La llegada de la luz eléctrica a Calatayud en 1888

Francisco Tobajas Gallego

            José María López Landa (1878-1955), escribía en su Historia de Calatayud para escolares, obra premiada en los Juegos Florales de Calatayud de 1946 y prologada por su discípulo Pedro Montón Puerto, en su única edición de 1979, que la primera vez que se vio la luz eléctrica en Calatayud, fue durante unas fiestas de la Virgen de la Peña, en el escaparate de la antigua botica de Artieda, que entonces regentaba Benito Vicioso, quien había fabricado unas pilas húmedas con cuatro pucheros e ingredientes de su farmacia. Aquella luz mortecina, que daba una pequeña bombilla de filamento de las primitivas de Edison, sorprendió a propios y extraños, pues pocos podían creer que aquella luz no desprendiese humo ni mal olor. López Landa añadía que debieron transcurrir bastantes años, hasta ponerse en funcionamiento una central eléctrica en la ciudad.

            Comillas fue la primera ciudad española en contar con luz eléctrica en sus calles, gracias al indiano Antonio López y López, primer marqués de Comillas. Esto ocurría en 1881, apenas un año después que la electricidad hubiera alumbrado la ciudad inglesa de Godalming, por primera vez en la historia. Antonio López invitó al rey Alfonso XII a celebrar en Comillas un Consejo de Ministros, el 8 de agosto de 1881, fecha que tendría lugar la inauguración de la luz eléctrica.

Recibo de la Central Eléctrica de Sabiñán. Archivo Municipal de Saviñán.

            En 1875 se había construido en Barcelona la primera central eléctrica, constituyéndose en la misma ciudad la Sociedad Española de Electricidad en 1881. En este último año llegaría a Barcelona la electricidad y al año siguiente a Madrid, en ambos casos con motores de vapor. En Zaragoza comenzaría el suministro eléctrico en 1894, a cargo de la Compañía Aragonesa de la Electricidad y de la Electra Peral Zaragozana, aunque los cafés Iberia, Ambos Mundos y París ya tenían alumbrado eléctrico.

            La revista Gaceta industrial y ciencia eléctrica de 1891 indicaba que treinta, de las cuarenta y nueve capitales de provincia españolas, tenían o estaban instalando entonces el alumbrado eléctrico. Las ciudades de Soria y Guadalajara comenzaron este servicio en 1897, Ciudad Real en 1898 y Oviedo en 1900. En 1900 se contabilizaban quinientas setenta y una poblaciones con electricidad, que correspondía con un 6,2% del total de los municipios de España.

            La ciudad de Teruel comenzó a utilizar la electricidad en 1889, con un motor de vapor a cargo de la empresa Fernández y Eced, Eléctrica Turolense. La ciudad de Huesca comenzó en 1890, con un motor de gas a cargo de la empresa Francisco Casaús y Leopoldo Navarro. En 1893 comenzaría a funcionar La Hidroeléctrica de Huesca, de la que Leopoldo Navarro sería fundador y accionista.

            Leopoldo Navarro Moreno había nacido en Saviñán en 1850. Fue maestro de obras en Huesca. Casó en Saviñán en 1909 con su sobrina Felisa Cormán Navarro. Él fue quien animó a José Gracián Gasca a viajar a Huesca, para conocer las instalaciones de La Hidroeléctrica oscense. Este viaje fue decisivo para la llegada de la luz eléctrica a Saviñán, cuyo servicio se inauguró el 14 de enero de 1896.

La ciudad de Daroca comenzó a utilizar la electricidad en 1892, a cargo de la Eléctrica Darocense. Antes que todas ellas, la ciudad de Calatayud contó con electricidad en 1888, a cargo de la Sociedad de alumbrado eléctrico Alonso y Cía, que utilizaba un motor hidráulico. La revista La Electricidad de 1889, se hacía eco de la instalación de la luz eléctrica en Calatayud. En esta ciudad funcionaba una fábrica desde el 27 de agosto de 1888. Utilizaba un salto de 80 cv, con dos turbinas de 20 cv, acopladas a dos dinamos Gramme, de las llamadas «de compensación», que eran capaces de alimentar doscientas cincuenta lámparas incandescentes, de 16 bujías a 110 voltios. Distribuía al alumbrado de incandescencia y de arco voltaico. También disponía de acumuladores de cincuenta y cinco elementos, capaces de dar 150 amperios a 110 voltios.

            En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud del 8 de agosto de 1888, se había visto una instancia de José Alonso, vecino de Zaragoza, manifestando que deseaba implantar en esa ciudad el alumbrado eléctrico particular y público, siempre que le conviniera a la corporación, servicio que estaba siendo aceptado en todas las ciudades. Pedía la autorización correspondiente del ayuntamiento, para llevar a cabo este proyecto. La corporación acordó dirigirse al interesado, señalando que no se oponía al establecimiento de esta industria y que veía con buenos ojos que Alonso fuera el iniciador en aquella ciudad, de uno de los adelantos que más honraban al progreso humano.

            En la sesión del 22 de agosto, Alonso pedía autorización para colocar postes en la vía pública y cables en las fachadas de las casas, a fin de establecer este servicio. La corporación acordó concedérsela, para que pudiera hacer uso de la vía pública y establecimientos públicos, sin perjuicio del libre tránsito de los vecinos y previa la presentación del plano de la obra, para su aprobación.

            En la sesión del 10 de octubre se vio una instancia de Alonso y Gerner, propietarios e instaladores de la luz eléctrica en la ciudad, en la que señalaban que estaban dispuestos, por el momento, a llevar a cabo el alumbrado particular en las calles de la Rúa, hasta la cárcel vieja, Marcial, Bodeguilla, Mesones, Plaza del Fuerte, San Martín, Trinidad y cárcel vieja, estando algunos trabajos a punto de finalizarse. Añadían que el ayuntamiento podía aprovecharse para el alumbrado público, colocando las luces que tuviera por conveniente en las demarcaciones indicadas. Este servicio se iría prolongando progresivamente a otras calles, según fueran llegando las suscripciones del vecindario. De esta forma, el ayuntamiento podría contar con un número importante de luces, sin que para ello tuviera necesidad de grandes desembolsos, como ocurría en otras poblaciones, donde se había implantado este servicio. El ayuntamiento debía pagar por la instalación el cable necesario para cada luz, corta circuitos, soportes, lámparas, pantallas y demás accesorios necesarios, cuyo presupuesto se elevaba a 10 pesetas por lámpara, más 20 céntimos por noche, a pagar por mensualidades vencidas. Las lámparas que se hubieran de cambiar por la consunción del platino, debido al uso, sería a cuenta del ayuntamiento, a razón de 5 pesetas por lámpara. La empresa no respondería de las interrupciones que pudieran producirse, por incidentes ajenos a su voluntad, teniendo que suspender provisionalmente el alumbrado. El ayuntamiento acordó pasar esta instancia a la Comisión de Alumbrado, para que emitiera su informe.

            Este informe se vio en la sesión del 17 de octubre. La Comisión consideraba que el ayuntamiento debía admitir la puesta en marcha de la mejora propuesta, sustituyendo el alumbrado por eléctrico, allí donde fuera posible. Para aceptar este servicio, se había de dar seguridad para que no sufriera interrupciones. La Comisión encontraba excesivos, tanto los gastos de instalación, como los 20 céntimos por noche. Pensaba que la sociedad eléctrica debía garantizar la seguridad del alumbrado, proponiendo unos precios más razonables, dada la situación financiera del municipio.

            El concejal Díez señaló que, según noticias que había podido conocer, la instalación de la luz eléctrica no se llevaba a cabo en condiciones de seguridad, para evitar desgracias los días de tempestades, frecuentes en la zona. No conocía a fondo la materia, por eso proponía el nombramiento de una comisión de peritos, para que estudiara el asunto y elevara un informe al ayuntamiento. Para formar esta comisión se nombró al jefe de telégrafos, Pedro Giráldez, y a los catedráticos de Ciencias del colegio municipal, Alberto García Viota y Alberto Espinosa. El concejal Ortega propuso facilitar a la prensa cuantos datos y antecedentes fueran necesarios, que habían servido a la Comisión de Alumbrado. A petición del presidente, se acordó que no se autorizara a la empresa de alumbrado eléctrico la colocación de postes de madera en la Plaza del Mercado, o que reunieran las mejores condiciones de ornato para hacerlo.

            El dictamen de los peritos, firmada el día 16 de octubre, se vio en la sesión celebrada el día 31. El ayuntamiento les había preguntado por el posible peligro del cable conductor para las personas y si los cables, que habían tendido los instaladores de la luz eléctrica, podían dar lugar a desgracias en días de tormenta, produciendo descargas de graves consecuencias.

Máquina Gramme de corriente continua. Montpellier, J. A. (1892): Las instalaciones de alumbrado eléctrico, Librería de Victoriano Suárez, Madrid.

            La comisión de peritos señalaba que, siendo que en la instalación se empleaba una máquina dinamo eléctrica de Gramme de corriente continua, de una potencia de 100 voltios, la corriente eléctrica que invadía el cable conductor, aunque llegara en su mayor intensidad, era una corriente suave y tolerable por la sensibilidad del cuerpo humano. Aunque el individuo cerrara el circuito, la conmoción que pudiera sentir, jamás sería causa de daño alguno. La comisión afirmaba que, aunque el número de luces hiciera necesario otra dinamo, no debía emplearse ninguna que pasara de la potencia indicada. Referido a la segunda pregunta y sin entrar en apreciaciones científicas, la comisión consideraba que, aunque el cable no estaba revestido como sería deseable, con una coraza aislante que lo pusiera al abrigo de todos los fenómenos físicos que pudieran tener lugar, creían que no ofrecía peligro alguno, siempre que se dispusiera de aparatos necesarios al efecto. Añadía que en la misma instalación, se había colocado un aparato indicador de la existencia de derivaciones a tierra, que a la vez desempeñaba un papel importante de pararrayos. Este aparato era importante, siendo necesario llevar a cabo el montaje con mucha atención. Consideraba que la derivación a tierra, que se establecía en la instalación, no obedecía rigurosamente a los principios científicos, siendo a su parecer deficiente. Pedía que se reformara el montaje efectuado, construyendo una cadena de tres hilos de 4 milímetros para conductor a tierra, soldando y arrollando esta cadena a una plancha de cobre de regular superficie y espesor, para que se enterrara a un metro de profundidad, en un lugar con constante humedad. Verificado así el montaje, se aseguraba que las descargas de las corrientes exteriores fueran a parar a este aparato, salvando así todas las instalaciones y anulando el peligro. Firmaban este informe Pedro Giráldez, Alberto García, Alberto Espinosa y Eduardo Orchel.

            En la sesión del 14 de noviembre, el concejal Juan del Pueyo aseguró que no consideraba justo establecer privilegios en determinados barrios de la población, porque serían perjudiciales para el resto de los vecinos, proponiendo que se admitieran proposiciones para generalizar el alumbrado eléctrico a toda la ciudad.

            En la sesión celebrada el 27 de diciembre, Díez señalaba que, estando a punto de finalizar el contrato del alumbrado público, sería de interés que el ayuntamiento se ocupase de la instalación de la luz eléctrica. La empresa de electricidad, decidida a llevar a cabo esta mejora, había presentado para este fin un croquis de las calles y plazas de la ciudad, para que de esta manera se pudiera apreciar mejor el número de luces a instalar, así como su colocación, de cuyo asunto se ocupaba la Comisión de Alumbrado. El ayuntamiento acordó que Díez, como presidente de la Comisión de Hacienda, junto a la Comisión de Alumbrado, estudiaran el asunto con detenimiento, proponiendo lo que consideraran más ventajoso.

            Este proyecto no debió salir adelante, pues a principios del año 1889, el ayuntamiento nombró a cuatro faroleros nuevos. La compañía de electricidad debió continuar con el servicio de luz eléctrica, a las casas particulares de los vecinos, aumentando su número según las peticiones. En la sesión del 22 de diciembre de 1890, el concejal Millán consideraba la conveniencia de instalar en la ciudad la luz eléctrica, para el alumbrado público, señalando que la empresa que venía explotando este servicio, estaba dispuesta a hacer concesiones ventajosas, para implantarlo en buenas condiciones. Díez recordó los inconvenientes que se habían formulado para admitir las condiciones, que en otra ocasión había formulado la empresa de la luz eléctrica, pero el ayuntamiento debía estar siempre dispuesto a escuchar sus proposiciones y estudiarlas, con el objeto de optar por el sistema de alumbrado eléctrico, si las consideraba aceptables.

En la sesión del 13 de julio de 1891, se vio una instancia de cuatro vecinos, que se ofrecían de faroleros del alumbrado público, con una economía de 45 pesetas mensuales. El 22 de julio, la Comisión de Alumbrado propuso dejar en suspenso la reforma que proponían estos vecinos, pues el proyecto de instalación de la luz eléctrica en la población se encontraba muy avanzado. Numerosas fueron las quejas de vecinos y concejales, por el mal funcionamiento del alumbrado público, que al fin convencieron a la corporación para pasarse al alumbrado eléctrico.

La subasta para el alumbrado eléctrico público de Calatayud se celebraría el 6 de mayo de 1894, adjudicándose, como mejor postor, a la compañía Lisbona-Repollés, en 4997 pesetas anuales. En la sesión celebrada el 17 de agosto, se acordaría encender el alumbrado público el día 1 de septiembre, fecha que coincidía con la apertura del teatro. En la sesión celebrada el 5 de septiembre, José Vicente señaló que, según una hoja que había circulado de la nueva sociedad de luz eléctrica La Marcial, esta empresa se comprometía a facilitar la luz durante toda la noche, por un precio módico que, aplicado a las necesidades del hospital, supondría una economía de más del 40%, por lo que proponía que la Comisión de Alumbrado estudiara el asunto y se entendiera con la empresa Lisbona-Repollés, para guardarle la preferencia, si le convenía, en los términos anunciados por La Marcial.

En la sesión del 3 de octubre, el presidente informaba que la compañía de electricidad le había invitado a la inauguración del alumbrado público, junto a la Comisión, quedando todos satisfechos. El alumbrado público de Calatayud se había inaugurado el 1 de octubre de 1894, a eso de las seis de la tarde. Al día siguiente apareció en el periódico republicano posibilista zaragozano, La Derecha, una crónica firmada por José Osés Larumbre, refiriéndose a este importante acontecimiento. En él señalaba que el alumbrado de petróleo se había sustituido por ciento sesenta y siete lámparas, de 16 bujías cada una. Este logro se debía, principalmente, al alcalde de la ciudad, José Lafuente, que llevaba solamente nueve meses en el cargo, pero la corporación ya había acometido tres empresas: las obras de la cárcel, el ensanche del cementerio y el alumbrado público. Las máquinas habían sido bendecidas, con discursos del alcalde, José Lafuente, y del juez de primera instancia, Ramón Ferrán. También habían estado presentes en el acto Pedro Giráldez, en representación de la empresa, y los señores Larripa y Ruiz, teniente coronel de la zona. El aperitivo había sido servido por los señores Sancho y Lisbona.

El cronista hacía mención de la labor del modesto oficial de telégrafos, Pedro Giráldez, que había dirigido los trabajos de instalación, y del obrero montador Ramón Casulleras, de los talleres del señor Muntadas, de Barcelona.

La máquina constaba de dos dínamos con 155 amperios, 120 voltios y 800 revoluciones, siendo impulsadas por un motor hidráulico, con tres turbinas de 65 caballos de potencia, llevando sus corrientes a una red de 600 lámparas, de 16 bujías cada una. La fábrica estaba situada a cien pasos de la población, en una propiedad de Prudencio Sancho. El cronista añadía: «Calatayud ha dado un paso más en el camino de su progreso. Acaso no tardará mucho en consignar nuevos adelantos en la historia de su mejoramiento natural. A poblaciones como Calatayud, que vive de las propias iniciativas, debe saludárselas con respeto».

El 24 de febrero de 1898, la  empresa La Marcial Eléctrica compraría a Luis Martínez y Maximino Gutiérrez, la instalación y el suministro de luz eléctrica a la ciudad, que habían adquirido a Lisbona y Repollés. Vicente Mochales era presidente de La Marcial en 1899.

Documentos consultados:

Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1888, Sig. 140.

López Landa, J. M. (1979): Historia de Calatayud para escolares, Centro de Estudios Bilbilitanos, Calatayud.

Fotografías:

Zénobe Gramme 1893 – Zénobe Gramme – Wikipedia, la enciclopedia libre

Máquina Gramme de corriente continua. Montpellier, J. A. (1892): Las instalaciones de alumbrado eléctrico, Librería de Victoriano Suárez, Madrid.

Recibo de la Central Eléctrica de Sabiñán. Archivo Municipal de Saviñán.

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Descarga de «La provincia de Calatayud durante el trienio liberal»

El pasado 11 de junio se presentó el libro La provincia de Calatayud durante el Trienio Liberal coordinado por José Ángel Urzay y publicado por el Centro de Estudios Bilbilitanos en colaboración con el Ayuntamiento de Calatayud y la comarca Comunidad de Calatayud.

Esta publicación llena un vacío importante sobre un tema, la creación de la provincia de Calatayud, que si bien era conocido por la mayoría de las personas que viven en los pueblos y en las ciudades que formaron parte de ella, apenas había sido divulgado. Por ello creemos que este libro será bien recibido y apreciado por sus lectores:  descubriendo las diferentes organizaciones del territorio en cada periodo histórico, su proceso de creación, el contexto político, económico y social de las localidades que fueron incluidas, la relación con la Comunidad de Aldeas con la que convivió, los acontecimientos más relevantes que sucedieron durante su funcionamiento o las biografías de los principales protagonistas de este periodo. Además, el texto se complementa con dos mapas y fotografías de las localidades de la provincia, imprescindibles para conocer tanto el territorio como los cambios administrativos que ha experimentado a lo largo de la historia. También servirá la información aquí recogida a otros investigadores que en un futuro centren sus estudios en el Trienio Liberal o en el siglo XIX.

Puedes realizar la descarga completa del libro en el siguiente enlace.

Enlace para la descarga: https://ifc.dpz.es/publicaciones/ebooks/id/3934

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Darío Pérez, las elecciones de 1910 y la plaza del teatro

CENTENARIO DEL NOMBRAMIENTO DE DARÍO PÉREZ GARCÍA

COMO HIJO PREDILECTO DE CALATAYUD, 1922-2022

DARÍO PÉREZ, LAS ELECCIONES DE 1910 Y LA PLAZA DEL TEATRO

Francisco Tobajas Gallego

            En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 23 de marzo de 1910, el concejal Santos Gómez solicitaba la toma de medidas, para evitar desgracias, como la que había ocurrido recientemente en el cerro del Reloj Tonto, haciéndolas extensivas al Barrio Nuevo. El domingo anterior se había producido un  desprendimiento de tierras en el barrio de Hiladores, sepultando dos edificios y causando la muerte a cinco personas. A propuesta del presidente, se acordó que constara en acta el sentimiento de la corporación, por estos trágicos sucesos, y que se abriera una suscripción que encabezara el ayuntamiento con 250 pesetas, del peculio particular de los concejales, 100 pesetas de la Caja Municipal y 500 pesetas que había donado Gabriel Maura.

El alcalde, Juan Ballesteros, había hablado con el Gobernador civil, quien estaba dispuesto a recabar ayudas del Estado para los damnificados, así como facilitar la intervención de personal técnico y de auxilios materiales, para evitar en lo sucesivo todo peligro a los vecinos. El presidente añadió que había dado orden de desalojar todas las viviendas, próximas a la zona de peligro y había autorizado a los cordeleros, para que emplazaran los artefactos de su oficio en la plaza de las dominicas.

El concejal Antonio Lorente afirmó que algunas casas habilitadas en el Reloj Tonto, eran propiedad del ayuntamiento, por haber sido expropiadas a raíz de la hecatombe de 1903, debiendo ser desalojadas inmediatamente, para evitar la responsabilidad que contraía la corporación, si ocurría algún accidente a esos vecinos.

Castillo del Reloj. Imagen facilitada por la Asociación Torre Albarrana.

A propuesta del concejal Pedro Chueca, se acordó agradecer la labor de la prensa zaragozana y en especial del Diario de Avisos, que se habían preocupado de aquel triste suceso.

En esta misma sesión, Vicente Mochales propuso dar el nombre de Joaquín Dicenta a la calle del Encuentro, premiando así los indiscutibles méritos de este eminente literato. Gómez no negaba los merecimientos de Dicenta, pero entendía que no debía concederse esta distinción, porque no había ostentado la representación de la ciudad. Mochales insistió e hizo constar que se trataba de una persona de relieve en las letras y en la política, añadiendo que se había dado el nombre a algunas calles de la ciudad, a personas que nunca habían tenido la representación de Calatayud. Puesta a votación la propuesta de Mochales, fue aprobada por diez votos contra seis.

El 30 de marzo, el secretario leyó dos cartas y un telegrama de Darío Pérez, en los que participaba las gestiones que había llevado a cabo ante el Ministerio de Fomento, como consecuencia de los trágicos sucesos acaecidos en el barrio de Hiladores, con el fin de conseguir que el Estado remediara esta desgracia. Acompañaba una carta del ministro, en la que mostraba su interés por este asunto. El secretario dio lectura después a dos cartas de Gabriel Maura, en las que, el diputado por este distrito, exponía sus deseos de que se solucionara definitivamente este grave problema, proponiendo llevar a cabo personalmente las gestiones necesarias en el Ministerio de Fomento. La corporación agradeció estas gestiones de Darío Pérez y Gabriel Maura.

A propuesta de Lorente, se acordó felicitar a los periódicos madrileños El Imparcial y El Liberal, por su humanitaria campaña llevada a cabo, a consecuencia de los desprendimientos acaecidos en el cerro del Reloj.

El 6 de abril se leyó una carta del diputado Gabriel Maura, dando cuenta de sus gestiones ante el ministro de Fomento, acompañando una carta del ministro, Fermín Calbetón, trasmitiendo un informe del ingeniero jefe de Obras Públicas de la provincia, en el que consideraba que no había modo alguno de evitar el desmoronamiento del cerro y habría que evacuar silos y casas.

A propuesta de Mochales, se acordó dirigir un telegrama al Consejo de Ministros, para que se resolviera el expediente incoado en 1903, por correr grave peligro la vida de sesenta familias, que podría evitarse con un auxilio por parte del Estado de 100.000 pesetas.

El 13 de abril se leyó un telegrama del alcalde, que había visitado en Madrid al ministro de Fomento, con el diputado Gabriel Maura, quien les había prometido el auxilio del Gobierno, para remediar esta necesidad urgente de la ciudad. El presidente interino, Ignacio López, se quejó en aquella sesión, porque Maura no había remitido al alcalde los telegramas que publicaba un periódico local.

En la sesión del 20 de abril, el secretario leyó dos cartas de Darío Pérez, en las que daba cuenta de las gestiones hechas ante el Gobierno, como consecuencia del telegrama que el ayuntamiento había enviado al presidente del Consejo de Ministros, con fecha del día 6, solicitando una ayuda de 100.000 pesetas. También se leyó una carta de Gabriel Maura, confirmando que, tras un breve viaje a París, continuaba las gestiones, y un telegrama de Darío Pérez, en el que comunicaba el acuerdo del Consejo de Ministros de llamar al alcalde de la ciudad a Madrid, que se leyó a continuación.

Seguidamente, el presidente dio cuenta de su viaje a Madrid con el secretario, donde, en compañía del diputado Gabriel Maura, se había entrevistado con el ministro de Fomento y con el director general de Obras Públicas, consiguiendo 50.000 pesetas. El presidente elogió la iniciativa de Darío Pérez en la prensa, interesando también a los consejeros de la Corona a favor de Calatayud, proponiendo agradecer a Gabriel Maura y a Darío Pérez sus gestiones. Asimismo, el presidente aludió al telegrama que le había enviado a Madrid la minoría republicana del ayuntamiento, afirmando que no había tenido ninguna intención de molestar a Darío Pérez, pues en su última carta, el periodista cedía el puesto de honor de la representación de los intereses de Calatayud. Mochales intervino defendiendo las gestiones de Darío Pérez, que había visitado al ministro de Fomento, que fue quien había ordenado al ingeniero jefe de Obras Públicas de la provincia una visita de inspección, trámite indispensable, según Mochales, sin el cual nada se hubiera conseguido. Por iniciativa de Mochales, el ayuntamiento había enviado un telegrama al presidente del Consejo de Ministros, por no haberle satisfecho la carta que el ministro de Fomento había dirigido a Gabriel Maura, añadiendo que la gestión de Darío Pérez en este asunto había sido decisiva, pues por ella el Gobierno había prestado su auxilio pecuniario y había llamado a Madrid al alcalde de la ciudad. Mochales añadió que Maura no había podido influir en el Consejo de Ministros, pues se encontraba en París, proponiendo que constara en acta el agradecimiento a Darío Pérez y a Gabriel Maura, con las aclaraciones hechas.

El concejal Floría preguntó al alcalde si se ratificaba con el contenido del telegrama del día 15, en el que daba cuenta de su entrevista con el director de Obras Públicas, en compañía de Maura, consiguiendo 50.000 pesetas de ayuda. Floría no tenía claro si esta subvención se había conseguido por las gestiones de Darío Pérez, de la comisión del ayuntamiento o de Gabriel Maura, pidiendo que el secretario expusiera su versión de los hechos, pero el presidente no accedió. En vista que otros concejales querían intervenir, el presidente zanjó la cuestión, acordándose por unanimidad agradecer a Darío Pérez y a Gabriel Maura sus gestiones en este asunto.

Las elecciones para diputados a Cortes se celebraron el 8 de mayo. Por el distrito de Calatayud se presentaron: el conservador Gabriel Maura, que obtuvo 4.379 votos, el republicano Darío Pérez, que logró 2.681 votos, y el católico José María Bascones y Pérez, que sumó 157 votos. Según el Diario de Avisos de Zaragoza, Darío Pérez había ganado en Ariza, Ateca, Paracuellos de Jiloca, Villarroya y Villalengua. El 9 de mayo, La Correspondencia de Aragón informaba que Maura había obtenido en Calatayud 1.273 votos y Darío Pérez 692 votos. El 13 de mayo este mismo diario publicaba que Darío Pérez había presentado una protesta en todo el distrito y ocho más en otros tantos pueblos, fundándolas en hechos ilegales.

En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud del 11 de mayo, el concejal López Ruiz propuso que se diera el nombre de Darío Pérez a la plaza de San Antón. López Ruiz señaló que no pretendía ofrecerla a Darío Pérez, como compensación a su derrota, sino por sus gestiones llevadas a cabo en el asunto del cerro del Reloj y por su prudencia y corrección en las recientes elecciones, evitándose un día de luto en la ciudad. El concejal Ramón Medarde señaló que no pretendía negarle los méritos a Darío Pérez, pero estimaba que no debía prodigarse tanto el cambio de nombre en las calles del municipio, pues con igual o mayor motivo podía concederse esa distinción a otros bilbilitanos ilustres, como Vicente Martínez o Luis Guedea. López Ruiz mostró su sorpresa al querer impugnar su proposición, aludiendo el acuerdo del ayuntamiento, que había concedido el nombre de Gabriel Maura a la plaza del Fuerte, sin motivo justificado, otorgándole además la merced de nombrarle Hijo Adoptivo, sin tener entonces en cuenta las disposiciones legales vigentes, ni la formación del oportuno expediente. Medarde se reafirmó en sus ideas y Floría, aunque no discutía la proposición, que sería aprobada por la mayoría, preguntaba si no había otra calle para darle el nombre de Darío Pérez, sin tener que quitársela a un santo. A propuesta de la presidencia y escuchando los deseos de Floría, se acordó por unanimidad dar el nombre de Darío Pérez a la entonces Plaza del Teatro. Por su parte, el concejal Chueca solicitó que se colocaran las placas correspondientes en la calle de la Bodeguilla y en otras más, a las que se habían cambiado el nombre.

El 13 de mayo La Correspondencia de Aragón publicaba una reseña, firmada por Don Ramiro, informando del cambio de nombre de la plaza del Teatro. Y señalaba que, si el acta había sido para Maura, la plaza iba a ser para Darío Pérez, pues aunque acta solo había una, había varias plazas en la ciudad de Gracián. Ramiro escribía que en aquella plaza había vivido Darío Pérez, cuando residía en Calatayud. Recordemos que su padre había tenido a su cargo una fábrica de harinas, en la cercana Barrera de Marcial. El periodista de La Correspondencia de Aragón, afirmaba que este acuerdo se había tomado por unanimidad entre republicanos, conservadores, liberales y carlistas, achacándolo a un efecto tardío de arrepentimiento.

En la sesión del 18 de mayo se informó que Joaquín Dicenta se encontraba en Calatayud, donde había visitado al alcalde, para gradecer la distinción de haber dado su nombre a una calle de la ciudad. A propuesta de Mochales, se acordó por unanimidad, que el descubrimiento de las lápidas y la inauguración de la calle dedicada a Joaquín Dicenta y de la plaza a Darío Pérez, se hiciera oficialmente y con toda solemnidad, estando subordinada la fecha a la presencia de ambos en Calatayud.

Por su parte, el concejal López Latorre preguntó al presidente si tenía alguna noticia de las 50.000 pesetas, que habían sido concedidas al municipio para solucionar el problema del cerro del Reloj, agravado entonces por el temporal de lluvias. Ante la negativa del presidente y a propuesta de López Latorre, se acordó telegrafiar al ministro de Fomento, para que ordenara al ingeniero jefe de Obras Públicas de la provincia la distribución de esta cantidad.

En la sesión del 25 de mayo, se leyó un telegrama del ministro de la Gobernación, con una Real Orden, por la que se nombraba nuevo alcalde de Calatayud a Pedro Chueca Barranco, por dimisión presentada por Juan Ballesteros. Este mismo día se leyó una carta de Darío Pérez, en la que agradecía la distinción de haber dado su nombre a la plaza del Teatro.

En la sesión del 26 de junio, Mochales volvió a preguntar por el asunto del cerro del Reloj. El presidente contestó que hacía unos días, habían estado funcionarios de Obras Públicas haciendo fotografías y tomando datos, para llevar a efecto la distribución de las 50. 000 pesetas, bajo la inspección del ingeniero jefe.

El 20 de julio y a propuesta de Mochales, se acordó autorizar al alcalde para que, en representación del ayuntamiento, entregara al sobrestante de Obras Públicas, Vicente Ena, el torreón llamado del Reloj Tonto, para su inmediata demolición. El 27 de julio se nombró una comisión, para la apreciación de indemnizaciones a viviendas situadas en el cerro del Reloj y en otras zonas peligrosas de Calatayud. Este mismo día, Medarde propuso que la corporación mostrara su sentimiento por el atentado al ex presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura, dirigiendo un telegrama a su hijo Gabriel Maura, diputado a Cortes por este distrito. Mochales y Gaspar opinaron que se trataba de un tema político y esta propuesta se desestimó, por seis votos contra dos.

El concejal López Latorre propuso que, como el torreón llamado del Reloj Tonto databa del siglo XIII, se designara a una persona encargada de vigilar los trabajos, por si aparecían restos de valor histórico. El presidente confirmó que al día siguiente, se iba a entregar este edificio al sobrestante de Obras Públicas.

El 3 de agosto Medarde señaló que era partidario de construir otro torreón en un lugar próximo, aprovechando los materiales del viejo torreón, para colocar la famosa e histórica campana. Esta propuesta fue tomada en consideración por el ayuntamiento.

Documentos consultados:

Archivo Municipal de Calatayud, Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1910, Sig. 149.

Fotografía: Castillo del Reloj. Imagen facilitada por la Asociación Torre Albarrana.

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Jornada de presentación del libro: «La provincia de Calatayud durante el trienio liberal»

El sábado, 11 de junio de 2022, tendrá lugar en el salón de actos de Claretianos una Jornada de presentación del libro: La provincia de Calatayud durante el Trienio Liberal, publicado por el Centro de Estudios Bilbilitanos en colaboración con el Ayuntamiento de Calatayud y la Comarca Comunidad de Calatayud.

La inscripción a la Jornada deberá realizarse antes del 8 de junio a través del formulario que aparece al final de en esta página.

La inscripción es gratuita hasta completar aforo y da derecho a recibir un ejemplar del libro.

Quienes deseen asistir al almuerzo, deberán indicarlo en el formulario de inscripción y abonar su importe en el restaurante.

Programa

Mañana

09:30h. Recepción de asistentes.

09:45h. Presentación a cargo del Centro de Estudios Bilbilitanos, Ayuntamiento de Calatayud y Comarca Comunidad de Calatayud.

10:00h. Carlos Saénz Preciado: Los antecedentes históricos de la provincia de Calatayud: desde la Celtiberia hasta el absolutismo borbónico.

10:45h. Sofía Paola Remón Gil: La Raya en la Baja Edad Media.

11:00h. Herbert González Zymla: Creación y supresión de la provincia de Calatayud en el contexto del Trienio Liberal.

11:45h. Vicente Alejandre Alcalde: La provincia de Calatayud: territorio, comunicaciones, demografía y economía (1822-1823).

12:30h. Pascual Diarte Lorente: La Comunidad de Aldeas y la provincia de Calatayud.

14:00h. Almuerzo

Tarde

16:00h. María Jesús Sánchez Gormaz y José Ángel Urzay Barrios: Crónica de la provincia de Calatayud durante el Trienio Liberal.

16:45h. Manuel Casado López y Luis Varga Aldana: Militares y políticos en la provincia de Calatayud durante el Trienio Liberal.

17:15h. Manuel Casado López y Luis Varga Aldana: La provincia de Calatayud en guerra.

17:45h. Jesús Blasco Sánchez: Ateca y la provincia de Calatayud.

18:00h. José Ramón Olalla Celma: El territorio, hoy.

18:30h. Carlos Guallart Moreno y Javier Velilla Gil: El mapa de la provincia de Calatayud.

18:45h. Audiovisual: La provincia de Calatayud en imágenes. Asociación Torre Albarrana.

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Darío Pérez y el traslado de los restos de Vicente de la Fuente a Calatayud en 1922

CENTENARIO DEL NOMBRAMIENTO DE DARÍO PÉREZ GARCÍA COMO HIJO PREDILECTO DE CALATAYUD, 1922-2022

Darío Pérez y el traslado de los restos de Vicente de la Fuente a Calatayud en 1922

Francisco Tobajas Gallego

            Según relataba el concejal Ramón Ortega, en la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 25 de octubre de 1922, la idea del traslado de los restos de Vicente de la Fuente a Calatayud, había salido del vicario general, Valentín Marco, con motivo del homenaje al escritor Baltasar Gracián, que había tenido lugar en mayo de ese mismo año. El ayuntamiento debió recoger esta iniciativa con sumo interés, confiando los trámites a su diputado a Cortes Darío Pérez, siempre solícito con los intereses de sus paisanos. Darío Pérez debió llevar a cabo todas estas gestiones con mucha diligencia y eficacia, pues a finales de octubre de 1922 se llevaría a cabo el traslado, corriendo los gastos por cuenta del Estado. Darío Pérez, con la familia de Vicente de la Fuente, estaría presente en la Sacramental de San Justo, en el momento de la exhumación, acompañando al féretro en tren hasta Calatayud. También participaría en la velada necrológica celebrada en memoria del ilustre catedrático e historiador.

En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 28 de diciembre de 1889, el concejal Ortega informaba que Vicente de la Fuente había fallecido en Madrid el pasado día 25. Añadía que si la prensa madrileña sin excepción, le tributaba merecidos elogios, el ayuntamiento de su ciudad debía significar de alguna manera su pesar por el inolvidable bilbilitano, que tanto había amado e historiado a su pueblo, siendo acreedor de rendirle un recuerdo. Ortega proponía a la corporación que constara en acta el profundo sentimiento por la muerte de Vicente de la Fuente, que una comisión municipal participara a la familia del fallecido los sentimientos del ayuntamiento y que se acudiera en corporación a sus funerales. Para ello se nombró al presidente y al concejal Larrea para que, en nombre de la corporación, visitaran a la familia del fallecido.

En la sesión del 30 de diciembre, se informó que la comisión municipal había dado el pésame a su hermano Carlos de la Fuente y a su familia. En la sesión del 31 de diciembre se leyó una comunicación del vicario general, invitando a la corporación a los funerales de Vicente de la Fuente, que habían dispuesto el obispo y el clero de la ciudad en la colegiata de Santa María, el próximo día 3 de enero, a las diez y media de la mañana. Por unanimidad se acordó asistir en corporación.

En la sesión del 10 de diciembre de 1890 se informó que Carlos de la Fuente había entregado al alcalde un tomo de la Sociedad Geográfica, en donde se publicaba una conferencia que había pronunciado el socio Manuel Foronda en honor a Vicente de la Fuente, en la que se encontraban numerosos datos sobre la historia de Calatayud. Manuel Foronda había enviado este ejemplar para el archivo municipal. La corporación acordó dar las gracias a Foronda y a la familia de Carlos de la Fuente.

Esta conferencia de Manuel Foronda, pronunciada el 8 de abril de 1890 y  titulada «El Dr. D. Vicente de la Fuente como socio de la Geográfica de Madrid», se publicó en el Boletín de la Sociedad Geográfica, tomo XXVIII, primer semestre de 1890. Este elogio a su antiguo catedrático de Derecho, era un encargo a Foronda de la junta directiva. La Real Academia de la Historia también había encomendado un estudio crítico biográfico de Vicente de la Fuente a Bienvenido Oliver, quien dejó a Foronda el estudio del homenajeado como individuo de la Sociedad Geográfica.

Después de recorrer numerosos hechos históricos de Calatayud y su biografía, Foronda repasaba las relaciones de Vicente de la Fuente con las ciencias geográficas. Recordaba su discurso de recepción en la Real Academia de la Historia, sobre las comunidades aragonesas de Teruel, Daroca y Calatayud. También en el tomo III del Boletín de la Real Academia de la Historia, se encontraba un trabajo, esencialmente geográfico, titulado: Expedición científica y artística a la Sierra de Francia, provincia de Salamanca, en julio de 1857. La Academia de la Historia le había encomendado el tomo XLIX de la España Sagrada, en el que se encontraba un verdadero caudal de conocimientos geográficos. «Las comunidades de Castilla y Aragón, bajo el punto de vista geográfico», había sido tema de una conferencia pronunciada por Vicente de la Fuente el 8 de enero de 1880, que fue publicada en el n.º 3 del Boletín de la Sociedad Geográfica, tomo VIII, de 1880.

Foronda recordaba que en marzo de 1880, Vicente de la Fuente había hecho ver la necesidad de un diccionario geográfico universal en castellano, para lo cual la Sociedad Geográfica había nombrado una comisión al respecto. Esta misma sociedad se había preocupado de la necesidad de realizar una nueva división territorial en España, siendo consultado Vicente de la Fuente, según se recogía en el tomo XI, Boletín n.º 8, de 1881.

En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud del 15 de diciembre de 1890, el concejal Benito Vicioso manifestó que todos los vecinos de Calatayud conocían la vasta instrucción, talento y amor a Calatayud, que caracterizaban a Vicente de la Fuente y que había demostrado en los principales centros científicos de España, siendo una persona respetada y admirada por los hombres más eminentes del país. Por ello proponía al ayuntamiento que acordara perpetuar su memoria, dando su nombre a la calle Nueva y cuatro esquinas, pues aún permanecía la casa en la que había vivido, colocando en su fachada una lápida conmemorativa de mármol. Por unanimidad, la corporación acordó lo propuesto por Vicioso.

En la sesión del 18 de octubre de 1922, el concejal Lafuente, como presidente de la comisión municipal, encargada de la organización del homenaje a la memoria de Vicente de la Fuente, con motivo del traslado de sus restos mortales, daba cuenta de los trabajos realizados y del programa de actos que debían celebrarse el próximo día 27. Lafuente rogaba al alcalde que dirigiera una alocución al vecindario, para que se asociara al homenaje, invitando al cierre del comercio y a colocar colgaduras con crespones negros en los balcones de las calles, que había de recorrer la comitiva fúnebre. Por tal motivo se acordó que los gastos que se ocasionaran en este homenaje, fueran a cargo de los fondos municipales.

Al día siguiente se iban a recibir también los restos mortales del que fuera alcalde de Calatayud, Saturio Muñoz, que había fallecido en Madrid hacía cincuenta años, para recibir sepultura en la necrópolis de la ciudad. Por tal motivo se acordó, a petición de Ortega, que una comisión asistiera a los funerales que iban a celebrarse en Santa María.

En la sesión del 25 de octubre, el concejal Lafuente trató de los actos organizados con motivo del traslado de los restos mortales de Vicente de la Fuente, elogiando la labor de José María López Landa, que lo consideraba acreedor a que se le nombrara cronista de la ciudad, como así fue acordado por unanimidad. En la sesión del 2 de noviembre, el alcalde Enrique Bordons se refirió al discurso que había pronunciado Pedro de la Fuente en la velada necrológica, que se había celebrado en honor de su tío, presentando la llave del féretro, donde estaban depositados los restos de Vicente de la Fuente. A propuesta del concejal Ortega, se acordó por unanimidad que esta llave se conservara en una caja junto al retrato del historiador en la Sala Capitular.

Ortega recordó que en la velada necrológica habían estado presentes Valentín Marco, vicario general, iniciador en el homenaje a Gracián de la idea del traslado de los restos de Vicente de la Fuente, y Darío Pérez, que había gestionado todo lo necesario en las altas esferas de la capital. Además, había acudido al cementerio de San Justo, había exhumado los restos del escritor y los había acompañado en tren hasta Calatayud. Por todo ello, los dos debían ser honoríficamente mencionados, como así se acordó.

Ortega debe referirse a una serie de conferencias dedicadas al jesuita y escritor, que se recogieron en una publicación bajo el título Baltasar Gracián. Escritor aragonés del siglo XVIII. Curso monográfico celebrado en honor suyo por la Universidad Literaria y el Ateneo de Zaragoza, en el año 1922, Zaragoza, Diputación Provincial de Zaragoza, Imprenta del Hospicio Provincial, 1926. En él se recogía una «Oración fúnebre en los funerales del R P Baltasar Gracián de la Compañía de Jesús, celebrados en la iglesia parroquial de Belmonte de Calatayud el día 13 de mayo de 1922», a cargo del R P Darío Hernández, S J. A ella asistieron el provisor y vicario general, Valentín Marco, y el rector de la Universidad de Zaragoza, Ricardo Royo Villanova.

El Sol publicaba el 26 de octubre de 1922, que el ministro de la Gobernación se había asociado al homenaje póstumo al historiador fallecido, siendo los gastos del traslado por cuenta del Estado. La exhumación estaba prevista para este día 26, siendo acompañado el féretro por familiares y por el diputado Darío Pérez. En Calatayud cesaría la vida industrial y comercial, se enlutarían los balcones y se celebraría una velada literaria, con otras demostraciones de duelo.

La Época publicaba el 27 de octubre, que en el cementerio de la Sacramental de San Justo habían sido exhumados los restos del catedrático de la Universidad Central e historiador, Vicente de la Fuente. Habían asistido al acto el sobrino del escritor y arcipreste del Pilar de Zaragoza, Vicente de la Fuente, en representación de la familia, el diputado a Cortes Darío Pérez y una comisión bilbilitana. En la capilla de la sacramental se había rezado una misa y, acto seguido, los restos se habían trasladado a la estación del Mediodía, donde habían sido colocados en un furgón, convertido en capilla ardiente, que se había unido al tren correo en dirección a Calatayud. También reseñaba la inhumación de los restos en la colegiata de Santa María.

Estos actos del traslado se recogieron en el tomo 81, diciembre de 1922, del Boletín de la Real Academia de la Historia. Este homenaje a la buena memoria de Vicente de la Fuente, se había celebrado en Calatayud el viernes 27 de octubre. El Gobierno había acordado que la traslación de sus restos, desde la Sacramental de San Justo hasta Calatayud, tuviera carácter de homenaje nacional, sufragando los gastos. En Calatayud, el féretro había sido llevado por los sobrinos del historiador, siendo recibido en la Plaza del Fuerte por el ayuntamiento, Diputación provincial, representantes en Cortes, clero, milicia, Universidades de Madrid y Zaragoza, y de la Real Academia de la Historia.

Se formó un cortejo presidido por el cardenal-arzobispo de Zaragoza, obispo de Tarazona, gobernador civil, rector de la Universidad, presidente de la Audiencia de Zaragoza, comandante militar y representante de la Academia de la Historia, siendo precedidos por la Guardia civil a caballo, niños de las escuelas, clero con cruz alzada y gran número de vecinos. En la colegiata de Santa María había tenido lugar el solemne funeral, cantándose la misa de Perossi y pronunciando una elocuente oración fúnebre el canónigo de Zaragoza, Santiago Guallart.

Por la tarde en el teatro Principal, había tenido lugar una solemne velada necrológica, en la que tomaron parte el alcalde de Calatayud, Enrique Bordón; el síndico Ramón Ortega; José María López Landa, cronista de la ciudad y correspondiente de la Academia; Valentín Marco, vicario general; el ex alcalde Francisco Lafuente; Salvador Minguijón, catedrático de la Universidad de Zaragoza; Darío Pérez, diputado a Cortes, y Eduardo Ibarra, en representación de la Universidad de Madrid y de la Academia. En este homenaje, había dado las gracias en nombre de la familia Pedro de la Fuente, sobrino del homenajeado y abogado fiscal de la Audiencia de Zaragoza, cerrando el acto el Gobernador civil, en nombre del Gobierno, y el cardenal-arzobispo Soldevilla, que había presidido el acto.

En este mismo boletín se reprodujo el discurso del académico Eduardo Ibarra, que había pronunciado en nombre de la Real Academia de la Historia y de la Universidad de Madrid. En él recordaba su encuentro con Vicente de la Fuente en el invierno de 1887, acompañado de su padre, «buen amigo, compañero y paisano», que había tenido lugar en su modesto piso de la calle de Valverde. Sucesivas visitas le fueron descubriendo poco a poco las cualidades intelectuales de aquel hombre «alegre, socarrón, graciosísimo y acertado en sus juicios de personas, doctrinas, libros y tendencias en boga; su casa fue en aquellos primeros meses de adaptación madrileña mi puerto de refugio espiritual, el lugar de consulta y de información científica, y pude apreciar entonces la extraordinaria y variadísima cultura de aquel hombre que, con la mayor sencillez, bondad y llaneza, citaba libros y libros, sirviendo de guía y conductor al principiante». Ibarra reconocía que solo había conocido a dos eruditos de su mimo tipo, Menéndez y Pelayo y Eduardo Hinojosa.

Ibarra recordaba que Vicente de la Fuente había escrito sobre numerosas y variadas materias, citando sus Estudios críticos sobre la Historia y el Derecho de Aragón, como «uno de sus libros más eruditos, desenfadados y geniales». Elogiaba su labor en las Academias de la Historia y de Ciencias Morales y Políticas, aunque consideraba que su verdadero campo de acción había estado en su cátedra diaria, «convertida, por su ciencia, sencillez y gracejo baturro, en lugar apacible y deleitoso». Señalaba que Vicente de la Fuente, sin «trampa ni artificio, con sencillez y llaneza, enseñaba, no sólo a saber, sino a dudar y a confesar la ignorancia». Su variada y copiosa labor intelectual la había recogido su amigo y compañero, Alejandro Pidal, como apéndice a la necrológica leída el 10 de junio de 1890, ante la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Calatayud también le debía el relato de su propia historia, sin pedir nada a cambio. Ibarra creía que la presencia de Vicente de la Fuente estimularía el recuerdo de su vida y de sus obras, sirviendo de modelo a nuevas generaciones.

Documentos consultados:

Archivo Municipal de Calatayud (AMC), Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1889, Sig. 141.

AMC, Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1890, Sig. 142-2.

AMC, Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1922, Sig. 161.

Las fotografías han sido facilitadas por la Asociación Torre Albarrana.

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