El homenaje a Baltasar Gracián en 1916

Francisco Tobajas Gallego

            En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 3 de mayo de 1916, el concejal Enciso informaba que el pueblo de Belmonte proyectaba para el próximo mes de septiembre un homenaje a Baltasar Gracián. Enciso señalaba que el Ayuntamiento de Calatayud debía asociarse a este homenaje, por tratarse de una gloria nacional. Proponía que, si fuera posible, debía coincidir con las fiestas patronales de la ciudad, haciendo extensivo el homenaje al poeta Marcial. Los concejales Lafuente, Medarde, Higueras y Zabalo hicieron también suya esta iniciativa de Enciso, acordándose por unanimidad nombrar una comisión especial compuesta por los concejales Lafuente, Llanas, Enciso y el alcalde, y por Juan Blas y Ubide, José María López Landa y Eduardo Ibarra para que, de acuerdo con la representación del pueblo de Belmonte, llevaran a cabo las gestiones oportunas para la realización del proyectado homenaje.

            Aquel mismo año se tomó el acuerdo de dar el nombre de Baltasar Gracián a la calle de las Aulas. En la sesión celebrada el 9 de febrero se informó a los concejales que Luis Guedea, hijo de la ciudad, médico y ex diputado a Cortes por aquel distrito, había fallecido en Madrid. El alcalde Ángel Carrau pidió que constara en acta el sentimiento de la corporación por su pérdida y el concejal Medarde propuso que, para perpetuar su memoria, debía darse su nombre a una calle de la ciudad, acordándose por unanimidad. López Ruiz propuso que, aprovechando el aniversario del fallecimiento de Joaquín Costa, debía dar nombre también a una de las calles de Calatayud, iniciativa que asimismo fue acordada por unanimidad. Quedó también acordado que se comunicaran estos acuerdos a las familias de Guedea y de Costa. Por su parte, Zabalo propuso que la plaza de San Antón se dedicara a Joaquín Costa. En la sesión siguiente, celebrada el 16 de febrero, Zabalo se reafirmaba en su propuesta de dar el nombre de Joaquín Costa a la plaza de San Antón, pero el acuerdo se aplazó a la próxima sesión. En la sesión del 23 de febrero se acordó por unanimidad dar el nombre de Joaquín Costa a la plaza de San Antón, el de Luis Guedea a la calle de las Tenerías y el de Baltasar Gracián a la calle de las Aulas.

            En la sesión del 20 de septiembre, el concejal Lafuente comentó que en las pasadas fiestas Nicasio Mariscal, médico de Madrid, había pronunciado en la Casa Consistorial unas conferencias dedicadas a Marcial y a Baltasar Gracián. En la celebrada el 18 de octubre el alcalde propuso y, quedó acordado por unanimidad, que el ayuntamiento dedicara al estudio de Filología de Aragón una copia fotográfica del retrato de Baltasar Gracián, que había poseído Félix Sanz de Larrea y Larraga.

            No conocemos mucho más de aquel homenaje celebrado en Belmonte, en septiembre de 1916. López Landa se refiere a él en una conferencia que pronunció en un curso monográfico dedicado al escritor en 1922. Se editó en la Imprenta del Hospicio Provincial de Zaragoza en 1926, bajo el título: Baltasar Gracián. Escritor aragonés del siglo XVII. Curso monográfico celebrado en honor suyo por la Universidad Literaria y el Ateneo de Zaragoza, en el año 1922. Este volumen formó parte de la Biblioteca de Autores Aragoneses, haciendo el número VIII. En total se celebraron ocho conferencias a cargo de Salvador Minguijón, Miguel Allué Salvador, Francisco de Paula Ferrer, que pronunció cuatro conferencias, José María López Landa y Ricardo del Arco. También se publicó en este mismo volumen una oración fúnebre, que había pronunciado el P. Darío Hernández, SJ, en la iglesia parroquial de Belmonte el 13 de mayo de 1922. Este curso había tenido lugar en la Universidad Literaria de Zaragoza, bajo la presidencia del rector Ricardo Royo Villanova.

            En la conferencia de López Landa, titulada «Gracián y su biógrafo Coster», [Baltasar Gracián, escritor aragonés del siglo XVII. Curso monográfico (dpz.es)], hacía referencia a este homenaje a Gracián, llevado a cabo de 1916. López Landa recordaba que entonces hacía solamente tres años, que había sido publicada en 1913 la biografía de Adolphe Coster sobre Gracián. En este año de 1916 «unos cuantos señores, muy solemnes, se han congregado en el humilde pueblecito para rendir un homenaje a la memoria de su hijo más preclaro. Hay colocación de retratos, descubrimiento de una lápida, lectura de cuartillas de literatos brillantes y maestros del periodismo, como Cavia y Azorin, y los inevitables discursazos. Uno de los oradores, hijo ilustre de la antigua Comunidad de Calatayud, Académico de la Real de Medicina de Madrid, lleva la voz cantante. Es un señor pletórico de ciencia, ahíto de erudición, que acaba de leer a Coster (lo sé de muy buena tinta) aunque no lo cita para nada, y deseoso de conmover a los ingenuos belmontinos con el relato horripilante de las amarguras de su inmortal paisano, recalca mucho lo de la muerte por desesperación del infeliz Gracián». López Landa debe referirse a Nicasio Mariscal y García de Rello. Este discurso, según López Landa, había sido editado y repartido «con cierta profusión». López Landa no estaba de acuerdo con Coster y sostenía que el traslado de Baltasar Gracián al colegio de Tarazona, no había obedecido a una medida de disciplina. Pensaba que Gracián ya estaba enfermo entonces y sería destinado por ello a este colegio. López Landa copiaba algunas «parrafadas, escritas siempre en estilo declamatorio, hinchado y hueco, con resonancias de cripta o de mausoleo», que había pronunciado este académico de Medicina. Y consideraba que estas «soflamas rotundas y archisonoras», eran ampliación de las sostenidas por Coster, quien afirmaba que los superiores sentían «desconfianza y mala voluntad» hacia Gracián y que el colegio de Tarazona tenía el carácter de «casa correccional de la Provincia».

            Nicasio Mariscal y García de Rello, Bijuesca 1859, Madrid 1949, fue médico rural, director del Laboratorio de Medicina Legal de Zaragoza, presidente de la Real Sociedad Española de Higiene, vicepresidente de la Junta de Protección de la Infancia, secretario perpetuo de la Real Academia de Medicina desde 1932 y miembro de honor de la Real Academia de Medicina de Zaragoza, además de historiador, crítico de arte y poeta. En su libro dedicado al médico Juan Tomás Porcell, quien atendió a los apestados en Zaragoza en 1564, relacionaba a su abuela Manuela de Aguarón y Morales, con la línea materna de Baltasar Gracián.

            Varios son los biógrafos y estudiosos de la vida y de la obra de Gracián que se declaran del parecer de López Landa y otros que lo hacen del lado de Coster. Batllori cuenta que el padre mallorquín Ramón Anglada, se escapó una noche del colegio de Mallorca, compareciendo más tarde en Valencia. Anglada fue enviado a Tarazona que, con la casa de Graus, eran lugares destinados a destierro y castigo de religiosos díscolos. Parece claro que la casa de Tarazona no era el lugar más adecuado, para enviar a un intelectual de la talla de Gracián. En aquellos tiempos la comunidad se reducía a seis padres y algunos hermanos más. En esta última etapa de la vida del escritor, solo se conserva la versión oficial jesuita, por lo que podemos pensar que otros textos más comprometedores con la Compañía hayan desaparecido. Es relevante que, desde su caída en desgracia, no se conserve ni una sola carta de Gracián a sus amigos, que demostraría su incomunicación total con sus amistades. Solamente se le concedería permiso para escribir al general de la orden, para quejarse de las penitencias sufridas en Graus. De esta carta solo conocemos la versión del general, quien señalaba que Gracián había sentido mucho las penitencias y pedía licencia para pasarse a otra religión. Está claro que Gracián estaba harto de sus «padrastros» y quería perderlos de vista cuanto antes. Pero solo recibió el silencio por respuesta, de una compañía que trató de hundirlo mental y físicamente, de una manera poco humana y menos aún cristiana.

            Pero Gracián debió creer que había ganado al fin la partida. Se había salido con la suya, consiguiendo escribir y publicar la mayor parte de los libros que se había propuesto. También debió contribuir a ello, el éxito literario cosechado y la esperanza de que, en siglos venideros, hombres más libres y más sabios pudieran reconocer sobradamente sus éxitos, pues lo sabio, como escribió Gracián, es eterno.

            Documentos consultados:

            Archivo Municipal de Calatayud, Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1916, Sig. 156.

            Las cartas de invitación y agradecimiento, que ilustran este artículo, en el Archivo Municipal de Saviñán.

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Reglamento de la sociedad Círculo Democrático Popular de Calatayud

CENTENARIO DEL NOMBRAMIENTO DE DARÍO PÉREZ GARCÍA
COMO HIJO PREDILECTO DE CALATAYUD, 1922-2022

REGLAMENTO DE LA SOCIEDAD CÍRCULO DEMOCRÁTICO POPULAR
DE CALATAYUD

Francisco Tobajas Gallego

            Darío Pérez García (1861-1945), participó activamente desde muy joven en la vida social y política de Calatayud. En 1882 lo vemos ya firmando como secretario de la sociedad denominada Círculo Democrático Popular, que recogía el testigo del Círculo Agrícola, Industrial y Mercantil. Como su nombre indica, este Círculo Democrático Popular era de tendencia democrático-republicana. Veremos en el reglamento que las juntas generales se celebraban anualmente el 11 de febrero, que coincide con la fecha de la proclamación de la Primera República Española en 1873. El 5 de marzo, fecha señalada para que la Junta Directiva presentara el presupuesto anual, coincide con la llamada cincomarzada, día en que había tenido lugar en Zaragoza un enfrentamiento entre isabelinos y carlistas en 1838. Al año siguiente, el Ayuntamiento de Zaragoza declararía este día como festivo.

            Según el Anuario de comercio, de la industria, de la agricultura y de la administración de 1881, Calatayud contaba con 11.299 habitantes. Se editaba un periódico diario, el Diario de Avisos y Noticias, que no recoge la Historia de la prensa aragonesa, de Eloy Fernández Clemente y Carlos Forcadell. Entonces era alcalde Juan Francisco Sancho de Lezcano y teniente de alcalde Alejandro Pérez Cubero, padre de Darío Pérez García. Este último dato no es cierto. Alejandro Pérez Cubero resultó elegido concejal en febrero de 1877, por el colegio de la Casa Consistorial, obteniendo 134 votos. Tomó el cargo el 1 de marzo de 1877 como primer regidor, por el número de votos obtenido, que fue el mismo que obtuvo Raimundo Gaspar López, que fue nombrado alcalde.

            En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 6 de mayo de 1881, visto el informe del maestro de obras y de la comisión del ramo, se acordaría conceder a Alejandro Pérez la licencia para continuar las obras de su fábrica de harinas, situada en la Barrera de Marcial, sujetándose al plano de fachada que acompañaba a la instancia.

El 8 de septiembre de 1881 se fundaría el Colegio de Santa Ana.

Según el Anuario, en 1882 se publicaba El Eco de Calatayud, periódico democrático. En este mismo año un concejal pedía que se corrigiera la costumbre de jugar a la estornija en calles, plazas y paseos públicos. Varios vecinos del barrio de las Tenerías denunciaban también frecuentes escándalos, producidos por una casa de prostitución, situada en el postigo de esta calle.

En 1883 se publicaba El Eco Bilbilitano, periódico democrático, en el que colaboraba Darío Pérez en el número del 19 de noviembre. En 1884 este diario tenía la redacción, administración e imprenta en la plaza de San Torcuato, en el antiguo convento de las descalzas. Para que tocaran las noches del 7, 8, 9 y 10 de septiembre de 1884, el presidente del ayuntamiento había tratado con las bandas de música La Unión y la Filarmónica, que pedían cuatro duros por hora cada una. A principios de agosto de este mismo año, varios vecinos de la plaza de San Marcos pedían al ayuntamiento la clausura de una casa de meretrices, que estaba establecida en el barrio.

Ya en 1886, el Anuario señalaba la publicación en Calatayud de La Comarca, diario liberal, El Chiquitín de la Casa, el Diario de Avisos y Noticias, El Eco de Calatayud y El Federalista. El 1888 se publicaban el Diario de Avisos y Noticias, Las Noticias y La Lucha, diario republicano, que daría paso a La Justicia (1888-1936).

El 3 de enero de 1886 se aprobaría el reglamento del Círculo Católico de Obreros de Calatayud, que estaba organizado en cuatro apartados: beneficios de enseñanza, socorros, economía y espirituales. Entraría en funcionamiento el 25 de marzo de 1886, siendo su primer presidente Juan Blas y Ubide.

En el Anuario de 1888 se citaba a la Sociedad Bilbilitana, de la que era presidente R. Gaspar y secretario P. Zabalo. En 1894, y según el mismo Anuario, la ciudad contaba con otros casinos: El Ateneo, del que era presidente Melchor Llanas, el Bilbilitano, bajo la presidencia del Fulgencio Bermúdez, el Centro Federal, que presidía Darío Pérez, y el de Labradores, del que era presidente Pascual Blas. En este año se anunciaban el Café Bilbilitano, el New York y el Universal. Siendo concejal Vicente Mochales en 1881, pedía que los dependientes del ayuntamiento vigilaran a los clientes de cafés y casinos de la Rúa, a la salida de estos locales, sobre todo los días festivos, porque se orinaban en las aceras, haciendo que fueran intransitables. Este mismo año, Mochales pedía también evitar los alborotos de los estudiantes, cuando entraban y salían de las clases, en las plazas de la Correa, San Antón y San Francisco. En 1882 solicitaba vigilancia además para ciertas casas, sobre todo en días festivos, debido a los alborotos, y en otras casas de juego, donde se incumplían las leyes. En 1882 y 1884 Mochales volvió a reiterarse en su propuesta, pidiendo que el alguacil mayor vigilara la salida de los cafés, para corregir esta mala costumbre de orinar en las aceras.

En 1898 el Anuario citaba La Justicia y El Diario de Calatayud, con sus respectivas imprentas, y la Sociedad Unión Filarmónica, que presidía José María Pardos.

Reglamento. El reglamento del Círculo Democrático Popular es un manuscrito de 44 centímetros de ancho por 31,5 centímetros de largo. Lo componen cuatro hojas, dobladas por la mitad, en forma de cuadernillo, cosido en la margen izquierda. Una hoja hace de portada y contraportada y las tres restantes, escritas por ambas caras, recogen los treinta y dos artículos del reglamento, distribuidos en siete capítulos, con tres disposiciones transitorias. La primera hoja, en el ángulo superior derecho, lleva un timbre móvil de 10 céntimos del año 1882.

            Este reglamento señalaba que la sociedad Círculo Democrático Popular de Calatayud, era una asociación destinada al recreo y libre comunicación de sus asociados, que a la vez trataba de difundir conocimientos políticos y científicos. Con este objeto, el círculo celebraría sesiones y conferencias privadas y públicas, sobre temas políticos, científicos y referentes a artes y oficios. La elección de estos temas sería libre, entre los socios que quisieran tomar parte en las conferencias.

El círculo contaría con una Junta Directiva, compuesta de un presidente, un vicepresidente, dos secretarios y cuatro consiliarios o vocales, uno de ellos actuaría como depositario. Esta junta sería elegida en Junta General en sesión extraordinaria, que se celebraría el día 11 de febrero de cada año.

El círculo contaría con dependientes, periódicos, revistas, muebles y utensilios para el servicio de los socios. El 5 de marzo, la Junta Directiva presentaría a examen y aprobación de la Junta General los presupuestos anuales, sin cuyo requisito no podría efectuarse ningún gasto.

Todos los socios del círculo tenían iguales derechos, que daban facultad a tener voz y voto en las juntas generales, a tomar parte en las conferencias, y a usar y utilizar todos los efectos pertenecientes a la sociedad. No podrían gozar de estos derechos los socios morosos en la cuota mensual que se designara y los socios que no pagaran la cuota de entrada, si así lo decretaba el círculo. Tampoco tendrían voto en las juntas, ni podrían desempeñar cargos en la Junta Directiva.

El número de socios sería ilimitado. Debían solicitar su ingreso por escrito a la Junta Directiva, firmando con el solicitante dos socios que respondieran de su conducta y antecedentes morales. Hecha la solicitud, la Junta Directiva, si no encontraba obstáculos en los informes que adquiera, acordaría la admisión del interesado, expidiendo el correspondiente título.

Dejaría de ser socio aquel que, por tres meses consecutivos o no, dejara de pagar la cuota designada. Previa presentación de los recibos no pagados por el conserje, el secretario haría constar en las listas del círculo la exclusión del socio moroso.

Además de las juntas generales, que se celebrarían anualmente cada 11 de febrero, para la renovación de cargos de la directiva, y el 5 de marzo para la aprobación de los presupuestos, podrían celebrarse juntas extraordinarias, por iniciativa de la Junta Directiva, o por petición de una docena de socios, acompañada de la proposición o proposiciones que hubieran de someterse a la deliberación de la junta. En este último caso, la Junta Directiva tenía obligación de hacer la convocatoria en el término de cuarenta y ocho horas, después de presentar la petición en secretaría.

Las proposiciones presentadas en las juntas generales serían defendidas por uno de sus autores y, una vez discutidas, se aprobarían o se desecharían en votación ordinaria o nominal, siempre que hubiera socios que lo pidieran.

Los acuerdos de la Junta General serían válidos, si hubieran sido adoptados por mayoría absoluta de los asistentes a la sesión. La Junta Directiva sería elegida, en votación pública y por papeleta firmada, el día 11 de febrero de cada año, tomando posesión de sus cargos tan pronto como fuese nombrada.

Formaría y presentaría para el día 5 de marzo siguiente al de su nombramiento, el presupuesto del año, para su examen y aprobación de la Junta General, proponiendo además los servicios generales que considerara convenientes a la sociedad.

Tendría obligación de celebrar sesión ordinaria a primeros de cada mes, para aprobar las cuentas del anterior, ordenar que se expusieran al público para conocimiento de los socios y hacer la distribución de fondos del mes en curso.

La Junta Directiva, de acuerdo con los encargados de dar conferencias, determinaría con la anterioridad debida los días y horas en que hubieran de tener lugar. No permitiría que, sin su autorización, tuviera lugar ninguna lección o conferencia, debiendo presentar en la Junta General del 11 de febrero, un resumen de los trabajos llevados a cabo durante el año de su ejercicio. La Junta Directiva determinaría las horas que hubieran de estar abiertas las dependencias del círculo.

Los cargos de la Junta Directiva serían obligatorios y solo podrían excusarse los que resultaran reelegidos, sin haber mediado un año por lo menos.

El presidente dirigiría todos los actos públicos y privados del círculo, ostentando la representación de todos los asociados. Autorizaría todos los documentos y tendría siempre en las conferencias un puesto de honor, a la derecha del profesor.

El vicepresidente sustituiría al presidente en sus ausencias y enfermedades, ejerciendo todas sus atribuciones. Los consiliarios o vocales, en orden al número de votos obtenidos, sustituirían al vicepresidente.

Los dos secretarios, quienes se pondrían de acuerdo en los turnos, debían redactar las actas de las sesiones de la Junta Directiva y de la General, darían cuenta  de los asuntos tratados en cada sesión y firmarían con el presidente todos los documentos relativos al círculo. Intervendrían y formularían todas las cuentas de la sociedad, expedirían los libramientos de gastos, darían forma a los presupuestos ordinarios y extraordinarios, que presentara la Junta Directiva, reunirían los datos necesarios para el resumen anual para la Junta General, apuntando las altas y bajas de socios y autorizando los recibos de las cuotas mensuales.

Los consiliarios o vocales debían asistir a las sesiones de la Junta Directiva, como miembros de ella, cuidando del orden y decoro de la sociedad. El consiliario nombrado por la Junta Directiva, sería el depositario de todos los fondos de la sociedad, cualquiera que fuese su procedencia. El vocal depositario sería responsable de las cantidades que invirtiera, sin libramiento firmado por uno de los secretarios y el visto bueno del presidente.

Entre las disposiciones transitorias se añadía que la sociedad llamada Círculo Democrático Popular, era la misma antes denominada Círculo Agrícola, Industrial y Mercantil, recogiendo todas sus obligaciones, deudas y créditos. La Junta Directiva del Círculo quedaba facultada para cobrar a los socios morosos por todos los medios legales. Cuando la Junta Directiva diera cuenta de la aprobación de los estatutos por la superioridad, acordaría la redacción de un reglamento interno, relativo a la designación de cuota de entrada, escala de cuotas, socios que se consideraran activos o pasivos, obligaciones del conserje y dependientes, bailes y conciertos que hubieran de celebrarse, etc., así como para el mejor orden de la celebración de sus conferencias.

Firmaban este reglamento el 7 de noviembre de 1882, en Calatayud, León Caballero, presidente, Iñigo Lozano, vicepresidente, Juan Fanlo, depositario, y Darío Pérez, secretario.

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Nuevas noticias sobre el retablo mayor de la parroquia de Paracuellos de la Ribera

Francisco Tobajas Gallego

            Conocemos algunas noticias de la iglesia de San Pedro Apóstol de Paracuellos de la Ribera por el Catálogo Monumental de España de 1957, debido a Francisco Abbad Ríos. En el X Simposio Internacional de Mudejarismo, celebrado en Teruel en 2005, Agustín Sanmiguel y Ana Isabel Pétriz presentaron una comunicación dedicada a esta iglesia mudéjar. Algunos datos más, sobre imágenes y retablos, nos ofrece Jesús Criado en su libro publicado por el Centro de Estudios Bilbilitanos en 2013, dedicado a La escultura romanista en la Comarca de la Comunidad de Calatayud y su área de influencia. 1589-1639. En la página de Aragón mudéjar encontramos también información sobre esta iglesia, con una abundante galería fotográfica.

Iglesia de San Pedro Apóstol, Paracuellos de la Ribera. (Zaragoza)

            Abbad Ríos señalaba que el retablo mayor de esta parroquia, barroco con columnas salomónicas y en madera de su color, era muy semejante al de Villarroya de la Sierra, debido al escultor Bernardo Ibáñez y a su hijo Juan, que lo llevaron a cabo entre 1674 y 1678, siguiendo la traza del arquitecto José de Torres R. Carretero Calvo y A. Sánchez Ibáñez, El retablo mayor de San Pedro de los Francos de Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos, 2019).

Bernardo Ibáñez (1620-1678) era hijo del carpintero Miguel Ibáñez y de María Retor. Aprendió el oficio en el taller de Bernardino Vililla por espacio de cinco años, desde 1635 a 1640. En 1644 casó en primeras nupcias con Teresa Martínez, siendo padres de Juan Jerónimo Ibáñez, escultor, nacido en 1648. En 1651 contrajo segundas nupcias con Josefa del Villar, en la parroquia de San Andrés de Calatayud, con la que tuvo seis hijos, entre ellos José Ibáñez (1656), pintor, Manuel Joaquín Ibáñez (1662), escultor, y Bernardo Ibáñez (1665-1704), también escultor. Bernardo Ibáñez Villar casó en tres ocasiones. La primera con Jusepa Andrés, la segunda con Isabel Castel y la tercera con Ana Terrer, siendo padres de tres hijos, que siguieron el oficio paterno: Ignacio (1696-1769), Bernardo (1698) y Javier Ibáñez Terrer (1700).

En el Archivo Municipal de Calatayud hemos encontrado unas comandas del Capitulo Eclesiástico de San Pedro Apóstol y del Concejo de Paracuellos de la Ribera, a favor del escultor Bernardo Ibáñez Villar, para la fabrica y trabajo de escultura del retablo de la parroquia de este lugar, que seguiría el modelo del retablo de Villarroya, último encargo de su padre.

            El 27 de mayo de 1688 y ante el notario Domingo Vililla, Domingo Carnicero y Juan Jerónimo Roy, jurados, Manuel de Cuenca y Miguel Crespo, tenientes de jurado, José Pérez, almotazaf, Francisco Cerellón, Manuel Lozano, Ignacio de Moros y Juan Berón, jurados, oficiales y regidores del Concejo de Paracuellos de la Ribera, otorgaban tener en comanda de Bernardo Ibáñez, escultor y vecino de Calatayud, 1.984 sueldos.

El mismo día Bernardo Ibáñez, hallado en Paracuellos de la Ribera, habiendo ajustado con el vicario, Capítulo eclesiástico, jurados y Concejo de ese lugar, la fabrica y trabajo de escultura del retablo mayor para la parroquia de San Pedro Apóstol, en el modo, forma, tiempo y manera que debía llevarlo a cabo, aceptaba que le pagaran estos 1.984 sueldos en cinco años, en diez pagas iguales, en los días de San Miguel de septiembre de ese mismo año de 1688 y Pascua de Resurrección de 1689, y así en adelante hasta el pago de aquella cantidad. 

El mismo día Pedro José Fernández de Moros y Pozo, domiciliado en Calatayud y hallado en Paracuellos, mosén Miguel Vela, vicario, mosén Jerónimo Cazcarro, mosén José Moracho, mosén Pedro Lorente y mosén Roque Hernando, presbíteros y sirvientes de los servicios y rentas de la iglesia parroquial de Paracuellos de la Ribera, otorgaban tener en comanda del escultor Bernardo Ibáñez 3.840 sueldos.

Bernardo Ibáñez declaraba que Pedro José Fernández de Moros debía pagarle, por razón de esta comanda, 800 sueldos, mosén Miguel Vela 640 sueldos, mosén Jerónimo Cazcarro 800 sueldos, mosén José Moracho 640 sueldos, mosén Pedro Lorente 640 sueldos y mosén Roque Hernando 320 sueldos. Les daba cinco años de tiempo para pagarle, en cinco pagas iguales. A mosén Pedro Lorente le daba de plazo un año más. La primera paga sería para el día de San Miguel de septiembre de 1688.

El mismo día Bernardo Ibáñez, escultor, y José Ibáñez, mancebo pintor, vecinos de Calatayud y hallados en Paracuellos, este último como procurador legítimo de José Pebrete, mercader vecino de Calatayud, mediante poder hecho ante Juan Antonio de Rada, el 26 de mayo de aquel mismo año, otorgaban tener en comanda del vicario, Capítulo de San Pedro Apóstol, jurados y Concejo de Paracuellos de la Ribera, 8.000 sueldos, obligando sus personas y bienes.

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Darío Pérez García en su centenario

Francisco Tobajas Gallego

            En la sesión celebrada por el Ayuntamiento de Calatayud el 11 de octubre de 1922 se acordó nombrar hijo predilecto de la ciudad a Darío Pérez García, diputado a Cortes por este distrito, por los favores alcanzados recientemente. También se acordó que una comisión del ayuntamiento se trasladara a Alhama de Aragón, para testimoniarle la gratitud de la corporación. En la siguiente sesión se ratificó este acuerdo, trasladándose el nombramiento a un artístico pergamino, que se le entregaría solemnemente. Igualmente se acordó que su retrato se colocara en el despacho de la alcaldía, para pasar, una vez fallecido, al salón de sesiones.

José María Rubio Vergara recibió el encargo de realizar el retrato de Darío Pérez. Se trata de una vista de la ciudad, tomada desde el santuario de la Virgen de la Peña, con el escudo de la ciudad colocado en la parte superior izquierda y, a la derecha, el retrato de Darío Pérez enmarcado en una orla. En la parte inferior del retrato se puede leer una leyenda que dice: «El Excelentísimo Ayuntamiento de Calatayud, dedicó este pequeño recuerdo en honor de su hijo predilecto D. Darío Pérez, el más humilde de sus vecinos, pero gran entusiasta de las glorias de Bílbilis y de los hombres que la enardecen, I-VIII-MCMXXIII».

Sergio Zapatería, en su libro Calatayud estrena siglo (1992), escribía que este cuadro, colocado en su momento en el ayuntamiento, había desaparecido de su emplazamiento, ignorando su destino. En el semanario La Comarca apareció una noticia el 28 de abril del año 2000 referida a este cuadro. El semanario informaba que el Ayuntamiento de Calatayud había cedido este retrato de Darío Pérez a la Asociación Cultural La Dolores, para que fuera expuesto en el museo situado en las bodegas del mesón. Según informaba este semanario, el cuadro había permanecido durante décadas en uno de los despachos de la planta calle de la Casa Consistorial de la Plaza Costa.

Con motivo del centenario del nombramiento de Darío Pérez como hijo predilecto de Calatayud, habría que cumplir el acuerdo municipal tomado en 1922 y el cuadro de José María Rubio debería pasar a la galería de retratos de Bilbilitanos Ilustres.

            Con motivo del 75º Aniversario del I.E.S. Emilio Jimeno, celebrado en 2011, Mariano Amada Cinto, catedrático de Geografía e Historia en el Instituto Goya de Zaragoza, impartió una conferencia dedicada a Darío Pérez, que había sido impulsor de la antigua Escuela Elemental de Trabajo, luego convertida en el I.E.S. Emilio Jimeno, reconstruyendo su biografía a través de recortes de prensa. En ella señalaba que las fechas biográficas de Darío Pérez estaban trastocadas, proponiendo como fecha de nacimiento el año 1860 o 1861, cuando todas las biografías consultadas siguen señalando el año de 1869 como el de su nacimiento.  Mariano Amada tenía razón. Darío Alejandro Pérez García, hijo de Alejandro y Benedicta, fue bautizado en la colegiata de Santa María el 24 de septiembre de 1861. El padre de familia, que residía en la calle Aguadores, aparece como propietario. Sus abuelos paternos se llamaban José Pérez y Antonia Cubero, oriundos de Miedes. Los maternos, Pascual y Encarnación Concisquillo, procedían de Puerto Rico. En noviembre de 1880 era requerido para entrar en quintas, debiendo ser alistado en el próximo reemplazo.

En 1888, Darío Pérez fundaría y dirigiría el diario republicano La Justicia, ocupando el cargo de concejal del Ayuntamiento de Calatayud desde julio de 1891 a julio de 1895.  En esta época Darío Pérez se ocupó y se preocupó sobre todo de la higiene pública, de la enseñanza, del ferrocarril, de la marcha de la entonces achacosa y endeudada administración municipal, de los empleados, del alumbrado, del cementerio civil, de los niños vagabundos, de la clase obrera, de las diferentes peticiones de los vecinos y de que se cumplieran por encima de todo la ley y los acuerdos municipales. Fue siempre implacable en señalar estos incumplimientos, presentando con su grupo numerosas iniciativas, que las más de las veces serían rechazadas por la mayoría del gobierno municipal.

Por auto de 23 de noviembre de 1893, un juez de Tudela lo procesó por la publicación de una hoja clandestina, quizá sin pie de imprenta, suspendiéndole en el cargo de concejal, pero el 8 de marzo de 1894, la Audiencia de Pamplona revocó este auto. Al tomar de nuevo el cargo de concejal, Darío Pérez agradeció las atenciones de sus compañeros, que compensaban los disgustos, personales y quizá también económicos, que le había ocasionado el proceso de Tudela. 

En un artículo publicado en Heraldo de Aragón el 21 de junio de 1931, titulado «Mi primer sueldo» (recopilado por Mariano Amada en su Antología de Autores Bilbilitanos, Casa de Calatayud en Zaragoza, XXV Aniversario, Zaragoza, 2005), Darío Pérez recordaba una carta de Luis Montestruc, en la que, conociendo su difícil situación personal y también familiar, le ofrecía trabajo en el periódico con el «raquítico sueldo» de treinta y dos duros al mes. Al acabar su etapa de concejal, Darío Pérez debió pasar a la redacción de Heraldo de Aragón, cuyo primer número había aparecido el 20 de septiembre de 1895. Darío Pérez escribía: «Cuando transcurrida la mensualidad percibí 32 duros, no experimenté un consuelo, pero sentí un estímulo». Confesaba que hasta entonces no había sabido lo que era ganar. Influido por sus ideas republicanas, había llevado mucho tiempo redactando en periódicos de su ciudad y manteniendo media docena de años el diario que había fundado y dirigido con su propio dinero. Al fallecer Montestruc en 1897, Darío Pérez señalaba que había tenido que ocupar su puesto. Recordaba también su entrega a la profesión, olvidándose que era un director con doscientas pesetas de sueldo, consagrándose «al gozo» de las campañas de La Caridad, la Fiesta del Árbol, el ferrocarril de Teruel, las azucareras, los grandes riegos y a aquellos artículos recogidos bajo el epígrafe «Zaragoza, ciudad de la muerte», en los que criticaba el estado sanitario de la ciudad. En aquellos años Darío Pérez se había dedicado en cuerpo y alma al despertar material, cultural, espiritual, político y económico aragoneses. Por estas razones nunca se olvidaría del periódico que le había dado su primer sueldo y al que le amarraban dos mil crónicas publicadas. El periodismo, escribía Darío Pérez era «un ingenuo y noble oficio capaz de crear a Don Quijote, pero incapaz de extraer jugo a una cuenta de interés compuesto».

La figura tan enorme, aunque desconocida, de Darío Pérez está pidiendo a gritos nuevos estudios y una atenta revisión. Para conmemorar este feliz aniversario, el Ayuntamiento de Calatayud tiene la oportunidad de publicar sus memorias inéditas, recogidas bajo el título de Momentos de una vida, que sus herederos están dispuestos a ceder para este fin. Además, guardan también abundante documentación manuscrita e impresa, periódicos, cartas, fotografías y artículos periodísticos, que podían pasar a formar parte del Archivo Municipal de Calatayud.  Sería un verdadero acto de justicia para un hombre íntegro e incansable, dedicado a las palabras del periodista y a las obras del político, que fundó y dirigió el diario La Justicia, sosteniéndolo con su propio dinero, con su enorme tesón y con su ingente capacidad de trabajo.

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Bicentenario de la Provincia de Calatayud

Hoy, 27 de enero, se cumplen 200 años de la creación de la provincia de Calatayud a través del Decreto LIX: División provincial del territorio español, en el que se marcaron los límites de la provincia, siendo la ciudad de Calatayud su capital.

Su existencia fue efímera, ya que dicha provincia desaparecería definitivamente el 1 de octubre de 1823, pero en ese periodo de tiempo ocurrieron importantes acontecimientos que desde el Centro de Estudios Bilbilitanos creemos que pueden ser de gran interés para todos los que hoy en día habitamos en alguna de las localidades que formaron la provincia. Por ello, desde el CEB y en colaboración con el Ayuntamiento de Calatayud y la comarca Comunidad de Calatayud, se publicará próximamente el libro La provincia de Calatayud durante el Trienio Liberal, coordinado por José Ángel Urzay Barrios y en la que han participado tanto especialistas en el tema como investigadores locales.

Mapa físico de la Provincia de Calatayud, publicado por el CEB y creado por Carlos Guallart y Javier Velilla

Esta obra colectiva se verá complementada con una jornada de estudio donde los autores del libro expondrán las últimas investigaciones llevadas a cabo, profundizando en un tema muy poco estudiado. Acompañará a la publicación el mapa de la provincia de Calatayud que se presentó el pasado 7 de octubre de 2021.

Mapa político de la Provincia de Calatayud, publicado por el CEB y creado por Carlos Guallart y Javier Velilla
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