REFORMA DE LAS ORDENANZAS DE LA COFRADÍAS DE LOS SOGUEROS Y ALPARGATEROS DE CALATAYUD EN 1717

Por Francisco Tobajas Gallego

            El 6 de abril de 1717 y ante el notario bilbilitano Juan Antonio de Rada, los cofrades de la Cofradía de San Pascual Bailón, instituida en la iglesia de San Francisco de Calatayud, señalaron al alcalde mayor y regidores de la ciudad, que en su oficio era peculiar el uso del rastrillo, que utilizaban también talegueros y alpargateros. De un tiempo a esta parte, se había dejado entrar a la ciudad cáñamo rastrillado por forasteros.También algunos vecinos, que no eran maestros, compraban cáñamo en rama que, una vez rastrillado, lo vendían en su perjuicio. Por esta razón pedían que se prohibiera rastrillar cáñamo a los que no fueran maestros. A los vecinos les estaría permitido rastrillar hasta 10 arrobas de cáñamo en rama por año, para uso de su casa y familia. También pedían que los aprendices de este oficio, cumplieran cinco años con maestros examinadores de la ciudad, otorgando testimonio y juramento.

Fotografía: Gonzalo de Repáraz Ruiz. ICGC

            Por estas razones expuestas, los regidores estatuyeron que ningún forastero podría entrar ni vender cáñamo rastrillado, que no fuera en el Peso Real de la ciudad, pidiendo para ello licencia al regidor del mes, bajo una pena de 60 sueldos.

            Añadieron que ningún vecino podría rastrillar cáñamo en rama, con pena de 60 sueldos. Solamente podrían hacerlo hasta 10 arrobas al año, con la misma pena. No sería admitido en la cofradía nadie que no hubiera cumplido cinco años de aprendiz, con juramento.

            Las piezas trabajadas serían de las especies, medidas y calidades siguientes: Las sogas de carro serían de 16 hilos, así recias como delgadas, y de 16 brazadas de largo, que comprendían 32 varas. El cordel valenciano sería de cáñamo rastrillado y llevaría 6 hilos. Cada mazo debía tener 14 varas de largo. Las sogas de cama y de acarrear, tendrían 40 varas de largo y debían llevar 12 hilos. El hilo para colchones sería de cáñamo rastrillado y cada mazo llevaría, después de rematado, 16 varas. Las trilladeras sueltas de dos piernas habían de ser de hilo, de trama y urdimbre, y de 5 cuartas de largo, bien hechas y rematadas. El cordel común o basto debía ser de tres hilos y cada mazo sería de 16 varas de largo. Las cinchas pegadas serían de cáñamo rastrillado, urdidas y tramadas con hilo doble, de 5 palmos de largo. Las cinchas maestras serían de cáñamo rastrillado, de 7 cuartas de largo. Las juñideras serían de 2 varas y media de largo. Los atarriones de jalma tendrían 5 cuartas de largo, de pinta a pinta. Los atarres de morlas serían de 5 cuartas de largo, el tarre mediano de 1 vara y el tarre pequeño de 3 cuartas, fueran dobles o sencillas. Los dobles serían de cáñamo rastrillado. Las jatinas serían de 5 cuartas de largo, urdidas y tramadas con hilo doble de cáñamo rastrillado. Los trascales tendrían 5 varas de largo.

            El cáñamo rastrillado se había de rematar bien espadado y bien calado de rastrillo, sin mezcla de color ni diferencia de otro cáñamo. Debía venderse separado el padrón del hijuelo y el hijuelo del padrón. Las corriagas serían de cáñamo rastrillado y, después de rematadas, debían de tener 5 cuartas de largo. Las cinchas ordinarias sencillas habían de ser de hilo sencillo, tramadas con estopa, teniendo de largo 3 cuartas y media de largo. Las de sobre carga debían tener una vara de tejido a tejido, siendo de de hilo doble, de cáñamo rastrillado. La cincha doble debía ser de hilo doble y de la medida de la sencilla, que era de 3 cuartas y media. Las sogas comunes serían de 12 hilos cogidos a lo largo, teniendo 9 varas de largo. Los lazos o cabos de moro debían de ser de 8 hilos y de 6 varas de largo. Los cabestros habían de ser de 12 hilos y de 3 varas y media de largo.

Las cinchas de jalmas serían de trama y urdimbre de hilo doble de cáñamo rastrillado, teniendo de pezuelo a pezuelo 7 cuartas, bien acabadas y rematadas. Las cabezadas de mulas serían de hilo de trama y urdimbre de cáñamo rastrillado, teniendo de largo, de pinta a pinta, 1 vara y media cuarta. Las cabezadas de borrico serían de hilo doble, de trama y urdimbre de cáñamo rastrillado, teniendo de pinta a pinta 1vara. Los collarillos serían de hilo doble de cáñamo rastrillado. De pezuelo a pezuelo tendrían 1 vara de largo. Los collares grandes serían de hilo doble de cáñamo rastrillado, teniendo de pinta a pinta 1 vara de largo. Los cabos de cincha serían de 8 hilos y de 3 varas y media de largo. Los tirantes y cejadores de coche serían de cáñamo rastrillado y de 5 varas y media de largo.

            Todos estos géneros y especies de piezas citadas en esta ordenanza, debían ser trabajadas por el oficio de sogueros, gremio y Cofradía de San Pascual Bailón, con las calidades y medidas señaladas, bajo pena de 60 sueldos para cada una de ellas.

            El 10 de abril de 1717, reunidos: Pedro Manuel González de Cortes, alcalde mayor, Juan Bautista Ramiro, José de Aniñón y Funes, Francisco Aniñón y Marta, José Aparicio, Jorge Martínez Aragón, José de la Jorga, Fernando Navarro de Antillón e Iñigo Fernández de Moros, daban cuenta que la Cofradía de San Buenaventura, fundada en la iglesia de San Francisco, del gremio de alpargateros, señalaba que la ordenanza que había hecho la ciudad a la cofradía el 7 de marzo de 1622, ante el notario Miguel de Ciria, ordenaba que cualquier forastero o extranjero de la ciudad podía vender cualquier género de alpargatas, que fueran conformes en la especie, calidad y ley que prescribían las ordinaciones de este gremio. Antes de su venta, debían ser reconocidas por veedores de este oficio de alpargateros, imponiéndose una pena de 60 sueldos al que no lo cumpliera. La ciudad había otorgado a la cofradía otra ordenanza el 16 de junio de 1665, ante el notario Diego de la Cal, enmendando la de 1622. Entonces se estatuyó que ninguna persona forastera ni extranjera, pudiera entrar ni vender en la ciudad ningún género de alpargatas, con pena de 60 sueldos.

Fotografía: Otto Wunderlich. Archivo Wunderlich, IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte

            Esta ordinación no prohibía la entrada y venta de las alpargatas que se fabricaban en la ciudad, en el reino de Valencia, y en la ciudad de Teruel, pero con la obligación de que, antes de venderse en la ciudad de Calatayud, los veedores de la cofradía las reconocieran y aprobaran, como constaba en esta ordenanza reformada en 1665, por haber crecido considerablemente el número de alpargateros.

            En aquel año de 1717, el número de cofrades y maestros se había doblado, respecto al año de 1665. Entonces se había permitido la entrada y venta en la ciudad de Calatayud de las alpargatas fabricadas en Valencia y Teruel, pues en aquel tiempo había menos maestros en la ciudad. Pero como las alpargatas que entraban de Valencia y Teruel no eran de estos lugares, sino de otros pueblos convecinos, los alpargateros bilbilitanos consideraban que se les estaba haciendo fraude a su gremio. Por ello confesaban que se encontraban en la difícil situación de no poder vender sus mercancías. En las ordenanzas tampoco se especificaba el tiempo que los aprendices debían aprender su oficio. Por todo ello la cofradía pedía a la ciudad unas nuevas ordenanzas, que corrigieran y repararan lo antes expuesto. Viendo que los motivos eran verdaderos, los regidores de la ciudad enmendaron esta parte de las ordenanzas.

            Por ello estatuyeron que, desde aquel mismo día en adelante, se prohibía la venta de todo género de alpargatas, aunque fueran fabricadas en la ciudad de Valencia, Teruel y en otros lugares y villas de España, con pena de 60 sueldos, que se repartirían entre los regidores, la cofradía y el acusador. Los regidores asignarían a los maestros los precios de venta, según coste de materiales, apenando a los maestros examinados el aumento de precio. También señalaron que ninguna persona natural, vecino de Calatayud o forastero, podía ser admitido en la cofradía ni en este oficio, si haber aprendido el oficio con un maestro de esta ciudad, o de otra donde hubiera gremio de alpargateros, por un tiempo de cinco años continuos, mediante relación y juramento. El resto de las ordenanzas quedaron en todo su valor.

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CESE DEL PRESIDENTE DEL CEB: JESÚS GIL ALEJANDRE

De acuerdo con lo establecido en el Estatuto del CEB, Jesús Gil Alejandre ha presentado su cese como presidente, con fecha de 26 de abril de 2026, al haber transcurrido cinco años desde su elección en 2021.

A partir del lunes, 27 de abril, y siguiendo el protocolo establecido en el Estatuto del CEB en su anexo I, se hace cargo de la dirección del mismo una comisión gestora, que estará formada por los actuales miembros de la comisión permanente, coordinada por su secretaria, María Jesús Sánchez Gormaz y se convocan nuevas elecciones, siguiendo el proceso electoral establecido en la normativa interna que lo regula.

El CEB agradece la colaboración durante estos cinco años de consejeros, colaboradores, asociaciones e instituciones que se han integrado en el proyecto del CEB, centrado en la investigación, defensa y divulgación del patrimonio de la comarca de Calatayud.

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EL ARCHIVO DEL MONASTERIO BENEDICTINO DE CALATAYUD SE TRASLADA AL ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE HUESCA

Por Francisco Tobajas

El 16 de marzo de 2026, el Gobierno de Aragón y la Congregación monástica de Santa Hildegarda han formalizado un contrato de comodato, por cinco años prorrogables, destinado a garantizar la conservación, protección y difusión del Archivo del Monasterio de Santa Cruz de Jaca, que incluye documentos de San Juan de la Peña. También se formalizará otro comodato con el Archivo del Monasterio de San Benito de Zaragoza, que cuenta con los fondos del Monasterio de San Benito de Calatayud y del Monasterio de la Encarnación de Corella, Navarra, que se fusionaron en el citado monasterio benedictino de Zaragoza, actualmente sin religiosas.

            El comodato articula una fórmula jurídica que, manteniendo la titularidad de los Monasterios de Jaca y Zaragoza, facilita la conservación, el tratamiento archivístico y el acceso a la documentación.

El director del Archivo Histórico Provincial de Huesca, Juan José Generelo, aseguró que van a estar accesibles a finales de este mismo año, con un portal monográfico en Dara Aragón.

            El archivo del Monasterio de Santa Cruz de benitas de Jaca documenta la actividad del monasterio, fundado a comienzos del siglo XI en Santa Cruz de la Serós y trasladado a la ciudad de Jaca en 1555, sin ruptura institucional ni archivística. Su cronología se extiende desde el siglo XI hasta el siglo actual.

            Este fondo incluye documentos medievales en pergamino y otros de la época moderna y contemporánea, con documentación económica, patrimonial, jurisdiccional e  interna de la comunidad. Destaca un antifonario del siglo XII, sesenta pergaminos, entre los siglos X y XVII, y una serie muy completa de cartas de profesiones monásticas, desde el siglo XVI al actual.

            El fondo del Monasterio de San Juan de la Peña corresponde a la parte que, tras los procesos desamortizadores del siglo XIX, no se incorporó a los depósitos estatales y quedó bajo la custodia de la comunidad de benitas de Jaca. Su incorporación en comodato, permitirá completar las series conservadas en el Archivo Histórico Provincial de Huesca y en el Archivo Histórico Nacional.

El fondo de Calatayud conserva documentación desde el siglo XVI, con numerosos libros de gobierno interno, elecciones, profesiones, defunciones y una rica documentación económica y patrimonial.

El fondo de Corella documenta la vida del monasterio desde su fundación en 1669, hasta la época reciente, e incluye además documentación personal de especial interés histórico vinculada a sus protectores.

El 26 de julio de 1969 llegarían las primeras monjas de Calatayud al nuevo monasterio de Zaragoza, para adecentar las celdas. El 31 de julio siguiente se cerraría el Monasterio de Calatayud. Acompañaría a la comunidad su capellán Ildefonso Pardos. El 6 de julio de 1970 se vendería este monasterio benedictino bilbilitano.

En el fondo del monasterio de San Benito de Calatayud se echa en falta el libro primero, que recogía la fundación de este monasterio. Cuenta con otros libros con las elecciones de abadesas desde 1515, las donaciones, rentas, cabreos de censales, tomas de hábitos y profesiones, con otros libros de contabilidad.

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RAIMUNDO GASPAR MARCONEL

Por Francisco Tobajas.

Nació en Calatayud el 2 de septiembre de 1902. Se trasladaría a corta edad a Valencia, donde su padre, Raimundo Gaspar Lausín, tenía un negocio de abonos y semillas. Pronto abandonaría los estudios, para dedicarse a la Música y al piano. A los diecisiete años pasaría a Madrid, donde estudiaría Composición con Conrado del Campo. Llegaría a ser un excelente pianista, aunque rechazaría la oportunidad que le concedería el director de la Filarmónica de Madrid, Bartolomé Pérez Casas. Entre sus composiciones se encontraba una Sonatina y una Suite, de cinco canciones con poemas de Marinero en tierra, de Rafael Alberti.

La Voz de Aragón del 12 de noviembre de 1926 informaba que la Unión Radio de Madrid iba a emitir un concierto del pianista y compositor Raimundo Gaspar, con obras de Rameau, Bach, Chopin, Rachmaninoff, Grieg, Debussy y Granados, entre otros, con un Nocturno del mismo Gaspar.

Contraería matrimonio en Valencia en 1927, pasando a residir a Madrid. En 1933 se trasladaría a Zaragoza, donde conocería a Tomás Seral y Casas, participando en la revista Noreste (1932-1936).

Publicaría dos libros de poesía, Injerto, 1933, Tip. Gráficas Reunidas, Valencia, y Pimpin, 1934, editorial Cierzo, Zaragoza, que dirigía el mismo Seral y Casas. Merecería reseñas de García Cabrera, en la Gaceta del Arte, y de Ildefonso Manuel Gil en Literatura. En Noreste se anunciaría un nuevo libro Rapor de viaje, que no vería la luz. Colaboraría también en la Revista de Occidente, Isla, A la nueva ventura y Ecclessia. Antes de la guerra civil trabajaría en Zaragoza y en Calatayud, en el negocio familiar de cereales y abonos, y como profesor particular de piano. Al acabar la guerra civil se trasladaría a Valencia, donde publicaría con Ricardo Orozco la revista El sobre literario. Quedaría sin publicar otro libro de poemas titulado Sinfonía del camino, de hacia 1942. Una parálisis progresiva lo iría apartando de sus actividades literarias y musicales. Fallecería en Valencia el 16 de febrero de 1955.

En el número de verano-otoño de la revistas Noreste, aparecieron tres textos poéticos de Gaspar, bajo el título de Laboreo. En uno de ellos escribía que el jardinero se había vuelto poeta. Poeta de sí mismo. Y añadía: Ordenaremos el jardín de nuestro vivir, y en nuestro vivero, sabremos hacer flores bellas de otras torpes y rústicas. Alquimia viva y natural, injerto.

En el número de la primavera de 1934 de Noreste, se publicarían algunos poemas del libro de Pimpin, que estaba próximo a publicarse. En el número del verano de 1934 se informaría que en ediciones Cierzo había aparecido el libro de poesía Pimpin, de Raimundo Gaspar. En el número de otoño de 1934 se publicaría unas notas críticas a Pimpin. En ellas se decía que el libro estaba al margen de toda métrica, y en ello se encontraba su mayor elogio, pues la voz se sentía atolondrada, ligera, amiga de ideas, desligada de toda coacción preceptista. Y añadía que la sinceridad, cuando lo es realmente, no puede quedar encajada entre prejuicios prefijados. Y el libro de Gaspar, donde se vertían ideas, era un alto exponente de sinceridad. La voz honda del libro recordaba a los rapsodas orientales, encontrando en él un fuerte panteísmo. Sobre todo, en el libro flotaba un cariño claro y cordial, un temblor efusivo, acento propio y sereno, que va vertiéndose en imágenes, en emociones, libres de leyes y reglas, libre de prejuicios literarios, limpio, claro, lleno de emoción.

Tomás Seral organizaría una cena-homenaje en la Posada de las Almas a Raimundo Gaspar, por la publicación de su libro Pimpin, y a Ildefonso Manuel Gil, por La voz cálida. Al final, cada uno de los poetas, obsequiaría a los presentes con la lectura de un poema propio.

A partir del número de invierno de 1934, Raimundo Gaspar aparecía como editor de la revista Noreste, junto a Seral y Casas, quien le dedicaría un poema de su libro Cadera del insomnio, 1935.

De Injerto, Tip. Gráficas Reunidas, Valencia, 1933.

Bien quisiéramos decirte: mira

la vida, abrázate a las cosas.

Pero es muy dura su luz para ti.

Tendrás que vivir sola en tu mundo.

¿Eternamente?

Solo el ruido

De un carro

En el silencio de lo azul.

                        Qué mayor alegría, si la tristeza

va a servir para que vengas

tú a vernos; y la soledad para

estar más acompañados,

y la noche para que llegue la aurora.

Sabía tanto, que quiso verte

con sus ojos. Y para decir

que no te veía, construyó, él solo,

como un titán, en el aire

un castillo de hadas,

sin creer en ellas.

De Pimpin, (1932-1933), Ediciones Cierzo, 1934, con dibujo en la portada de R. Roca.

   Acaso no somos

sino un pensamiento

que nos estamos

realizando,

que estamos dando

 a los otros

con toda nuestra vida

y que, acaso,

ni nosotros mismos

logramos

entender.

Cuánto amo este cinismo,

que,

prácticamente,

me enseña

a ser bondadoso.

Amo tanto a las cosas

que solamente sé vivir

en ti,

nido cálido

de todas ellas.

Qué lucha entre

tú y yo,

qué lucha.

Qué lucha

Para hacerme

tú;

qué lucha

para hacerte

yo.

No sigas, no,

adelante;

estate quieto

en tu sitio,

y a martillazos:

haciéndote,

haciéndote,

haciéndote.

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CHARLA CÁÑAMO DE CALATAYUD Y COMARCA

A cargo de Luis Varga Aldana

Martes, 10 de marzo a las 19:00h. en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Calatayud, plaza Costa.

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