Por Francisco Tobajas Gallego
El 8 de marzo de 1621 Jaime Herrero, prior de la Hermandad de Labradores de Maluenda en el pasado año de 1620, señalaba que los jurados del Concejo de Maluenda habían cargado sobre los bienes y rentas de este lugar y a favor del prior y mayordomos de esta Hermandad 265 sueldos de pensión anual, a pagar cada 9 de abril, por 5315 sueldos de propiedad, y otros 50 sueldos de pensión anual, con pago el 18 de febrero, por 1000 sueldos de propiedad, con la facultad de poderlos luir.
En esta fecha se entregaban estas dos pensiones censales a Gaudiosa Guillén, viuda de Juan Ximeno, que debía cobrarlas del concejo, como parte de pago de la cantidad en que había sido tasada una mula que se le había muerto, según el contrato hecho con la Hermandad.
Juan Castellano, prior de esta Hermandad de Labradores en 1621, afirmaba que estas pensiones censales que pagaba el Concejo de Maluenda, se destinaban a ayudar a los cofrades de la Hermandad, en las desgracias que tuvieran en sus caballerías.
No sabemos desde cuando funcionaba en Maluenda esta Hermandad de Labradores, pero su ejemplo es un interesante y hasta ahora desconocido precedente de la Unión de Labradores de Cosuenda, que fundaría el párroco de esta localidad, mosén Pablo García Romero.
Ya en 1630 mosén Pablo García había ofrecido al Concejo de Cosuenda 500 escudos, para poner en marcha algún sistema de ayuda para los labradores de este lugar. Entonces no creyó oportuno la construcción de una cambra de trigo o pósito, sino la creación de una cooperativa, con la finalidad de reponer las mulas muertas de los labradores sin costes excesivos. Por ello aportó 500 escudos más y el concejo otros 500 escudos para que, con las cuotas de las entradas y estos 1500 escudos, se cargaran en varios censales, cuyas pensiones se emplearían para pagar las mulas que murieran de enfermedad o de cualquier otro accidente.
Para hacer frente al pago de los repartimientos, la Unión tenía un campo, llamado de la Unión, al que tenían que acudir los asociados a trabajar los días de fiesta, con licencia del arzobispo de Zaragoza, en la época de las labores y de la siega. También debían de ir a trabajar los días de fiesta a otro campo, llamado de los Labradores, guardando lo que se recogiese en él para la siembra.
Las Ordinaciones de la Union de Labradores del lugar de Cosuenda, se publicaron en la imprenta zaragozana de Diego Dormer en 1647. En 1654 vería la luz en la misma imprenta el Tratado de la execución, Thesoro y Reparo de Labradores del Lugar de Cosuenda.
Medio siglo más tarde de la fundación de la Unión de Labradores de Cosuenda, doce labradores de El Frasno crearían otra cooperativa de labradores, llamada la Unión de El Frasno. Copiando esta misma idea se crearía en 1735 la Unión de Labradores de Villafranca del Campo, Teruel. Este mismo modelo de Cosuenda, se tomaría en consideración por la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País y por el infante don Gabriel, para el Montepío de Consuegra, Toledo, creado por una Real Orden, que tenía como objeto la compensación a los labradores por la pérdida de sus ganados. Sería impresa por Joaquín Ibarra en Madrid en 1782.
Bibliografía:
Archivo Municipal de Calatayud, notario Domingo Toloso Gascón, Libro 0001028, s. f.
Tobajas Gallego, F. (2019): «La Unión de Labradores de El Frasno», Cuarta Provincia, n.º 2, Centro de Estudios Bilbilitanos, Calatayud.




