsarlos, no les hubiera dado opción a la conversión.
El borrador del edicto de expulsión de los judíos aragoneses, se redactaría en torno al 20 de marzo. Se firmó el 31 de aquel mes, pero sería publicado en Santa María el Domingo de Quasimodo, que cayó en 29 de abril. Se trataba de una fecha simbólica. Cristo había resucitado, por tanto no cabía otra disyuntiva que la conversión o el exilio. En esta fecha se bloquearían las puertas de la judería bilbilitana, para llevar a cabo un inventario. Entonces la judería se encontraba casi en suspensión de pagos. Desde 1480 la aljama judía emitía deuda pública, para el pago de intereses a varios conversos de Calatayud y Zaragoza. Con estos bienes, en oro, dinero o inmuebles, se tuvieron que pagar, por este orden, los débitos del rey, del concejo y de los acreedores. El sobrante es lo que pudieron llevarse los judíos. El oro y el dinero se guardaban en el sagrario de Santa María. Se puso como fecha tope el 31 de julio, para la liquidación de todos estos bienes, pero no pudo llevarse a cabo en esta fecha.
Los funcionarios bilbilitanos dudaron demasiado de las directrices recibidas desde Zaragoza, siendo sustituidos en estas gestiones por estos últimos, aunque también intervino la Inquisición. Inquisidores, funcionarios y conversos se aprovecharon en aquella difícil situación, con el agravante de la peste. Grandezas y miserias de la condición humana.
Una parte de los judíos bilbilitanos se convertiría al cristianismo, incorporándose activamente a cargos públicos y eclesiásticos, como ciudadanos aragoneses, lo que daría lugar al florecimiento de la ciudad en el siglo XVI. Otros partirían a Navarra y Nápoles, desde el puerto de Tortosa. Los judíos navarros serían expulsados en 1498, provocando la vuelta de algunas familias convertidas a Calatayud, con otros apellidos, o bien la huida a otros países del Mediterráneo. Desde Nápoles también regresaron varias familias, otras marcharon definitivamente al Imperio Otomano. La diáspora bilbilitana siempre fue muy femenina. Generalmente, si se convertían las mujeres, se convertía toda la familia. Desde 2015 se reconocen como españoles a los descendientes directos de los judíos expulsados, sin necesidad de renunciar a su nacionalidad y sin la exigencia de residencia en España.
Desde las primeras conversiones de 1413, se iría produciendo un proceso paulatino de conversiones, siendo Calatayud una de las ciudades con mayor número de conversos, con un porcentaje cercano al 60%. Este hecho no solo ocurrió en familias pudientes, sino también en otras, llevadas por convicciones personales. En muchos linajes principales, se encuentra un alto fermento de conversos.
Se trata, al fin, de un libro intenso, muy bien documentado, que nos quiere seducir y enamorar porque, como expresó su autor, estar en-amor-a-dos es la clave para construir una buena relación entre los lectores y el texto. Historia y nostalgia de unas palabras y emociones, sentidas bajo el mismo cielo estrellado de Calatayud.
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Calatayud es una ciudad con un importante pasado histórico, artístico y cultural, aunque no todas sus épocas y culturas han sido estudiadas con el mismo grado de profundidad, por ello, el Centro de Estudios Bilbilitanos se complace en presentar su publicación nº 167 La expulsión de los judíos de Calatayud: Anatomía de una encrucijada, fruto de un trabajo de investigación, riguroso y perfectamente documentado, llevado a cabo por Miguel Ángel Motis Dolader.
Esta publicación se centra en el estudio de un periodo concreto, la época de su expulsión, partiendo de las fuentes escritas que el autor ha encontrado en diferentes archivos y que ha sabido organizar de forma coherente para ofrecer al lector un relato meticuloso que aporta gran cantidad de información sobre una parte de la historia de nuestra ciudad para muchos desconocida.
El acto de presentación tendrá lugar el jueves, 23 de marzo, a las 19 horas en el Salón Multiusos del Ayuntamiento de Calatayud.
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Darío Pérez fue el promotor de esta fiesta homenaje a la mujer bilbilitana en septiembre de 1924, quizá influido por el estreno de la película La Dolores, de Maximiliano Thous, basada en el drama de Felíu y Codina. El 5 de abril de este año, el semanario bilbilitano La Justicia anunciaba el próximo estreno de esta película en El Coliseo Imperial de la ciudad.
Darío Pérez intentó preparar una Fiesta de la Dolores para los Juegos Florales de 1896, debido quizá al éxito de la ópera de Bretón, estrenada en el teatro de la Zarzuela de Madrid el 16 de marzo de 1895. Desconocemos el proyecto que Darío Pérez tenía en mente y lo que pudo saber de él Sancho y Gil, quien publicó un artículo en La Justicia el 17 de octubre de 1895, en el que señalaba que se trataba de una fiesta dedicada a la Dolores de Bretón.
En una carta dirigida a Víctor Balaguer, fechada en Zaragoza el 22 de octubre de 1895, Sancho y Gil le comentaba: Quieren en Calatayud el año que viene hacer una magna representación de la Dolores, convirtiendo la Plaza de toros en Teatro, la cual representación habrá de terminar con la coronación de Bretón. Para hacer atmósfera a favor del proyecto quiere La Justicia publicar las opiniones de determinadas personas. Yo me he permitido dar la mía, según verá en el adjunto recorte, y me he comprometido a gestionar una carta de V. expresiva de su opinión, para publicarla en las columnas de aquel periódico.
Darío Pérez había pedido a Sancho y Gil su parecer sobre esta idea que nos cupo el honor de ser los primeros en expresar. Sancho y Gil se adhería al proyecto, confesando a Darío Pérez que había dado en el blanco. Refiriéndose a Bretón, escribía: El gran maestro debe ser coronado en el año próximo en esa ciudad por ella [su ópera], representada en su Alcalde. La fiesta de la Dolores debe ser celebrada cual usted la ha concebido. Nobleza obliga. Un acto de justicia convertido en manifestación de la gratitud, honrará siempre, a la vez que a la justicia y a la gratitud, a la individualidad o a la colectividad que lo ejecute.
Sancho y Gil aseguraba que si había una Dolores de Bretón, antes había habido otra de Felíu y Codina, con quien Calatayud estaba en deuda, proponiendo un homenaje para el dramaturgo. Darío Pérez también estaba de acuerdo en homenajear a Felíu. Darío Pérez escribió a Víctor Balaguer el 23 de octubre de 1895, participándole que La Justicia se honraría publicando una carta de tan ilustre literato.
A pesar de todo, este proyecto no se llevaría a cabo, pues en ningún momento de la fiesta de los Juegos florales de 1896 se hace referencia a él, ni viene reseñado en los periódicos consultados.
El 30 de abril de 1924, Darío Pérez publicó un artículo en Heraldo de Aragón, titulado La Dolores del cantar, donde escribía: Y esta copla pretende marcar con fuego de descrédito a una nobilísima ciudad de Aragón, de nombre Augusto por fuero de su historia y por timbre de la honrada, de la fuerte, de la austera mujer bilbilitana.
El diario ABC de Madrid publicaba el 19 de junio las bases de esta fiesta literaria. El periódico señalaba que, basándose en el cantar Si vas a Calatayud…, Felíu y Codina había forjado el argumento de su drama La Dolores, que luego había llevado Bretón al pentagrama y más tarde a la película que circulaba hasta en los más humildes pueblos. Darío Pérez, en su artículo publicado en Heraldo de Aragón, había protestado de esta falsa leyenda que la copla popular había extendido por el mundo entero, proponiendo la reparación de la mujer bilbilitana y aragonesa. El Ayuntamiento de Calatayud había acogido con entusiasmo esta iniciativa, nombrando a una comisión para que organizara esta fiesta homenaje. Estaba compuesta por el alcalde Antonio Bardají, presidente, Ramón Ortega, Francisco Lafuente, José María López Landa, Cipriano Luis Aguilar, Wenceslao Bruno Muñoz, Ramón Herrero, José Llanas y José Francia, vocales. Lorenzo Gaspar, secretario, y Andrés Félez, vicesecretario.
Las bases firmadas por el alcalde Antonio Bardají el 1 de junio, otorgaban un premio de 500 pesetas a un cantar de cuatro versos, que desvirtuase la copla infamante. También se premiaría con un objeto de arte a una colección de doce cantares aragoneses, alusivos al fin de la fiesta. Otro objeto artístico premiaría un trabajo literario de autor aragonés, alusivo a la fiesta que se celebraba. El plazo de admisión terminaría el 15 de agosto. Los trabajos debían ser originales e inéditos.
Esta fiesta homenaje organizada por el Ayuntamiento de Calatayud, produjo una discusión en la prensa. La mayoría de los periódicos la juzgaron inoportuna y sin motivo. El director de El Regional, Justo Navarro, aplaudía al iniciador de la idea y a los que la habían acogido. Sin embargo Manuel Casanova, desde las páginas del Diario de Avisos de Zaragoza, publicaba el 23 de junio un artículo, donde escribía que esta fiesta iba a producir una avalancha lírica y patrioterilla. Consideraba que Felíu y Codina no merecía que su memoria fuera execrada por este hecho, pues no era justo atribuirle una intención de ofensa. No creía que esta fiesta pudiera satisfacer a la mujer bilbilitana, porque no la precisa, como no hacen falta a su honra estos cantos pasionales, ciegos, hiperbólicos que la amenazan; porque nunca se está más cerca de caer en la ofensa, en la verdadera ofensa que por el camino desbocado, sin espíritu ponderado y justo, de la adulación.
El mismo Darío Pérez recogía en sus memorias redactadas al final de su vida, que aquella iniciativa sería criticada por una parte de la prensa, que llegó a insultarle, aunque aplaudida por la prensa seria y patrocinada por el Ayuntamiento de Calatayud. Incluso se le atribuyeron fines electorales, pues ya votaban las mujeres. Este lapsus de Darío Pérez ya fue puesto en evidencia por Mariano Amada, pues las mujeres no pudieron votar hasta las elecciones de 1933.
El 2 de agosto de 1924, el diario ABC señalaba que el anuncio de la fiesta en homenaje a la mujer bilbilitana, había sido comentado en toda España, con las más opuestas opiniones. El diario consideraba que estaban en un error los que pensaban que los bilbilitanos estaban enojados con Felíu, pues le habían invitado a presidir los primeros Juegos florales, celebrados en 1893. Consideraba que la fiesta, lejos de ofender a Felíu y a Bretón, iba a avivar gratos recuerdos en muchos bilbilitanos, admiradores de ambos.
En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 18 de agosto, el alcalde señaló que el día 15 había recibido un telegrama de la escritora Concha Espina, en el que aceptaba la invitación de ser mantenedora de la fiesta homenaje a la mujer bilbilitana. Se le contestó con otro telegrama, agradeciéndole su actitud.
El 27 de agosto, ABC informaba que una comisión del Ayuntamiento de Calatayud había visitado al gobernador civil, invitándole a presidir la fiesta literaria, que se celebraría en homenaje a la mujer bilbilitana. También señalaba que se habían recibido miles de cantares, que serían examinados por un jurado compuesto por García Arista, Mariano Baselga y Genaro Poza. Las fiestas las iba a presidir la escritora montañesa Concha Espina. También se iban a celebrar dos corridas de toros, lidiándose ganado de Concha y Sierra y de Vicente Martínez, para los diestros Chicuelo, Marcial Lalanda y Villalta.
La fiesta tuvo lugar el día 12 de septiembre en el Coliseo Imperial. Al día siguiente ABC informaba que el teatro había estado lleno a rebosar. Los palcos se habían adornado con mantones de Manila y el escenario con guirnaldas y plantas. En el centro destacaba el trono, en el que figuraban los escudos de Calatayud y Santander.
En la presidencia habían tomado asiento el alcalde, Antonio Bardají, García Arista, Ortega, Bruno, Aguilar, Lafuente, Llanas, los concejales venidos de Santander y el vicario general, Valentín Marco. También estuvo presente el secretario del Centro Aragonés de Santander. Como se trataba de una fiesta dedicada a la mujer, se había designado para presidirla a la escritora Concha Espina de la Serna.
El secretario de la comisión leyó la memoria de la fiesta, elogiando al director del diario ABC, Torcuato Luca de Tena, por dotar con otras 500 pesetas el premio a la copla ganadora. Se habían recibido once mil trescientos trabajos.
El alcalde, precedido de los maceros, salió a buscar a Concha Espina, quien entró en el salón, mientras la orquesta interpretaba una marcha triunfal, acompañada de su corte, compuesta por las señoritas bilbilitanas María Luisa Mediano, Carmen Górriz, Carmen Melendo, Felipa López Gutiérrez, Pilar Herrero y Carmen Lafuente.
Varios artistas de la compañía de María Palou, que actuaba unos días en Calatayud, leyeron varios trabajos, entre otros los de Fernando Castán Palomar, Blasco Ibáñez, hermanos Álvarez Quintero y Matheu. A continuación se interpretó el pasodoble del Maestro Marquina titulado La mujer bilbilitana, escrito expresamente para este acto. María Palou leyó el trabajo de Concha Espina titulado Mensaje a Calatayud y honores que la ciudad augusta rinde a las mujeres aragonesas.
El jurado declaró desierto el premio a la copla que desvirtuase a la de la Dolores, pero recomendó otra que llevaba por lema Para ti, España. Al abrir la plica se encontró otra cuarteta, que devolvía al pueblo la autoría de la copla del cantar. A continuación, la Banda de Ingenieros, dirigida por Pascual Marquina, interpretó la página musical Una noche en Calatayud, compuesta por el maestro Pablo Luna. Lucrecia Arana cantó la copla premiada, a la que siguieron insistentes aplausos.
En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 15 de septiembre, se consignó el júbilo de la ciudad el día anterior, por haberse adjudicado la subasta del ferrocarril Calatayud-Ontaneda a Guillermo W. Solms. Asimismo quedó constancia del banquete celebrado en la Casa Consistorial, para agasajar a los representantes de Santander. El alcalde de Calatayud tuvo el honor de entregar a Concha Espina el Real Despacho, por el que el rey le había concedido la Banda de María Luisa.
En la sesión del 29 de septiembre el alcalde informó de su viaje a Santander, donde había sido invitado para asistir a un banquete, organizado por aquel ayuntamiento, en honor a la comisión gestora del ferrocarril Calatayud-Ontaneda. El alcalde propuso que, para cumplir los acuerdos adoptados en este banquete, se nombrara al rey alcalde honorario de la ciudad, y que fuera colocado el busto del ingeniero Ramón de Aguinaga en la estación del ferrocarril Calatayud-Ontaneda, como testimonio de gratitud por su actuación en pro de este ferrocarril. El alcalde también informó que había recibido un telegrama de W. Solms, donde le comunicaba haber constituido la sociedad para la construcción de este ferrocarril.
El secretario de la comisión organizadora de la fiesta homenaje en Calatayud, Lorenzo Gaspar, devolvió las 500 pesetas al director de ABC, quien decidió convocar un nuevo concurso. Las bases aparecieron en este periódico el 12 de octubre y en ellas se anunciaba que podrían tomar parte en este nuevo concurso, todos los autores de coplas que hubieran concurrido o no al de Calatayud. El jurado, del que formaba parte Darío Pérez, se reunió el 6 de enero de 1925, acordando por unanimidad conceder el premio a una copla que se presentó con el lema No hay mancha donde no hay delito, de la que era autor Vicente Ramírez Payá, maestro nacional de Castalla, Alicante.
Documentos consultados:
Archivo Municipal de Calatayud, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, Sig. 163.