CHARLA CÁÑAMO DE CALATAYUD Y COMARCA

A cargo de Luis Varga Aldana

Martes, 10 de marzo a las 19:00h. en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Calatayud, plaza Costa.

Publicado en Noticias | Deja un comentario

PERIÓDICOS Y REVISTAS BILBILITANOS

EL ARCHIVO DEL CANÓNIGO TAFALLA. Por Francisco Tobajas.

El 20 de febrero de 1927 se publicó en El Regional un artículo titulado, «La imprenta y el periodismo en Calatayud», donde se daban noticias de algunas cabeceras periódicas bilbilitanas, recogidas en el archivo del canónigo Francisco Tafalla. Pedro Montón Puerto publicaría en 1976, en Cuadernos de Aragón, 8-9, un interesante artículo dedicado a los escritores, periodistas y periódicos de Calatayud, haciendo referencia a este mismo archivo del canónigo Francisco Tafalla Torres, nacido en 1868. Montón Puerto donaría al Archivo Municipal una valiosa colección de cabeceras de periódicos locales. Este último recordaba que Allué Salvador había considerado a Calatayud como la ciudad de las letras. Y Juan Moneva le había confiado personalmente, que Calatayud tenía fuero literario propio. Otra fuente hemerográfica es la que nos ofrecen Fernández Clemente y Forcadell, en su libro Historia de la prensa aragonesa, publicada por Guara editorial en 1979.

En el reinado de Fernando VI y principios del de Carlos III, existían en Calatayud dos imprentas: la de Joaquín Esteban y la de Gabriel Aguirre. En 1870 surgiría el periódico El Recreo, editado en la imprenta de Celestino Coma, situada en el edificio del Monte de Piedad de la Rúa, entonces propiedad de Mariano Ruiz Zabalo.

            Mariano de La Hoz y Calvo traería una máquina, para lanzar el 1 de marzo de 1877 el primer número de el Diario de Calatayud, de reducidas dimensiones, pero de ameno texto. Lo haría en la imprenta de La Hoz y Cía, en la plaza de San Miguel. Lo recordaba Justo Navarro en la necrológica de La Hoz, el 27 de diciembre de 1927. Esta misma máquina serviría para imprimir El Regional.

En 1882 el diario añadía el subtítulo de avisos y noticias, eco de la comarca bilbilitana. Aumentaría el número de páginas, con unas hojas literarias, que se publicarían con carácter quincenal los días 1 y 16 de cada mes. En 1890 se presentaría como periódico católico, eco de la comarca bilbilitana. Un año más tarde se definiría como periódico católico tradicionalista, con el lema Dios, Patria y Rey. El cambio se debía a que el carlista Juan Manuel Floría, conocido como El General, concejal del Ayuntamiento de Calatayud y administrador del conde de Argillo, lo compraría por dos años.

            El 15 de enero de 1882 aparecería El Eco de Calatayud, de política democrática republicana, al que reemplazaría al año siguiente El Eco Bilbilitano, de las mismas tendencias. En 1885 lo haría La Comarca, diario liberal, que dirigía el abogado Juan del Pueyo, llegando a tirar dos ediciones diarias, aunque el número de suscriptores no era muy elevado.

FOTOGRAFÍAS: F. TOBAJAS GALLEGO.
ARCHIVO DE LA FAMILIA SANCHO Y GIL, MORÉS (ZARAGOZA).
FOTOGRAFÍAS: F. TOBAJAS GALLEGO.
ARCHIVO DE LA FAMILIA SANCHO Y GIL, MORÉS (ZARAGOZA).
FOTOGRAFÍAS: ARCHIVO MUNICIPAL DE CALATAYUD, ARCHIVO VICENTE DE LA FUENTE.

            En 1886 aparecería el republicano y anticlerical La Lucha, más combativo que el Eco. El 2 de septiembre de 1888 lo haría La Justicia, que pasaría más tarde a semanal. Tendría varios directores, además de Darío Pérez: Florencio Forcén, Luciano Pastor, Juan Gualberto Lausín del Carpio, Agustín Pérez Lizano, Bartolomé Guillén y más tarde los hermanos Ángel y Arturo Guillén, sobrinos de Bartolomé.

FOTOGRAFÍAS: F. TOBAJAS GALLEGO.
ARCHIVO DE LA FAMILIA SANCHO Y GIL, MORÉS (ZARAGOZA).

Sin año conocido había aparecido Heraldo de Calatayud, dirigido por Marqueta. En 1893 lo haría el semanal Dios, Patria y Rey, que dirigía el maestro nacional Manuel Comellas. Se tiraba en los talleres de La Justicia. El bisemanario católico independiente, El Baluarte Bilbilitano, se fundaría en 1899, cuyo propietario era el tipógrafo Matías Latorre. Se editaba en la imprenta católica de Latorre y Larroca, situada en la plaza de la Comunidad.

            El 15 de septiembre de 1904 lo haría El Regional, fundado por Justo Navarro Melendo, que desaparecería en 1933. En 1917 aparecería El Rayo. El 1 de enero de 1918 lo haría Campo y Hogar, revista mensual de Agricultura y Economía doméstica, fundada por Cipriano Aguilar, en colaboración con su hijo político Luis Sebastián Cebrián. Otra revista profesional sería La Unión Médica. El 18 de mayo de 1919 nacería La Luz, semanario defensor de las clases oprimidas, que se tiraba en la Social de Zaragoza.

FOTOGRAFÍAS: ARCHIVO MUNICIPAL DE CALATAYUD, ARCHIVO VICENTE DE LA FUENTE.

            Otras publicaciones de carácter literario festivo serían: El Tontico Aragonés, El Chiquitín de la Casa, El Menú, de 1899, Bílbilis Combo, El Lío, El Rayo, El Lorito, nacida en 1923, que dirigía el dibujante Jesús Gargallo, y El Gato Negro, 1926, bajo la dirección de José Nogueras, primo hermano del forjador Pablo Remacha.

            De propaganda industrial era El Valiente. Tiraba cada quince días dos mil ejemplares, que se repartían gratis por toda la comarca. Era el órgano defensor de la industria y el comercio. Lo editaba la Casa Azul, almacén de tejidos de Ferraz y Lacambra, con sede en la calle de Dato, n.º 15, y Dicenta, n.º 2.

            El 9 de octubre de 1900 aparecería la Revista Industrial, Comercial y Agrícola, que se publicaba cuatro veces al mes, dirigida por R. Galván. En 1922 se fundaría el semanario La Derecha, que dirigía Ángel Mingote.

El archivo del canónigo Francisco Tafalla guardaba también otras publicaciones, que constaban de un solo número, como El Bilbilitano, periódico de anuncios que se había repartido gratis en 1891, con motivo de las fiestas y ferias de septiembre. La Caridad Bilbilitana, de 1898, que destinaba su venta a los soldados de la ciudad, que luchaban en la guerra de Cuba y Filipinas. Calatayud-Alhama-Ateca, número extraordinario aparecido en abril de 1903, parea evitar el derrumbamiento de los cerros del Reloj Tonto y de la Serratilla, y La Muela de Alhama, con firmas prestigiosas como la del obispo Juan Soldevilla.

En 1927, la ciudad contaba con seis imprentas, donde se publicaba un periódico diario y otro semanal.

En 1931 vería la luz Vicor, dirigida por el catedrático del Instituto López Juanes. Meses después aparecería El Ganso. En este mismo año, José María Rubio Vergara fundaría Hoy. El vespertino Vanguardia se editaría en 1933, a cargo de la empresa de El Regional, contando con la dirección de Antonio de Llanos. El 1935 aparecería El Heraldo Bilbilitano.

Dentro de las dedicadas a temas religiosos, se encontraban: Albores, 1925, de la congregación Mariana de los Luises, o Reina y Madre, 1929, a cargo de los Hijos del Inmaculado Corazón de María. El mensual Fortaleza, 1935, dirigido por la poeta gallega Herminia Fariña. Y Atalaya, aparecida en septiembre de 1935.

Entre las juveniles cabía destacar Afán, boletín del frente de Juventudes, 1945, bajo la dirección del padre claretiano Enrique Arenas, Jalón, de los alumnos y ex alumnos del Instituto de Enseñanza Media Primo de Rivera, y Despertar, de la Delegación Local de la Juventud, 1974-1975.

Para conmemorar el 25º aniversario de El Regional, el 1 de enero de 1928 Darío Pérez publicaría un artículo en este diario, dedicado al periodismo en Calatayud. Señalaba que, a partir de la publicación del Diario de Calatayud, el periodismo local había travesado épocas intensas y decaídas, pero no se había interrumpido su historia, ofreciendo toda la gama. Periódicos definidos o ambiguos, extremistas políticos, desde el carlismo al sindicalismo, en religión, desde el catolicismo al librepensamiento, literarios, festivos, noticieros, conmemorativos, etc. Darío Pérez consideraba que en el archivo del ilustrado canónigo Francisco Tafalla, se encontrarían datos concretos y prolijos.

Darío Pérez consideraba que el que había logrado más solidez y larga vida, sin perder su carácter de diario, había sido El Regional. Desde el punto de vista profesional, en veinticinco años suponía un esfuerzo agotador. En ese tiempo tan sobrado para hacer fortuna en cualquier aspecto de la actividad, hasta en el de la honradez, no basta al galeote de la prensa para conseguir independencia u holgura.

Señalaba que el diario era inquietud espiritual, nerviosismo, porvenir incierto, angustia y contacto con las miserias humanas. Y añadía: obliga a servir la actualidad, hallarse envuelto en los remolinos de la pasión, entregarse a todas las perfidias insospechadas, ser incomprendido. Ganar poco, rendir mucho, actuar entre paredes cristalinas. Probar suficiencia cada día.

Darío Pérez afirmaba que en el periodismo no existía seguro de vida, tampoco la indemnización por accidentes de trabajo. El periodista estaba obligado a demostrar cada día su capacidad, ante el público integrado por una multitud de temperamentos y de gustos. Tampoco podía equivocarse, ni aplazar el juicio. No contaba con derechos pasivos, descanso ni socorro a la vejez. La pluma que es más espada, bálsamo, paleta, fuerza, no logra del alma fría de los adinerados el crédito de plumas aéreas que apenas saben rubricar.

El periodista era un esclavo de la sociedad moderna; de la vanidad de los otros; de los poderes públicos, de las grandes empresas y el editor responsable de las faltas colectivas o individuales que no son suyas. Era el Caronte, que transportaba a los vivos en esta feria de vanidades y ambiciones que no son sombras, sino realidades. La prensa grande se proyecta en las amplias perspectivas. La de pequeñas ciudades era un callejón sin salida.

Darío Pérez comparaba a Justo Navarro con el entonces olvidado Mariano de La Hoz, editor de el Diario de Calatayud. Y añadía: La modestia de recursos, el apremio diario, la incomprensión circundante, forjan un vivir de renunciación y sacrificio sin la correspondencia de sus conciudadanos. Labor de cultura, de patriotismo y de desinterés, que no alcanza enaltecimiento ni gratitud. Y menos mal si no la acompaña el desdén.

Publicado en Noticias | Comentarios desactivados en PERIÓDICOS Y REVISTAS BILBILITANOS

Inauguración del Teatro Capitol (Calatayud)

El día 8 de septiembre de 1933 se inauguró el Teatro Capitol en Calatayud y el corresponsal del periódico «La voz de Aragón», J. Martínez Fraile, al día siguiente, realiza la siguiente crónica en la que describe, con todo tipo de señales, el majestuoso edificio.

En la fotografía puede observarse el lugar en el que se levantó dicho teatro.

«El número cumbre de nuestras fiestas ha sido, sin duda, la apertura del Gran Teatro Capitol, edificado de nueva planta en un terreno de 1.200 metros cuadrados, en la antigua plaza de San Andrés. Allí se alza este edificio de depurado gusto y moderna silueta, cuya arquitectura contrasta con el estilo mudéjar de la histórica torre que le da frente. Sus propietarios, nuestros buenos amigos don Emiliano Ibarra y don Cipriano Pérez, acreditadísimos industriales de esta plaza, no han regateado medio alguno para que en él de nada se carezca, llegando a satisfacer la máxima exigencia del público. Calatayud, de ahora en adelante, contará con un local para espectáculos de moderna estructura, a tono con las renovadoras corrientes que imperan. Es tal la categoría del mismo en su totalidad que no exageramos al decir que supera a muchos recientemente instalados en capitales de provincia.

DESCRIPCIÓN

Consta de: Sótano habilitado para salón de baile, y de cuya capacidad dará idea el hecho de que puedan varios centenares de parejas bailar cómodamente. Planta baja, en cuyo hall se ha instalado un bar americano decorado cubísticamente. Numerosos veladores serán colocados en este rectángulo, desde el que cómodamente se divisa el salón de baile. De aquí arrancan las escaleras que conducen al piso superior, destinado para espectáculos.

El salón tiene una longitud de 34 metros y 16 de anchura, garantizando el fácil acceso al mismo las siete puertas existentes. El suelo en badén y el estar exento de columnas facilita la perfecta visualidad de todas las localidades. Este estupendo salón estará profusamente iluminado, pues se han colocado 930 lámparas en la cornisa de la techumbre, 240 en las fajas de la embocadura y 200 en la boca del escenario. Será un efecto precioso la indirecta iluminación en sus tres tonalidades: rojo, verde y amarillo. Al aspecto deslumbrante de la sala contribuye el colorido y decoración de la misma, Artista tan renombrado como el escenógrafo Salvador Martínez ha sido el encargado de plasmar sobre los muros, con sus mágicos pinceles, las sugerencias de su temperamento artístico. El hecho de que el laureado artista haya dejado marcado el sello de su inspiración nos veda de todo elogio. Se han colocado un millar de butacas, distribuidas para la máxima comodidad. Los 0’85 metros de separación entre respaldo y respaldo así lo confirman. Tanto el pasillo central como los laterales presentan una holgura tal que hará facilísimo el acceso y salida de espectadores. Esta amplitud en las localidades, telón metálico, las bombas de incendios, la cabina independiente, y tantos otros detalles demuestran cuán en cuenta se ha tenido el vigente reglamento de espectáculos.

Las butacas, de maderas kumel y haya, mueble americano, de fabricación esmeradísima y cómodas (en respaldo, asiento y brazo) han sido construidas por la importantísima firma Vda. de Mocholi, de Valencia, casa ya acreditadísima en este aspecto y especializada en la construcción de sillas y butacas de todas clases para teatros, cines y cafés. Estas butacas, de tono severo, prestan mayor realce al salón y -repetimos- la solidez, belleza y comodidad de ellas es tal que al público ha de causar grata impresión. La calefacción, de presión a vapor, con abundantísimos radiadores, pondrá todo el local en inmejorables condiciones para los crudos días de la invernada. Siguiendo las normas técnicas el salón está revestido de una capa de corcho, para, evitando la resonancia, facilitar la clara audición. Posee W.C. en escenario, sala y baile, en las más rigurosas condiciones higiénicas, dotados de lavabos, espejos, etc., tanto los de señoras como los de caballeros. Amplio escenario, capaz para representar obras de la mayor envergadura, en el que existen once camerinos montados con todo confort. Sería prolijo enumerar cuanto digno de reseñar encierra en su totalidad. El público, en su constante asistencia, se irá dando cuenta de que la máxima belleza, el absoluto confort, la mayor comodidad y tantos otros detalles agradables allí están garantizados.

DETALLES

De la explotación del mismo se ha encargado la popular Empresa Marín, de Barcelona, cuyo solo nombre es ya una garantía de los buenos programas que al público se han de presentar. El aparato es de la marca FEDES (fabricación española de equipo sonoros, S.L.) de cuyo perfecto funcionamiento tenemos pruebas bien ciertas. El hecho de tener estos señores al mismo tiempo varios salones de espectáculos en explotación permitirá que pasen por la pantalla del Capitol películas que, de otra forma, hubiera sido imposible presenciar su filmación. Hemos hablado con un representante de la referida Empresa explotadora, viendo en él grandes deseos de servir al público bilbilitano; unos deseos que tienden a captarse por completo sus simpatías.

FINAL

Sus empresarios pueden mirar sonrientes el porvenir. Allí se darán cita, en estos días festeros, nuestras lindas paisanas y las bellas forasteras, en un noble torneo de belleza. Allí, siempre, los aficionados al arte de Talia. Allí los devotos del séptimo arte. Allí los amantes de Terpsicore. Allí, finalmente, todo Calatayud. Satisfechos pueden estar sus propietarios, señores Ibarra y Pérez, de haber dotado a la ciudad de un edificio para espectáculos de tal magnitud. Nosotros, desde estas columnas de LA VOZ DE ARAGÓN, les enviamos la cordial felicitación, unida al deseo de que su rendimiento corresponda a los desvelos y al sacrificio que supone su construcción.»

J. MARTINEZ FRAILE

La voz de Aragón, 9 de septiembre de 1933.

Publicado en Noticias | Comentarios desactivados en Inauguración del Teatro Capitol (Calatayud)

CONGRESO 200 ANIVERSARIO. Juan Federico Muntadas: Pionero del turismo y la protección del patrimonio.

Con motivo de la conmemoración del Bicentenario del nacimiento de Juan Federico Muntadas y Jornet (1826–2026), el Monasterio de Piedra acogerá los días 8, 9 y 10 de abril de 2026 la celebración del II Congreso Internacional “Juan Federico Muntadas: pionero del turismo y la protección del patrimonio”.

Juan Federico Muntadas y Jornet fue una figura decisiva en la historia contemporánea del Monasterio de Piedra. Su proyecto transformó el antiguo cenobio cisterciense y su entorno natural en un espacio pionero donde paisaje, patrimonio, ciencia, arte y turismo convivieron de forma innovadora, adelantándose a planteamientos que hoy consideramos fundamentales en la gestión cultural y patrimonial.

El objetivo de este II Congreso Internacional es reunir a especialistas de distintos ámbitos para analizar, desde una perspectiva interdisciplinar, la figura y el legado de Juan Federico Muntadas y Jornet, así como el impacto de su iniciativa en la configuración del Monasterio de Piedra como espacio cultural, científico, artístico y turístico entre los siglos XIX y XXI. El encuentro abordará cuestiones relacionadas con la historia, el paisaje y el jardín histórico, la protección del patrimonio, las artes, la ciencia, el territorio y la evolución del turismo cultural sostenible.

El congreso se articulará en tres jornadas, en las que tendrán cabida conferencias invitadas y comunicaciones científicas, favoreciendo el intercambio de conocimiento y el debate en torno al legado de Juan Federico Muntadas y al papel del Monasterio de Piedra como referente patrimonial.

La jornada final del congreso coincidirá con el 10 de abril, fecha del nacimiento de Juan Federico Muntadas, y la clausura del encuentro se plantea como una celebración conmemorativa de su aniversario, poniendo así un cierre simbólico al Bicentenario.

Descarga el programa completo AQUÍ

INSCRIPCIÓN

Publicado en Noticias | Comentarios desactivados en CONGRESO 200 ANIVERSARIO. Juan Federico Muntadas: Pionero del turismo y la protección del patrimonio.

CASINOS, TEATROS Y CAPILLAS DE MÚSICA DE CALATAYUD EN 1911

Francisco Tobajas Gallego

            El Noticiero publicaría el 10 de septiembre de 1911 una crónica, que se firmaba con el seudónimo de Minúsculo. En ella se hacía un recorrido por los casinos de Calatayud. Escribía que el Casino Bilbilitano había sido fundado en 1855, por cincuenta socios. Ocupaba el piso principal del antiguo palacio del barón de Warsage y constaba de ocho salones (llamados: verde, rojo, de tresillo, blanco y de recreo), además de las cocinas y demás dependencias. Su biblioteca era numerosa y escogida, con diarios y revistas semanales españolas y extranjeras. Poseía cuartos de baño con pilas de gres y calefacción por vapor, con aparatos de la casa Pleckler, que habían sustituido a una antigua chimenea, que gastaba al día de veinticinco a treinta arrobas de leña. La cuota era de 4 pesetas y la entrada de 10 pesetas.

Fotografía: Alfredo Piqueras
Fotografía: Alfredo Piqueras

            A una corta distancia del Casino Bilbilitano, se podía distinguir la bandera tricolor, en los balcones del Casino Republicano. Ocupaba el piso principal del n.º 5 de la Rúa. Contaba con entre ciento cincuenta y doscientos socios, que se servían de un salón amplio, aunque decorado con pobreza.

            Se había fundado en junio de 1910, siendo su primer presidente Ignacio López Ruiz, entonces primer teniente alcalde del ayuntamiento, que contaba con nueve concejales republicanos. En 1911 era presidente Justiniano Gaspar. Disponía de biblioteca. Los socios querían fundar entonces una cooperativa y una escuela laica. Los socios protectores pagaban 3 pesetas al mes, los activos 2 y 1 peseta, y los pasivos 50 céntimos. Se podía ingresar a los dieciséis o diecisiete años.

            En los meses de diciembre, enero, febrero y marzo se ofrecían veladas político-sociales. Este casino no organizaba bailes, ni otra clase de veladas. Estaba suscrito a ocho periódicos de la cuerda de Zaragoza y Madrid.

            En la misma casa y contiguo al Casino Republicano, tenía su sede la Asociación de Dependientes de Comercio, que disponía de un salón, con cuatro balcones a la Rúa, que estaba decorado con modestia. Se había fundado hacía tres años y contaba con cincuenta socios, que pagaban 1 peseta al mes. Los socios se mostraban divididos, ante la posible desaparición de esta asociación, que quizá ocurriera al final de aquel mismo mes.

            Acompañado por Jacinto del Pueyo, Justo Navarro y José Francia, el articulista visitaría el Círculo Católico de Obreros, que ocupaba el piso principal de una casa de la calle de las Aulas. Se trataba de un edificio señorial, con amplia escalera. Contaba entonces con trescientos socios. Se había fundado a últimos del año 1885. Disponía de un salón de actos con un amplio escenario, decoración agradable e iluminación abundante, con hermosos aparatos. Este salón hacía las veces de café. Había otro salón más reducido, donde se reunía la junta y se daban clases a los obreros, de leer, escribir y cuentas, los meses de: noviembre, diciembre, enero y febrero. También disponía de una biblioteca.

            El conserje tenía en él una habitación. Los socios honorarios y activos pagaban 1 peseta al mes y los pasivos 50 céntimos. Había establecida una Caja de Socorros. Los socios activos que enfermaran recibían 1 peseta diaria durante cuarenta días y 50 céntimos diarios durante sesenta días más. El Círculo contaba con un excelente cuadro dramático. Celebraba la fiesta de su Patrón, san José. Los Estatutos fijaban la celebración de veladas y comuniones los días de: san Iñigo, la Virgen de la Peña y la Purísima. Afecto al Círculo funcionaba el Sindicato Agrícola.

            La Junta del Círculo Católico de Obreros estaba compuesta por: Justo Navarro, presidente; Antonio Sánchez, vicepresidente; Antonio Bravo, consiliario; Juan de la Fuente, depositario; José Gormaz, Martín Franco, Domingo Pérez y Carlos Tafalla, vocales: Vicente Gallástegui, secretario, y José María Carnicer, vicesecretario.

            A los socios del Círculo Tradicionalista, los consideraba como el sostén más firme de la fe cristiana en la ciudad. Eran valientes, entusiastas y buenos católicos, además de ser los mantenedores de la libertad. Escribía que, gracias a ellos, los católicos podían concurrir tranquilamente a todos los actos religiosos.

El Círculo estaba instalado en un edificio que presidía la plaza del Carmen. Ocupaba todo el piso principal y el balcón central era una soberbia rotonda. El salón de actos, habilitado para café, era algo reducido para los trescientos cincuenta socios, pero estaba decorado con gusto y arte. Lo presidía una ampliación a lápiz de don Jaime de Borbón, acompañado a los costados con los retratos del los generales Cavero, Villalaín y Marco de Bello, con los señores Mella y Esteban Muñoz, además del retrato del papa Pío X.

Contaba con dos salas para las clases nocturnas de los socios, con material completo. Otra sala se dedicaba a escuela de orfeonistas, otra a ropero y una más a secretaría. Contaba con un bonito jardín y biblioteca. Los socios honorarios, activos y pasivos pagaban: 3 pesetas, 1 peseta y 50 céntimos, respectivamente, a últimos de cada mes. El Círculo tenía el propósito de establecer una Caja de Socorros, para enfermos y menesterosos. Entonces se les auxiliaba, según los fondos disponibles en caja. Su presidente era Gregorio Moreno y vicepresidente José Francia Perales.

En este mismo número de El Noticiero del 11 de septiembre de 1911, se escribía que el Coliseo Imperial, que se había inaugurado para las ferias de septiembre, se levantaba próximo al Teatro Principal. El articulista se preguntaba que si el Teatro Principal permanecía cerrado largas temporadas, cómo iban a prosperar desde entonces en la ciudad los dos teatros. Señalaba que los propietarios-empresarios del Coliseo Imperial, se habían propuesto moralizar el arte escénico, desterrando las groserías habituales de aquellos tiempos. La empresa no sería lucrativa, pero sus fines eran nobles. La prensa católica había dado calor al proyecto, pero a los pocos días se habían ido a pique los buenos propósitos. Los carteles anunciaban obras del calibre de Las Bribonas y avisaban de La Corte del Faraón. Los católicos y aquellos que no gustaban de ir a los teatros, donde solamente se servían pantorrillas y anticlericalismo, se llamarían a engaño. Y añadía que, siguiendo la senda iniciada, la empresa iría a la bancarrota moral y materialmente.

El Coliseo Imperial se había levantado en un solar del marqués de La Vilueña, según modelo del Parisiana de Zaragoza. Contaba con trescientas treinta y seis butacas, dieciséis palcos, pasillo, paseo, anfiteatro, cuatro palcos y galería segunda o paraíso, para cerca de tres mil espectadores. Se había comenzado en marzo y se había acabado en septiembre de 1911, encargando su administración al empresario y pintor Estanislao Blasco. En las obras habían participado los albañiles Gil y Badesa. En su inauguración, había actuado la compañía cómico-lírica de Emiliano Belber, dirigida por el primer actor José Talavera y el maestro Estellés, con la obra El conde de Luxemburgo, de Franz Lehár.

La decoración se debía al bilbilitano Rafael Blasco. El telón de boca era de terciopelo verde con borla. La sala estaba adornada con espejos y plantas. En el techo destacaba el escudo blasonado de la casa marquesado de La Vilueña.

Señalaba que el Teatro Principal era muy mono, pero de pequeñas dimensiones. Contaba con tres pisos y palcos en los entresuelos. Pensaba que, restaurándolo con cariño y dando a la decoración tonos más claros y más alegres, resultaría precioso. Era el preferido de las familias acomodadas, para que las muchachas exhibieran las ricas galas de sus atavíos.

Recordaba que hacía años, la ciudad ya contaba con una Banda de Música, que dirigía Ignacio Nogueras. Luego llegaría a tener dos bandas, aunque entonces solamente contaba con una, que dirigía Tomás Castejón.

La Capilla de Santa María la dirigía Vicente Gallarte, y estaba compuesta por seis músicos (Enrique Narro, Vicente Nogueras, Francisco Pascual, Antonio Montón Marco, Alejo García y Silvestre Vela), con tres infantes. Señalaba que la colegiata guardaba un archivo notable.

La Capilla del Sepulcro estaba a cargo del beneficiado Ildefonso Pardos. Contaba con cinco músicos (Mariano Clemente, José Remacha, José Roig, Enrique Comes y Jacinto García), con otros tres infantes.

Publicado en Noticias | Comentarios desactivados en CASINOS, TEATROS Y CAPILLAS DE MÚSICA DE CALATAYUD EN 1911