Pregón de Semana Santa 2015

 

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Proceso de renovación de la Presidencia del CEB

Con la dimisión del presidente del Centro de Estudios Bilbilitanos, se abre un periodo de renovación en el cargo, con arreglo a lo indicado en la siguiente documentación:

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Dimisión del presidente del CEB

Estimados consejeros y
consejeras:
El pasado jueves, 5 de marzo de 2015, el presidente del Centro de Estudios
Bilbilitanos, D. Manuel Micheto Ruíz de
Morales
, presentó  su dimisión ante
la Comisión Permanente, personalmente y mediante la carta adjunta a esta
documentación.
Los motivos de su decisión, no nos dejan otra alternativa que aceptarla,
pese a que la voluntad de la Comisión Permanente, en otras circunstancias,
sería la de  insistirle en su
continuidad.
Por eso, no podemos sino agradecerle su dedicación a la presidencia del
Centro de Estudios Bilbilitanos y el interés que ha demostrado en la buena
marcha de la entidad, el tiempo y los esfuerzos dedicados a continuar la
importante tarea de difusión y puesta en valor del patrimonio (en sentido
amplio) de Calatayud y su comarca; desearle lo mejor en el futuro y decirle que
seguimos contando con su capacidad artística, científica y de gestión como
consejero del CEB.
La dimisión del Presidente implica que la Comisión Permanente quede en
funciones hasta que se produzca el necesario proceso electoral, dado que este
órgano es de libre designación del presidente y su cese voluntario implica,
necesariamente, este nuevo estatus:
Únicamente
aquellos acuerdos ya tomados por la presidencia y comisión permanente salientes,
y que consten en acta aprobada, seguirán su curso hasta que se resuelva la actual
situación de vacío en la presidencia, a saber: pregón de Semana Santa,
publicaciones en curso, planificación de los IX Encuentros de Estudios Bilbilitanos…
Tras esta dimisión, asumo, con carácter accidental, la presidencia del CEB
y pongo en conocimiento de todos los consejeros, en los documentos adjuntos,
las acciones a tomar y su calendario para poder contar, en el plazo más breve
posible, con una presidencia y unos órganos de gobierno para el Centro de
Estudios Bilbilitanos que le permitan seguir trabajando por sus objetivos.
En este plazo de tiempo estaré a vuestra disposición para lo que
consideréis mediante los canales de comunicación habituales del CEB o, más
directamente, a través de mi correo electrónico: jrolalla@gmnail.com.
Un saludo:
José Ramón Olalla Celma
CARTA DE MISIÓN DE D. MANUEL MICHETO
RUIZ DE MORALES, PRESIDENTE DEL CENTRO DE ESTUDIOS BILBILITANOS
Por la presente, deseo comunicar a todos los miembros de la Comisión
permanente del CEB, así como a todos los miembros de la Asamblea que, en el día
de la fecha, presento mi dimisión como presidente de esta Institución y que
lleva mi renuncia implícita como miembro de la citada Permanente. El motivo no
es otro que mi actual estado de salud.

Agradezco
el apoyo recibido en estos cuatro años, no sólo como Presidente, sino como
compañero y amigo.
  
                                                                                              En
Calatayud, a 12 de marzo de 2015
                                                                                              Fdo.:
Manuel Micheto Ruiz de Morales
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Bajo las estrellas

 

Francisco Tobajas Gallego
            El pasado 19 de febrero de 2015 se presentó en el Salón Multiusos del Ayuntamiento de Calatayud el libro de fotografía Bajo las estrellas, de Juan José Ceamanos Redondo y Ricardo Cortés Lázaro, que ha sido editado por el Centro de Estudios Bilbilitanos en su colección Calatayud en la fotografía. Acompañó a los autores José Verón Gormaz, a quien se le debe el prólogo de este libro.
            Esta colección de Calatayud en la fotografía fue una idea del entonces presidente del Centro de Estudios Bilbilitanos, Agustín Sanmiguel, que fue bien acogida por los miembros de la Comisión Permanente. La inauguró Pepe Verón con un libro titulado Calatayud, sueños e imágenes, cuya primera edición se agotó rápidamente, aunque la impresión, según el mismo autor, no era muy buena. Pronto se hizo una segunda edición con una mejor impresión. Desde entonces se han publicado libros de varios fotógrafos de Calatayud y de su comarca. Ahora les tocaba el turno a dos fotógrafos bilbilitanos, Ricardo Cortés y Juan José Ceamanos, con un libro de fotografías nocturnas de la Comarca de Calatayud, «original y arriesgado», cuya «originalidad y la diferente visión vienen a abrir un nuevo camino», según escribe Verón en el prólogo. Pepe Verón señaló también que cada fotógrafo «desarrolla su trabajo con personalidad, con su particular estilo; y aunque coinciden frecuentemente en el tema, siempre muestran enfoques diferentes», con dos «formas de ver, de expresarse, y las dos con muy buenos resultados». Para Verón, el resultado de este trabajo «es digno de todo elogio».
            Ricardo Cortés y Juan José Ceamanos se conocieron en enero de 2007 y poco después fundaron la Asociación Fotográfica de Calatayud, a la que bautizaron con el nombre de José Verón. El trabajo diario les dio la posibilidad de conocerse y gracias a esa confianza mutua ha surgido este trabajo.
            Ricardo Cortés señaló que un buen día navegando por internet, se encontró con el trabajo del navarro Martín Zalba, al que considera como uno de los mejores fotógrafos de nocturnas en España. La Asociación Fotográfica local consiguió que en 2008-2009 Zalba impartiera en Calatayud un cursillo, enseñándoles los primeros conceptos de la fotografía nocturna y circumpolar. Aquellas enseñanzas se convirtieron en un gran acicate para salir a fotografiar de noche.
Los mismos autores escriben en la presentación de su libro: «Fotografiar, por definición, es escribir con luz. A veces, son demasiadas las luces que nos separan de una buena imagen. A veces, la ausencia de luz expresa más que su exceso». Y confiesan que para ellos, «fotografiar es más que escribir con luces y sombras; es más que capturar un momento de la existencia; es narrar la incesante historia congelando sus instantes. Congeladas, que no muertas. Estables, que no inertes».
            Ricardo Cortés recordaba una noche fantástica que habían pasado en Villanueva de Jalón, donde habían llevado a la práctica todo lo que habían aprendido hasta entonces. Luego con la compra de nuevo material, sus trabajos fueron ganando en calidad. Cortés señaló que en una fotografía nocturna se viene a invertir cuarenta minutos para la toma y otros cuarenta minutos en el procesado. Y también consideró los numerosos inconvenientes de esta fotografía nocturna, como es un cielo con nubes, largos desplazamientos, cargar con el equipo por caminos a oscuras, el control manual de la cámara para lograr una imagen de calidad, peligro de caídas, no tener cobertura en el móvil… Por todo esto recomendó ir siempre acompañado. El procesado es también muy importante, labor que cada uno lleva a cabo a su modo y manera, y así acaba de madurar la fotografía.
            Ricardo Cortés agradeció al Centro de Estudios Bilbilitanos su confianza, al Ayuntamiento de Calatayud su disposición, pues había facilitado el acceso a algunos lugares cerrados, que se habían elegido para fotografiar, y también a los numerosos alumnos que se dieron cita en este acto.
            Juan José Ceamanos señaló que este año era el Año Internacional de la luz, de las estrellas. Y la fotografía también era luz. Confesó que le gustaba la poesía, por eso mismo mirar al cielo era una forma como otra cualquiera para encontrarse cada uno a sí mismo, pues todos somos consecuencia de esa luz. En el cielo, mirando al universo, trataba de descifrar sus sentimientos. La mitología estaba toda completa y descrita allá arriba. Toda la Grecia clásica estaba todas las noches sobre su cabeza.
            Ceamanos explicó que para fotografías nocturnas era preciso esperar una noche estrellada del ciclo de la luna nueva, para encontrar menos luz. Por el día, Ricardo Cortés buscaba localizaciones con la moto, a las que señalaba con una banderola roja. Y ya en la noche cerrada trataban de encontrar aquellas localizaciones, a veces recorriendo a pie varios kilómetros por trochas y veredas, para plantar la cámara delante del objetivo, que apenas se distingue e intuye, y componer a oscuras, mientras se oyen extraños ruidos, para por fin tirar hacia el norte o hacia el sur. Ceamanos dijo sentir una extraña atracción por los apeaderos abandonados y por las ruinas.
            Con los agradecimientos de rigor, Ceamanos añadió que le gustaba la astronomía, la poesía y la fotografía, que todas riman, mostrando una pasión desbordante por este arte que le tiene completamente atrapado. La luz debe seguir escribiendo, aún de noche, pues como precisó Pepe Verón, la fotografía les necesita.
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EL SISTEMA DEFENSIVO MUSULMÁN ENTRE LAS MARCAS MEDIA Y SUPERIOR DE AL-ANDALUS

 

Francisco Tobajas Gallego
            El pasado 9 de febrero se presentó en el Salón Multiusos del Ayuntamiento de Calatayud el libro El sistema defensivo musulmán entre las Marcas Media y Superior de al-Andalus (siglos X-XII), de Vicente Alejandre Alcalde, que ha sido editado por el Centro de Estudios Bilbilitanos. El autor estuvo acompañado por el vicepresidente del Centro de Estudios Bilbilitanos, José Ramón Olalla, y por el consejero Carlos Sáenz Preciado.
            Carlos Sáenz señaló que en una tierra donde no faltan las historias de moras encantadas y tesoros escondidos, «hacía falta un trabajo que aportase una visión global, de conjunto, sobre las fortificaciones musulmanas». Con este libro, Vicente Alejandre había aportado una «nueva visión» del sistema defensivo musulmán, apoyándose en las fuentes escritas y arqueológicas, de un amplio territorio enmarcado entre el Duero y el Jalón, tierras de frontera.  En él se sitúan las monumentales alcazabas y fortalezas de Calatayud, Medinaceli o Gormaz, pero también pequeñas alquerías y atalayas que salpican el territorio y que se encuentran en grave peligro de desaparición.
            En el prólogo, Mario Lafuente Gómez felicita al autor por el resultado de su trabajo, «un sólido estudio apoyado en un extraordinario repertorio de fuentes», en el que se han utilizado los registros físicos, arqueológicos, escritos y onomásticos.
            Vicente Alejandre, que dedica su libro a las gentes de la Raya, supervivientes en tierras de frontera, señaló que su estudio trataba de aproximarse, desde un punto de vista histórico y arqueológico, al sistema defensivo musulmán implantado entre los ríos Duero y Jalón que, durante la alta Edad Media, formaba parte de la frontera septentrional, frente a los territorios cristianos del norte. Su trabajo ha consistido en situar las distintas fortificaciones, que conformaban un verdadero sistema castral, dispuestas para la defensa del territorio, con sus conexiones ópticas y terrestres, existentes entre unas y otras. El autor ha repasado las fuentes documentales, tanto musulmanas como cristianas, la toponimia de origen arábigo, tan abundante en algunos sectores de nuestra región, dejando que la arqueología diga la última palabra para reconocer con seguridad un asentamiento como islámico. El autor señaló que la catalogación de algunos de los restos constructivos de este estudio, podía resultar dudosa, hasta que la arqueología lo confirmara.
             Este estudio ha comprendido un área de más de cinco mil kilómetros, entre el curso del río Duero, que discurre hacia el oeste, y el del río Jalón, que lleva dirección este, que se extiende entre las actuales provincias de Soria, Zaragoza y Guadalajara. La cartografía ha sido proporcionada por el Instituto Geográfico Nacional.
            El libro se compone de cuatro capítulos, cinco anexos y la correspondiente bibliografía. En el primer capítulo se analiza el concepto de frontera, adelantando un esquema de la disposición de las fortificaciones que componían el sistema castral. En tiempos del emirato y califato de Córdoba, la frontera estaba organizada en tres sectores: La Marca Superior, que se extendía desde el Mediterráneo hasta el Moncayo, con capital en Zaragoza, la Marca Media, que comprendía los territorios comprendidos al sur del Sistema Central, con capital en Toledo, aunque  posteriormente se trasladó a Medinaceli, y la Marca Inferior, que abarcaba desde la Extremadura hasta el Atlántico, con capital en Mérida.
            Para impedir el avance del enemigo del norte y proteger a los pobladores de la frontera, se ideó un sistema de fortalezas, torres y atalayas de carácter militar. La población de estos distritos fronterizos era de carácter rural, aunque estaba muy jerarquizado. Las fuentes documentales musulmanas citaban una veintena de topónimos, aunque no todos ellos están identificados. De la fuentes cristianas resultan interesantes las que se refieren al momento de la reconquista cristiana. La toponimia ha resultado también de gran ayuda para complementar estas relaciones. En la provincia de Soria se han podido identificar 50 topónimos de origen arábigo, localizados en los sectores de Medinaceli y Almazán, mientras que para las provincias de Zaragoza y Guadalajara, sólo se han podido reconocer unos 15 topónimos para cada una de ellas.
            La arqueología ha completado el trabajo de campo, localizando unos 35 enclaves fortificados, con otros 25 puntos en que se han encontrado solamente restos de cerámica medieval. Otros 20 enclaves, en los que no se han encontrado restos de ningún tipo, podían servir de puntos de intervisibilidad. Por su parte, la bibliografía de castillos ha dado una lista de unas 50 fortificaciones, repartidas en las tres provincias. El total de fortificaciones, asentamientos y yacimientos musulmanes asciende a unos 250, que no parecen excesivos, pues se corresponden con 4,2 enclaves por cada 100 kilómetros. Los asentamientos, en su mayor parte, se disponen en los cursos de los ríos, aprovechando algún saliente rocoso o cerro, donde se levanta la fortificación. Algunos de ellos son fundaciones islámicas, en cambio otros ocupan antiguos yacimientos celtibéricos o incluso de la Edad del Bronce.
            El segundo capítulo de este libro marca los límites temporales del estudio y explica en su contexto histórico, la organización territorial de la región situada entre las marcas Media y Superior de la frontera entre el-Andalus y los territorios cristianos.
            El distrito de Calatayud limitaba con los de Zaragoza, Tudela, Medinaceli y con Barusa. Comprendía el valle del Jalón Medio, entre Alhama de Aragón y Morata de Jalón, además de los valles de sus afluentes Henar, Manubles, Ribota, Piedra, Mesa, Jiloca y Perejiles. Las fortalezas más importantes de este distrito eran Daroca, Somed, Peñalcázar, Deza, Ateca, Aranda de Moncayo y Maluenda. En el distrito de Tudela, sector Ágreda, destacaban las fortalezas de Tudela, Alfaro, Calahorra, Tarazona, Ágreda, Borja, Nájera, Viguera y Arnedo.
            Los Banu Mada, importante familia beréber, controlaba un territorio comprendido entre Peñalcázar, Deza y Ateca
El tercer capítulo está dedicado a describir las características generales del sistema defensivo diseñado por los musulmanes, detallando las fortificaciones y sus comunicaciones, tanto ópticas como terrestres. A todo esto se añade una descripción geológica, hidrológica, ortográfica, climática y geográfica.
            Los dos centros de poder que controlaban esta región fronteriza, eran las medinas de Medinaceli y Calatayud. La retaguardia del sistema defensivo se alineaba con el río Jalón, con Ariza en medio de las dos medinas. La línea de vanguardia venía definida por el río Duero, desde Gormaz hasta Almazán, prolongándose hasta Atienza. Esta marca fronteriza, entre los ríos Duero y Jalón, abarcaba una franja de terreno entre los 40 y 60 kilómetros de profundidad. En el extremo septentrional de la región estudiada, se encontraba la fortaleza de Ágreda. Estos ocho enclaves, Gormaz, Almazán, Peñalcázar, Ágreda, Atienza, Medinaceli, Ariza y Calatayud, distribuidos regularmente a lo largo y ancho de la región estudiada, remarcan claramente dos líneas de defensa. Cada uno de ellos se completaba con torres y atalayas, que aseguraban una rápida y segura comunicación entre las diversas fortificaciones.

 

            En el cuarto capítulo se incluye una descripción breve de cada fortificación o enclave, a modo de catálogo o inventario, que conformaba el grupo defensivo, especificando el tipo, su localización, los restos arquitectónicos y arqueológicos conservados y sus contactos visuales, así como algunos comentarios referidos a su construcción, funcionalidad y contexto histórico, con una fotografía ilustrativa de cada una de ellas.
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