Darío Pérez  y su nombramiento como hijo predilecto y benemérito de Calatayud

CENTENARIO DEL NOMBRAMIENTO DE DARÍO PÉREZ GARCÍA

COMO HIJO PREDILECTO DE CALATAYUD, 1922-2022

Francisco Tobajas Gallego

            En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 11 de octubre de 1922, el secretario dio lectura a dos telegramas del diputado a Cortes por el distrito de Calatayud, Darío Pérez, a los que acompañaban otras tantas cartas, en las que daba cuenta que el ministro de Hacienda había firmado una Real Orden, por la que se suprimía el cupo de consumos de la ciudad desde el próximo 1 de abril de 1923, como ya se tenía solicitado. Darío Pérez informaba también que de las 400 000 pesetas, consignadas en el presupuesto del Ministerio de Fomento para pavimentaciones especiales, se destinaban 100 000 pesetas para el adoquinado de la calle que iba desde el puente de Alcántara hasta el paso del ferrocarril, sin perjuicio de hacerla extensiva desde la Casa amparo hasta la Puerta de Terrer.

Entrada a Calatayud por la puerta de Alcántara, M. Ramos y Cobos. Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

            Se leyó también una carta del regidor síndico Francisco Lafuente, en la que, por tener que ausentarse de la ciudad y suponiendo que en esta sesión se iba a tratar de exteriorizar de alguna manera la gratitud a que se había hecho acreedor el diputado Darío Pérez, se asociaba al homenaje que se le tributara.

            El alcalde Enrique Bordons elogió la labor del diputado Darío Pérez e invitó a los concejales a que expusieran planes e iniciativas, para demostrar de un modo excepcional el agradecimiento de la ciudad a tan ilustre bilbilitano.

            El concejal López Ruiz señaló que, por la amistad que le unía a Darío Pérez y por razones políticas, no se consideraba el más indicado para ensalzar como se merecía la labor del diputado del distrito, ni tampoco para proponer lo procedente para demostrarle la gratitud de la corporación.

            El concejal Ortega encomió la labor del diputado, resaltando la importancia para el Ayuntamiento de Calatayud de la supresión del impuesto de consumos, que venía a solucionar el problema de la hacienda municipal. La economía de esa cantidad iba a permitir a la corporación acometer empresas de gran interés local, como el alcantarillado. También consideraba la importancia de la obra de pavimentación, a la que se habían asignado 100 000 pesetas, que iba a mejorar el firme del camino de la estación. Se refería también a otros beneficios recibidos, gracias al trabajo e interés de Darío Pérez, como el cuartel de Artillería o el traslado de los restos de Vicente de la Fuente. Por todo ello, Ortega señalaba que todos debían agradecer estos favores recibidos, dejando aparte sentimientos políticos o religiosos.

            Por su parte el concejal Clemente señaló que la minoría que representaba se había movido siempre por principios de justicia y equidad, y por tanto se complacía en reconocer la interesante actuación del diputado a Cortes por el distrito, señalando el beneficio que suponía para el ayuntamiento la supresión del cupo de consumos. Clemente elogiaba a Darío Pérez, cuya persona nunca había sido discutida, congratulándose de la presencia en el consistorio de la minoría republicana, aunque lamentaba el momento elegido para ello, ya que no era necesaria la presencia de los amigos políticos de Darío Pérez, para que se reconocieran sus méritos de un modo espontáneo. Clemente no quería tomar ninguna iniciativa en el homenaje de gratitud hacia el diputado, por entender que correspondía hacerlo al alcalde, pero se mostraba favorable a aceptar cuanto se propusiera.

López Ruiz se complacía de las palabras de Clemente y estimaba que el homenaje que se tributara a Darío Pérez, debía estar en relación con la importancia del favor recibido, pues la supresión del cupo de consumos suponía la solución del problema de la hacienda local. Asimismo, justificaba la ausencia de la minoría, a la que representaba, al haber sido coaccionada en el ejercicio de sus funciones, haciendo constar que su presencia en aquel acto no obedecía a los móviles que había indicado Clemente.

Ortega afirmó que la presencia de la minoría republicana en este acto era inexcusable, por los asuntos que habían de ser debatidos y, para no cometer una injusticia, hacía constar que la iniciativa para obtener del Ministerio de Hacienda la supresión del cupo de consumos, se debía al alcalde, que había formulado la propuesta por indicación del secretario de la municipalidad, Enrique Ibáñez, por lo que proponía que constara en acta la satisfacción del concejo. Ortega añadía que para testimoniar a Darío Pérez la gratitud de la ciudad, debía declararse Hijo Predilecto y Benemérito de Calatayud, colocando su retrato en la Galería de bilbilitanos ilustres.

Clemente manifestó que se sentía satisfecho y honradísimo con la labor del diputado, para quien no regateó elogios, pidiendo a la minoría republicana que se reintegrara a la vida municipal de un modo definitivo, adhiriéndose a la iniciativa de Ortega en cuanto al homenaje a Darío Pérez. Clemente entendía que, para dar al acuerdo mayor solemnidad, debía aplazarse hasta la próxima sesión, para contar con el mayor número posible de concejales.

El presidente aclaró que la iniciativa respecto al cupo de consumos había partido del secretario. Bordons se asociaba también a la propuesta de Ortega, en cuanto al homenaje a Darío Pérez, no teniendo inconveniente de aplazar el acuerdo definitivo hasta la próxima sesión. Por ello quedó acordado declarar a Darío Pérez Hijo Predilecto y Benemérito de Calatayud, que su retrato figurara en la Galería del bilbilitanos ilustres y que una comisión municipal, formada por los señores Fuentes, Martínez, Álvaro, Ortega, Gómez y el presidente, se trasladaran a Alhama de Aragón para testimoniarle la gratitud del ayuntamiento. Este acuerdo quedaba pendiente de ratificación para la próxima sesión.

Puerta de Terrer. Viuda de Antonio Medarde, 2ª serie (1906). Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

También se acordó, a propuesta de Catalina, que se invitara a las entidades locales y representantes de las fuerzas vivas de la ciudad, para que se asociaran al homenaje y acompañaran a la comisión municipal.

López Ruiz propuso que, antes de comenzar la pavimentación del camino de la estación, debía gestionarse con el ingeniero jefe de Obras Públicas la construcción de dos andenes laterales, poniéndose de acuerdo previamente por medio del diputado Darío Pérez, como así quedó acordado.

En la sesión ordinaria celebrada el 18 de octubre, bajo la presidencia del alcalde Enrique Bordons, estuvieron presentes los concejales Fuentes, Martínez, Álvaro, Lafuente, López Ruiz, Giménez, Sancho, Gasca, Moros, Ortega, Catalina, Clemente, Gómez y Trigo, que aprobaron el acta anterior. A continuación Fuentes señaló que el homenaje a Darío Pérez debía ser también extensivo al senador Sixto Celorrio, que tanto interés había demostrado siempre por los asuntos de Calatayud. Pero tras una breve intervención de Ortega, Clemente, López Ruiz y Lafuente, haciendo ver que, aunque Celorrio era merecedor de una distinción,  no era aquel el momento oportuno, Fuentes retiró su propuesta.

Ortega volvió a repetir su propuesta hecha en la última sesión, para que se declarase Hijo Predilecto y Benemérito de la ciudad al diputado Darío Pérez, colocando su retrato en la Galería de bilbilitanos ilustres, cuando llegara el momento oportuno. Lafuente añadió que mientras viviera Darío Pérez, su retrato debía colocarse en el despacho de la alcaldía, como merecida distinción y para que sirviera de estímulo a los demás. Clemente aceptó las proposiciones de Ortega y Lafuente, pero entendía que su colocación en la alcaldía podía sentar un precedente peligroso, no pareciéndole lugar apropiado para colocarse el retrato.

Terminada la discusión, se aprobó por unanimidad nombrar Hijo Predilecto y Benemérito de Calatayud a Darío Pérez, consignando este acuerdo en un artístico pergamino, que se le haría entrega solemnemente, y colocar su retrato en vida en el despacho de la alcaldía, y una vez fallecido en el Salón de sesiones.

En la sesión celebrada el 23 de mayo de 1923, Ortega se ocupó de las aptitudes artísticas de dos jóvenes de Calatayud, que se habían distinguido recientemente, uno de ellos en la exposición de artistas aragoneses celebrada en Zaragoza y otro en la «Casa Azul», establecimiento de tejidos de la ciudad. Estos jóvenes artistas bilbilitanos se llamaban Pablo Remacha y José María Rubio Vergara. Ortega proponía que el ayuntamiento otorgara su protección en la forma más oportuna.

En la sesión del 13 de agosto, Gasca recordaba a la corporación que el concejo había acordado estudiar el medio de premiar la labor del joven Pablo Remacha, encargándole trabajos. Aunque no hayamos encontrado ninguna noticia en las actas del ayuntamiento, el pintor José María Rubio Vergara recibió el encargo de realizar el retrato de Darío Pérez. Se trata de una vista de la ciudad, tomada desde el santuario de la Virgen de la Peña, con el escudo de la ciudad colocado en la parte superior izquierda y a la derecha del espectador el retrato de Darío Pérez enmarcado en una orla. En la parte inferior del retrato se lee una leyenda que dice: «El Excelentísimo Ayuntamiento de Calatayud, dedicó este pequeño recuerdo en honor de su hijo predilecto D. Darío Pérez, el más humilde de sus vecinos, pero gran entusiasta de las glorias de Bílbilis y de los hombres que la enardecen, I-VIII-MCMXXIII».

El concejal Gasca tenía razón en recordar el ofrecimiento hecho a los dos artistas bilbilitanos, que se había cumplido en parte con el encargo de este cuadro a José María Rubio. Según Mariano Amada, a Pablo Remacha se le debía el rótulo de la plaza que el Ayuntamiento de Calatayud dedicó al general Primo de Ribera, actualmente denominada Maestro Marquina.

El 29 de agosto se vio una petición de Mariano Rubio Vergara, solicitando permiso para colocar una muestra de fotografías en la fachada de la casa número 1 de la calle de Dato, a modo de exposición. La corporación acordó facultar a la Comisión de Obras, para que otorgara la autorización que se pedía.

En la sesión celebrada el 13 de septiembre, el presidente informó que en la mañana de aquel mismo día, se había llevado a cabo la colocación del retrato del diputado a Cortes, Darío Pérez, en su despacho oficial, con la asistencia de varios concejales y del propio Darío Pérez, que se había mostrado altamente reconocido por esta distinción.

En la sesión del 13 de octubre se desestimó una petición de José María Rubio Vergara, que había solicitado el apoyo material del ayuntamiento, para poder ampliar sus estudios en los museos. La Comisión de Hacienda informó de la falta de presupuesto y remanente, debido a la situación económica del municipio.

Documentos consultados:

Archivo Municipal de Calatayud, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, Sig. 161.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, Sig. 162.

Fotografías:

Entrada a Calatayud por la puerta de Alcántara, M. Ramos y Cobos. Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón. Puerta de Terrer. Viuda de Antonio Medarde, 2ª serie (1906). Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

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Darío Pérez, diputado a Cortes por el distrito de Calatayud, 1920-1923

CENTENARIO DEL NOMBRAMIENTO DE DARÍO PÉREZ GARCÍA

COMO HIJO PREDILECTO DE CALATAYUD, 1922-2022

DARÍO PÉREZ, DIPUTADO A CORTES POR EL DISTRITO DE CALATAYUD, 1920-1923

Francisco Tobajas Gallego

            Darío Pérez obtuvo acta de diputado a Cortes por el distrito de Calatayud, en las elecciones celebradas el 9 de diciembre de 1920 y el 29 de abril de 1923. En las primeras tomó el alta el 27 de diciembre de 1920, causando baja el 6 de abril de 1923. En las celebradas en este último año, figura de alta el 23 de mayo y de baja el 15 de septiembre, como consecuencia del golpe de Estado de  Miguel Primo de Rivera.

            En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud celebrada el 10 de noviembre de 1920, el concejal Zarazaga informaba que, aprovechando su viaje a Madrid, había pedido a Darío Pérez que gestionase, ante el Ministerio de Instrucción Pública, la subvención para la cantina escolar. Y añadía que, el día anterior a esta sesión, había recibido un telegrama del político y periodista, confirmando la consignación de 1000 pesetas para este fin. El 24 de noviembre, el concejal Zabalo proponía que se insistiese en la solicitud ya hecha, para que la ciudad contara con teléfono interurbano, aprovechando la estancia en Calatayud de Darío Pérez, encomendándole también el asunto de la subvención a la Estación Enológica.

En la sesión del 9 de diciembre, el secretario leyó una carta del director de la Compañía Peninsular de Teléfonos, que dirigía a Darío Pérez, participándole que tan pronto como quedara ventilado el pleito que la compañía sostenía en el Tribunal Supremo, Calatayud conseguiría línea interurbana, como ya había solicitado hacía tiempo. El concejal López Ruiz informó que Darío Pérez había conseguido 5000 pesetas del Ministerio de Fomento, para mejorar la carretera colindante al paseo de Linares.

El 22 de diciembre el alcalde informó que había recibido en visita oficial a Darío Pérez, quien se había ofrecido como diputado a Cortes para la defensa de los intereses de la ciudad. El ayuntamiento acordó organizar un banquete en su honor, abonando su importe los particulares que quisieran asistir.

En la sesión del 12 de enero de 1921, se daba cuenta de las gestiones de Darío Pérez ante el Jefe del Estado Mayor Central del Ejército, general Weyler, posibilitando la instalación en la ciudad de un batallón de ciclistas, si el ayuntamiento facilitaba un local para cuartel. El 26 de enero se informaba que el general Weyler había señalado a Darío Pérez, que el batallón de Navarra no podía ser destinado a Calatayud, pues había quedado sin efecto su incorporación a la 5ª Región Militar. En otra carta que se leyó en la sesión del 5 de febrero, Darío Pérez pedía conocer el sentimiento de la mayoría del distrito, antes de comenzar sus gestiones, debido al problema del azúcar en España.

Por acuerdo de la corporación, Darío Pérez representaría al Ayuntamiento de Calatayud en los funerales de Eduardo Dato, participando el pésame a su familia. El ayuntamiento también acordó celebrar unos solemnes funerales a su cargo, en reconocimiento a los favores recibidos. Darío Pérez, en unión del senador Sixto Celorrio, llevaría a cabo algunas gestiones, para conseguir que no se cerrara la Azucarera de Calatayud. El 6 de abril se vio una carta del Director General de la Sociedad Azucarera, dirigida a Darío Pérez, en la que informaba que en la próxima campaña funcionaría la fábrica de Calatayud.

Rúa de Dato (editor desconocido), 1919. Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

En la sesión del 30 de marzo, el presidente comunicó que, por mediación de Darío Pérez, se habían conseguido 20 000 pesetas para la reforma del pavimento de la calle de Dato, hasta las puertas de Alcántara y de Soria. El 13 de abril se vio una comunicación de Darío Pérez, en la que se mostraba convencido que el Ministerio de Fomento pagaría el aumento del arriendo de los locales y del campo experimental de la Estación Enológica.

El 27 de abril se leyó un telegrama de Darío Pérez, que comunicaba una Real Orden del Ministerio de Gobernación, en la que autorizaba al ayuntamiento de la ciudad a ceder al Ministerio de la Guerra los terrenos del Empedrado. El 4 de mayo se vio un oficio del gobernador civil, trasladando esta Real Orden. En la sesión del 11 de mayo, el ayuntamiento acordaría firmar la escritura de cesión de estos terrenos, para la construcción del cuartel de artillería.

Cuartel de artillería. Mariano Rubio, 1927. Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

En los meses de junio y julio, Darío Pérez gestionaría las ayudas para paliar los perjuicios ocasionados por las inundaciones, la salida a subasta de la construcción de los trozos 2º y 3º de la carretera de Calatayud a Campillo y el restablecimiento del servicio postal suprimido, de la línea férrea del Central de Aragón. De octubre a diciembre, el diputado llevaría también a cabo gestiones con el ingeniero Carlos Mendizabal, para la instalación en Calatayud de una industria siderúrgica, para la fabricación de aceros especiales. Además, se preocuparía de la falta de vagones del ferrocarril, en perjuicio de la industria y del comercio, y de la conversión en secciones graduadas, de las dos escuelas unitarias de niñas.

A comienzos de 1922, el ayuntamiento recomendaba a Darío Pérez varios proyectos, como la carretera de desviación a Soria por el cementerio y la construcción de un camino por el barranco de las Pozas hasta Moros, para facilitar el transporte a los labradores de Armantes. El 18 de enero de 1922 se leyó una carta de Darío Pérez, confirmando la concesión por el Ministerio de Fomento de 15 000 pesetas, para la pavimentación de la Rúa de Dato. La corporación le pidió interesarse sobre la sentencia del Tribunal Supremo, en el pleito incoado por el ayuntamiento, en el que había reclamado unos créditos contra el Estado.

En la sesión del 8 de febrero, se leyó una carta del Director de Correos, comunicando a Darío Pérez que, en breve plazo, se instalaría en la ciudad el teléfono interurbano por cuenta del Estado. El 12 de abril se acordó que una comisión visitara a Darío Pérez, para impulsar la línea Calatayud-Puebla de Híjar, que anularía el proyecto de la línea Tarragona-Ariza. Otra comisión municipal se trasladaría a Zaragoza, en compañía de Darío Pérez y Sixto Celorrio, para gestionar la construcción del cuartel de artillería. El 26 de abril se leyó una comunicación de Darío Pérez, anunciando el establecimiento del servicio de viajeros y equipajes en el apartadero de Embid de la Ribera, de la línea de Ariza a Zaragoza. Aunque a principios de mayo, Darío Pérez confirmaba la firma de la escritura por el ministro de la Guerra de la cesión de los terrenos para el cuartel de artillería, a mediados de este mes señalaba que no había entonces presupuesto para su construcción.

En la sesión del 24 de mayo, la corporación hacía suya la iniciativa del vicario general, para trasladar los restos de Vicente de la Fuente a Calatayud. Darío Pérez  pensó que este homenaje debía ser nacional, consiguiendo la implicación del gobierno. El ayuntamiento acordó agradecer la iniciativa del vicario general y las gestiones de Darío Pérez, nombrando una comisión para preparar estos actos, de acuerdo con el vicario general y la familia. El ayuntamiento acordó también erigir un mausoleo a Vicente de la Fuente, por suscripción popular. El concejal Ortega propuso que el traslado de los restos del historiador coincidiera con la inauguración de las puertas de la colegiata de Santa María. Para ello se nombró a una comisión, para que recabara apoyo material de la Dirección General de Bellas Artes.

El 12 de julio el presidente elogiaba la labor de Darío Pérez y de Sixto Celorrio, pues la Comisión de Presupuestos del Senado había aceptado un millón de pesetas, que había sido consignado en el Congreso, para el cuartel de artillería. Veintidós cartas recibidas de diputados y senadores corroboraron estas gestiones. En octubre, Darío Pérez recibió también el encargo de gestionar para la ciudad una Escuela de Artes y Oficios.

El 11 de octubre se vieron dos cartas de Darío Pérez, informando de la supresión del cupo de consumos de la ciudad, desde el próximo 1 de abril de 1923, y de la asignación de 100 000 pesetas para el adoquinado del camino de la estación, desde el puente de Alcántara, haciéndola extensiva también desde la Casa-amparo hasta la puerta de Terrer. El 8 de noviembre se leyó una carta de Darío Pérez, informando que el Ministerio de la Guerra había dado orden para la subasta de las obras del cuartel de artillería.

El 17 de enero de 1923, el ayuntamiento pedía a Darío Pérez que gestionara, ante la Sociedad Azucarera, la ampliación de la campaña en la fábrica de Calatayud. Al mes siguiente, Darío Pérez informaba que el Director de la Sociedad General Azucarera le había prometido intensificar la producción la próxima campaña, siempre que los labradores entregaran toda la remolacha. Días más tarde, Darío Pérez señalaba que, según el Director General de Agricultura, un ingeniero se iba a trasladar a Calatayud, para estudiar la repoblación de sus montes. Con Sixto Celorrio, Darío Pérez viajaría a Zaragoza para tratar del adoquinado del camino de la estación. En el mes de junio llevaría a cabo gestiones para la ampliación del centro telefónico urbano y para los terrenos de la Estación Enológica.

El 28 de marzo el ayuntamiento se quejaba, porque en las obras del cuartel de artillería trabajaba algún forastero, cuando los trabajadores debían ser de la ciudad. El 27 de junio, una carta de Darío Pérez daba cuenta de una Real Orden del Ministerio de Guerra, por la que se declaraba inadecuado el cuartel de la Merced para las necesidades militares. En esta misma sesión, la corporación pidió a Darío Pérez su gestión, para que la compañía del ferrocarril del Mediodía no suprimiera coches de viajeros en los trenes de mercancías. Días más tarde se informó al ayuntamiento, que se había aumentado un coche de tercera a los trenes correos, números 840 y 841, entre Sigüenza y Zaragoza.

En la sesión del 26 de septiembre se leyó una carta de Darío Pérez, en la que señalaba que había cesado su representación en el Congreso de los Diputados, ofreciéndose al concejo y al vecindario, para trabajar por los intereses de la ciudad.

Documentos consultados:

Archivo Municipal de Calatayud (AMC), Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, Sig. 160.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, Sig. 161.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, Sig. 162.

Fotografías:

Rúa de Dato (editor desconocido), 1919. Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

Cuartel de artillería. Mariano Rubio, 1927. Serrano Pardo, L. (2004): Calatayud y la tarjeta postal, Cajalón.

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La Saca de la Virgen del Castillo ya tiene fecha

El 4 de junio de 2023 ha sido el día elegido para la celebración de la Saca de la Virgen del Castillo de Bijuesca (Zaragoza). Esta decisión fue acordada por los alcaldes, y algún concejal, de los diez pueblos que forman parte de la Concordia: Reznos, Carabantes, La Alameda, Deza, Torrelapaja, Berdejo, Torrijo de la Cañada, Malanquilla, Clarés de Ribota y Bijuesca.

Reunión de representantes municipales

En esta primera reunión, convocada por el alcalde de Bijuesca, Ángel Marín, además de la elección de la fecha, se dieron los primeros pasos para la organización de esta singular romería que se celebra cada 25 años y que debería haberse realizado en el año 2021, pero lo impidió la pandemia.

Vecinos y autoridades de las diez localidades acudirán hasta Bijuesca a rendir honores a la Virgen del Castillo, que será trasladada en procesión desde su ermita, a los pies del castillo, hasta la iglesia parroquial de San Miguel, devolviéndose nuevamente a su camarín después de los actos religiosos.

Cada pueblo acude con sus cruces, pendones y estandartes, siendo el primero el de Reznos, como señala el protocolo, que una vez recibido por las autoridades de Bijuesca se intercambian capas pluviales entre la curia de los dos pueblos y las varas de mando entre las autoridades civiles. A partir de este momento toma el mando el pueblo de Reznos y será el encargado de dar la bienvenida al resto de pueblo asistentes.

Portada del libro «Ramillete de corazones a Nª. Sª. del Castillo

Este curioso acontecimiento, uno de los más singulares de la comarca, es precedido de dos novenas y tiene que contar con la aprobación del Obispo de Tarazona.

Para más información: Cultura Popular de la Comunidad de Calatayud de José Ángel Urzay. Tomo II, p. 192-197.

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La llegada de la luz eléctrica a Calatayud en 1888

Francisco Tobajas Gallego

            José María López Landa (1878-1955), escribía en su Historia de Calatayud para escolares, obra premiada en los Juegos Florales de Calatayud de 1946 y prologada por su discípulo Pedro Montón Puerto, en su única edición de 1979, que la primera vez que se vio la luz eléctrica en Calatayud, fue durante unas fiestas de la Virgen de la Peña, en el escaparate de la antigua botica de Artieda, que entonces regentaba Benito Vicioso, quien había fabricado unas pilas húmedas con cuatro pucheros e ingredientes de su farmacia. Aquella luz mortecina, que daba una pequeña bombilla de filamento de las primitivas de Edison, sorprendió a propios y extraños, pues pocos podían creer que aquella luz no desprendiese humo ni mal olor. López Landa añadía que debieron transcurrir bastantes años, hasta ponerse en funcionamiento una central eléctrica en la ciudad.

            Comillas fue la primera ciudad española en contar con luz eléctrica en sus calles, gracias al indiano Antonio López y López, primer marqués de Comillas. Esto ocurría en 1881, apenas un año después que la electricidad hubiera alumbrado la ciudad inglesa de Godalming, por primera vez en la historia. Antonio López invitó al rey Alfonso XII a celebrar en Comillas un Consejo de Ministros, el 8 de agosto de 1881, fecha que tendría lugar la inauguración de la luz eléctrica.

Recibo de la Central Eléctrica de Sabiñán. Archivo Municipal de Saviñán.

            En 1875 se había construido en Barcelona la primera central eléctrica, constituyéndose en la misma ciudad la Sociedad Española de Electricidad en 1881. En este último año llegaría a Barcelona la electricidad y al año siguiente a Madrid, en ambos casos con motores de vapor. En Zaragoza comenzaría el suministro eléctrico en 1894, a cargo de la Compañía Aragonesa de la Electricidad y de la Electra Peral Zaragozana, aunque los cafés Iberia, Ambos Mundos y París ya tenían alumbrado eléctrico.

            La revista Gaceta industrial y ciencia eléctrica de 1891 indicaba que treinta, de las cuarenta y nueve capitales de provincia españolas, tenían o estaban instalando entonces el alumbrado eléctrico. Las ciudades de Soria y Guadalajara comenzaron este servicio en 1897, Ciudad Real en 1898 y Oviedo en 1900. En 1900 se contabilizaban quinientas setenta y una poblaciones con electricidad, que correspondía con un 6,2% del total de los municipios de España.

            La ciudad de Teruel comenzó a utilizar la electricidad en 1889, con un motor de vapor a cargo de la empresa Fernández y Eced, Eléctrica Turolense. La ciudad de Huesca comenzó en 1890, con un motor de gas a cargo de la empresa Francisco Casaús y Leopoldo Navarro. En 1893 comenzaría a funcionar La Hidroeléctrica de Huesca, de la que Leopoldo Navarro sería fundador y accionista.

            Leopoldo Navarro Moreno había nacido en Saviñán en 1850. Fue maestro de obras en Huesca. Casó en Saviñán en 1909 con su sobrina Felisa Cormán Navarro. Él fue quien animó a José Gracián Gasca a viajar a Huesca, para conocer las instalaciones de La Hidroeléctrica oscense. Este viaje fue decisivo para la llegada de la luz eléctrica a Saviñán, cuyo servicio se inauguró el 14 de enero de 1896.

La ciudad de Daroca comenzó a utilizar la electricidad en 1892, a cargo de la Eléctrica Darocense. Antes que todas ellas, la ciudad de Calatayud contó con electricidad en 1888, a cargo de la Sociedad de alumbrado eléctrico Alonso y Cía, que utilizaba un motor hidráulico. La revista La Electricidad de 1889, se hacía eco de la instalación de la luz eléctrica en Calatayud. En esta ciudad funcionaba una fábrica desde el 27 de agosto de 1888. Utilizaba un salto de 80 cv, con dos turbinas de 20 cv, acopladas a dos dinamos Gramme, de las llamadas «de compensación», que eran capaces de alimentar doscientas cincuenta lámparas incandescentes, de 16 bujías a 110 voltios. Distribuía al alumbrado de incandescencia y de arco voltaico. También disponía de acumuladores de cincuenta y cinco elementos, capaces de dar 150 amperios a 110 voltios.

            En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud del 8 de agosto de 1888, se había visto una instancia de José Alonso, vecino de Zaragoza, manifestando que deseaba implantar en esa ciudad el alumbrado eléctrico particular y público, siempre que le conviniera a la corporación, servicio que estaba siendo aceptado en todas las ciudades. Pedía la autorización correspondiente del ayuntamiento, para llevar a cabo este proyecto. La corporación acordó dirigirse al interesado, señalando que no se oponía al establecimiento de esta industria y que veía con buenos ojos que Alonso fuera el iniciador en aquella ciudad, de uno de los adelantos que más honraban al progreso humano.

            En la sesión del 22 de agosto, Alonso pedía autorización para colocar postes en la vía pública y cables en las fachadas de las casas, a fin de establecer este servicio. La corporación acordó concedérsela, para que pudiera hacer uso de la vía pública y establecimientos públicos, sin perjuicio del libre tránsito de los vecinos y previa la presentación del plano de la obra, para su aprobación.

            En la sesión del 10 de octubre se vio una instancia de Alonso y Gerner, propietarios e instaladores de la luz eléctrica en la ciudad, en la que señalaban que estaban dispuestos, por el momento, a llevar a cabo el alumbrado particular en las calles de la Rúa, hasta la cárcel vieja, Marcial, Bodeguilla, Mesones, Plaza del Fuerte, San Martín, Trinidad y cárcel vieja, estando algunos trabajos a punto de finalizarse. Añadían que el ayuntamiento podía aprovecharse para el alumbrado público, colocando las luces que tuviera por conveniente en las demarcaciones indicadas. Este servicio se iría prolongando progresivamente a otras calles, según fueran llegando las suscripciones del vecindario. De esta forma, el ayuntamiento podría contar con un número importante de luces, sin que para ello tuviera necesidad de grandes desembolsos, como ocurría en otras poblaciones, donde se había implantado este servicio. El ayuntamiento debía pagar por la instalación el cable necesario para cada luz, corta circuitos, soportes, lámparas, pantallas y demás accesorios necesarios, cuyo presupuesto se elevaba a 10 pesetas por lámpara, más 20 céntimos por noche, a pagar por mensualidades vencidas. Las lámparas que se hubieran de cambiar por la consunción del platino, debido al uso, sería a cuenta del ayuntamiento, a razón de 5 pesetas por lámpara. La empresa no respondería de las interrupciones que pudieran producirse, por incidentes ajenos a su voluntad, teniendo que suspender provisionalmente el alumbrado. El ayuntamiento acordó pasar esta instancia a la Comisión de Alumbrado, para que emitiera su informe.

            Este informe se vio en la sesión del 17 de octubre. La Comisión consideraba que el ayuntamiento debía admitir la puesta en marcha de la mejora propuesta, sustituyendo el alumbrado por eléctrico, allí donde fuera posible. Para aceptar este servicio, se había de dar seguridad para que no sufriera interrupciones. La Comisión encontraba excesivos, tanto los gastos de instalación, como los 20 céntimos por noche. Pensaba que la sociedad eléctrica debía garantizar la seguridad del alumbrado, proponiendo unos precios más razonables, dada la situación financiera del municipio.

            El concejal Díez señaló que, según noticias que había podido conocer, la instalación de la luz eléctrica no se llevaba a cabo en condiciones de seguridad, para evitar desgracias los días de tempestades, frecuentes en la zona. No conocía a fondo la materia, por eso proponía el nombramiento de una comisión de peritos, para que estudiara el asunto y elevara un informe al ayuntamiento. Para formar esta comisión se nombró al jefe de telégrafos, Pedro Giráldez, y a los catedráticos de Ciencias del colegio municipal, Alberto García Viota y Alberto Espinosa. El concejal Ortega propuso facilitar a la prensa cuantos datos y antecedentes fueran necesarios, que habían servido a la Comisión de Alumbrado. A petición del presidente, se acordó que no se autorizara a la empresa de alumbrado eléctrico la colocación de postes de madera en la Plaza del Mercado, o que reunieran las mejores condiciones de ornato para hacerlo.

            El dictamen de los peritos, firmada el día 16 de octubre, se vio en la sesión celebrada el día 31. El ayuntamiento les había preguntado por el posible peligro del cable conductor para las personas y si los cables, que habían tendido los instaladores de la luz eléctrica, podían dar lugar a desgracias en días de tormenta, produciendo descargas de graves consecuencias.

Máquina Gramme de corriente continua. Montpellier, J. A. (1892): Las instalaciones de alumbrado eléctrico, Librería de Victoriano Suárez, Madrid.

            La comisión de peritos señalaba que, siendo que en la instalación se empleaba una máquina dinamo eléctrica de Gramme de corriente continua, de una potencia de 100 voltios, la corriente eléctrica que invadía el cable conductor, aunque llegara en su mayor intensidad, era una corriente suave y tolerable por la sensibilidad del cuerpo humano. Aunque el individuo cerrara el circuito, la conmoción que pudiera sentir, jamás sería causa de daño alguno. La comisión afirmaba que, aunque el número de luces hiciera necesario otra dinamo, no debía emplearse ninguna que pasara de la potencia indicada. Referido a la segunda pregunta y sin entrar en apreciaciones científicas, la comisión consideraba que, aunque el cable no estaba revestido como sería deseable, con una coraza aislante que lo pusiera al abrigo de todos los fenómenos físicos que pudieran tener lugar, creían que no ofrecía peligro alguno, siempre que se dispusiera de aparatos necesarios al efecto. Añadía que en la misma instalación, se había colocado un aparato indicador de la existencia de derivaciones a tierra, que a la vez desempeñaba un papel importante de pararrayos. Este aparato era importante, siendo necesario llevar a cabo el montaje con mucha atención. Consideraba que la derivación a tierra, que se establecía en la instalación, no obedecía rigurosamente a los principios científicos, siendo a su parecer deficiente. Pedía que se reformara el montaje efectuado, construyendo una cadena de tres hilos de 4 milímetros para conductor a tierra, soldando y arrollando esta cadena a una plancha de cobre de regular superficie y espesor, para que se enterrara a un metro de profundidad, en un lugar con constante humedad. Verificado así el montaje, se aseguraba que las descargas de las corrientes exteriores fueran a parar a este aparato, salvando así todas las instalaciones y anulando el peligro. Firmaban este informe Pedro Giráldez, Alberto García, Alberto Espinosa y Eduardo Orchel.

            En la sesión del 14 de noviembre, el concejal Juan del Pueyo aseguró que no consideraba justo establecer privilegios en determinados barrios de la población, porque serían perjudiciales para el resto de los vecinos, proponiendo que se admitieran proposiciones para generalizar el alumbrado eléctrico a toda la ciudad.

            En la sesión celebrada el 27 de diciembre, Díez señalaba que, estando a punto de finalizar el contrato del alumbrado público, sería de interés que el ayuntamiento se ocupase de la instalación de la luz eléctrica. La empresa de electricidad, decidida a llevar a cabo esta mejora, había presentado para este fin un croquis de las calles y plazas de la ciudad, para que de esta manera se pudiera apreciar mejor el número de luces a instalar, así como su colocación, de cuyo asunto se ocupaba la Comisión de Alumbrado. El ayuntamiento acordó que Díez, como presidente de la Comisión de Hacienda, junto a la Comisión de Alumbrado, estudiaran el asunto con detenimiento, proponiendo lo que consideraran más ventajoso.

            Este proyecto no debió salir adelante, pues a principios del año 1889, el ayuntamiento nombró a cuatro faroleros nuevos. La compañía de electricidad debió continuar con el servicio de luz eléctrica, a las casas particulares de los vecinos, aumentando su número según las peticiones. En la sesión del 22 de diciembre de 1890, el concejal Millán consideraba la conveniencia de instalar en la ciudad la luz eléctrica, para el alumbrado público, señalando que la empresa que venía explotando este servicio, estaba dispuesta a hacer concesiones ventajosas, para implantarlo en buenas condiciones. Díez recordó los inconvenientes que se habían formulado para admitir las condiciones, que en otra ocasión había formulado la empresa de la luz eléctrica, pero el ayuntamiento debía estar siempre dispuesto a escuchar sus proposiciones y estudiarlas, con el objeto de optar por el sistema de alumbrado eléctrico, si las consideraba aceptables.

En la sesión del 13 de julio de 1891, se vio una instancia de cuatro vecinos, que se ofrecían de faroleros del alumbrado público, con una economía de 45 pesetas mensuales. El 22 de julio, la Comisión de Alumbrado propuso dejar en suspenso la reforma que proponían estos vecinos, pues el proyecto de instalación de la luz eléctrica en la población se encontraba muy avanzado. Numerosas fueron las quejas de vecinos y concejales, por el mal funcionamiento del alumbrado público, que al fin convencieron a la corporación para pasarse al alumbrado eléctrico.

La subasta para el alumbrado eléctrico público de Calatayud se celebraría el 6 de mayo de 1894, adjudicándose, como mejor postor, a la compañía Lisbona-Repollés, en 4997 pesetas anuales. En la sesión celebrada el 17 de agosto, se acordaría encender el alumbrado público el día 1 de septiembre, fecha que coincidía con la apertura del teatro. En la sesión celebrada el 5 de septiembre, José Vicente señaló que, según una hoja que había circulado de la nueva sociedad de luz eléctrica La Marcial, esta empresa se comprometía a facilitar la luz durante toda la noche, por un precio módico que, aplicado a las necesidades del hospital, supondría una economía de más del 40%, por lo que proponía que la Comisión de Alumbrado estudiara el asunto y se entendiera con la empresa Lisbona-Repollés, para guardarle la preferencia, si le convenía, en los términos anunciados por La Marcial.

En la sesión del 3 de octubre, el presidente informaba que la compañía de electricidad le había invitado a la inauguración del alumbrado público, junto a la Comisión, quedando todos satisfechos. El alumbrado público de Calatayud se había inaugurado el 1 de octubre de 1894, a eso de las seis de la tarde. Al día siguiente apareció en el periódico republicano posibilista zaragozano, La Derecha, una crónica firmada por José Osés Larumbre, refiriéndose a este importante acontecimiento. En él señalaba que el alumbrado de petróleo se había sustituido por ciento sesenta y siete lámparas, de 16 bujías cada una. Este logro se debía, principalmente, al alcalde de la ciudad, José Lafuente, que llevaba solamente nueve meses en el cargo, pero la corporación ya había acometido tres empresas: las obras de la cárcel, el ensanche del cementerio y el alumbrado público. Las máquinas habían sido bendecidas, con discursos del alcalde, José Lafuente, y del juez de primera instancia, Ramón Ferrán. También habían estado presentes en el acto Pedro Giráldez, en representación de la empresa, y los señores Larripa y Ruiz, teniente coronel de la zona. El aperitivo había sido servido por los señores Sancho y Lisbona.

El cronista hacía mención de la labor del modesto oficial de telégrafos, Pedro Giráldez, que había dirigido los trabajos de instalación, y del obrero montador Ramón Casulleras, de los talleres del señor Muntadas, de Barcelona.

La máquina constaba de dos dínamos con 155 amperios, 120 voltios y 800 revoluciones, siendo impulsadas por un motor hidráulico, con tres turbinas de 65 caballos de potencia, llevando sus corrientes a una red de 600 lámparas, de 16 bujías cada una. La fábrica estaba situada a cien pasos de la población, en una propiedad de Prudencio Sancho. El cronista añadía: «Calatayud ha dado un paso más en el camino de su progreso. Acaso no tardará mucho en consignar nuevos adelantos en la historia de su mejoramiento natural. A poblaciones como Calatayud, que vive de las propias iniciativas, debe saludárselas con respeto».

El 24 de febrero de 1898, la  empresa La Marcial Eléctrica compraría a Luis Martínez y Maximino Gutiérrez, la instalación y el suministro de luz eléctrica a la ciudad, que habían adquirido a Lisbona y Repollés. Vicente Mochales era presidente de La Marcial en 1899.

Documentos consultados:

Libro de actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1888, Sig. 140.

López Landa, J. M. (1979): Historia de Calatayud para escolares, Centro de Estudios Bilbilitanos, Calatayud.

Fotografías:

Zénobe Gramme 1893 – Zénobe Gramme – Wikipedia, la enciclopedia libre

Máquina Gramme de corriente continua. Montpellier, J. A. (1892): Las instalaciones de alumbrado eléctrico, Librería de Victoriano Suárez, Madrid.

Recibo de la Central Eléctrica de Sabiñán. Archivo Municipal de Saviñán.

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Descarga de «La provincia de Calatayud durante el trienio liberal»

El pasado 11 de junio se presentó el libro La provincia de Calatayud durante el Trienio Liberal coordinado por José Ángel Urzay y publicado por el Centro de Estudios Bilbilitanos en colaboración con el Ayuntamiento de Calatayud y la comarca Comunidad de Calatayud.

Esta publicación llena un vacío importante sobre un tema, la creación de la provincia de Calatayud, que si bien era conocido por la mayoría de las personas que viven en los pueblos y en las ciudades que formaron parte de ella, apenas había sido divulgado. Por ello creemos que este libro será bien recibido y apreciado por sus lectores:  descubriendo las diferentes organizaciones del territorio en cada periodo histórico, su proceso de creación, el contexto político, económico y social de las localidades que fueron incluidas, la relación con la Comunidad de Aldeas con la que convivió, los acontecimientos más relevantes que sucedieron durante su funcionamiento o las biografías de los principales protagonistas de este periodo. Además, el texto se complementa con dos mapas y fotografías de las localidades de la provincia, imprescindibles para conocer tanto el territorio como los cambios administrativos que ha experimentado a lo largo de la historia. También servirá la información aquí recogida a otros investigadores que en un futuro centren sus estudios en el Trienio Liberal o en el siglo XIX.

Puedes realizar la descarga completa del libro en el siguiente enlace.

Enlace para la descarga: https://ifc.dpz.es/publicaciones/ebooks/id/3934

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