PERIÓDICOS Y REVISTAS BILBILITANOS

EL ARCHIVO DEL CANÓNIGO TAFALLA. Por Francisco Tobajas.

El 20 de febrero de 1927 se publicó en El Regional un artículo titulado, «La imprenta y el periodismo en Calatayud», donde se daban noticias de algunas cabeceras periódicas bilbilitanas, recogidas en el archivo del canónigo Francisco Tafalla. Pedro Montón Puerto publicaría en 1976, en Cuadernos de Aragón, 8-9, un interesante artículo dedicado a los escritores, periodistas y periódicos de Calatayud, haciendo referencia a este mismo archivo del canónigo Francisco Tafalla Torres, nacido en 1868. Montón Puerto donaría al Archivo Municipal una valiosa colección de cabeceras de periódicos locales. Este último recordaba que Allué Salvador había considerado a Calatayud como la ciudad de las letras. Y Juan Moneva le había confiado personalmente, que Calatayud tenía fuero literario propio. Otra fuente hemerográfica es la que nos ofrecen Fernández Clemente y Forcadell, en su libro Historia de la prensa aragonesa, publicada por Guara editorial en 1979.

En el reinado de Fernando VI y principios del de Carlos III, existían en Calatayud dos imprentas: la de Joaquín Esteban y la de Gabriel Aguirre. En 1870 surgiría el periódico El Recreo, editado en la imprenta de Celestino Coma, situada en el edificio del Monte de Piedad de la Rúa, entonces propiedad de Mariano Ruiz Zabalo.

            Mariano de La Hoz y Calvo traería una máquina, para lanzar el 1 de marzo de 1877 el primer número de el Diario de Calatayud, de reducidas dimensiones, pero de ameno texto. Lo haría en la imprenta de La Hoz y Cía, en la plaza de San Miguel. Lo recordaba Justo Navarro en la necrológica de La Hoz, el 27 de diciembre de 1927. Esta misma máquina serviría para imprimir El Regional.

En 1882 el diario añadía el subtítulo de avisos y noticias, eco de la comarca bilbilitana. Aumentaría el número de páginas, con unas hojas literarias, que se publicarían con carácter quincenal los días 1 y 16 de cada mes. En 1890 se presentaría como periódico católico, eco de la comarca bilbilitana. Un año más tarde se definiría como periódico católico tradicionalista, con el lema Dios, Patria y Rey. El cambio se debía a que el carlista Juan Manuel Floría, conocido como El General, concejal del Ayuntamiento de Calatayud y administrador del conde de Argillo, lo compraría por dos años.

            El 15 de enero de 1882 aparecería El Eco de Calatayud, de política democrática republicana, al que reemplazaría al año siguiente El Eco Bilbilitano, de las mismas tendencias. En 1885 lo haría La Comarca, diario liberal, que dirigía el abogado Juan del Pueyo, llegando a tirar dos ediciones diarias, aunque el número de suscriptores no era muy elevado.

FOTOGRAFÍAS: F. TOBAJAS GALLEGO.
ARCHIVO DE LA FAMILIA SANCHO Y GIL, MORÉS (ZARAGOZA).
FOTOGRAFÍAS: F. TOBAJAS GALLEGO.
ARCHIVO DE LA FAMILIA SANCHO Y GIL, MORÉS (ZARAGOZA).
FOTOGRAFÍAS: ARCHIVO MUNICIPAL DE CALATAYUD, ARCHIVO VICENTE DE LA FUENTE.

            En 1886 aparecería el republicano y anticlerical La Lucha, más combativo que el Eco. El 2 de septiembre de 1888 lo haría La Justicia, que pasaría más tarde a semanal. Tendría varios directores, además de Darío Pérez: Florencio Forcén, Luciano Pastor, Juan Gualberto Lausín del Carpio, Agustín Pérez Lizano, Bartolomé Guillén y más tarde los hermanos Ángel y Arturo Guillén, sobrinos de Bartolomé.

FOTOGRAFÍAS: F. TOBAJAS GALLEGO.
ARCHIVO DE LA FAMILIA SANCHO Y GIL, MORÉS (ZARAGOZA).

Sin año conocido había aparecido Heraldo de Calatayud, dirigido por Marqueta. En 1893 lo haría el semanal Dios, Patria y Rey, que dirigía el maestro nacional Manuel Comellas. Se tiraba en los talleres de La Justicia. El bisemanario católico independiente, El Baluarte Bilbilitano, se fundaría en 1899, cuyo propietario era el tipógrafo Matías Latorre. Se editaba en la imprenta católica de Latorre y Larroca, situada en la plaza de la Comunidad.

            El 15 de septiembre de 1904 lo haría El Regional, fundado por Justo Navarro Melendo, que desaparecería en 1933. En 1917 aparecería El Rayo. El 1 de enero de 1918 lo haría Campo y Hogar, revista mensual de Agricultura y Economía doméstica, fundada por Cipriano Aguilar, en colaboración con su hijo político Luis Sebastián Cebrián. Otra revista profesional sería La Unión Médica. El 18 de mayo de 1919 nacería La Luz, semanario defensor de las clases oprimidas, que se tiraba en la Social de Zaragoza.

FOTOGRAFÍAS: ARCHIVO MUNICIPAL DE CALATAYUD, ARCHIVO VICENTE DE LA FUENTE.

            Otras publicaciones de carácter literario festivo serían: El Tontico Aragonés, El Chiquitín de la Casa, El Menú, de 1899, Bílbilis Combo, El Lío, El Rayo, El Lorito, nacida en 1923, que dirigía el dibujante Jesús Gargallo, y El Gato Negro, 1926, bajo la dirección de José Nogueras, primo hermano del forjador Pablo Remacha.

            De propaganda industrial era El Valiente. Tiraba cada quince días dos mil ejemplares, que se repartían gratis por toda la comarca. Era el órgano defensor de la industria y el comercio. Lo editaba la Casa Azul, almacén de tejidos de Ferraz y Lacambra, con sede en la calle de Dato, n.º 15, y Dicenta, n.º 2.

            El 9 de octubre de 1900 aparecería la Revista Industrial, Comercial y Agrícola, que se publicaba cuatro veces al mes, dirigida por R. Galván. En 1922 se fundaría el semanario La Derecha, que dirigía Ángel Mingote.

El archivo del canónigo Francisco Tafalla guardaba también otras publicaciones, que constaban de un solo número, como El Bilbilitano, periódico de anuncios que se había repartido gratis en 1891, con motivo de las fiestas y ferias de septiembre. La Caridad Bilbilitana, de 1898, que destinaba su venta a los soldados de la ciudad, que luchaban en la guerra de Cuba y Filipinas. Calatayud-Alhama-Ateca, número extraordinario aparecido en abril de 1903, parea evitar el derrumbamiento de los cerros del Reloj Tonto y de la Serratilla, y La Muela de Alhama, con firmas prestigiosas como la del obispo Juan Soldevilla.

En 1927, la ciudad contaba con seis imprentas, donde se publicaba un periódico diario y otro semanal.

En 1931 vería la luz Vicor, dirigida por el catedrático del Instituto López Juanes. Meses después aparecería El Ganso. En este mismo año, José María Rubio Vergara fundaría Hoy. El vespertino Vanguardia se editaría en 1933, a cargo de la empresa de El Regional, contando con la dirección de Antonio de Llanos. El 1935 aparecería El Heraldo Bilbilitano.

Dentro de las dedicadas a temas religiosos, se encontraban: Albores, 1925, de la congregación Mariana de los Luises, o Reina y Madre, 1929, a cargo de los Hijos del Inmaculado Corazón de María. El mensual Fortaleza, 1935, dirigido por la poeta gallega Herminia Fariña. Y Atalaya, aparecida en septiembre de 1935.

Entre las juveniles cabía destacar Afán, boletín del frente de Juventudes, 1945, bajo la dirección del padre claretiano Enrique Arenas, Jalón, de los alumnos y ex alumnos del Instituto de Enseñanza Media Primo de Rivera, y Despertar, de la Delegación Local de la Juventud, 1974-1975.

Para conmemorar el 25º aniversario de El Regional, el 1 de enero de 1928 Darío Pérez publicaría un artículo en este diario, dedicado al periodismo en Calatayud. Señalaba que, a partir de la publicación del Diario de Calatayud, el periodismo local había travesado épocas intensas y decaídas, pero no se había interrumpido su historia, ofreciendo toda la gama. Periódicos definidos o ambiguos, extremistas políticos, desde el carlismo al sindicalismo, en religión, desde el catolicismo al librepensamiento, literarios, festivos, noticieros, conmemorativos, etc. Darío Pérez consideraba que en el archivo del ilustrado canónigo Francisco Tafalla, se encontrarían datos concretos y prolijos.

Darío Pérez consideraba que el que había logrado más solidez y larga vida, sin perder su carácter de diario, había sido El Regional. Desde el punto de vista profesional, en veinticinco años suponía un esfuerzo agotador. En ese tiempo tan sobrado para hacer fortuna en cualquier aspecto de la actividad, hasta en el de la honradez, no basta al galeote de la prensa para conseguir independencia u holgura.

Señalaba que el diario era inquietud espiritual, nerviosismo, porvenir incierto, angustia y contacto con las miserias humanas. Y añadía: obliga a servir la actualidad, hallarse envuelto en los remolinos de la pasión, entregarse a todas las perfidias insospechadas, ser incomprendido. Ganar poco, rendir mucho, actuar entre paredes cristalinas. Probar suficiencia cada día.

Darío Pérez afirmaba que en el periodismo no existía seguro de vida, tampoco la indemnización por accidentes de trabajo. El periodista estaba obligado a demostrar cada día su capacidad, ante el público integrado por una multitud de temperamentos y de gustos. Tampoco podía equivocarse, ni aplazar el juicio. No contaba con derechos pasivos, descanso ni socorro a la vejez. La pluma que es más espada, bálsamo, paleta, fuerza, no logra del alma fría de los adinerados el crédito de plumas aéreas que apenas saben rubricar.

El periodista era un esclavo de la sociedad moderna; de la vanidad de los otros; de los poderes públicos, de las grandes empresas y el editor responsable de las faltas colectivas o individuales que no son suyas. Era el Caronte, que transportaba a los vivos en esta feria de vanidades y ambiciones que no son sombras, sino realidades. La prensa grande se proyecta en las amplias perspectivas. La de pequeñas ciudades era un callejón sin salida.

Darío Pérez comparaba a Justo Navarro con el entonces olvidado Mariano de La Hoz, editor de el Diario de Calatayud. Y añadía: La modestia de recursos, el apremio diario, la incomprensión circundante, forjan un vivir de renunciación y sacrificio sin la correspondencia de sus conciudadanos. Labor de cultura, de patriotismo y de desinterés, que no alcanza enaltecimiento ni gratitud. Y menos mal si no la acompaña el desdén.

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