EL PROYECTO DEL ARQUITECTO BILBILITANO JOSÉ MARÍA LAFUENTE VILLALBA PARA LA RESTAURACIÓN DE LA ERMITA DE SAN ROQUE DE SAVIÑÁN

Por Francisco Tobajas Gallego

En el acta municipal del 1 de agosto de 1931, el Ayuntamiento de Saviñán acordó invitar al pueblo, para que contribuyera con sus donativos a la reparación de la ermita de San Roque. El Noticiero de Zaragoza informaba el 21 de agosto de ese mismo año, que el Ayuntamiento de Saviñán había abierto una suscripción popular para recaudar fondos, con el fin de restaurar el estado ruinoso en que se encontraba la ermita de San Roque.

            En el acta del 8 de julio de 1940 se nombraban a los concejales Pascual Sanjuán Mené y Francisco Pina para que representaran al ayuntamiento, formando parte de una Comisión que, junto al párroco y a otras personas, vieran el modo de reunir recursos para la restauración de la ermita de San Roque. Esta nueva comisión debió dar el empuje definitivo para el comienzo de las obras.

            Gracias a Mariano Pina Crespo conozco el Proyecto de Reparación de la ermita de San Roque, con la Memoria, Mediciones, Presupuesto y Planos de aquellas obras, debidas al arquitecto bilbilitano José María Lafuente Villalba, además de un cuaderno manuscrito, dónde la Comisión de Obras iría apuntando, día a día, los gastos ocasionados, con los ingresos y donativos recogidos.

En la Memoria del arquitecto se decía que se observaban grandes grietas verticales en todos los muros de la ermita. Estas grietas eran debidas a que el material de los muros, de mampostería y ladrillo con mortero de cal, se había disgregado al estar a la intemperie. Debido al empuje de los arcos torales, los contrafuertes exteriores donde apoyaban se habían separado del muro, girando en la dirección del empuje, debido también a la mala unión de los materiales. Esto ocasionaba que las bóvedas y los arcos estuvieran agrietados en la clave, con inminente peligro de derrumbamiento. La cubierta de madera sobre las bóvedas también estaba en mal estado, agravando su deterioro. Añadía que, quizá ya en el siglo XIX, se había elevado la altura de las naves de la ermita y sobre el atrio se había añadido un cuerpo en toda su altura, para que sirviera de coro. Por ello se había abierto un gran arco en el antiguo muro que hacía de fachada principal, ocasionando grandes grietas en los arcos del atrio de la ermita.

            José María Lafuente describía en su Memoria las obras necesarias a llevar a cabo. Primeramente, se derribarían las bóvedas de la nave central, excepto la del presbiterio y la cúpula sobre pechinas del crucero, que estaban en buen estado. Para evitar el empuje de las bóvedas y de los arcos, se haría una cadena corrida de hormigón armado en todos los muros, a la altura del apoyo de las bóvedas, para absorber dicho empuje. Los arcos torales se atirantarían por medio de dos varillas de veinte milímetros, ancladas convenientemente en la cadena de hormigón. Las bóvedas se reharían con dos roscas de ladrillo macizo y los arcos torales de un pie y medio de espesor. Se derribaría por completo el cuerpo de la entrada, dejando la nave principal como antaño, rehaciendo solamente el atrio de una sola altura. La cubierta se haría toda nueva, con armadura de madera y cubeta de teja árabe a torta y lomo sobre cañizos. Las grietas de los muros se rellenarían, sujetándose con llaves de ladrillo, de cuarenta centímetros de altura, por un metro de anchura, separadas entre sí por alturas de metro y medio. Los muros interiores se pintarían a la cal, los exteriores se jaharrarían y se estucarían a la cal. El suelo de la ermita se embaldosaría con baldosa hidráulica y el atrio con baldosín estriado. El presupuesto, con la carpintería y cristalería, ascendía a 97 202’80 pesetas, a las que había que añadir los honorarios del arquitecto y del aparejador, resultando un total de 102 257’34 pesetas. Este proyecto lo firmaba el arquitecto en Calatayud en abril de 1943, siendo visado en el Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón y Rioja el 2 de junio siguiente.

            Los gastos aparecen anotados desde abril de 1942 en este cuaderno manuscrito, recogiendo los portes y acarreos de la madera, cañizos, clavos, trócolas, yeso, cemento, picos y cubos. Los jornales se anotaban por semanas. El arreglo del campanillo ascendió a 200 pesetas y el perro del santo costó 90 pesetas. Hasta el año 1951 los gastos registrados ascendieron a 155 220’75 pesetas.

            Entre los ingresos se recoge que en marzo de 1942 el párroco había entregado 250 pesetas del teatro. El 20 de abril se anotaban 660’15 pesetas de la suscripción vieja. En mayo de 1942 se rifaría una maqueta del Pilar. En el acta municipal del 6 de abril de 1942 se apuntaba que se enajenarían los bienes de valor propios de la ermita, en caso de ser necesarios para su restauración. Asimismo, se acordaría que el ayuntamiento nombrara el día del Corpus a la comisión encargada de organizar las fiestas de san Roque, para evitar que sucediera lo de años precedentes.

El 30 de agosto de 1943 hay anotadas 6000 pesetas de la venta de las Marías y el 12 de febrero de 1944 se vendería un retablo que no se detalla por 10 000 pesetas. El 31 de julio de 1944 se anotaban 500 pesetas del sobrante del peirón de la Virgen del Pilar. En 1946 se sortearía una radio. En 1947 se consignaba la venta de fotografías por Tomás Asensio, de fotografías de san Roque y de programas, con sus correspondientes anuncios. También se hacían participaciones de lotería de Navidad y se vendían las maderas viejas, la palomina y los materiales sobrantes.

La lista que aparece de donantes es interminable. Todos los vecinos entregaron alguna cantidad, en medida a sus posibilidades. Tampoco faltó con su apoyo el ayuntamiento, el obispo de Tarazona, el gobernador y hasta el paisano Álvarez, desde Buenos Aires. Resulta emocionante encontrar donaciones de 500, 1000, 3000, 5000 y hasta de 10 000 pesetas, con otras de 5, 3 y 1 peseta. Los ingresos consignados hasta diciembre de 1951 ascendieron a 155 324’50 pesetas.

            En 1947, a instancias del párroco y de varios devotos de san Roque, se reorganizaría la cofradía con la finalidad de asegurar los actos religiosos tradicionales, dejando que la Comisión de Fiestas organizara y costeara los actos profanos. Los cofrades debían celebrar y costear las fiestas de los días 15, día de la Virgen, 16, día de san Roque, y 17, dedicado a los cofrades difuntos. Tras la misa del día 17, se celebraría una reunión en la sacristía, para distribuir los cargos para el año siguiente y pagar la cuota correspondiente para costear los gastos religiosos. Como Pascual Sanjuán Mené había sido alma de las obras de la ermita, se acordaría que fuera él el prior de ese año de 1947, como premio a su larga labor. Como abanderado fue elegido Jesús Gimeno Sanjuán, ocupando el resto de los cargos las personas que seguían a éste en la lista general que no conocemos. Los gastos ascendieron aquel año a 805 pesetas. Fueron ocasionados por el pan bendito, los tres sermones, los viajes y el hospedaje del predicador, el gasto de luz y las bombillas, la novena y las fiestas de la Virgen, de san Roque y de difuntos.

            Para las fiestas de san Roque de 1947 se editaría un programa. En él la Comisión de Obras informaba que todavía quedaba por tapar y colocar crucetas en las grietas de los muros exteriores, y recoger las boca tejas de los aleros. Por ello no había sido posible presentar un balance de cuentas. Según la comisión, la obra había pasado por muchas vicisitudes, defecciones, crisis, penuria, cuando no carencia total de materiales, precios altísimos, escasez de medios constructivos, etc., etc., pero todo se ha ido salvando, gracias a los ingresos que con toda oportunidad iban surgiendo; a la reconocida competencia de los señores arquitecto y aparejador de la obra, D. José Mª Lafuente y D. Bienvenido Daina, sin olvidar al maestro albañil Pedro de la Concepción, decorador don Manuel Pericás y demás artistas, encargado Juan Lacruz y humildes obreros que en la misma han intervenido, a todos nuestro agradecimiento. También le dedicaban un recuerdo a Nicolás Villalba, miembro de la comisión, que no había podido ver la obra terminada.

Fotografía de Francisco Tobajas

            La Banda de Música de La Almunia, con el maestro Gimeno, llegaría el día 14, entrando en el pueblo a los acordes del pasodoble Sabiñán,del maestro Marquina. El día 15 se celebraría procesión y misa, con sermón del capuchino Gregorio de Abaszuza. Por la tarde habría vísperas y completas en la ermita de San Roque, tras veinte años cerrada por estado de ruina. El día de san Roque se celebraría misa en la ermita, a la que se invitaría a Alfredo Sarto, principal donante de las obras, al arquitecto y al aparejador. Aquel año se instauraría la costumbre de llevar la reliquia a los cofrades enfermos. Habría también carreras pedestres y de bicicletas, bailes, encierros de vaquillas y un cuadro de cantadores y bailadores de jota, dirigidos por Matías Maluenda, que había conseguido el primer premio en el Certamen Oficial de Jota de 1946, a los que seguiría una ronda.

Fotografía Familia Pina-Gracián

            El prior escribía en el programa una bella y emotiva ofrenda a san Roque: Con todos mis respetos y todos mis amores/ mis esperanzas todas y toda mi humildad./ de rodillas me tienes, ¡Oh, glorioso San Roque!/ valedor del que sufre, curador de su mal./ No vengo a suplicarte prebendas ni favores,/ ni aquello que a tus ojos pudiera merecer./ Pues aunque muchos vean la ocasión de pedirte/ yo creo que aun estamos en hora de ofrecer./ Vengo pues a ofrendarte de mi vida cansada/ lo mejor que aún le quede de entusiasmo y fervor./ Y a tus pies peregrinos, buscadores de males/ humilla mi trabajo, mi desvelo y honor./ No mires el ropaje de estas pobres endechas/ que brotan de mi pecho sentidas como ves./ Yo sé que lo que pide quien va peor vestido/ está siempre más cerca de que tú se lo des./ Y porque se buen Santo que no sabes de olvidos/ y quieres que este pueblo sea tuyo otra vez…,/ Tan sólo esto te pido. Que veles por tus hijos./ Restaura sus costumbres y acrecienta su fe.

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