La familia infanzona de los Gil de la Corona

Francisco Tobajas Gallego

            Los Gil de la Corona comenzaron su relación con Saviñán a finales del siglo XVIII, con el matrimonio en 1792 entre Antonio Gil de la Corona y Sanz de Pliegos y Josefa Yepes del Campillo. Esta familia infanzona de los Gil de la Corona, todavía posee su casa solariega en Urrea de Jalón, con su escudo nobiliario, donde se representan dos peces, que declaran su origen cántabro, de donde parece ser originario este apellido. Vecina a ella se levanta la casa solariega de la familia Trasobares. Anteriormente, los Gil de la Corona habían sido vecinos de la villa de Ejea de los Caballeros.

            Como caballero hijosdalgo residente en Ejea, Juan Antonio Gil de la Corona participó en las Cortes del Reino de Aragón de 1702-1704. Para ser insaculados como diputados y para su habilitación, los hijosdalgo presentaban sus ejecutorias de infanzonía: firma en propiedad, firma posesoria, firma titular, firma sobrecarta y reales privilegios de caballeratos. Eso demostraba que entre los hidalgos existían diversos grados de infanzonía.        En estas Cortes de 1702-1704 también participó el hijosdalgo José Martínez, de Saviñán.

            En el padrón de infanzones e hijosdalgo del corregimiento de las Cinco Villas, llevado a cabo el 28 de diciembre de 1787, no aparecía ningún Gil de la Corona en Ejea.

            El 26 de agosto de 1721, el rey resolvió que la Audiencia escuchara a Antonio Gil de la Corona, sobre la restitución de unos bienes que le pertenecían y estaban secuestrados en la villa de Ejea.

            En 1750, Agustín y Andrés Gil de la Corona señalaban que en Ejea residían infanzones, que estaban insaculados en las bolsas de los oficios de la villa, como eran: justicias, jurado mayor y segundo, y síndico de Cortes, donde no se admitían a los demás vecinos que no fueran infanzones. Desde tiempo inmemorial, hasta doce años a esta parte, había habido una familia llamada Gil, cuyos descendientes por línea masculina, habían sido reputados por infanzones e hijosdalgo de sangre y solar conocido. Para distinguirse y diferenciarse de las otras familias del mismo apellido, habían tomado el renombre de Gil de la Corona, por haber tenido radicado su domicilio en el barrio y calle de la Corona de esta villa, cuyos descendientes varones habían sido reputados por infanzones, insaculándose en las bolsas de los expresados oficios, gozando de todos los honores y prerrogativas de los infanzones, sin contradicción alguna.

            Hacía como ciento cincuenta años, que la familia había tenido un varón llamado Juan Gil de la Corona, que había casado en Ejea con Sabina del Bosque Díez Cruzat. Su hijo Juan Casimiro había contraído matrimonio en Ejea con Antonia Garria, y en segundas nupcias con Francisca Piñón, también en Ejea. De su primer matrimonio, Juan Casimiro había sido padre de Juan Antonio y del segundo de Agustín.

Escudo de los Gil de la Corona

            Juan Antonio había contraído matrimonio en Ejea con María Navarro, siendo padres de Andrés. Hacía unos cuarenta y dos años, que Juan Antonio había mudado su domicilio a Urrea de Jalón, donde era tenido por infanzón, sin pagar pechas ni cargas concejiles. Agustín había casado con Teresa Larcada, siendo padres de Pedro. En 1743-1745, Agustín aparece como notario domiciliado en Zaragoza. En 1779, Pedro era vecino de Zaragoza.

            Andrés Gil de la Corona Navarro había casado en Urrea de Jalón con María Sanz de Pliegos, siendo padres de Antonio y Mariano.

            En 1701, a instancia de Juan Antonio Gil de la Corona, la Corte del Justicia le había concedido unas letras de firma posesoria de infanzonía a su favor y en 1719 solicitó que se le concediese sobrecarta de esta firma, que se despachó en 1745. Por auto de 20 de abril de 1746, se mandó que el ayuntamiento de Urrea empadronara a Andrés Gil en  la lista de infanzones. En 1750 se mandaba despachar Real Provisión, para que se notificara a los ayuntamientos de Ejea, Urrea y Zaragoza, y al conde de Aranda, por si tuvieran que alegar sobre su contenido en diez días.

            El 6 de febrero de 1727, el conde de Aranda nombró a Juan Antonio Gil de la Corona, secretario del ayuntamiento de Urrea de Jalón. El 29 de octubre de 1759, al quedar vacante esta plaza, el conde de Aranda nombraba nuevo secretario del ayuntamiento y del Juzgado a José y a Juan Francisco Baquerizo, respectivamente.

            Ante el notario Juan Francisco Baquerizo, de Urrea de Jalón, Juan Antonio Gil de la Corona, notario real, y María Navarro, vecinos de Urrea de Jalón, otorgaron testamento el 21 de julio de 1753.

            En él señalaban su deseo de ser enterrados en la parroquia de esta villa, gastando por cada uno de ellos 57 libras. El sobrante de todos los gastos funerarios, se aplicarían en misas. Debían celebrarse cien misas en el convento de San Cristóbal de Alpartir y el resto las dejaban a disposición de Fr. Juan Gil de la Corona y Fr. Francisco Gil de la Corona, sus hijos frailes de la orden de San Francisco.

            Debían pagarse todas sus deudas. Nombraban herederos a Fr. Juan, Fr. Francisco, Andrés, María Antonia, Isabelana y Catalina, sus hijos.          De gracia especial dejaban 50 libras a María Antonia en ropa blanca, o en otra especie que a sus herederos pareciera, una vez trascurridos tres años del fallecimiento de los testadores.

            A su nieta María Magdalena, hija de Andrés Gil de la Corona y María Pliegos, le dejaban de gracia especial seis sábanas, tres de lino y tres de cáñamo, para cuando tomara estado. Y para este fin le cedían también, el derecho que les pertenecía del cobro del legado del licenciado Francisco García, por su hijo Fr. Francisco Gil, según constaba en su testamento, otorgado antes de su profesión en el convento de Jesús de Zaragoza, a excepción de 100 reales, que servirían para que este último socorriera sus necesidades. Nombraban herederos del resto de los bienes a sus hijas Isabelana y Catalina. Y ejecutores de su testamento a sus hijos Fr. Juan, Fr. Francisco y Andrés, y a Agustín, hermano del otorgante, domiciliado en Zaragoza.

            En Urrea de Jalón y ante el mismo notario, el 10 de enero de 1758, María Navarro, viuda de Juan Antonio Gil de la Corona, como heredera, según su testamento otorgado el 21 de julio de 1753, nombraba procurador a Eusebio Estepa, su yerno y vecino de Urrea, para que en su nombre pudiera recibir y cobrar dinero de pensiones de censales, treudos y arrendamientos. También le daba poder para pleitos. En virtud de este poder, Eusebio Estepa nombraba en Zaragoza, el 9 de mayo de 1758, a varios procuradores para pleitos de la Real Audiencia de Aragón.

            El 16 de enero de 1770, una Real Provisión del Real Consejo señalaba que un pleito, que en grado de revista se seguía en la Real Audiencia, entre Manuel de Pliegos y Antonio Gil de la Corona, sobre pertenencia de bienes, se viera con los ministros de una sala, no de las dos salas como se había pedido, y con asistencia del regente. Antonio Gil de la Corona, oficial del Cuerpo de voluntarios de Infantería de Aragón y residente en la Corte, Jacinto Compaño, que estaba casado con Mª Antonia Pliegos, vecinos de Zaragoza, y José García Pliegos, labrador y vecino de Urrea de Jalón, seguían un pleito en la Real Audiencia con Manuel Pliegos y otros, sobre la pertenencia de varios bienes, que constaban en el testamento otorgado por Miguel Pliegos, por fallecimiento de su hijo Manuel sin haber tomado estado.

            El 12 de septiembre de 1792 y ante el notario de Morés, Pedro Enguid, Pedro Santos Gil, labrador de Cariñena, procurador de su mujer Manuela López, vendía a Antonio Gil de la Corona, capitán retirado del Regimiento de Voluntarios de Andalucía y vecino de Urrea de Jalón, 72 sueldos de censo, que se debían pagar el día de la fecha de la escritura, por 220 libras de propiedad, que reconocía haber recibido.     

            El 26 de noviembre de 1792 y en Saviñán, Antonio Gil de la Corona y Sanz de Pliegos, capitán agregado al Estado Mayor de Zaragoza, casaba a las seis de la tarde en casas de la novia, con Josefa Yepes del Campillo (1769-1862). Y el 3 de diciembre en el palacio del conde de Aranda de Épila, ante Joaquín Castar, racionero de la iglesia de la villa y en presencia del regente de Saviñán, ratificaron sus consentimientos Antonio Gil y Josefa Yepes, en orden al matrimonio que Ignacio Gil, procurador de Antonio Gil, había acordado con Josefa Yepes. En Urrea nacerían los tres hijos del matrimonio de los que tenemos noticia: Francisco (h1804-1846), Soledad, que casaría en Saviñán y en 1852 con Camilo Sanz Marqueta, de Brea, y Antonio (h1810-1886). La familia pasó a vivir a Saviñán antes de 1846, año que los libros parroquiales de San Pedro, registraban el fallecimiento de Francisco Gil de la Corona Yepes, que se enterró en el cementerio de la Señoría.

            Ignacio Gil de la Corona, procurador de su pariente Antonio, residía en Morés, donde su familia ya estaba asentada a principios del siglo XVIII. Ignacio Gil Cortés casaría con Francisca Melús Gracián, siendo padres en 1737 de Ignacio, que casaría con Francisca Lafuente Serrano. Serán padres de: Ignacio, que casaría en 1800 con Teresa Garcés, Rosalía, que casaría en 1801 con Pascual Chueca Martínez, Feliciana, que casaría en 1811 con Joaquín Lozano, y Joaquina, que casaría en 1813 con Celidonio Elizaga. A esta familia pertenecía el escritor y político Faustino Sancho y Gil (1850-1896).

            Antonio Gil de la Corona Yepes (h1810-1886) casó en Saviñán en 1858 con Manuela Trasobares Gil de la Corona (h1829-1883). El matrimonio tuvo al menos tres hijos: Antonio (1859-1859), Isidro (1860-1862) y Francisco (1863-1912). El 6 de marzo de 1885, a las seis de la tarde y en casa de la habitación de la novia, casaban Francisco Gil de la Corona Trasobares con Carmen Gracián Campos (1861-1947). Su hija Manuela Gil de la Corona Gracián casó en 1914 con Nicolás García Fando, de Ricla. El matrimonio tuvo dos hijos: Francisco (1915-1938) que falleció en Cella durante la guerra civil, siendo alférez provisional, y Fernando (1917-1987), que casó en 1944 en Santa Engracia de Zaragoza, con Teresa Renovales Chiloeches.

            Documentos consultados:

Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, AHPZ, Informes probanza de nobleza, P/001786/0016.

AHPZ, Nombramientos de oficios públicos, P/001786/0010.

AHPZ, Reales Órdenes, J/001096/0024, J/000853/0004 y J/000855/0016.

Archivo Municipal de Calatayud, notario Pedro Enguid, Libro 0002461.

Archivo Parroquial de Saviñán, Quinque libri de la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.

Fantoni y Benedí, R. (1996): «Caballeros hijosdalgo en las Cortes del Reino de 1702-1704 residentes en las provincias de Zaragoza y Teruel», Emblemata, 2, 165-182.

-(1999) «Padrón de infanzones e hijosdalgo del corregimiento de las Cinco Villas, 1737-1787», Hidalguía, 273.

Publicado en Noticias | Etiquetado | Comentarios desactivados en La familia infanzona de los Gil de la Corona

Algunos datos sobre el escultor José Quílez

Francisco Tobajas Gallego

            La figura del escultor bilbilitano José Quílez es muy desconocida. En 1682 se documentaba en Bañón, en una comanda junto a otros escultores, y en 1689 y 1692 en San Martín del Río, junto a su esposa. José Gracián, en sus Notas para la historia de Saviñán, señalaba su participación en los retablos de Santa Ana, de la Virgen del Pilar y del Santo Cristo, de la parroquial de Saviñán. También hacía responsable a la familia Quílez del tabernáculo de la capilla de la Virgen del Rosario, pero sin aportar documentos.

            El 5 de noviembre de 1703 y ante el notario Pascual Antonio Cebrián, Pedro Lorente, infanzón domiciliado en Zaragoza, y José Quílez, maestro escultor y vecino de Calatayud, acordaban una serie de pactos:

            José Quílez debía trabajar un retablo para la capilla que poseía Lorente en la parroquial de Cervera, bajo la invocación de San Miguel. El retablo debía tener dos sotabancos, con el ancho correspondiente, adornado con el dibujo que mostraba la traza. Sobre la mesa del altar debía asentarse su pedestal, adornado con el dibujo que mostraba la traza, con cuatro pinturas que habían de colocarse en él, a costa de Pedro Lorente.

            Sobre el pedestal debían asentarse cuatro columnas salomónicas, adornadas de talla, con sus entre columnas adornadas con sus marcos y dos estatuas de escultura, una de San Pedro y otra de San Pablo, con sus repisas, donde se sentarían las tallas y encima sus tarjetas. En medio del cuerpo principal, había de haber un nicho, con un marco recodillado de talla, con la estatua de San Miguel de escultura.

            Sobre el cuerpo principal debía sentarse su cornisa, adornada con medallones de talla de buen relieve. Encima de la caja principal, iría un tarjetón de talla de buen relieve y todo lo demás con el orden de la traza. Sobre la cornisa se dispondría su banquillo adornado de talla y molduras, con el orden que mostraba el dibujo de la traza.

            Encima del banquillo se dispondría en medio un nicho, con su marco recodillado y la talla de San Francisco de Asís. Se adornaría el resto de pulseras, columnas y tarjetas de remate, con las armas de Pedro Lorente.

            Para el centro de la cúpula de la capilla, se haría un florón de talla con relieve.

            Quílez debía dar concluida la obra el 14 de septiembre de 1704. Lorente pagaría 2000 sueldos, en tres plazos. 666 sueldos y 8 dineros al presente, otra misma cantidad a la mitad de sus trabajos y el resto al concluir la obra. Para ello los dos se obligaban con sus personas y bienes.

            El 8 de enero de 1706 y ante el notario Juan Antonio de Rada, José Quílez y Rosa Bigristin, vecinos de Calatayud, imponían a  favor de Isabel García, viuda de Francisco Pérez, 50 sueldos censales, a pagar cada 8 de enero, por 1000 sueldos de propiedad, obligando una casa en la Plaza de la Comunidad, parroquia de San Torcuato, que confrontaba con casa de herederos de Alonso de la Cerda, casas de la capellanía que poseía Juan de Heredia, Plaza de la Comunidad y calle de las Recogidas.

            El 10 de septiembre de 1711 y ante el notario Juan Antonio de Rada, el escultor José Quílez y el maestro de cantería Manuel Ayarza, otorgaban tener una comanda de 2000 sueldos de mosén Miguel Gómez y de mosén Juan de Moros, presbíteros y habitantes de Ateca, limosneros de la fábrica de la capilla y altar de Nuestra Señora de la Peana, que se construía entonces en la iglesia parroquial.

            El 10 de agosto de 1719 y ante el notario Antonio Sanz de Larrea, José Quílez, escultor, José Morata, carpintero, y Antonio Chamarra, rodeznero, otorgaban tener una comanda de 2000 sueldos de la Cofradía de San José, fundada en la colegiata de Santa María. El mismo día, Esteban Sánchez, carpintero, Francisco Paesa, carretero, y José Marco, zucrero, otorgaban tener una comanda de 4000 sueldos de la misma cofradía.

            El 2 de marzo de 1723 y ante Juan Antonio de Rada, José y Francisco Quílez, padre e hijo y escultores, reconocían tener una comanda de 2340 sueldos de Fr. Francisco Tiburcio Carreras, prior de la iglesia de Villalengua.

            El 21 de octubre de 1738 y ante el notario Manuel de Rada, el escultor Francisco Quílez nombraba procurador, para que reconociera tener una comanda de 235 libras, de los conservadores de la última concordia de la ciudad de Calatayud con sus acreedores censalistas, y para que confesara haberlas recibido en su nombre.

            El 11 de febrero de 1740 y ante el notario José de Rada, Francisco Quílez casado con María Aznar, Valero Ramón casado con María Quílez, Antonio Zabalo casado con Josefa Quílez y Pedro Quílez casado con Ana María Miedes, vecinos de Calatayud, señalaban que sus padres José Quílez y Rosa Bigristin, habían fallecido sin haber hecho disposición de sus bienes, por lo que se consideraban herederos a partes iguales, junto a Rosa Quílez, casada con Francisco Arrué, y Teresa Quílez, casada con Domingo Arrué.

            Los arriba nombrados renunciaban a favor de Rosa, Teresa y sus maridos, a los bienes muebles que habían quedado a la muerte de sus padres, con obligación de entregar 24 libras a Pedro y a su mujer, que declaraban haber recibido.

            Para el matrimonio entre María Quílez y Valero Ramón, sus padres les habían asignado una casa en la Plaza de la Compañía de Jesús, que confrontaba con el colegio de la misma Compañía y casa del racionero José Martínez, con obligación de pagar 100 libras al convento de San Pedro Mártir, con 100 sueldos de renta anual. El resto de los hermanos renunciaban como herederos, obligando a Francisco y a Domingo Arrué, con sus respectivas esposas, a pagar al convento de San Pedro Mártir 50 libras, que era la mitad del censal, con las pensiones que devengaran desde entonces, con la facultad de redimirlas.

Publicado en Noticias | Comentarios desactivados en Algunos datos sobre el escultor José Quílez

Presentación: El venerable Ruzola. Calatayud 1599 – Viena 1630

Se trata de una publicación necesaria e imprescindible para conocer con mayor profundidad la figura del bilbilitano fray Domingo de Jesús María Ruzola, más conocido como venerable Ruzola.

Gracias al magnífico trabajo realizado por su autor, Fidel Sebastián Mediavilla, quien ha realizado un minucioso y riguroso estudio de todas las fuentes publicadas hasta la fecha y otras inéditas, descubriremos la sorprendente y azarosa trayectoria vital de este ilustre bilbilitano que alcanzó gran fama, sobre todo, fuera de nuestras fronteras.

Publicado en Noticias | Etiquetado , | Comentarios desactivados en Presentación: El venerable Ruzola. Calatayud 1599 – Viena 1630

CABALGATA DE LOS REYES MAGOS

El año pasado Manuel Saz nos enviaba al correo electrónico del CEB estas copias de imágenes que desde entonces forman parte del Archivo Fotográfico del CEB.
Organizando sus fotografías familiares encontró estas instantáneas donde su padre, Manuel Saz Pérez, participaba en una cabalgata de reyes y en cuyo reverso ponía Calatayud. Las fechas aproximadas oscilan entre 1955 y 1963 pues en esa época sus abuelos vivían en Calatayud.
Gracias a Carlos de la Fuente, consejero del CEB, hemos podido localizar el local donde fue tomada una de las fotografías y a todas las personas que aparecen en ella.

Interior donde aparecen caracterizados los tres Reyes Magos. Sobre la mesa se aprecia la cuna con el Niño Jesús junto a varios paquetes. Varias personas vestidas de fiesta acompañan a los Reyes.
Cabalgata de Reyes con el rey Melchor a caballo y pajes que sujetan las bridas del brioso equino.

Gracias a todos por su colaboración y en especial a Manolo Saz por enviarnos estas sorprendentes imágenes donde su padre, un 5 de enero, al atardecer y siguiendo la tradición, se caracterizó de rey Melchor y formó parte de esta cabalgata bilbilitana antes de que los Reyes dejasen durante la noche los regalos en las casas.

Publicado en Noticias | Etiquetado | Comentarios desactivados en CABALGATA DE LOS REYES MAGOS

EL CENTENARIO DE TOMÁS BRETÓN, LA DOLORES Y EL BOLERO

Francisco Tobajas Gallego

            Tomás Bretón falleció el 2 de diciembre de 1923. El Noticiero, en su número del 7 de diciembre, recordaba que la última vez que Bretón había estado en Zaragoza, había sido en mayo de 1919, con motivo de la fiesta en la que se había interpretado su cantata Aragón, una brillante página musical. También reproducía la entrevista que, para aquella ocasión, le había hecho Fernando Castán Palomar. En ella Bretón confesaba: la jota aragonesa me encanta; yo creo que la jota es el canto popular más hermoso; cuando yo hice La Dolores puse toda mi alma en la jota; y la jota fue un éxito enorme. Bretón recordaba el estreno de su ópera La Dolores en el Teatro de la Zarzuela, pues consideraba que si hubiera estrenado en el Teatro Real, no la hubieran cantado más de cinco noches….

Bretón reconocía que La Verbena de la Paloma y La Dolores, habían sido las obras que más dinero le habían proporcionado. De su rendimiento he vivido hasta hace muy poco tiempo. Bretón reconocía que para zarzuelas ya no le buscaban. Aquellos tiempos de La verbena de la Paloma estaban ya demasiado lejos y el maestro se resignada a no hacer nada.

La ópera La Dolores sería estrenada en el madrileño Teatro de la Zarzuela el 16 de marzo de 1895. El Diario de Zaragoza publicó el 17 de marzo una crónica de su corresponsal en Madrid. Señalaba que el aspecto del teatro de la Zarzuela era brillantísimo y las llamadas a escena habían sido innumerables. Las entradas se habían vendido a precios exorbitantes. Se habían distinguido Simonelli, Alcántara y el barítono Sigler. Bretón había dirigido la obra, saliendo a escena en infinidad de ocasiones. Varios periódicos zaragozanos se hicieron eco del éxito del estreno. César y Santiago Lapuente habían enviado un telegrama a Bretón con sus felicitaciones. El autor de La Dolores había contestado con otro, que preguntaba: ¿Cuándo la pondremos en Zaragoza?.

El 21 de marzo, el Diario Mercantil de Zaragoza recogía que Bretón había estado con anterioridad en Zaragoza, para recoger impresiones. Santiago Lapuente lo había animado a comenzar esta empresa. Junto a Sola, había ofrecido a Bretón varias audiciones, cantando varios estilos, que el músico había escuchado extasiado. Bretón había confiado a Lapuente en carta, que le había hecho bien la estancia en su compañía en Fuentes de Ebro, recogiendo también el ambiente de Calatayud. El Diario de Zaragoza informaba el 23 de marzo, que se había suspendido la fiesta anunciada para el próximo domingo, en obsequio a Bretón y  Lapuente, para celebrarla cuando el músico se trasladara a Zaragoza, con motivo del estreno de La Dolores.

En la sesión celebrada el 27 de marzo por el Ayuntamiento de Calatayud, se había leído una carta que Bretón había enviado al alcalde de la ciudad, en la que le daba las gracias y prometía que cuando tuviera ocasión, demostraría el afecto y cariño que profesaba a esa ciudad.

El Diario Mercantil de Zaragoza publicaba el 3 de abril de 1895, que La Dolores se iba a estrenar en esta ciudad para Pascua de Resurrección. Sería la primera ciudad que iba a saborear esta obra, que había alcanzado en Madrid una entusiasta ovación del público. Anunciaba que los ensayos iban a comenzar en breve y que Ricardo Ruiz, empresario de la compañía que actuaba en el Teatro Principal, buscaba una tiple para La Dolores. Informaba que el pintor y escenógrafo iba a salir aquel mismo día para Madrid, deteniéndose a la vuelta en Calatayud, para tomar datos y fotografías de la Plaza del Mercado de esta ciudad.

El Diario de Avisos publicaba el 4 de abril, que Bretón iba a venir a Zaragoza para presenciar el estreno de su obra. Al día siguiente, el mismo diario informaba que Bretón iba a dirigir su obra la noche del estreno. La empresa del Principal había contratado a la tiple señora González y al tenor Baltrami. Señalaba que el éxito de La Dolores se había celebrado hacía unos días, con un banquete en los jardines del Retiro madrileño. La idea había partido de El Anfiteatro, que era una sociedad de autores y músicos españoles, a la que se habían adherido todos o casi todos los maestros y literatos. Les había acompañado también Feliu y Codina. El banquete, brillante y animado, había sido una segunda fiesta de la jota, en la que habían participado los cantantes Sigler y Alcántara. Feliu y Codina había iniciado los brindis por la ópera española. Sigler había leído varias adhesiones de Calatayud y Zaragoza, una de ellas en quintillas. Santiago Lapuente había recitado unas coplas de Lucas Martínez, pues no había podido entonarlas, al no tener a mano el instrumento. Los de Calatayud habían enviado dos cajas de bizcochos y una carta escrita en baturro, que había leído Justo Blasco. La firmaban, entre otros, Sixto Celorrio y Francisco Lafuente. La Banda del Regimiento de Zaragoza había interpretado fragmentos de La verbena de la Paloma y de La Dolores.

El 9 de abril, el Diario de Zaragoza informaba que en el banquete a Bretón, al descorcharse el champán, se habían leído varias poesías y una carta del Casino de Calatayud, que había sido muy celebrada.

Bretón llegó en el tren correo a Zaragoza el 21 de abril, para asistir a los ensayos de su ópera. Los diarios informaban que ya no quedaban entradas para las tres primeras representaciones de La Dolores. A los ensayos acudieron gran cantidad de curiosos y aficionados, que pagaron dos pesetas, que fueron destinadas a la Casa Amparo. La guardia municipal se haría cargo de esta recaudación.

El 28 de abril, el Diario de Zaragoza informaba del fallecimiento en Calatayud de Benedicta García, madre del director de La Justicia, Darío Pérez. En este mismo número anunciaba el estreno aquella misma noche de La Dolores, con argumento de Feliu y Codina. El periódico adelantaba el acto primero. Los actos segundo y tercero eran casi idénticos a los de la comedia de Feliu, y por esta razón no los publicaba. Informaba que la noche pasada había tenido lugar el ensayo general. Los asistentes no habían pagado entrada, estando el teatro muy concurrido.

Darío Pérez

El 29 de abril, el Diario Mercantil de Zaragoza publicaba que Bretón había tenido la pasada noche una ovación continuada. Al final de todos los actos, había sido llamado y aclamado con entusiasmo. El mismo Bretón había declarado: Si con dos colores se pinta un paisaje, si con dos solos instrumentos nos dan tal riqueza de armonía, ¿qué resultará, si a esto se añade una orquesta nutrida, cantantes de valía, un coro numeroso y una rondalla completa?.

En este amplio artículo se narraba que Bretón había estado en Zaragoza y Calatayud, donde había tomado impresiones. Conoció la Plaza del Mercado y el mesón alusivo de la copla. Una noche, varios amigos le invitaron a un banquete. Tras la tertulia, una rondalla rompió el silencio de la noche. Al sentir los aires de la jota, los comensales habían salido al balcón de la fonda. Ante la oscuridad del cielo ya primaveral, pudieron escuchar la jota clásica del país. Bretón estaba embelesado. La Dolores estaba ya creada en la cabeza del músico. Esta noche inolvidable, que había pasado entre amigos en Calatayud, la reflejó Bretón en el acto primero de su ópera, con los decorados, debidos a Alejo Pescador, que representaban la Plaza del Mercado y el mesón de la Gaspara.

Este mismo diario señalaba que si Feliu, de una copla hizo un drama; el maestro, de un cantar, un ópera. Informaba que la entrada general costaba 75 céntimos. Al día siguiente, el Diario de Zaragoza consideraba que La Dolores es el paso de gigante dado en la senda de la ópera española.

Este mismo episodio lo narraba Darío Pérez en sus memorias. Bretón le había escrito, comunicándole que deseaba ir de incógnito a Calatayud, para escuchar una rondalla en la calle. Darío Pérez le prometió guardar el secreto, aunque lo comentó con Sixto Celorrio y con el cantador Dámaso Salcedo, preparando la ronda. Dámaso Salcedo fue concejal del Ayuntamiento de Calatayud y presidente del Círculo Republicano de su ciudad. Con Bretón cenaron tres o cuatro amigos y a medianoche salieron del mesón, para recorrer las calles en busca de la ronda. En la Plaza del Fuerte comenzaron a sonar las guitarras de la ronda, a las que acompañaba Salcedo. La ronda se perdió por las oscuras callejuelas de la ciudad, seguida por un Bretón impresionado y sus amigos.

Demetrio Galán Bergua, en El libro de la jota aragonesa, nos relata otra versión de los hechos. Cuando Bretón estuvo en Calatayud, para ambientar su partitura de La Dolores, fue invitado a una cena en la posada de San Antón, que trasladaría a su obra como el mesón de la Gaspara. Tras la cena, habían desfilado las rondallas y cantadores bilbilitanos, entre estos últimos El Bolero, que causaría enorme sensación en Bretón, a quien invitaría a cantar en Madrid las coplas de su drama lírico. Mucho tuvieron que insistirle, para que El Bolero aceptara aquel reto, cantando en el teatro de la Zarzuela las coplas de La Dolores, a las que siguieron otras clásicas, ante la insistencia y los aplausos de un público entusiasta. Entre ellas, Demetrio Galán recordaba una:

                        De bizcochos y adoquines

                        traigo las alforjas llenas,

                        los hi cargau en mi pueblo

                        pa las mozas madrileñas.

Ángel Laborda, desde las páginas de La Derecha, escribía el 29 de abril que Bretón había sabido sentir el himno regional, produciendo una obra maestra y grandiosa.

El 1 de mayo, La Alianza Aragonesa informaba que, tras la tercera audición de La Dolores, Bretón se había despedido de Zaragoza. Había sido acompañado a la Fonda de Europa por gran número de admiradores. En la Plaza de la Constitución, la orquesta del teatro había ejecutado dos composiciones, que habían sido muy aplaudidas por el numeroso público que llenaba la plaza. También había sido muy aplaudida la rondalla, que había cantado las coplas alusivas y de reconocimiento a Bretón.

Ese mismo verano, La Dolores se representó ciento doce veces en el Teatro Tívoli de Barcelona. El 31 de agosto, el Diario Mercantil de Zaragoza confirmaba el éxito de esta ópera en la ciudad condal. Heraldo de Aragón informaba el 19 de octubre, que aquella misma noche La Dolores iba a estrenar la temporada del Teatro Principal de Zaragoza. El Diario Mercantil de Zaragoza publicaba el 8 de noviembre, que varios amigos y admiradores de Bretón le habían pedido que dirigiera la centésima representación de La Dolores en Barcelona. El músico, que entonces se encontraba en Valencia, preparando el estreno en el Teatro de la Princesa, había confirmado por telegrama su asistencia.

El 25 de mayo, el Diario de Zaragoza informaba de la celebración de una fiesta aragonesa en Madrid el próximo domingo. Se anunciaba la participación del jotero bilbilitano El Bolero y de la pareja de baile, compuesta por Ángel Fernando y su acompañante de Villamayor, que habían logrado el primer premio del certamen de aquella población, en las últimas fiestas. Otros cantantes lo harían acompañados al piano. También actuaría un doble cuarteto de guitarras y bandurrias, y la Banda del Regimiento de Saboya. La mitad de los beneficios serían destinados a los pobres.

Esta fiesta, que se repitió varios días, fue reseñada por La Época, El Liberal, Heraldo de Madrid, La Iberia y El Día. Las actuaciones de la rondalla aragonesa se alargaron hasta el primer día de junio.

El 28 de mayo, La Alianza Aragonesa informó de la celebración, en el madrileño Teatro del Príncipe Alfonso, de la anunciada fiesta aragonesa. Señalaba que el programa había sido muy aplaudido, especialmente la jota interpretada por la Banda del Regimiento de Infantería de Saboya, y el pasacalles y jota de La Dolores, produciendo gran entusiasmo el cantador de Calatayud Hilario Gallego, El Bolero, y una pareja de baile, acompañados por una rondalla de bandurrias y guitarras.

En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud, celebrada el 8 de noviembre de 1911, se leyó una circular firmada por varias personalidades de Madrid, pidiendo la adhesión del ayuntamiento al homenaje que se proyectaba en honor a Bretón. Como no iba a ser de otra manera, el ayuntamiento acordó asociarse a este homenaje.

Publicado en Noticias | Comentarios desactivados en EL CENTENARIO DE TOMÁS BRETÓN, LA DOLORES Y EL BOLERO