{"id":3238,"date":"2025-01-31T15:55:53","date_gmt":"2025-01-31T14:55:53","guid":{"rendered":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/?p=3238"},"modified":"2025-01-31T16:15:36","modified_gmt":"2025-01-31T15:15:36","slug":"dos-visitas-al-monasterio-de-piedra-en-1830-y-1842-por-vicente-de-la-fuente-conclusion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/?p=3238","title":{"rendered":"DOS VISITAS AL MONASTERIO DE PIEDRA, EN 1830 y 1842. Por Vicente de la Fuente. (Conclusi\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-group is-layout-constrained\"><div class=\"wp-block-group__inner-container\">\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/Imagen1.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"670\" height=\"520\" src=\"https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/Imagen1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3239\" srcset=\"https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/Imagen1.jpg 670w, https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/Imagen1-300x233.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 670px) 100vw, 670px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-group is-layout-constrained\"><div class=\"wp-block-group__inner-container\">\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\">Imagen extra\u00edda del tomo VII del <em>Semanario Pintoresco<\/em> Espa\u00f1ol, 1842, p. 357.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">S IV.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando visit\u00e9 por primera vez el monasterio de Piedra en Setiembre de 1830, se o\u00edan a lo lejos rumores b\u00e9licos en medio de la gran paz que disfrutaba Espa\u00f1a desde 1826. Habl\u00e1base de conspiraciones en el extranjero, de resultas de la ca\u00edda del trono de Carlos X en Francia.<\/p>\n\n\n\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s marchaba \u00e1 Tudela a estudiar el tercer a\u00f1o de filosof\u00eda en el Seminario conciliar reci\u00e9n fundado por el Sr. Obispo, tercero y \u00faltimo de aquella di\u00f3cesis: el curso comenzaba al otro d\u00eda de San Lucas. \u00a1Pero que extra\u00f1o espect\u00e1culo presentaba aquella pac\u00edfica y laboriosa poblaci\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>La noche anterior hab\u00eda venido en posta D. Benito Eraso para llevar \u00e1 Pamplona los voluntarios realistas de aquella ciudad, con los de Cascante y Corella, pues Mina y Chapalangarra hab\u00edan entrado por la frontera y hab\u00eda salido \u00e1 batirlos la escasa y trabajada guarnici\u00f3n de aquella ciudad. Los voluntarios se negaron a marcharse sin despedirse de Santa Ana. Hubo que llevarlos \u00e1 la Catedral, se dijo una Misa en la rica, pero churrigueresca capilla de la Santa, y a la salida dijeron los voluntarios: -\u00a1Ahora \u00e1 donde quiera el Rey!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Que espect\u00e1culo aquel para un joven seminarista que un mes antes hab\u00eda estado unos d\u00edas en Nu\u00e9valos y dos tardes en el monasterio de Piedra, encantado de ver aquella gran calma mon\u00e1stica en medio de una soledad, entonces apenas conocida ni visitada, cuanto menos frecuentada! Pero mayores hab\u00edan de ser el contraste y el doloroso desencanto al visitar aquellos parajes diez a\u00f1os despu\u00e9s en medio de aquella soledad todav\u00eda m\u00e1s solitaria,<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella nube que asomaba por el Pirineo en 1830, habla sido barrida: pero otras y otras nubes, viniendo de todos los puntos del cuadrante, hab\u00edan oscurecido el horizonte. La guerra civil terminada en 1824 hab\u00eda vuelto con mayor intensidad y horrores, y los monjes de Piedra hab\u00edan salido del monasterio como en 1812 y 1821; mas por desgracia esta tercera vez sin esperanzas de volver. Tambi\u00e9n en los claustros de la solitaria Abad\u00eda mon\u00e1stica hab\u00eda soplado la discordia con su h\u00e1lito venenoso; algunos monjes j\u00f3venes, cuyo esp\u00edritu no estaba bien formado, por efecto de las vicisitudes anteriores, se hab\u00edan <em>liberalizado<\/em> y ten\u00edan deseos de mando y de ambici\u00f3n. \u00a1Desdichados, acusaron \u00e1 los ancianos y virtuosos monjes de quim\u00e9ricas conspiraciones, y quedaron presos en las mismas redes que tend\u00edan a sus superiores! En vano el conde de Mirasol, que imperaba en jefe en Calatayud, pues entonces cada comandante militar era un baj\u00e1 de tres colas, despreci\u00f3 aquellas hablillas y codiciosas calumnias, cuyos m\u00f3viles y tendencias no se le ocultaban. En una breve ausencia suya subi\u00f3 la milicia nacional de Calatayud al monasterio de Piedra, y algunos de los que la compon\u00edan bajaron con m\u00e1s peso del que llevaban a la subida. La Comunidad qued\u00f3 dispersada, y los monjes, unos desterrados a Jaca y otros puntos fortificados, y los j\u00f3venes a sus casas \u00f3 \u00e1 donde pudieron tener acogida. El \u00faltimo Abad, P. \u00cd\u00f1igo Melendo, concluida la guerra civil, regreso \u00e1 Calatayud, su patria, donde muri\u00f3 cargado de a\u00f1os. Algunas veces le recordaba la ben\u00e9vola acogida que me hizo en 1830, cuando era el P. Abad de Piedra y yo humilde estudiantillo, y gozaba al o\u00edrme contar las impresiones de mi expedici\u00f3n a su monasterio.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed muri\u00f3 tambi\u00e9n otro monje anciano y compa\u00f1ero suyo, el P. Serrano, muy aficionado al estudio de las ciencias naturales, versado en agricultura y mineralog\u00eda, \u00e0 la altura que ten\u00edan entonces aquellas ciencias, de pocos cultivadas en Espa\u00f1a. \u00c9l fue quien denunci\u00f3 las fuentes minerales de Paracuellos de Jiloca, y comenz\u00f3 a construir los primitivos ba\u00f1os, hoy tan concurridos, y que la competencia hace ir mejorando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">S V.<\/p>\n\n\n\n<p>Corr\u00eda el a\u00f1o de 1841, y era tambi\u00e9n por el mes de Setiembre, cuando por segunda vez estuve a visitar el abandonado y ya ruinoso monasterio de Piedra. En uni\u00f3n de otros dos j\u00f3venes amigos de Calatayud, sub\u00ed a Nu\u00e9valos. Esta vez no me aloje dentro del pueblo, ni en la casa del alcalde; fue en el molino situado al pie del cerro, donde saliendo el rio Piedra de las estrechas gargantas por las cuales se desliza, rodeando al pueblo, sale a la vega. El molino debi\u00f3 ser parte de la fortificaci\u00f3n avanzada en antiguos tiempos, pues consist\u00eda en tan fuerte torre\u00f3n de piedra. La molinera habla criado \u00e1 uno de mis compa\u00f1eros, y nos dispensaba a los tres el mismo cari\u00f1o que al que hab\u00eda criado a sus pechos; con esa ruda, pero cordial franqueza de la hospitalidad del campesino aragon\u00e9s, cuyo coraz\u00f3n es m\u00e1s ancho, por decirlo as\u00ed, que su espaciosa y herc\u00falea espalda. Para almorzar sol\u00eda convidarnos con un par de truchas frescas de las que a\u00fan estaban en el arroyo, y que un cuarto de hora despu\u00e9s estaban ya sobre tosco, pero limpio mantel de granillo, despu\u00e9s de ser pescadas a nuestra vista con singular destreza por un chico, que al efecto entraba, en las cristalinas aguas, que calan al pie del viejo torre\u00f3n, despu\u00e9s de haber movido las pesadas ruedas y precipitarse espumosas y rugientes. Las truchas acud\u00edan en gran n\u00famero al cebo de las part\u00edculas de trigo que arrastraban las aguas; y el diestro muchacho, despu\u00e9s de estar reposando un rato dentro del agua, cog\u00eda la que mejor le parec\u00eda, y la arrojaba \u00e1 la orilla, sin que jam\u00e1s err\u00e1ra golpe.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda convinimos en subir hasta el monasterio, la parte opuesta del \u00e1rido valle por donde once a\u00f1os antes hab\u00eda subido al monasterio. No fiando mucho en nuestra habilidad piscatoria la molinera, hab\u00eda provisto bien nuestros morrales.<\/p>\n\n\n\n<p>El valle por donde subimos es sumamente fer\u00e1z y delicioso, lleno de huertecillos cuajados de \u00e1rboles frutales. Los melocotones y dem\u00e1s fruta de Nu\u00e9valos son muy delicados: los melones pasan por ser de los mejores de aquella tierra. Los due\u00f1os de los huertecitos nos ofrec\u00edan frutas cari\u00f1osamente. Comiendo, m\u00e1s que pescando, llegamos hasta el sitio donde el r\u00edo Piedra cae con pavoroso estruendo, encajonado entre las rocas desde formidable altura. Mirando desde lo alto el hermoso chorro, a la elevaci\u00f3n de 8o metros, se siente lo que se llama la atracci\u00f3n del abismo; esa especie de conato de arrojarse a la horrenda sima. Pero en la parte inferior ven\u00eda a sentirse la misma especie de atracci\u00f3n, aumentada por lo sombr\u00edo y salvaje de aquel sitio; el estruendo mon\u00f3tono, pero pavoroso, de la enorme cascada; lo resbaladizo del sitio por las h\u00famedas malezas impregnadas de las gotas de agua que salpican del choque de la cascada con las aguas verdosas y estancadas, que forman una especie de lago, cuya profundidad debe ser grande.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya nos hab\u00eda advertido la bondadosa hu\u00e9speda que no nos arrim\u00e1ramos mucho a la orilla, pues hab\u00eda alg\u00fan peligro, y m\u00e1s de un pescador habla desaparecido all\u00ed. Una comadre, que oy\u00f3 la recomendaci\u00f3n, nos a\u00f1adi\u00f3 con adem\u00e1n misterioso otro peligro que hab\u00eda all\u00ed mucho mayor, pues sab\u00eda por su marido, que era pescador, que all\u00ed hab\u00eda <em>barbos<\/em> tan enormes, que <em>pod\u00edan<\/em> m\u00e1s que un hombre, y que tiraban del sedal con tal violencia, que arrastraban al abismo la ca\u00f1a y el pescador. Nos a\u00f1adi\u00f3 que se dec\u00eda que algunos de los dichos enormes <em>barbos<\/em> ten\u00edan <em>pelo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>-Lo tendr\u00e1n en las barbas, dijo uno de los oyentes, puesto que son <em>barbos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Como ya nos advirti\u00f3 la buena mujer que su marido era pescador, calculamos el motivo que esto ten\u00eda en hacer correr tales voces.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni con pelo ni con escamas logramos pescar apenas nada, pues un chaparr\u00f3n que comenz\u00f3 a caer, nos oblig\u00f3 a refugiarnos \u00e1 una covacha inmediata, llamada <em>de los pescadores<\/em>, seg\u00fan otros a quienes all\u00ed encontramos almorzando.<\/p>\n\n\n\n<p>Ces\u00f3 la lluvia, pero con amagos de volver. Como meros aficionados, hallamos poco grato el estar moj\u00e1ndonos hasta los tu\u00e9tanos con una ca\u00f1a en la mano, representando el papel de <em>hombres de bien<\/em>, pues el pescador de ca\u00f1a est\u00e1 generalmente reputado por hombre de bien y muy sufrido.<\/p>\n\n\n\n<p>Acordamos, pues, subir al monasterio, puesto que esto entraba en el programa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">S VI<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 diferencia, cielo santo, de lo que habla visto once a\u00f1os antes! por todas partes ruinas, maleza \u00e9 inmundicia. La puerta de la iglesia, si es que la hab\u00eda, estaba abierta. All\u00ed se dirigieron nuestros primeros pasos. Sal\u00eda algo de humo, y llegamos \u00e1 creer si algunos otros pescadores estar\u00edan calentando all\u00ed su almuerzo, \u00f3 algunos gitanos habr\u00edan establecido su aduar en la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>No era eso. Por todas partes se ve\u00edan altares rotos, efigies tiradas por el suelo, trozos de madera pintada \u00f3 dorada. En medio de la iglesia, hacia donde hab\u00eda estado el coro, estaba tirada una gran estatua de San Bernardo, colosal: tendr\u00eda m\u00e1s de cuatro metros de altura. Estaba quem\u00e1ndose, y en ella golpeaban unos hombres zafios, y ennegrecidos por el humo, como se golpea en el enorme tronco de roble que arde en la cocina de un mayorazgo lugare\u00f1o, para sacar lumbre de \u00e9l. Una compa\u00f1\u00eda de jud\u00edos, que \u00a1jud\u00edos hab\u00edan de ser! hab\u00eda hecho con el ministro Mendiz\u00e1bal, de funesto recuerdo para la Iglesia, un trato para quemar altares de iglesias y conventos, y aprovechar el oro que luc\u00eda en ellos; s\u00f3rdida econom\u00eda y miserable industria, por no llamar de una y otra <em>asquerosas<\/em>. Al efecto quitaban con unas azuelas ligeras capas de madera dorada que arrojaban al fuego, y que ard\u00edan en breve por efecto del barniz y de la gran resecaci\u00f3n de la madera. Lavaban luego las cenizas decantando el oro que hab\u00eda quedado entre ellas. De fog\u00f3n para esta hoguera serv\u00eda la colosal estatua de San Bernardo, que en mejores tiempos alternaba con la de San Benito \u00e1 derecha e izquierda del enorme retablo, que llenaba el \u00e1bside del presbiterio, obstruy\u00e9ndolo, afe\u00e1ndolo y haciendo el deplorable efecto que hacen esos armatostes de madera dorada y churriguerescos follajes en las iglesias g\u00f3ticas, donde los coloc\u00f3 una piedad poco ilustrada y guiada por depravado gusto. Pero el que desdijera aquel follaje y aquella arquitectura greco-romana, del conjunto de la g\u00f3tica iglesia del monasterio, no autorizaba tan ruin y sacr\u00edlega profanaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El altar mayor estaba ya derrocado en su mayor parte: en medio del presbiterio estaba tendida y mutilada la otra colosal efigie de San Benito, con su cogulla negra, esperando que acabara de quemarse la de San Bernardo para seguir su suerte. Entre tanto se hab\u00edan entretenido en profanarla cort\u00e1ndole la cabeza aquellos <em>artistas de guillotina<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los altares estaban ya destruidos y casi quemados todos. Los tres j\u00f3venes que presenci\u00e1bamos aquella escena, pertenec\u00edamos \u00e1 diferentes partidos pol\u00edticos, y, para tener paz, hab\u00edamos convenido en no hablar de pol\u00edtica. Debo decir, en honor del representante del progreso moderno, pues uno era (con perd\u00f3n sea dicho) progresista, que no le pareci\u00f3 bien: era progresista, \u00f3 como dec\u00edan entonces, <em>exaltado<\/em>, que o\u00eda misa casi todos los domingos; a los otros dos nos pareci\u00f3 muy mal, y en silencio, pues otra cosa no pod\u00edamos hacer, salimos de la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Penetramos en el monasterio, aunque con precauci\u00f3n, pues hab\u00eda principiado ya de hundirse y no se pod\u00eda andar por \u00e9l sin riesgo. La escalera estaba llena de escombros, el techo hundido, y algunas vigas amenazaban caer sobre el que produjese all\u00ed la menor agitaci\u00f3n y aun el menor ruido. Todav\u00eda, en una de sus paredes se le\u00edan los fat\u00eddicos versos del f\u00fanebre aldab\u00f3n, que daba los tres golpes pavorosos para avisar \u00e1 la Comunidad que un monje estaba agonizando.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hie cum quis moritur, ad me currendo venirer,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Et me clangente turbantur corda repente.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El agua que acababa de caer formaba charcos entre los escombros, y del claustro principal ca\u00edan filtraciones y goteras al claustro bajo.<\/p>\n\n\n\n<p>No quisimos ver m\u00e1s: tampoco se pod\u00eda ver m\u00e1s sin grave riesgo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">S VII.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda nos aventuramos otra vez a subir al monasterio, pero no pescando por el lado del rio, sino por el opuesto, que otras dos veces hab\u00eda recorrido once a\u00f1os antes. El peir\u00f3n de la Virgen del Pilar estaba ya desmoronado.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el valle, \u00e1rido en otro tiempo, serpenteaba un arroyo que fecundaba aquellos campos, llamados de los Albares, como la grandiosa ermita de la Virgen que lleva esa advocaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQue se hab\u00eda hecho del Cura de la mina?<\/p>\n\n\n\n<p>La mina se hab\u00eda terminado, y sin necesidad de un Mossen Pierres Bedel, ni de ingeniero, los trabajos, hechos en opuestas direcciones, coincidieron, sin discrepar poco m\u00e1s de un metro. El Vicario muri\u00f3 poco despu\u00e9s de ver precipitarse el agua, in\u00fatil antes, por la opuesta ladera que deb\u00eda fecundar. No logr\u00f3 saborear su triunfo, sino por el contrario muchos disgustos. A pesar de haber logrado lo que deseaba, esa bestia, que llaman <em>opini\u00f3n p\u00fablica<\/em>, se empe\u00f1\u00f3 en llamarle <em>loco<\/em>, la mayor parte de los propietarios se negaron a utilizar las aguas; hubo apuros para pagar, no falt\u00f3 alg\u00fan pleito, y, para remate de fiesta, los <em>inteligentes<\/em> dieron en decir que los antiguos melones de secano eran mucho mejores que los regados, por supuesto cuando se lograban, pues se sol\u00eda perder la cosecha casi todos los a\u00f1os por la sequ\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Y m\u00e9tase Vd. en Espa\u00f1a \u00e1 procurar aguas para riegos, a riesgo de que le llamen loco! Aqu\u00ed lo mismo se despueblan las aldeas por tener agua, que por no tenerla. Donde la hay se deja \u00e1 las aguas ir por donde quieren; el \u00e1lveo se llena de arena y guijarros; cada inundaci\u00f3n deja los campos llenos de charcos y de aguas estancadas; sobrevienen las tercianas y calenturas pal\u00fadicas, y el pueblo que contaba cien vecinos a principios de este siglo, cuenta ahora doce \u00f3 catorce hombres enfermizos y grandes consumidores de quina, \u00f3 de <em>puchericos de Riaza<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por esta vez no quisimos entrar en la iglesia, de la cual todav\u00eda sal\u00eda humo, ni visitar las ruinas del monasterio. Recorrimos la huerta y admiramos sus cascadas, que iban por donde quer\u00edan, y el chorro palomero, y todo lo que da de s\u00ed la naturaleza en aquellos parajes, y puede admirarse ahora, como entonces, y admira \u00e1 los turistas, y se refiere en folletos y art\u00edculos de revistas y peri\u00f3dicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Subimos tambi\u00e9n \u00e1 los <em>argadiles<\/em>, y comimos medio fiambre, medio caliente, en la cueva que, con prosaica, pero muy gr\u00e1fica frase, nos dijo nuestro gu\u00eda que se llamaba de los <em>tetones<\/em>; y, en efecto, en muchos de ellos la acci\u00f3n de las aguas habla formado hasta una especie de pez\u00f3n en cada protuberancia \u00e0 modo de un pecho.<\/p>\n\n\n\n<p>De all\u00ed trepamos al cerro de <em>Piedra Vieja<\/em>, donde estuvo la aldea y su castillo, que por estar casi despoblado, die D. Alonso II de Arag\u00f3n al Abad Gaufrido, que luego vino de Poblet, en 1233, y reinando D. Jaime I.<\/p>\n\n\n\n<p>Una ermita marcaba el sitio donde hab\u00edan estado el pueblo, el castillo, la iglesia y el primitivo monasterio: de ninguna de estas cuatro cosas quedaban vestigios en el escueto cerro, En otros tiempos sub\u00eda un monje en determinadas ocasiones a decir Misa en la ermita, por las almas de los antiguos moradores. A la saz\u00f3n ya no hab\u00eda culto en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el cerro se dominaba perfectamente el monasterio a vista de p\u00e1jaro; la gran cerca amurallada con todos sus cubos y torreones, y el vasto p\u00e1ramo en medio del cual estaba situado. Domin\u00e1banse tambi\u00e9n los vastos y hermosos horizontes que con tanta destreza traslad\u00f3 al lienzo, a\u00f1os despu\u00e9s, el gran paisajista Haes, y que honraron una exposici\u00f3n de pinturas.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los tres compa\u00f1eros, aprendiz de dibujo, <em>entre aficionado e inficionado<\/em>, y por supuesto ant\u00edtesis de Haes, sac\u00f3 su cartera, y mientras los otros dos est\u00e1bamos admirando aquel vasto y hermoso panorama, traz\u00f3 algunas l\u00edneas con l\u00e1piz, probablemente las primeras que se hicieron (1). En el tomo VII del <em>Semanario Pintoresco<\/em>, correspondiente al a\u00f1o 1842, p\u00e1gina 357, podr\u00e1n verlas, ya que no admirarlas, juntamente con un art\u00edculo descriptivo que firma un tal V. de la F., que son \u00a1maldita casualidad! las iniciales de mi nombre y apellido.<\/p>\n\n\n\n<p>El autor comenzaba su art\u00edculo con estas frases: \u00abAl paso que cautivan nuestra atenci\u00f3n las estampas extranjeras que representan vistas de otros pa\u00edses, como los lagos y monta\u00f1as de Suiza, los castillos de Francia, los palacios de Italia y las catedrales de Alemania e Inglaterra, apenas nos dignamos echar una mirada sobre los encantadores paisajes y las bellas construcciones de nuestra p\u00e1tria, y, por lo com\u00fan, ni aun noticias tenemos de ellos, si no los encontramos al paso, \u00f3 alg\u00fan inteligente llama sobre ellos nuestra atenci\u00f3n. Mil bellezas yacen escondidas en nuestra p\u00e1tria, y otras mil han sido destruidas \u00f3 est\u00e1n pr\u00f3ximas \u00e1 perecer, sin que el l\u00e1piz del artista haya sacado lo que pudi\u00e9ramos decir su <em>mascarilla<\/em>, antes de que vuelvan a la nada. Por otra parte, al paso que tropezamos por doquiera con vistas del Escorial, de la Giralda y otras varias partes, reproducidas hasta lo infinito, apenas encontramos ni \u00e1un dibujos de otros puntos no menos interesantes, si no por su grandeza, al menos por su hermosura y originalidad. Esto sucede con el monasterio de Piedra, que en la actualidad nos ocupa, del cual ser\u00e1 quiz\u00e1 la vista que acompa\u00f1amos la primera que ha sido grabada por el buril de un artista.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>De entonces ac\u00e1, en cuarenta a\u00f1os, las cosas han cambiado mucho. El monasterio de Piedra no sola mente no es ya una cosa desconocida, sino que antes al contrario es un sitio muy conocido, demasiado conocido y frecuentado, solo que en lugar de encontrar all\u00ed al P. Inigo y al cillerer cisterciense, que obsequiaban <em>in illo tempore gratis et gratander<\/em>, se encuentra al fondista que dice la <em>bolsa \u00f3 la vida<\/em>, y \u00e1 30 rs. la visita.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no me meto en dibujos, ni en comparaciones, que rara vez dejan de ser odiosas. Para verlo tal cual yo lo vi, ruinoso, profanado por los <em>quema-santos <\/em>en 1842, preferible es, y mucho, el verlo tal cual se visita ahora, c\u00f3modamente y mejoradas las bellezas naturales, siquiera hayan desaparecido las religiosas y art\u00edsticas. Pero si esto tiene sus ventajas para los turistas, lo que hab\u00eda all\u00ed en 1830, y cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, las ofrec\u00eda para los hombres religiosos, amigos del respeto debido a lo ajeno, y a que los cuerpos arquitect\u00f3nicos tengan almas conformes \u00e1 lo que ellos requieren.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si los turistas frail\u00f3fobos, \u00e1 quienes alud\u00ed al principio, dirigen invectivas contra lo antiguo, no extra\u00f1en que les respondamos en el mismo tono, pues el que quiera que se respeten sus opiniones, debe comenzar por respetar las ajenas.<\/p>\n\n\n\n<p>(1) El dibujante no lo hizo muy bien, pero tampoco el grabador se esmer\u00f3 gran cosa en \u00e9l, ni en corregir defectos que una mano diligente y cari\u00f1osa hubiera podido rectificar f\u00e1cilmente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>VICENTE DE LA FUENTE.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>La Ilustraci\u00f3n Cat\u00f3lica<\/em>,a\u00f1o VI, n.\u00ba 7, de 21 de agosto de 1881, Madrid.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Imagen extra\u00edda del tomo VII del Semanario Pintoresco Espa\u00f1ol, 1842, p. 357. S IV. Cuando visit\u00e9 por primera vez el monasterio de Piedra en Setiembre de 1830, se o\u00edan a lo lejos rumores b\u00e9licos en medio de la gran paz &hellip; <a href=\"https:\/\/cebilbilitanos.com\/?p=3238\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[23],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3238"}],"collection":[{"href":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3238"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3238\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3241,"href":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3238\/revisions\/3241"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3238"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3238"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3238"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}