{"id":1636,"date":"2017-04-04T07:54:04","date_gmt":"2017-04-04T07:54:04","guid":{"rendered":"http:\/\/cebilbilitanos.com\/?page_id=1636"},"modified":"2017-04-04T07:54:04","modified_gmt":"2017-04-04T07:54:04","slug":"joaquin-dicenta-benedicto-el-bilbilitano-bohemio","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/cebilbilitanos.com\/?page_id=1636","title":{"rendered":"Joaqu\u00edn Dicenta Benedicto. El bilbilitano bohemio."},"content":{"rendered":"<p>Por: Francisco Tobajas Gallego<\/p>\n<p>Joaqu\u00edn Dicenta Benedicto naci\u00f3 casualmente en Calatayud el d\u00eda 3 de febrero de 1862. Era hijo de Manuel Dicenta Blanco y de Tomasa Benedicto Laguna, ambos naturales de Zaragoza. Su padre, a la saz\u00f3n comandante de Caballer\u00eda, se trasladaba con la familia de Alicante a Vitoria como ayudante del Capit\u00e1n General de las Provincias Vascongadas. El 6 de febrero ser\u00eda bautizado en Vitoria.<\/p>\n<p>Su padre fue herido en la batalla de Alcolea en 1867. Entonces la familia regres\u00f3 a Alicante, donde en 1874 muri\u00f3 su padre demente, a causa de las heridas. En sus memorias <em>Idos y muertos<\/em>, 1909, Dicenta escrib\u00eda: \u00abEra mi padre militar; le lleg\u00f3 la hora de pagar con r\u00e9ditos de sangre un jornal de soldado, y sin regateos lo pag\u00f3. Dej\u00e1ronle in\u00fatil, por falto de juicio, sus heridas. A los siete a\u00f1os de tan triste vivir, muri\u00f3 de repentina muerte, en medio de la calle\u00bb.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1637\" src=\"http:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-retrato2.jpg\" alt=\"\" width=\"822\" height=\"1161\" srcset=\"https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-retrato2.jpg 822w, https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-retrato2-212x300.jpg 212w, https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-retrato2-768x1085.jpg 768w, https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-retrato2-725x1024.jpg 725w\" sizes=\"(max-width: 822px) 100vw, 822px\" \/><\/p>\n<p>Joaqu\u00edn Dicenta estudi\u00f3 en el Colegio privado de San Jos\u00e9, realizando las pruebas de grado de Bachiller el 25 de octubre de 1876. En <em>Idos y muertos<\/em> recordaba que Francisco Penalva, abad de la colegiata de Alicante, hab\u00eda sido su catedr\u00e1tico de Psicolog\u00eda, L\u00f3gica y \u00c9tica. Tras una ri\u00f1a con un compa\u00f1ero, el abad sentenci\u00f3: \u00abExtra\u00f1a criatura eres t\u00fa. Hay dentro de ti un \u00e1ngel y un demonio ri\u00f1endo formidable pelea. \u00bfCu\u00e1l de ellos triunfar\u00e1?\u00bb.<\/p>\n<p>A los catorce a\u00f1os Joaqu\u00edn Dicenta se traslad\u00f3 a Madrid con un t\u00edtulo acad\u00e9mico que \u00abno me serv\u00eda para nada\u00bb. Su madre, que cobraba 90 pesetas mensuales de viudedad, lo coloc\u00f3 junto al noble escudo de armas de la familia, cruzado por una raya de bastard\u00eda.<\/p>\n<p>Durante el curso acad\u00e9mico 1876-1877, Dicenta ingres\u00f3 en la Academia de Artiller\u00eda de Segovia, pues su madre quer\u00eda que siguiese la carrera militar, pero lo expulsaron por rebelde. En la facultad de Derecho de Madrid se matricul\u00f3 cinco a\u00f1os, de 1877-78 a 1880-81, y el curso 1883-84. Quiz\u00e1 tambi\u00e9n estudiara Medicina los cursos 1881-82 y 1882-83, en los que abandon\u00f3 Derecho, pues Dicenta cuenta en sus memorias que al segundo a\u00f1o de matr\u00edcula en Medicina, vendi\u00f3 los libros para convidar a una chalequera, dejando las aulas para novillear con ella por los \u00abhoscajes del Retiro\u00bb.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1638\" src=\"http:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-retrato.jpg\" alt=\"\" width=\"1337\" height=\"838\" srcset=\"https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-retrato.jpg 1337w, https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-retrato-300x188.jpg 300w, https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-retrato-768x481.jpg 768w, https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-retrato-1024x642.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1337px) 100vw, 1337px\" \/><\/p>\n<p>Dicenta contaba que tuvo entonces dos empleos, uno en la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos y otro en la secretar\u00eda particular de un ministro. En el primero estuvo un a\u00f1o, gracias a la bondad de sus jefes, pues apenas puso los pies en la oficina. En el segundo s\u00f3lo dur\u00f3 veinticuatro horas. Dicenta escrib\u00eda. \u00abEsta intranquilidad, esta arisquez de mi persona, este no acomodarme a ning\u00fan estudio, trabajo o situaci\u00f3n reglamentados y ordenados, es de esencia en mi buena o mala condici\u00f3n privativa. Merced a ella me ha sido posible conservar la personal independencia\u00bb. Esta independencia le traer\u00eda como consecuencia graves inconvenientes, disgustos y privaciones. Pero entonces por nada se asustaba. \u00abSer uno, uno mismo, es ya alguna cosa en este mundo, donde tan pocos saben serlo\u00bb.<\/p>\n<p>Dicenta se\u00f1alaba que desde ni\u00f1o hab\u00eda sido aficionado a las bellas artes, novelas, dramas y libros hist\u00f3ricos y filos\u00f3ficos. \u00abEl teatro me sacaba de quicio\u00bb. Entonces estaba de moda Echegaray y Dicenta hac\u00eda lo imposible para buscar \u00abla peseta y comprar una entrada, y plantarme en el para\u00edso y presenciar los estrenos del maestro\u00bb. Entonces el p\u00fablico iba al teatro \u00abpara hacer sosegadamente la digesti\u00f3n\u00bb, distray\u00e9ndose con los chistes de las obras.<\/p>\n<p>Dicenta confesaba que los primeros versos que escribi\u00f3 fueron por y para una mujer. Reconoc\u00eda que aquellos versos hab\u00edan sido muy malos, pero a\u00fan recordaba la hermosura de la criatura que los hab\u00eda inspirado. Fue un amor rom\u00e1ntico, pero un buen d\u00eda se enter\u00f3 que aquella mujer era de otros m\u00e1s hombres. Entonces Dicenta abomin\u00f3 \u00abde amorosos romanticismos y me dediqu\u00e9 al trato de hembras f\u00e1ciles\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces comenz\u00f3 \u00abuna bohemia del artista joven y sin recursos, que quiere conquistar la vida y gozarla\u00bb. Dicenta recordaba que de \u00abredacci\u00f3n en redacci\u00f3n, de baile en baile, de biblioteca en biblioteca y de moza en moza, corrieron algunos a\u00f1os de mi vida\u00bb. Viv\u00eda en libertad. La casa de su madre era como un refugio, donde regresar cuando el hambre apretaba, aunque no quer\u00eda vivir a sus expensas, pues cobraba una \u00abmezquina viudedad\u00bb. Joaqu\u00edn Dicenta vivi\u00f3 aquella juvenil bohemia \u00abpresidida por el amor y mortificada por el hambre\u00bb.<\/p>\n<p>Por entonces form\u00f3 parte de la redacci\u00f3n de <em>La Piqueta<\/em>. Luego llam\u00f3 a las puertas de <em>Las Dominicales<\/em> con una \u00aboda revolucionaria\u00bb titulada <em>Prometeo<\/em>, que hab\u00eda le\u00eddo en casinos y en todas las solemnidades del partido republicano. Sus amigos gritaban: \u00abAh\u00ed viene Dicenta con su oda\u00bb y echaban a correr. All\u00ed conoci\u00f3 a Od\u00f3n de Buen y a Garc\u00eda-Vao. Entonces eran sus amigos Bonafoux, Sawa, Manolo Cid, Torrom\u00e9, Reparaz, Luis Par\u00eds, Fuente, Ruiz Guerrero, Maifr\u00e9n y Mu\u00f1iz de Quevedo. A Bonafoux le deb\u00eda la presentaci\u00f3n oficial en el mundo impreso de las letras. Con Manolo Paso march\u00f3 durante veinte a\u00f1os, \u00abel uno junto al otro, partiendo el pan, el dinero y las ilusiones\u00bb. Todos estos escritores quedaron fuera de la generaci\u00f3n de la Restauraci\u00f3n y de la del 98, \u00abapunt\u00e1ndolos a la bohemia, cosa que en nuestro pa\u00eds nunca ha dejado de tener un tinte descalificatorio\u00bb, seg\u00fan se\u00f1ala Javier Barreiro.<\/p>\n<p>Dicenta se\u00f1alaba que \u00abInclinaciones invencibles llevaban mi trato m\u00e1s hacia la gente del pueblo que hacia los burgueses y arist\u00f3cratas\u00bb. Y continuaba: \u00abDe mujeres vale decir que casi todas mis m\u00e1s o menos b\u00edblicamente conocidas usaban remoquete, vest\u00edan mant\u00f3n y pa\u00f1uelo de seda, pertenec\u00edan a la chuler\u00eda oficiante y ten\u00edan puestos banderines de enganche en los bailes de Capellanes, Ramillete y la Flor\u00bb. Ellas eran \u00abHez del pueblo, criaturas empujadas por la historia a los bajos fondos sociales, yo aprend\u00ed a estimar en el historial de sus vidas a la clase trabajadora\u00bb. Y estudiando \u00abla vida horrible de la mujer y del hombre obreros en el taller, en la obra, en la f\u00e1brica y en el terru\u00f1o, en la superficie del mar y en las entra\u00f1as de la tierra, aprend\u00ed a admirarlas en sus honradeces a comprenderles en culpas ruines, a sentir ansias de reclamar para ellos la justicia que no se les daba y el pan que se les regatea\u00bb, pues palpando \u00aba las v\u00edctimas es m\u00e1s grande la compasi\u00f3n hacia ellas y m\u00e1s grande tambi\u00e9n el odio a sus verdugos\u00bb. En esa direcci\u00f3n lo llevaron \u00abmis aficiones y mis vicios\u00bb. Y con ellos conviv\u00eda \u00abmuy a gusto\u00bb.<\/p>\n<p>Estas actitudes de Dicenta son precursoras de lo que va a suceder sobre todo en los a\u00f1os veinte y treinta del siglo XX. Javier Barreiro escrib\u00eda: \u00abEl escritor, atrapado entre la bohemia vital, cierta formaci\u00f3n ret\u00f3rica propia de la Restauraci\u00f3n y sus anhelos de justicia social y reivindicaci\u00f3n de los desdichados, constituye un caso \u00fanico pero a la vez muy representativo de esa Espa\u00f1a conflictiva, variopinta y en continua confrontaci\u00f3n entre los cepos de su propia historia y el se\u00f1uelo de la modernidad que protagoniza los lustros iniciales del siglo\u00bb.<\/p>\n<p>Dicenta recordaba que entonces hab\u00eda formado \u00abformal pareja\u00bb con una cigarrera toledana, pero su madre, que la odiaba, forz\u00f3 la ruptura. Al cabo de un tiempo Dicenta se la encontr\u00f3 a la puerta de su casa y juntos comenzaron a recorrer el paseo de Areneros. La mujer le confes\u00f3 entonces que hac\u00eda ocho horas que se hab\u00eda tomado una caja de f\u00f3sforos disuelta en agua. Muri\u00f3 sola en el Hospital general pues, como Dicenta no era su pariente, lo echaron cuando terminaron las visitas.<\/p>\n<p>En 1895 Dicenta dirigi\u00f3 <em>La Democracia Social<\/em>, que hab\u00eda fundado su primo Ricardo Yesares. La empresa s\u00f3lo dur\u00f3 un mes, vida larga para una empresa \u00absin cinco c\u00e9ntimos y sin ninguna melosidad\u00bb. Los milagros, contaba Dicenta, no se explican. Entonces viv\u00eda con una sevillana de diecis\u00e9is a\u00f1os, que hab\u00eda llegado a Madrid a cantar en un caf\u00e9 cantos de su tierra. Dicenta recordaba que com\u00edan y dorm\u00edan a salto de mata. Aquel mes lo hicieron en el despacho del peri\u00f3dico. El sof\u00e1 y los sillones serv\u00edan de cama, arropados por el chaqu\u00e9 de \u00e9l y por la falda de ella. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 redacci\u00f3n aquella! Qu\u00e9 simp\u00e1ticos grupos de juventudes peleando entre miserias y hambres por un mejor mundo para todos los hombres, por un mejor porvenir para cada uno de los peleadores\u00bb. Pero de nada hubo remedio. \u00abPobres Quijotes de una caballer\u00eda nueva, ca\u00edmos nosotros y cay\u00f3 <em>La Democracia Social<\/em>, que de Rocinante nos serv\u00eda, despaldillados, rotos al embate de las aspas contra las cuales embestimos\u00bb. En 1897 Dicenta dirigir\u00e1 <em>Germinal<\/em> y <em>El Pa\u00eds<\/em>. Seg\u00fan Claire-Nicolle Robin, para Dicenta \u00abla labor period\u00edstica es una forma de militancia y un compromiso del hombre con su sociedad\u00bb<\/p>\n<p>Dicenta no quer\u00eda hablar en sus memorias de sus primeros dramas, que no tuvieron \u00abvida de escenario\u00bb. Recordaba que cuatro temporadas hab\u00eda presentado a empresarios y actores su obra <em>El suicidio de Werther<\/em>, sin ning\u00fan resultado. \u00abVuelva usted, vuelva usted, otra noche que estemos m\u00e1s despacio. No corre prisa\u00bb. Cu\u00e1ntas humillaciones hab\u00eda soportado Dicenta en el saloncito del teatro Espa\u00f1ol de Echegaray, Calvo, Vico, Cano y Sell\u00e9s. En aquella \u00e9poca se sent\u00eda rendido y desalentado. Entonces su madre le llev\u00f3 en secreto el manuscrito a Tamayo, para que diera su opini\u00f3n sincera. Tras la lectura, Tamayo fue en busca del autor para felicitarle. El drama le hab\u00eda gustado y por eso se pudo estrenar. Tras el estreno, los peri\u00f3dicos no ilustrados le auguraron a Dicenta un porvenir excelente. Un editor le anticip\u00f3 500 pesetas, con las que celebr\u00f3 el triunfo con Cavia, Manuel Paso y Laserna. A la temporada siguiente estren\u00f3 una obra que no agrad\u00f3 al p\u00fablico.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1639\" src=\"http:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-novela.jpg\" alt=\"\" width=\"1054\" height=\"1550\" srcset=\"https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-novela.jpg 1054w, https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-novela-204x300.jpg 204w, https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-novela-768x1129.jpg 768w, https:\/\/cebilbilitanos.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Dicenta-novela-696x1024.jpg 696w\" sizes=\"(max-width: 1054px) 100vw, 1054px\" \/><\/p>\n<p>En 1889 acept\u00f3 la direcci\u00f3n del peri\u00f3dico <em>La Uni\u00f3n Liberal<\/em>, de San Sebasti\u00e1n, por 500 pesetas mensuales y casa gratis. En \u00e9l aguant\u00f3 lo que pudo. Un buen d\u00eda se hart\u00f3 de hacer pol\u00edtica. \u00abEn pol\u00edtica, se llama hacer pol\u00edtica a insultar a D. Fulano por la cuenta de D. Mengano, y en batirse con D. Mengano por la cuenta de D. Zutano\u00bb. Dicenta recordaba que se hab\u00eda batido en dos ocasiones. Y sin dos pesetas se plant\u00f3 de nuevo en Madrid, donde ingres\u00f3 en <em>El Resumen<\/em>, gracias a Su\u00e1rez de Figueroa. Dicenta escrib\u00eda: \u00abLas dificultades me embravecen, los odios me estimulan\u00bb, \u00a0y las \u00abheridas que tumban a otros me acicatean a m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>A partir de los a\u00f1os 90 la firma de Dicenta aparece en <em>El Resumen<\/em>, escribiendo cuentos breves. Tambi\u00e9n lo har\u00e1 en <em>La \u00c9poca<\/em>, <em>El Liberal<\/em>, <em>El Heraldo de Madrid<\/em> o <em>La Correspondencia de Espa\u00f1a<\/em>. Jes\u00fas Andr\u00e9s Zueco ha recogido ciento cuarenta y cinco cuentos originales de Dicenta, que fueron publicados en varios peri\u00f3dicos.<\/p>\n<p>Sus primeros poemas se hab\u00edan publicado en <em>El Ed\u00e9n<\/em> en 1884. M\u00e1s tarde aparecer\u00edan en <em>Las Dominicales<\/em>, <em>La Regencia<\/em>, <em>La Opini\u00f3n<\/em>, <em>La Caricatura<\/em>, <em>La Iberia<\/em>, <em>El Imparcial<\/em>, <em>La \u00c9poca<\/em>, <em>El Resumen<\/em>, <em>El Heraldo de Madrid<\/em>, <em>Germinal<\/em> y <em>La Esfera<\/em>, entre otros. Como novelista se conocen cuarenta y cinco t\u00edtulos, cuatro novelas y cuarenta y una narraciones cortas. Como dramaturgo, Dicenta fue autor de treinta y una obras estrenadas, once sin estrenar y una traducci\u00f3n.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Barreiro, Dicenta fue un \u00abprodigio de energ\u00eda, desmesura y generosidad\u00bb, al que tampoco le faltaron detractores como Clar\u00edn, Unamuno, P\u00edo Baroja, Azor\u00edn o Julio Camba. El \u00fanico noventayochista que lo defendi\u00f3 fue Maeztu<\/p>\n<p>Dicenta recordaba que cuando escribi\u00f3 <em>Juan Jos\u00e9<\/em> atravesaba una \u00e9poca muy dura. El a\u00f1o anterior hab\u00eda estrenado una obra suya en el teatro de La Comedia con mala cr\u00edtica. Algunos creyeron que era una venganza personal del autor, una primera actriz la hab\u00eda tachado de infamia y en los salones donde los burgueses se reun\u00edan \u00abdisfrazados de artistas\u00bb, se ped\u00eda su cabeza. Los teatros lo vetaron y los peri\u00f3dicos tomaban sus art\u00edculos \u00abmuy de tarde en tarde\u00bb. Dicenta confesaba que entonces viv\u00eda de la caridad en casa de unos obreros generosos. \u00abSin ropa que vestir y sin cigarros que fumar, escrib\u00ed <em>Juan Jos\u00e9<\/em>\u00bb. Las \u00faltimas escenas estaban escritas en papel de envolver. \u00abSe escribi\u00f3 como se pudo y donde se pudo\u00bb.<\/p>\n<p>Mucho trabajo le cost\u00f3 que en el teatro La Comedia escucharan el drama. Las primeras figuras de la compa\u00f1\u00eda se negaron a representarlo, excepto Emilio\u00a0 Thuillier. En los ensayos todo eran temores. En el ensayo general todav\u00eda se acrecentaron m\u00e1s. Dicenta sali\u00f3 aquella noche del teatro con un humor de perros. De camino a casa se tropez\u00f3 en la calle de Sevilla con otro hombre tambi\u00e9n malhumorado y a las pocas palabras se levantaron los bastones sobre las cabezas. Dicenta recibi\u00f3 un fuerte golpe, que le parti\u00f3 dos muelas y todo el labio superior. \u00abHinchada la cara y disimulando la herida con el auxilio del bigote, sal\u00ed a escena para recibir una ovaci\u00f3n estrepitosa\u00bb.<\/p>\n<p>Al otro d\u00eda Dicenta era ya un genio. \u00abHice de genio cuatro temporadas. No es poco para lo que se estila\u00bb. <em>Juan Jos\u00e9<\/em> quiz\u00e1 sea la obra m\u00e1s representada despu\u00e9s de <em>El Tenorio<\/em>. En 1937 Rafael Alberti recordaba que <em>Juan Jos\u00e9<\/em> se hab\u00eda representado 100.000 veces. En Madrid, Joaqu\u00edn Dicenta lleg\u00f3 a ser todo un personaje. Era conocido en los caf\u00e9s, en las tertulias, en las tabernas y entre los trabajadores. Algunos obispos prohibieron a sus feligreses asistir a las representaciones de <em>Juan Jos\u00e9<\/em>.<\/p>\n<p>Seg\u00fan algunos estudiosos, Dicenta no renov\u00f3 el teatro, pues su <em>Juan Jos\u00e9<\/em> fue \u00abromanticismo disfrazado de blusa\u00bb. El coloquio sobre el <em>Mito de la rebeld\u00eda en el teatro europeo y latinoamericano<\/em>, celebrado en Besan\u00e7on, del 23 al 25 de noviembre de 1995, coincidiendo con el centenario de <em>Juan Jos\u00e9<\/em>, puso de manifiesto \u00abla perfecta originalidad de Dicenta en cuanto al tratamiento dram\u00e1tico y al tratamiento del tema social\u00bb. Para Claire-Nicole Robin la \u00abeliminaci\u00f3n de la hojarasca teatral es la caracter\u00edstica profunda de las obras teatrales de Dicenta\u00bb.<\/p>\n<p>Al terminar estas memorias, tituladas <em>Idos y muertos<\/em>, que le hab\u00eda pedido su amigo Zamacois y que recog\u00edan sus primeros a\u00f1os de vida hasta el estreno de <em>Juan Jos\u00e9<\/em>, Dicenta se preguntaba: \u00abAquel \u00e1ngel y aquel demonio que, seg\u00fan mi maestro de Psicolog\u00eda, andaban a la gre\u00f1a en los interiores de mi alma, siguen peleando a\u00fan. \u00bfCu\u00e1l de ellos triunfar\u00e1?\u00bb. Pedro de R\u00e9pide en sus <em>Calles de Madrid<\/em> escrib\u00eda que el \u00e1ngel que pint\u00f3 Plasencia en San Francisco el Grande, era el retrato de Joaqu\u00edn Dicenta de ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Una segunda etapa bohemia, con dinero y fama, durar\u00e1 hasta el fin de los d\u00edas de Dicenta, ya que siempre conserv\u00f3 su afici\u00f3n al vino y a las mujeres de vida alegre, su anhelo de libertad y ese vivir apasionado y turbulento que lo acreditan, como escrib\u00eda P\u00e9rez de Ayala, como \u00abel \u00faltimo de nuestros rom\u00e1nticos, el rom\u00e1ntico m\u00e1s rom\u00e1ntico de cuantos ha habido en Espa\u00f1a\u00bb.<\/p>\n<p>Claire-Nicole Robin se\u00f1alaba que Dicenta fue \u00abhombre de extremos en su vida y en su creaci\u00f3n\u00bb. Y a\u00f1ad\u00eda: \u00abintent\u00f3 romper con las costumbres literarias y sociales al uso, creando este n\u00facleo de resistencia que es la Bohemia, palad\u00edn de muchas causas nobles, asequible tambi\u00e9n a las nuevas influencias literarias\u00bb. Para Robin, Dicenta no es naturalista ni realista, \u00abporque el trazo apoyado, el sistema de contrastes, la violencia de los conflictos, la ausencia total y voluntaria de sicolog\u00eda, la irreductibilidad de los antagonismos dejan presentir otra forma de teatro, un realismo exacerbado que desembocar\u00e1 m\u00e1s tarde en el Expresionismo, que tambi\u00e9n es forma \u00faltima del Romanticismo\u00bb.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s Gonz\u00e1lez-Blanco, en una rese\u00f1a necrol\u00f3gica publicada en <em>La Novela Corta<\/em> del 3 de marzo de 1917, se\u00f1alaba: \u00abEl insigne autor de <em>Juan Jos\u00e9<\/em> representa el punto de confluencia de dos grandes corrientes literarias; el romanticismo y el naturalismo\u00bb. Para Gonz\u00e1lez-Blanco el romanticismo de Dicenta era \u00abla exaltaci\u00f3n del individuo imponiendo al mundo el fuero de sus pasiones; es el hombre erigido en eje del universo; es el desprecio de todo imperativo categ\u00f3rico que no tenga su ra\u00edz en el instinto de vivir\u00bb.<\/p>\n<p>La popularidad y el triunfo no modificar\u00e1n esencialmente la personalidad de Dicenta: dramaturgo vibrante y ferviente republicano, segu\u00eda profesando el m\u00e1s hondo aborrecimiento a todas las tiran\u00edas, incluidas las del teatro. Aunque Dicenta evolucion\u00f3 literariamente, no lo hizo pol\u00edticamente. Era amigo de Lerroux, de Pablo Iglesias y de Gald\u00f3s. Dicenta participar\u00e1 en la <em>Conjunci\u00f3n republicano-socialista<\/em> en 1909. <em>El Liberal<\/em> anunciaba en 1909, que Dicenta era candidato a concejal republicano-socialista del distrito de la Latina de Madrid, que le obsequi\u00f3 con un banquete que presidi\u00f3 Gald\u00f3s.<\/p>\n<p>Por entonces redact\u00f3 un informe sobre la Ense\u00f1anza Primaria en Madrid, que sigue siendo uno de los pocos documentos serios sobre el analfabetismo de la \u00e9poca. Por su parte, Dicenta sent\u00eda una enorme admiraci\u00f3n por Giner de los R\u00edos.<\/p>\n<p>El 13 de noviembre de 1913 se divulg\u00f3 por Madrid la noticia del estado cr\u00edtico de Dicenta, que se encontraba en Zaragoza. Manuel Machado, con motivo del entierro del maestro Francisco Giner de los R\u00edos en 1915, nos revelaba el estado f\u00edsico de un hombre enfermo y profundamente abatido. \u00abJoaqu\u00edn se sent\u00eda morir y quer\u00eda dormir el gran sue\u00f1o junto a la tumba del m\u00e1s puro y el m\u00e1s santo de los hombres de su tiempo. Dicenta iba cavando mentalmente su fosa al lado de Giner de los R\u00edos\u00bb.<\/p>\n<p>El doctor Mara\u00f1\u00f3n, amigo de Dicenta, aconsej\u00f3 su traslado a Los Molinos, Segovia, pero el destino lo llev\u00f3 a Alicante, al Hotel Sim\u00f3n, a la misma ciudad y al mismo hotel donde hac\u00eda medio siglo hab\u00eda permanecido su familia. A las tres de la madrugada del 21 de febrero, martes de carnaval, dejaba de existir Dicenta.<\/p>\n<p>Pedro de R\u00e9pide escribi\u00f3 la cr\u00f3nica necrol\u00f3gica en <em>El Liberal<\/em> del 22 de febrero de 1917: \u00abHa muerto Dicenta, como Castelar, al lado del mar luminoso. Su cabeza espa\u00f1ola y romana, con un perfil algo de Fernando V, algo de Lagartijo, algo de Le\u00f3n XIII, era t\u00edpica de uno de los m\u00e1s extra\u00f1os personajes de nuestra raza\u00bb. Por su parte <em>Alicante Obrero<\/em> se\u00f1alaba: \u00ab\u2026que el \u2018Alicante proletario\u2019 deb\u00eda acudir en masa a testimoniar su sentimiento y rendirle honores\u2026\u00bb. Es lo propio que hacemos en este primer centenario del fallecimiento de Joaqu\u00edn Dicenta, el bilbilitano bohemio y desconocido.<\/p>\n<p>Javier Barreriro se\u00f1alaba, refiri\u00e9ndose a Dicenta: \u00abSu entra\u00f1amiento en la todav\u00eda tan mal estudiada bohemia, su decisiva influencia en la conformaci\u00f3n de una ideolog\u00eda entre lo estrictamente popular y lo republicano radical, su peculiar visi\u00f3n del problema religioso, su personal te\u00f3rica dram\u00e1tica, su labor como dinamizador en el terreno del publicismo y su eclecticismo est\u00e9tico esperan los estudios que, inexplicablemente, faltan desde hace casi un siglo\u00bb. Corregimos a Barreiro, desde hace ya exactamente un siglo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Francisco Tobajas Gallego Joaqu\u00edn Dicenta Benedicto naci\u00f3 casualmente en Calatayud el d\u00eda 3 de febrero de 1862. Era hijo de Manuel Dicenta Blanco y de Tomasa Benedicto Laguna, ambos naturales de Zaragoza. 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