Juan Mariano Mancebo Sebastián. Un publicista genial

El día 17 de febrero de 2017 falleció en Madrid a los 65 años como consecuencia de un infarto Juan Mariano Mancebo Sebastián, nacido en Cetina en 1951.

Fue uno de los creativos más destacados del mundo de la publicidad en España. Su campaña de la ONCE de “El cuponazo” alcanzó una gran difusión, así como las de “Póntelo, pónselo”, para el Ministerio de Sanidad, “Hola, soy Edu, Feliz Navidad”, para Airtel o la de “Pippin de TVE”, con la que ganó su primer Gran Prix de Cannes. Hizo campañas para numerosos organismos y empresas, como RENFE, siempre con gran éxito.

Obtuvo más de treinta premios en certámenes internacionales y nacionales. Con él, la publicidad española alcanzó sus cotas más altas. Sus trabajos tenían humor, sencillez e inteligencia.

Está considerado un pionero en la publicidad de nuestro país. Todos coinciden en que Juan Mariano Mancebo fue el referente de una generación, un creativo genial y una excelente persona. Trabajó para varias compañías, pero su nombre está unido a Contrapunto, en la que formó equipo  con José María Lapeña, en uno de los periodos más fecundos de esta agencia. Fue en esta época, entre la segunda mitad de los 80 y la primera de los 90, cuando la publicidad española alcanzó sus mayores éxitos mundiales, siendo la pareja más laureada de la publicidad en España.

Sus campañas publicitarias forman parte de nuestra memoria colectiva.

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Insignia de oro de la Casa de Calatayud en Zaragoza al Centro de Estudios Bilbilitanos

El día 27 de enero de 2017 la Casa de Calatayud en Zaragoza acordó conceder la Insignia de Oro al Centro de Estudios Bilbilitanos por su labor en la difusión cultural de la Comarca de Calatayud y su incondicional apoyo a la Casa a lo largo de estos años.

El pasado sábado, 18 de marzo, en el transcurso de una comida celebrada en un restaurante zaragozano, la Casa de Calatayud hizo entrega de dicha insignia y un diploma acreditativo al presidente y a la secretaria de este Centro de Estudios. Estuvieron presentes en el acto el alcalde de Calatayud, el concejal del distrito de Zaragoza y representantes de la Cadena Ser.

La Casa de Calatayud en Zaragoza, que nació en 1980, ha estado siempre muy vinculada al CEB. Ambas instituciones han mantenido una colaboración continuada a lo largo de estos 37 años. La Casa surgió como una necesidad de los bilbilitanos residentes en la capital aragonesa para mantener el contacto con Calatayud a través de actividades culturales, como conferencias, exposiciones, viajes y conciertos.

El Centro de Estudios Bilbilitanos agradece la calurosa acogida dispensada por los socios de la Casa de Calatayud en Zaragoza. Con todos ellos, pasamos unas horas muy agradables, recordando sus vivencias, su marcha a otras ciudades de la geografía española y su vuelta a la ciudad de Zaragoza, desde donde han sabido mantener una estrecha relación con su ciudad natal.

Queremos dar las gracias especialmente a su presidente, Fernando Clemente, y  a toda la junta directiva por las atenciones recibidas. Deseamos una proyección de futuro a la Casa de Calatayud para que siga siendo un foco de difusión de la cultura bilbilitana.

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José Tello Muñoz, fotógrafo de paisajes y monumentos de España

Hace unos meses se puso en contacto con el CEB Miguel Ángel Pérez Tello, nieto de José Tello Muñoz, fotógrafo aficionado de Alhama de Aragón que dejó para la posteridad un extraordinario legado fotográfico en soportes de celuloide y cristal. El CEB ha digitalizado la mayoría de estos fondos, que ya han pasado a formar parte de nuestro archivo fotográfico digital. Agradecemos la generosidad de la familia y las facilidades para poner a nuestra disposición una colección de fotografías excepcional, como podéis ver en la muestra que adjuntamos. Estos son sus datos biográficos, facilitados por Miguel Ángel Perez Tello:

            José Tello Muñoz (1873-1957)  nació en Alhama de Aragón. Sus padres, José Tello y Antonia Muñoz,  instalaron unos baños termales, que durante tiempo llevaron su nombre y que vendieron más tarde. En 1885, al morir su madre como consecuencia de la epidemia de cólera, se trasladó junto con su padre y hermanos a Madrid, realizando sus estudios y formación artística. Llevó a cabo múltiples viajes por toda la geografía española como inspector de los laboratorios Ibys de los que su hermano era vicepresidente. Esto le permitió desarrollar su verdadera pasión, la fotografía, que con la pintura no abandonaría el resto de su vida. José Tello nos descubre hoy una visión íntima de la España de entonces sin artificios ni teatralidad, fundiéndose con el paisaje, procurando los mejores puntos de vista y encuadres propios de un verdadero profesional, captándolos con naturalidad. Puede decirse que su pintura se ve influenciada por la fotografía o viceversa, por el tratamiento de  la luz y la composición.

Antes de comenzar la guerra que asoló España, se instaló con su esposa e hijos en La Coruña como delegado de esa zona. Hombre metódico en sus costumbres, aprovechaba la luz de la mañana para pintar o tratar sus fotografías y pasar luego la tarde de tertulia en el casino de la ciudad. Falleció en 1957 a la edad de ochenta años, dejándonos un legado fotográfico y pictórico que nos acerca a un momento ya pasado y que, gracias a personas como él, no ha caído en el olvido.

José era hermano de Francisco Tello Muñoz, destacado discípulo de Santiago Ramón y Cajal.

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PRESENTACIÓN DEL LIBRO EL SANTO SEPULCRO DE CALATAYUD

Francisco Tobajas Gallego

 

El 2 de marzo de 2017 tuvo lugar en el Salón Multiusos del Excmo. Ayuntamiento de Calatayud, la presentación del libro El Santo Sepulcro de Calatayud, de Javier Ibáñez Fernández, Fernando Alegre Arbués, Vanessa Nebra Camacho y Jorge Martín Marco, que ha sido editado por el Centro de Estudios Bilbilitanos.

José Ángel Urzay, Presidente del Centro de Estudios Bilbilitanos, afirmó que este libro era una continuación de los editados por el Centro en el año 2012, dedicados a la colegiata de Santa María. Para completar el tema de las parroquias bilbilitanas, faltarían otros tantos estudios dedicados a las iglesias de San Andrés, San Juan el Real y San Pedro de los Francos. José Ángel Urzay señaló que este libro dedicado al Santo Sepulcro de Calatayud era un libro «muy serio y riguroso». Se trataba de un trabajo realizado por un equipo interdisciplinar, bien documentado y estructurado, que resultaba imprescindible para Calatayud y para el Santo Sepulcro.

Como portavoz de los autores, Javier Ibáñez señaló que el libro en cuestión se trataba de un trabajo colegiado, cuya génesis había sido el Plan Director impulsado por el Ayuntamiento de Calatayud para la restauración del claustro de la colegiata, cuya cabeza visible había sido el arquitecto Fernando Alegre Arbués que, tras presentarlo en julio de 2005, asumió su ejecución en dos fases sucesivas.

Javier Ibáñez afirmó que en la fábrica de la colegiata del Santo Sepulcro se podía seguir la pista de su historia constructiva de nueve siglos, que daba comienzo  en 1146, con la entrega a la Orden de un solar en Calatayud por Ramón Berenguer IV, en compensación a su renuncia a la herencia del rey Alfonso I. Ya en 1156 el prior Giraldo y sus compañeros se comprometían a vivir bajo la obediencia del Patriarca de Jerusalén y a entregar al Santo Sepulcro la cuarta parte de los bienes que pudieran reportarles en Calatayud, Daroca, la ribera del río Aranda, Jarque , Pedrola y Zaragoza.

Las obras de restauración han sacado a la luz restos que pueden corresponder al siglo XII. Estos vestigios estarían relacionados con la primera sala capitular del complejo, frontero a la capilla de la Virgen del Carmen, y con el refectorio, lo que permitiría intuir que el perímetro del claustro quedaría definido ya en esta primera fase constructiva, manteniéndose a lo largo del tiempo sin grandes cambios.

Un nuevo templo sería consagrado el día de San Martín de 1249. Su construcción debió coincidir con una estancia identificada con la segunda sala capitular del complejo y con otra pieza identificada con las caballerizas de la casa, aunque debió cumplir las funciones de cilla.

Una tercera fase medieval tendría lugar tras la Guerra de los dos Pedros, cuando se acometería la reconstrucción de la muralla y se intervendría en el entorno del claustro, que resulta semejante al del monasterio de canonesas del Santo Sepulcro de Zaragoza, llevado a cabo por esas mismas fechas por el maestro Mahoma Calahorra, quizá también responsable del claustro bilbilitano.

Se sabe que el templo estaba presidido por un retablo de pintura, que se tomaría de modelo en la contratación del retablo mayor de la iglesia de las Santas Justa y Rufina de Maluenda, con los pintores Juan Ríus y Domingo Ram en 1475. Por una bula de Inocencio VIII de 1489, se determinaba la integración de las órdenes del Santo Sepulcro y San Lázaro de Jerusalén en la de San Juan del Hospital. Pero en 1513 Fernando el Católico conseguirá de León X que esta unión no fuera efectiva. En la segunda mitad del siglo XVI se construyó la llamada casa o residencia de canónigos sobre la cilla.

El templo clasicista se debe a Gaspar de Villaverde, que lo concluyó en 1613, tomando como modelo el Gesú de la Compañía de Jesús de Roma. De este proyecto se respetaron las proporciones en planta del edificio, pero se modificó su sección, reduciendo la altura de las naves laterales. Parece ser que también se levantó de nueva planta el coro de canónigos. Otro de los cambios introducidos con respecto al proyecto reflejado en la documentación, consistió en dotar a la cúpula de tambor. Por aquellas fechas se estaba construyendo la cúpula de la colegial de Santa María y la de la iglesia del convento de dominicas, construido a instancias de José de Palafox, obispo de Jaca y hermano de Juan de Palafox, prior del Santo Sepulcro, este último edificio desaparecido, relacionado también con Gaspar de Villaverde.

La fachada de la iglesia del Santo Sepulcro se inspiraba en los modelos serlianos, siendo muy semejante a la fachada de Santa María dell’Orto de Roma (1564-1576). La fachada de la iglesia bilbilitana tiene dos torres, una a cada extremo.

Tras la finalización del templo, Juan de Palafox sufragaría seis retablos escultóricos, con temas relacionados con el ciclo de la Pasión de Cristo. En 1640 el subprior Antonio Fernández Soto contrataría la realización de la nueva sillería coral. Años más tarde Francisco Yago de Soria contrataría dos nuevos retablos, completando el ciclo de la Pasión. De 1618 data una capitulación para la reforma de la capilla de Santa Ana.

En el siglo XVIII se levantó un baldaquino, iniciado en torno a 1768, conforme a un proyecto del que se conservan dos interesantes diseños sin firmar. Las esculturas se atribuyen al escultor barbastrense Félix Malo, aunque la estructura también se ha relacionado con el arquitecto José Martín de la Aldehuela.

En la primera mitad del siglo XIX, el templo debía presentar un estado preocupante. Así lo hacía constar en una carta el prior Manuel Rodrigo y Vallabriga al presidente de la Comisión de culto y clero de la Diócesis de Tarazona, fechada en 1846, en la que se solicitaba una consignación económica con la que poder afrontar la reforma del pavimento de la iglesia y el reparo del reloj de la torre meridional. Con la firma del concordato con la Santa Sede en 1851, se suprimirá el Cabildo regular del Santo Sepulcro y se enviará a Rodrigo y Vallabriga a la catedral de Málaga. En 1857 la iglesia será reducida a parroquia mayor, dependiendo del obispo de Tarazona. Un proyecto de 1862, debido a Pedro Esteban y Romero, reflejaba los problemas de la cubierta del edificio. Estas obras estaban aún en curso cuando en 1864 el obispo entregó el templo a la Compañía de Jesús, que lo abandonaría en 1868. En 1867 realizaría un nuevo informe  Federico Barela. En 1868 y 1881 se llevarían a cabo obras en los tejados del edificio.

A través de una bula de 1901, el Papa León XIII elevaría la iglesia parroquial a la dignidad de colegiata honoraria. En 1909 el arquitecto José de Yarza presentaba un proyecto, con criterios muy próximos a lo que podría considerarse como una restauración monumental. A lo largo del siglo XX se realizarían otros proyectos, como el de Rafael Mélida en 1969, el de Fernando Lázaro en 1986, o el redactado en 1990. Para la cuarta fase de restauración firmó en 2004 otro proyecto Ángel Luis Muñoz, que ponía en evidencia el abandono del claustro, cuya restauración impulsó el Ayuntamiento de Calatayud con la redacción de un Plan Director, elaborado por el arquitecto Fernando Alegre.

Este libro dedicado al Santo Sepulcro de Calatayud, fruto del trabajo compartido por profesionales de diferentes y complementarias disciplinas, es el resultado de la restauración de una obra de arquitectura, que lleva pareja la oportunidad de profundizar en su conocimiento y en su evolución histórica.

El libro recoge también una detallada reseña de las fuentes consultadas, una elegida bibliografía y un amplio e interesante apéndice documental.

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El Santo Sepulcro de Calatayud

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