JUAN BLAS Y UBIDE Y EL COLEGIO DE LA CORREA, 1886-1904

CENTENARIO DE JUAN BLAS Y UBIDE, 1923,2023

Francisco Tobajas Gallego

            En la sesión del Ayuntamiento de Calatayud del 2 de junio de 1886, el comisario del colegio, Juan del Pueyo, señaló que se había dirigido por carta a Juan Blas, para entenderse en la entrega de las llaves, estando ocupado en la redacción del reglamento y en el envío de una circular a los alcaldes de los pueblos de la comarca. Del Pueyo proponía a Alberto García Viota para director del colegio, con quien ya se había entendido para formar el cuadro de profesores, de los que informaría al ayuntamiento para su aprobación. Esta propuesta fue aceptada por el pleno del ayuntamiento. Lorente propuso y así se acordó, que el comisario debía presentar a los profesores para su nombramiento. Debían ser doctores o licenciados en Ciencias o en Artes. Para la cátedra de Latín sería suficiente el título de preceptor.

            En la sesión del 5 de julio, el comisario propuso confiar los estudios de latinidad a José Riera y una asignatura más de Letras. Las asignaturas de Ciencias que no desempeñara García Viota, las impartiría Alberto Espinosa. El comisario proponía el nombramiento de los directores-empresarios, José Riera y Alberto Espinosa, para catedráticos del colegio, con un haber de 1500 pesetas anuales. Como del Pueyo contaba con familiares entre los profesores de Letras, delegó su elección en el ayuntamiento, para que completara el cuadro. Por ello se acordó anunciar la provisión de cuatro plazas de las asignaturas de Aritmética, Álgebra, Geometría, Agricultura, Retórica, Poética, Psicología, Lógica, Ética, Historia de España y Universal, primer y segundo curso de Latín, y primer y segundo curso de Francés, admitiendo solicitudes hasta el próximo día 31. Los solicitantes debían presentar partida de bautismo, títulos académicos y certificados de los servicios prestados a la enseñanza.

            El 19 de julio del Pueyo señaló que varios interesados en las plazas de profesores, habían preguntado por la dotación. El ayuntamiento señaló que serían 1500 pesetas para cada una de las cuatro vacantes. El 28 de julio Velasco protestó por este acuerdo, pues en el presupuesto sólo constaban 4000 pesetas como subvención, ascendiendo el sueldo de los profesores a 7500 pesetas. El 4 de agosto se acordó anunciar las solicitudes para profesores en los periódicos madrileños, El Liberal, El Imparcial y La Correspondencia de España, admitiendo las solicitudes hasta el día 14. El 11 de agosto Velasco pidió meditar el asunto de los profesores, para que quedara a salvo la responsabilidad del ayuntamiento. Por ello se acordó retrasar la resolución hasta conocer el resultado de la matrícula.

En la sesión del 19 de agosto el secretario leyó un documento de del Pueyo donde, después de consultar con el director del colegio, proponía entre los aspirantes a: José Riera, Mariano Martínez y Rafael Pérez, para las tres plazas de Letras, y a Espinosa o a Ramón Alonso de la Riva, para la plaza de Ciencias. En votación, se aprobó la propuesta de del Pueyo para las asignaturas de Letras, siendo elegido por votos Alonso de la Riva, para la cátedra de Ciencias. El director debía ponerlo en conocimiento de los interesados, dando un plazo de diez días para su aceptación. El 28 de agosto se acordó que el director del colegio quedara obligado a tener bajo su cargo la colegiatura de internos, pudiendo confiarla a otra persona bajo su responsabilidad y a satisfacción del ayuntamiento.

El 6 de septiembre se informó que Mariano Martínez no aceptaba el cargo, por tener otro compromiso donde residía. Para esta vacante, el comisario presentaría una terna. Del Pueyo añadió que se estaban inventariando los gabinetes, estando en malas condiciones algunos bancos y sillones. La terna fue presentada el 15 de septiembre. La componían Hipólito Uriel, Juan Quirós y Jacinto del Pueyo, que fue elegido por votación.

El 29 de septiembre la comisión propuso la concesión de dos matrículas gratuitas. El 13 de octubre el comisario informó de la falta y del mal estado del material del colegio, habiendo necesidad de mesas en el local de Dibujo.

El 9 de diciembre del Pueyo presentó un documento, encaminado a crear en la ciudad una asociación popular para la enseñanza pública, con cincuenta y tres artículos. A propuesta suya, se acordó nombrar una comisión para su lectura. El 29 de diciembre del Pueyo informó del estado de las cátedras de enseñanza popular, establecidas en el Colegio de segunda enseñanza de la Correa. Se trataba de instalar escuelas de adultos, solicitando autorización para entenderse con los profesores de primera enseñanza, para solucionar en breve plazo estas escuelas, como así quedó acordado.

El 5 de enero de 1887 la comisión propuso al ayuntamiento, y así fue acordado, la aprobación del documento presentado por del Pueyo, iniciando el ayuntamiento la lista de suscripción y nombrando a otra comisión para que invitara al vecindario. El 12 de enero del Pueyo informó que el conserje del colegio, Millán García, al aumentar los servicios por las clases nocturnas, se negaba a llevarlos a cabo, a causa del impedimento físico que padecía.

El 24 de febrero se acordó que, en lo sucesivo, el importe de las mensualidades se entregara a del Pueyo. El 21 de marzo del Pueyo entregó a cada concejal, un ejemplar de la Asociación Bilbilitana para el progreso de la enseñanza, para procurar el mayor número de suscriptores, acordando que ninguno tomara parte de la junta directiva de esta asociación. El 27 de abril del Pueyo informó que algunos profesores de estas clases nocturnas, solicitaban la asignación de alguna cantidad, en retribución de su trabajo. El ayuntamiento trasladó este tema a la comisión nombrada. El 4 de julio, acabados los exámenes del colegio, del Pueyo señaló el urgente pago a los profesores. Añadió que, a la mayor brevedad posible, presentaría la cuenta general del año.

En la sesión celebrada el 24 de agosto, Larrea y Ortega presentaron una proposición sobre la organización del Colegio de segunda enseñanza. Señalaban que debía continuar a cargo del ayuntamiento, con la subvención que recogía el presupuesto. Los alumnos deberían pagar 5 pesetas mensuales por cada asignatura. El colegio dispondría de dos profesores de Ciencias y tres de Letras, con una dotación de 1500 pesetas, una gratificación de 250 pesetas para la cátedra de Francés y otra para el que desempeñase el servicio del observatorio, que se encontraba en suspenso. El ayuntamiento nombraría al director, al que se le concedería la provisión del resto de las plazas, con aprobación del ayuntamiento, y la administración de los fondos del colegio, presentando cuentas al final de cada curso. Estaría a su cargo la organización de la enseñanza y del colegio de internos, por sí o por otra persona, bajo su responsabilidad, prefiriéndose para este cargo a un sacerdote profesor del colegio. La administración del internado sería a cuenta del director. Los fondos sobrantes, una vez pagados a todos los profesores, se destinarían a mejorar y aumentar el material de enseñanza, con las reparaciones, que debería proponer el director y aprobar el ayuntamiento. Quedarían sin efecto todos los nombramientos y acuerdos tomados hasta la fecha. Esta proposición se aprobó por ocho votos contra dos, con la frontal oposición de del Pueyo, que anunció su derecho de alzada.

El 12 de septiembre Ortega y Marco propusieron que el ayuntamiento acordara que, prescindiendo de los acuerdos tomados el 24 de agosto sobre el colegio, se ratificara únicamente en la separación de los profesores y se autorizara a la Comisión de Instrucción para que preparara la apertura de la matrícula. Pero tras un largo debate, el presidente levantó la sesión sin acuerdo. El 14 de septiembre se informó de una comunicación del director del colegio, García Viota, pidiendo obras de reparación en el colegio de internos, que fueron tasadas por el arquitecto municipal en 212 pesetas. El presidente señaló el lamentable estado que se encontraba el material de enseñanza, con sustracción de muchos objetos de los gabinetes y otros averiados. Propuso que la Comisión de Instrucción inventariara el material existente, presentando un presupuesto para las adquisiciones más urgentes.

En la sesión del 28 de septiembre, el secretario leyó un oficio del gobernador del pasado día 23, sobre el recurso presentado por la suspensión decretada por el alcalde de los acuerdos tomados por el ayuntamiento el 24 de agosto, sobre el Colegio de segunda enseñanza. Siguiendo el dictamen de la Comisión Provincial, el gobernador dejaba sin efecto la suspensión decretada por el alcalde, quedando subsistentes los acuerdos tomados en la sesión del 24 de agosto.

En esta sesión se llevó a cabo una votación para elegir a los profesores del colegio, quedando nombrados los siguientes: José Riera, para las cátedras de Latín y Castellano; Jacinto del Pueyo para las de Geografía e Historia; Juan Blas y Ubide para las de Retórica, Psicología y Lengua francesa; Alberto Espinosa para las de Matemáticas y el observatorio meteorológico; y Alberto García para las de Física, Historia Natural y Agricultura, con el sueldo y gratificaciones que se fijaban en el acuerdo del 24 de agosto. El 5 de octubre se acordó gratificar con 250 pesetas a los profesores que explicaran más de dos asignaturas diarias.

El 13 de octubre se leyó un oficio de Alberto García Viota, del pasado día 1, manifestando que, habiendo terminado el plazo de matrícula para el curso 1887-1888 y habiendo nombrado el ayuntamiento a los nuevos profesores, se creía en el deber de presentar la dimisión de su cargo. El ayuntamiento la admitió y nombró nuevo director a Juan Blas, que presentaría el cuadro de profesores y horario del centro.

El 18 de abril de 1888 el maestro de obras reconoció el observatorio meteorológico, temiendo su hundimiento, a causa de filtraciones. El 20 de febrero de 1889 se acordaría el arreglo del balcón del colegio, debido a su estado ruinoso, y el 27 de marzo la reparación de una pared que daba a la calle de San Marcos.

El 2 de octubre de 1889 se acordó que, por ausencia de Espinosa, debido a problemas de salud, García Viota explicaría las asignaturas de Aritmética y Álgebra, la de Francés Juan Blas y la de Geometría y Trigonometría Benito Vicioso. El 9 de octubre Larrea presentó el resultado de los exámenes del último curso, en los que no llegaba al 5% los alumnos suspensos, constatando que el colegio se encontraba en un estado floreciente. El 16 de octubre Larrea presentó al ayuntamiento para su aprobación, una proposición firmada por gran número de vecinos y dirigida al obispo, solicitando la creación en la ciudad de un seminario menor. Se acordó que una comisión municipal entregaría en mano esta petición al obispo.

El 30 de junio de 1890 y a petición de Vicioso, se acordó trasladar un altar existente en el Colegio de la Correa al Hospital Municipal. En la sesión del 24 de septiembre se vio  que el director del colegio, Juan Blas y Ubide, había presentado una terna, para cubrir la vacante de la sección de Ciencias, por la dimisión de Espinosa. Una vez reconocidos los servicios académicos, el ayuntamiento acordó el nombramiento de José Miguel Balamendía, con un sueldo de 1750 pesetas. Pero por problemas personales expuestos por este último, el 6 de octubre se informó que el director había llegado a un acuerdo con Emilio Cortel, acordándose su nombramiento.

El 3 de agosto de 1891, Caballero, a petición de Mochales, presentó una memoria sobre la marcha administrativa del Colegio de segunda enseñanza y sus relaciones con el ayuntamiento desde 1887, año de la reorganización del establecimiento. El presidente señaló que el ayuntamiento subvencionaba la enseñanza y que los profesores no cobraban de los fondos municipales, pues no figuraban en nómina.

El 21 de septiembre se vio un oficio del director del colegio, en el que manifestaba que hacía dos años que se venía cerrando la cuenta del establecimiento con déficit, aportando un estado de resultados. Añadía que en el curso siguiente se podían repetir las pérdidas, si no aumentaba el número de alumnos, por lo que proponía elevar las cuotas de enseñanza en 2,50 pesetas por asignatura. Pedía autorización para elevar las cuotas a 7,50 pesetas por una asignatura y a 5 pesetas por cada una de las demás que cursaran. Mochales informó de las quejas de un padre por la desatención del director. Se extrañaba que el sobrante de los derechos de examen que pagaban los alumnos, se abonara en la cuenta del ayuntamiento, como aparecía en el extracto presentado por el director, mostrando su queja porque el director no había presentado las cuentas en dos años, faltando a una de las obligaciones citadas en el acta del 24 de agosto de 1887. El 24 de septiembre se vieron las cuentas presentadas por el director de los ejercicios 1887-1888, 1888-1889 y 1889-1890, con sus justificantes, faltando las del último año, por no haber recibido aún la subvención municipal. En ellas se recogía un déficit, al que había hecho alusión el director del colegio. Caballero opinó que el sobrante de los gastos de exámenes, debía devolverse a los padres. Gutiérrez y Mochales se mostraron a favor. Este último señaló que se seguían pagando 250 pesetas por el servicio del observatorio, cuando hacía mucho tiempo que ya no funcionaba.

Caballero señaló que, según el acta del 24 de agosto de 1887, el nombramiento de director sería por un año, habiéndose prorrogado todos los años, por consentimiento de ambas partes.

Mochales se mostró contrario a la subida de las cuotas, censuró la organización del colegio y propuso abrir un concurso, para ver si alguien se encargaba del establecimiento sin aumentar las cuotas, pero la resolución se aplazaría hasta el día siguiente. El 25 de septiembre la minoría republicana presentó una proposición. Escuin y Vicioso presentaron otra, que fueron discutidas y reformadas parcialmente.

Tomando en cuenta estas dos proposiciones, la corporación acordó las siguientes bases: El contrato sería por un año. La subvención municipal se elevaría a 4000 pesetas. Se mantendrían las cuotas de enseñanza con cinco profesores, concediendo preferencia a los actuales. Si hasta el 10 de octubre, las solicitudes de alumnos internos llegaban a cinco, el director debía organizar por sí o por un tercero, bajo su responsabilidad y dirección, el colegio de internos. El ayuntamiento se reservaba el derecho de inspección, proponiendo a los alumnos que debían estudiar gratuitamente. Se recibirían proposiciones hasta las doce horas del día 28 de septiembre.

En la sesión de este día se presentó una instancia del director del colegio, Juan Blas y Ubide, en la que aceptaba las bases que había aprobado el ayuntamiento para la dirección del colegio, para el próximo curso 1891-1892. Sólo se había presentado esta instancia, pero Darío Pérez pidió que, antes de resolverse la concesión, se examinaran las cuentas que estaban pendientes. También criticó a Juan Blas por su apatía, trasladando las quejas de varios padres de alumnos, por la conducta del director en los exámenes de septiembre, pero la propuesta de este último fue aprobada por votación.

En la sesión extraordinaria del 28 de septiembre, se discutieron las cuentas del colegio de los ejercicios 1887-1888, 1888-1889 y 1889-1890. Mochales señaló algunos defectos, como lo invertido en gastos extras, a los que no estaba autorizado el director. Darío Pérez afirmó también algunos defectos, como que el sobrante del ejercicio 1887-1888 no se había pasado a la cuenta del año siguiente, la no presentación de cuentas anuales y el no haber devuelto a los padres el sobrante de las dietas. Aún así, las cuentas fueron aprobadas en la sesión celebrada el 5 de octubre. El 9 de noviembre Caballero informó que, para evitar gastos, no se había hecho escritura pública del contrato.

El 23 de noviembre se vio una carta de Juan Blas, en la que informaba que por ausencia de Emilio Cortel, se había nombrado a Vicente García Albericio, licenciado en Ciencias, habiendo desempeñado interinamente las clases Benito Vicioso, Alberto García y el mismo Juan Blas.

En la sesión del 25 de mayo de 1892, Mochales propuso la reorganización del Colegio de segunda enseñanza, pues muchos padres se habían quejado de la marcha del centro y se temía que se llevaran a sus hijos a estudiar fuera.

En la sesión del 3 de agosto, el secretario leyó una proposición de Manuel Comellas Coimbra, licenciado en Ciencias y director del colegio subvencionado de Ateca, que recogía un ambicioso programa para la creación del Colegio Seminario de la Inmaculada. En la celebrada el 8 de agosto, José Riera y Gonzalo, bachiller en Filosofía y Letras, y preceptor de latinidad, presentó otra proposición para hacerse cargo del colegio de la ciudad, y Manuel Comellas amplió su proposición de enseñanza para peritos vinícolas. En la sesión del 17 de agosto lo hizo para las carreras especiales de Aduanas, Comercio, Banco de España, Topografía, Correos y Telégrafos, Estadística, Marina y Academia General Militar, además de los cuatro primeros años de la carrera sacerdotal, que podían ampliarse en el futuro a otras como dibujo, solfeo, piano, flauta, violín, gimnasia higiénica y esgrima.

En esta misma sesión del 8 de agosto, el ayuntamiento acordó las siguientes bases para el colegio, que fueron aprobadas por unanimidad. El contratista presentaría en el mes de septiembre el cuadro de profesores, que no serían menos de cinco. El ayuntamiento podría inspeccionar el colegio, subvencionándolo con 2000 pesetas, descontando el sueldo del portero. Entregaría al contratista el local y el material de enseñanza, siendo el contrato por cinco años. Los alumnos pagarían 7,50 pesetas por las dos primeras asignaturas y 5 pesetas por cada una de las restantes. El ayuntamiento declararía a los alumnos que debían recibir la enseñanza gratuita. El contratista se comprometería a sostener una cátedra nocturna para obreros y la enseñanza primaria, elemental y superior, en la forma que estimara conveniente. También se comprometería a dirigir una escuela de capataces bodegueros o peritos vinícolas, cuya organización y funcionamiento sería objeto de estudio por ambas partes.

Puestas a votación las dos proposiciones presentadas, Riera obtuvo siete votos y Comellas recibió cuatro votos, todos de la minoría republicana.

En la sesión del 5 de octubre se vio el cuadro de profesores del colegio, con sus títulos y asignaturas, que había presentado Riera. Vicioso señaló que Riera le había indicado su disposición a establecer una escuela nocturna gratuita. En cuanto a la de bodegueros, el director estaba pendiente de una consulta, para conocer los aparatos y utensilios empleados. El 30 de noviembre se vio una comunicación de Riera, informando que, desde el 1 de diciembre, se abriría la cátedra nocturna de Geometría y Dibujo Lineal para la clase obrera, de seis a siete de la tarde. También estaba dispuesto a hacerse cargo de la dirección de la escuela de bodegueros, desde el momento que se le facilitara un local y utensilios. El ayuntamiento acordó que se anunciara en los periódicos locales, para conocimiento del vecindario.

El 21 de diciembre se vio una petición de Juan Blas, solicitando la subvención consignada para el colegio para el curso 1891-1892. Se leyó otra petición de los profesores del colegio, señalando que, de la subvención del ejercicio 1890-1891, sólo habían recibido 2000 pesetas, adeudándoles dos trimestres. El 4 de enero de 1893 la Comisión de Hacienda proponía la entrega de alguna cantidad a Juan Blas y a los profesores del colegio, en armonía con el estado poco satisfactorio del erario municipal.

En la sesión del 4 de febrero, el director del colegio señalaba que a la escuela nocturna de Dibujo solo acudía un alumno con poca puntualidad, por lo que se acordó su clausura.

El 31 de mayo se vio una comunicación de Juan Blas, señalando que, como empresario del colegio del curso 1891-1892, el ayuntamiento le debía 4000 pesetas de subvención, que deseaba repartir entre los profesores que habían compartido con él la enseñanza. 444 pesetas a Vicente García Albericio y 889 pesetas a Alberto García Viota, José Riera Gonzalo y Jacinto del Pueyo Higueras, quedando para Juan Blas otra cantidad igual. Pedía la autorización para llevar a cabo esta distribución.

En la sesión del 21 de marzo de 1894 se leyó una comunicación de José Riera, director del Colegio de la Correa, informando que rescindía el contrato. Riera estaba informado que la Comisión de Hacienda tenía previsto eliminar la subvención, quedando de esta forma el contrato incumplido. Con su dimisión, que fue aceptada por el ayuntamiento, la comisión podría introducir economías para el próximo año. Conociendo la rescisión del contrato por parte de Riera, Alberto García y Cipriano Aguilar, solicitaron continuar al frente del colegio, desde el próximo curso académico, con las condiciones que acompañaban a su instancia.

El ayuntamiento debía ceder el uso del local del colegio y el material de enseñanza, previo inventario, teniendo derecho a la inspección. Recibirían 500 pesetas anuales de subvención, debiendo pagar el ayuntamiento el sueldo del portero, que ascendía a 365 pesetas al año. La duración del contrato sería por diez años, obligándose a mantener la enseñanza, con arreglo a las leyes vigentes, a cargo de profesores titulados. Por derechos de enseñanza cobrarían 7,50 pesetas mensuales de dos asignaturas y 5 pesetas por cada una de las restantes. También darían enseñanza gratuita a los alumnos necesitados. Establecerían una escuela de primera enseñanza elemental y superior.

El 28 de marzo la Comisión de Instrucción presentó su informe, proponiendo la aceptación del pliego de condiciones de los profesores de la Correa, indicando que las 500 pesetas se aplicarían a la conservación del local y material de enseñanza, como así se aprobó.

El 28 de septiembre de 1895 se acordó entregar premios y dos matrículas en el Colegio de segunda enseñanza, destinando para ello el donativo de los marqueses de Linares. En julio de 1897, Cipriano Aguilar, como director del colegio, invitaba a la corporación a los exámenes finales de aquel curso.

En la sesión del 7 de diciembre de 1898, se dio cuenta de la liquidación llevada a cabo el 18 de marzo de 1897, de lo que se adeudaba al Colegio de segunda enseñanza, por subvenciones. Del ejercicio 1890-1891 se debían 1635 pesetas. Del ejercicio 1891-1892 se adeudaban 3263 pesetas. Del ejercicio 1892-1893 la deuda ascendía a 1571,50 pesetas y del ejercicio 1893-1894 se consignaban 1635 pesetas de deuda. El total ascendía a 8104,50 pesetas. Esta liquidación se había comunicado al director del colegio, en la fecha indicada, para que diese su aprobación. Asimismo, se le había propuesto la entrega de una lámina de la Deuda Municipal, por el importe de la suma adeudada, con un interés del 5%, desde el día 1 de julio de 1897.

El pasado 5 de diciembre, los directores del colegio, Juan Blas y José Riera, habían prestado su conformidad a esta liquidación, tanto en su nombre como en el de sus compañeros, solicitando que el ayuntamiento distribuyera el total de la cantidad adeudada en siete láminas, con las cantidades siguientes: Alberto García Viota 1734,94 pesetas, Juan Blas y Ubide 1842,97 pesetas, José Riera Gonzalo 1475,68 pesetas, Jacinto del Pueyo Higueras 1497.63 pesetas, Emilio Cortés 326,28 pesetas, Vicente García Albericio 900 pesetas y Cipriano Luis Aguilar 327 pesetas.

El ayuntamiento acordó confirmar los deseos de los firmantes, facilitando las láminas en la forma solicitada, previa aprobación de la Junta Municipal. La Comisión de Hacienda estudiaría el modo de legalizar el importe de los intereses devengados y no pagados, desde el 1 de julio de 1897, dando cuenta del resultado de sus trabajos.

En esta misma sesión se vio una instancia de Juan Blas y Ubide, en la que pedía una sepultura especial en el cementerio católico, descontando su importe de lo que le debía el ayuntamiento. Por acuerdo, esta petición se pasó a las comisiones de Hacienda y Cementerios. El 21 de diciembre se informó que, vista la anterior instancia, la Comisión de Cementerios le había señalado el terreno correspondiente a la sepultura nº 50, cuyo importe ascendía a 125 pesetas. Por su parte, la Comisión de Hacienda propuso que este importe se dedujera de la deuda que el ayuntamiento mantenía con Juan Blas.

El 6 de diciembre de 1899 se vio una comunicación de los directores del Colegio de segunda enseñanza, Alberto García y Cipriano Aguilar, donde señalaban que Juan Blas había renunciado a su cargo de profesor, encargándose de explicar sus asignaturas el resto de los profesores de la sección de Letras y el presbítero Anselmo García Mochales de la asignatura de Religión.

En enero de 1900 Juan Blas aparecía como gerente de la Sociedad Azucarera Labradora, cuando dirigía al ayuntamiento una instancia. En la sesión del 14 de febrero de este año se leyó un oficio del director del colegio, Alberto García, participando el fallecimiento del portero Millán García. Para suplirle habían pedido la plaza su hijo Braulio García Pérez y Pío Moros, pero el ayuntamiento dejó pendiente el nombramiento, hasta que la Comisión de Instrucción conociera y estudiara el contrato del colegio.

En la sesión del 11 de diciembre de 1901, se vio una instancia de los profesores del colegio, Alberto García, Cipriano Aguilar, Pedro de la Fuente y José Riera, en la que proponían unas bases, modificando el contrato que dos de los firmantes tenían suscrito con la corporación. Señalaban que desde el 1 de enero de 1902 dejarían de percibir las 500 pesetas anuales de subvención, renunciando también al uso del local, que entonces disfrutaban. Antes de esta fecha, el ayuntamiento les haría entrega, bajo inventario, de todo el material de enseñanza y el mobiliario del colegio, obligándose a devolverlo al finalizar este contrato. También darían enseñanza gratuita a los alumnos pobres, que designara el ayuntamiento, no elevando las cuotas de enseñanza. Este contrato tendría una duración de diez años. Estas bases fueron aprobadas por la corporación municipal.

En enero de 1902, al tomar posesión el nuevo ayuntamiento, Juan Blas sería elegido regidor síndico. Pertenecería además a las comisiones de Hacienda y de Instrucción Pública. En marzo, abril y mayo de este año se llevarían a cabo obras en el colegio, concretamente en las habitaciones destinadas a los maestros de enseñanza y maestra de párvulos, en la torre del observatorio, que amenazaba ruina, y en los tejados, cornisa y balcón de la fachada. El párroco de San Andrés pidió al ayuntamiento la cesión de una campana de la Correa, quien acordó cederla en el caso que fuera de propiedad municipal. En esta misma sesión del 14 de mayo, Lorente propuso la venta, en pública subasta, de las barandillas de hierro del observatorio de la Correa, aprobándose su venta, incluyendo el hierro viejo del alumbrado.

El 1 de julio de 1903 se vio una instancia de Cipriano Aguilar, José Riera y Pedro de la Fuente, profesores del Colegio de segunda enseñanza, señalando que, por falta de alumnos, pedían la rescisión del contrato, que había sido otorgado en diciembre de 1901. El ayuntamiento aceptó la propuesta y señaló que conservaran en su poder el material de enseñanza, a disposición del ayuntamiento. Conocedores de esta decisión, algunos padres presentaron una instancia, pidiendo al ayuntamiento que tomara el colegio bajo su protección. Juan Blas opinó que la organización del colegio debería correr por cuenta de los padres de los interesados, poniendo el ayuntamiento a su disposición el material de enseñanza y su cooperación. Pero para ello deberían conocerse antes las pretensiones de los firmantes, para lo que fue autorizado el presidente.

Estas pretensiones de los padres de alumnos firmantes, se vieron en la sesión del 8 de julio. Se concretaban en la cesión del ayuntamiento del local para establecer el colegio y del material de enseñanza, aportando una subvención anual de 3000 pesetas. Pero la corporación, por unanimidad, desechó esta proposición y se nombró a una comisión, compuesta por Díez y Francisco Lafuente, para que tratara con el obispo la llegada de alguna congregación religiosa dedicada a la docencia, que se encargara de establecer en la ciudad un Colegio de segunda enseñanza. El 29 de julio se aprobarían las cuentas del colegio presentadas por Cipriano Aguilar.

En la sesión del 12 de agosto se leyó una carta del obispo de Tarazona, anunciando la inminente llegada a la ciudad del provincial de los maristas, que estaban dispuestos a establecer un Colegio de primera y de segunda enseñanza, con una escuela de Comercio, Artes y Lenguas, recomendando para esta última una subvención municipal. En esta sesión se aprobó una propuesta de Díez que señalaba que, en el caso de no encontrar local, se le ofreciera el antiguo de la Correa, así como el material de enseñanza. El contrato sería por diez años, con una subvención máxima anual de 2000 pesetas, para las enseñanzas de Comercio, Artes y Lenguas, que se consignaría en el presupuesto de la corporación de 1904.

 El 21 de agosto Díez informó que hacía unos días, había visitado la ciudad el provincial de los maristas. Se le había enseñado el local del Colegio de la Correa y el edificio propiedad del legado de Vicente Martínez Rico, donde estaba recogido el material de segunda enseñanza del ayuntamiento. En aquella entrevista se había convenido el compromiso de los maristas de establecer en la ciudad la primera y segunda enseñanza, así como escuelas de Comercio, Agricultura y Lenguas, con una subvención anual de 1500 pesetas para estas últimas, a partir de 1904. El ayuntamiento les cedería el material de enseñanza y el local del disuelto Colegio de la Correa, en caso de no encontrar otro local. Se formalizaría un contrato por diez años, debiendo aprobarlo la corporación municipal y el General de la Orden. La corporación aprobó estas condiciones y autorizó a la comisión para formalizar el contrato con carácter de urgencia.

El 12 de septiembre Díez preguntó si había habido contestación del obispo sobre el colegio, pues circulaban rumores poco halagüeños. El presidente no tenía ninguna noticia y Díez propuso que el ayuntamiento declarara subsistentes y firmes los acuerdos tomados en julio y agosto, sobre la creación de un nuevo colegio en la ciudad. Si las gestiones que seguía el obispo con los maristas no dieran el resultado apetecido, debía autorizarse al obispo para continuarlas con otra congregación, con las mismas bases que había aprobado el ayuntamiento. La comisión acordó continuar con las gestiones sin precipitaciones.

El 23 de septiembre se leyó una carta del obispo, aceptando las proposiciones del ayuntamiento, pero mostrando su contrariedad por la decisión tomada por los maristas. Por ello estaba dispuesto a gestionar la cooperación de los hermanos marianistas, congregación que en San Sebastián se dedicaba a la enseñanza con buenos resultados.

El 12 de febrero de 1904 Díez pedía la constitución de la comisión, para la reforma del Colegio de segunda enseñanza, sustituyendo Juan Blas a Francisco Lafuente, haciéndoles entrega de los antecedentes y ratificando los acuerdos tomados. El 26 de mayo Díez propuso la consignación en acta de un voto de gracias al obispo, por su celo y actividad para conseguir la instalación del Colegio de primera y de segunda enseñanza, a cargo de los maristas, trabajando con esta autoridad eclesiástica para el establecimiento de un seminario menor, como así quedó acordado. En la sesión del 22 de junio se leyó el convenio suscrito por el ayuntamiento y el superior General de los Hermanos Maristas, para la instalación en la ciudad de un Colegio de primera y de segunda enseñanza, desde el curso 1904-1905.

El Superior General de los Maristas se comprometía a sostener personal idóneo y suficiente, para atender las necesidades de este colegio en Calatayud, con asignaturas especiales de Comercio, Agricultura y Lenguas.

La segunda enseñanza se regiría con arreglo a los programas oficiales y la primera enseñanza según el plan de estudios de los maristas, reglamentos y leyes vigentes.

El ayuntamiento pondría a su disposición, bajo inventario, el material de segunda enseñanza de su propiedad, subvencionando con 1500 pesetas anuales al nuevo colegio, por trimestres vencidos, en concepto de las enseñanzas de Comercio, Lenguas y Agricultura. El convenio tendría una duración de diez años consecutivos, desde el curso académico 1904-1905.

Documentos consultados:

Archivo Municipal de Calatayud (AMC), Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1886, Sig. 139.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1887, Sig. 142-1.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1888, Sig. 140.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1889, Sig. 141.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1890, Sig. 142-2.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1891, Sig.142-3.

AMC, Comisión de Instrucción Pública, 1891, Sig. 246-1.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1892, Sig.143-1.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1893, Sig.143-2.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1894, Sig. 143-3.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1895, Sig. 144-1.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1896, Sig. 144-2.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1897, Sig. 144-3.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1898, Sig. 145-1.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1899, Sig. 145-2.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1900, Sig. 145-3.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1901, Sig. 145-4.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1902, Sig. 145-5.

AMC, Libro de Actas del Ayuntamiento de Calatayud, 1903, Sig. 146-1. AMC, Libro de Actas del Ayuntamient

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